SUDESTE ASIÁTICO: INDONESIA, VIETNAM, CAMBOYA Y TAILANDIA

Bienvenidos a un nuevo Vuelo,  éste es muy especial. Mi primer Gran Viaje sola. Después de estar viviendo un año en Sydney toca volver a casa, pero antes voy a hacer alguna parada por el camino. Así que, si me acompañáis en este Vuelo, descubriremos juntos Indonesia, Vietnam, Camboya y Tailandia.

Desde que decidí ir a Australia uno de mis objetivos era viajar todo lo posible y lo he hecho en gran medida, descubriendo gran parte de Australia, Fiyi, Nueva Zelanda y Corea. Pero una cosa tenía clara, quería seguir descubriendo el Sudeste Asiático ya que me encantó cuando vine hace 6 años y como queda relativamente cerca de Australia decidí, antes de volver a España, descubrir esta zona. Sin duda podría decir que este ha sido uno de los mejores años de mi vida y quería cerrarlo a lo grande.

Tenía 4 semanas desde que se me acabó la visa australiana hasta que me reencontraría  con mi familia en Bulgaria para pasar juntos la Navidad, así que el viaje quedaría estructurado de la siguiente forma:

  • Indonesia: 27 noviembre – 5 diciembre (8 días)
  • Vietnam: 5 diciembre – 12 diciembre (7 días)
  • Camboya: 12 diciembre – 16 diciembre (4 días)
  • Tailandia: 16 diciembre – 23 diciembre (7 días)

Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.

Y lo mejor es que gracias a vosotros, me han dado un 5% de descuento si reservas tu seguro desde este enlace

INDONESIA:

Día 1, Sidney – Ubud: 

Después de despedirme de mis amigos en Sydney me fui al aeropuerto; a las 6am salía mi vuelo y aunque no era consciente me despedía de la mejor ciudad en la que he vivido hasta la fecha. Pero antes de volver a casa me iba a regalar un viaje con el que había soñado mucho tiempo.

Primera parada, Bali. Llegué a las 10am a Denpasar y cogí un taxi con la app Grab (480k idr – 30€)  para ir a Ubud, donde pasaría las siguientes 4 noches. Después de una hora y media (las distancias son cortas, pero debido al mal estado de las carretera y el tráfico se tarda mucho tiempo en llegar de un sitio a otro) llegué a mi alojamiento In Da Lodge, para este viaje mochilero había escogido hostels, ya que al viajar sola es la mejor opción para conocer gente y hacer planes. El alojamiento se encontraba en una de las calles principales de Ubud, Jalan Raya.

En Bali iba a coincidir varios días con mi amiga Carolina y sus amigos Alex y Asier, así que hice el check-in y me fui en su búsqueda. Tras el encuentro fuimos a comer. Tuve mi introducción a la comida balinesa probando el plato más típico, Nasi Goreng, compuesto de arroz frito cocinado con salsa de soja dulce y acompañado de huevo frito, pollo y pan de gamba.

Carolina y yo nos conocimos cuando vivíamos en Dublín y este año coincidimos viviendo en Australia. Aunque ella ha vivido en la zona de Gold Coast hemos realizado dos encuentros, uno en su ciudad de acogida y otro en la mía, Sydney. Me hacía mucha ilusión coincidir en Bali de nuevo con ella.

Después de comer nos fuimos a las cascadas Tibumana a refrescarnos. Bali alberga algunas de las mejores cascadas del mundo, cascadas formadas por corrientes de aguas que brotan de los acantilados rocosos.

La verdad es que esta cascada estaba llena de gente, ya que está bastante cerca del centro de Ubud, pero había un club con una piscina espectacular y allí que fuimos a tomarnos algo y bañarnos. Después de una hora y media volvimos al coche, acordamos con el taxista que nos llevase, esperase y nos llevase de vuelta por unos 300k idr – 18€.

Al llegar a Ubud nos fuimos de compras al mercado Ubud Art Market y como ya teníamos una referencia de precios nos pusimos a regatear… al final te sientes mal porque te estás peleando por un euro más o menos. Y cuando parecía imposible, al final llegué al precio que quería por unos pantalones típicos balineses (90k idr – 5€) y una figurita para la colección que hace mi madre. De ahí nos fuimos a cenar y seguir probando platos típicos, para esta ocasión me decanté por un pollo satay (cada plato cuesta alrededor de 30k idr, 2€).

Nos despedimos hasta el viernes que volveríamos a coincidir.

Día 2, Ubud: 

Me desperté temprano como siempre, 6.20am. (Mi madre ya me está amenazando para que españolice mis horarios y no tocar diana tan pronto cuando vuelva a casa). Y es que hay costumbres australianas que me han gustado mucho y ya las he incorporado a mi día a día, como el despertarme con el amanecer.

Esperé que se hiciesen las 8 am para desayunar y mientras esperaba en la terraza del hostal conocí a Carla, una alicantina que también vivía en Australia y estaba de vacaciones en Bali. Así que después de 2 horas de charla decidimos alquilar una moto e irnos a descubrir.

Elegimos como destino final el templo más grande de Bali, Pura Besakih. Pero por el camino parariamos en las cascadas de Goa Giri Campuhan (25k ird – 1.5€). Nos pusimos a andar entre campos de arroz donde nos íbamos encontrando con algún local, pero hacía kilómetros que habíamos dejado de ver turistas por la carretera. Después de atravesar varias cuevas se abrió ante nosotras un espacio con 3 cascadas donde no había nadie.

Después de disfrutar de este paraíso  emprendimos la vuelta bajo el sol abrasador hacia la moto. Al llegar dos locales nos invitaron a sentarnos con ellas, nos dieron agua y un snack local hecho a base de cacahuetes y un poco de picante.

Nuestro siguiente destino estaba a 20 minutos, pero pasados 5 minutos empezó a jarrear y es que era época de lluvias en el país. Así que en el primer ‘restaurante’ paramos a comer y a esperar a que se disipase la lluvia. Aquí es mejor no mirar la cocina y pensar que el calor lo mata todo. Eso sí, estaba buenísimo, comimos las dos por 30k ird, 1€ por persona.

Cogimos la moto de nuevo: la primera vez en mi vida que conduzco una moto… A mi me encanta el motor y los coches, así que lo disfruté muchísimo. Eso sí, a mi madre le comenté la aventura cuando llegué al hostel y estaba vivita y coleando

Llegamos al templo Madre de Besakih y después de pagar 5k por el parking y 90k por la entrada (5.6€ total) estábamos listas para descubrir el templo más sagrado de Bali. Cuenta con 22 templos diferentes donde el principal es Pura Penataran Agung, un extenso santuario con diferentes áreas que representan las siete capas del universo. En la parte superior del Templo Madre se encuentra Pura Pangubengan, un templo de piedra que ofrece unas vistas maravillosas del complejo.

Ahora tocaba una hora y media de moto para volver a Ubud. El paseo se hace muy ameno entre locales, templos y campos de arroz.

Fui a cenar a un restaurante que me había recomendado mi amiga Daniela, «Bus Rus» y me pedí sus favoritos. Curry de verduras y bebida de coco. Buenísimo.

Día 3, Ubud:

El día empezaba o seguía, ya que eran las 1.40am y el despertador estaba sonando, después de darme cuenta de que no era parte del sueño, me levanté y me fui a la entrada del hostal; venían a recogerme para subir el volcán Batur a las 2am. Sí, la mejor idea posible.

El monte Batur es un volcán activo con una altitud de 1717m donde la primera erupción documentada fue en 1804 y la más reciente en el 2000.

Por el camino paramos a coger energía con un banana pancake tan típico de Bali y pusimos marcha al volcán que está aproximadamente a una hora de Ubud.

Ya me habían avisado que iba a ser duro, pero en lugar de subir a la cumbre pensaba que me estaba dirigiendo al infierno. Y no es por quitarle a nadie las ganas de subir, porque ver el amanecer desde ahí arriba es una de las experiencias que jamás olvidaré… pero el calor, la cuesta y sobre todo el sueño no lo hacen nada fácil.

Después de 2 horas estábamos en la cumbre dispuestos a ver uno de los amaneceres más mágicos de nuestra vida. Y como me dijo mi amiga Mar cuando le pasé las fotos “Hay maneras y MANERAS de amanecer…”. Pues eso, inolvidable.

Redesayunamos después de ver el amanecer mientras intentábamos que los monos no nos arrebatasen la comida y caminamos hasta el coche durante una hora y veinte.

En el trayecto de vuelta al hostal no voy a negar que pegué una buena cabezada.

El resto del día me lo tomaría con relax: piscina, siesta y paseo por el centro de Ubud.

Día 4, Ubud: 

Carla y Carolina ya se habían ido de Ubud y como era mi último día quería ir a Temple Of Penataran Agung Lempuyang. Estuve investigando precios de taxis y tours. Al final me decanté por un tour que me llevaría a los templos de Lempuyang y Tirta Gangga, a los arrozales de Tegalalang y a la cascada de Goa Raja por un precio de 40€ (solo el taxi al templo de Lempuyang ya valía eso).

Otro madrugón más, a las 6am me recogían. Nuestra primera parada fueron los arrozales de Tegalalang que forman parte del Paisaje Cultural de la Provincia de Bali del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y se componen de campos de arroz de color verde esmeralda trabajados por granjeros locales. Nosotros solo las disfrutamos desde arriba, aunque puedes descender por sus terrazas. La vista es simplemente espectacular.

De aquí directitos a las cascadas de Goa Raja. La caminata hasta la cascada es corta y sólo dura unos 15 minutos. Atravesando el cañón verde cubierto de musgo y los puentes de bambú llegas a ella. A diferencia de otras, aquí no había muchas escaleras y menos mal porque las agujetas eran razonables.

Al final del camino hay una gran cueva, una cascada y una piscina natural; y lo mejor de todo, estábamos solos.

Después de las fotos de rigor, no me lo pensé y me fui directa a las piscinas de spring water. Como nadie más del grupo se animó, las tuve  para mí sola. Con lo que me gusta el agua…, lo disfruté muchísimo y el tenerlas totalmente para mi fue un regalo. Eso sí, no podía dejar de pensar en mi familia y en cómo lo disfrutarían. 

Allí mismo tienen vestuarios y después de cambiarme nos fuimos en busca de nuestras dos últimas paradas que estaban a más de una hora de viaje y a comer.

Posiblemente sea la comida más cara del viaje, pero estaba todo riquísimo y con unas vistas espectaculares. Probé dos postres típicos, el fried banana y el arroz negro con leche de coco… uff la boca agua recordándolo. La pena, que era buffet y había comido tanto que estaba llena para el postre. No me lo perdono. 

Y otra vez que me dormí. De verdad que me da hasta vergüenza esta facilidad para conciliar el sueño. Pero cuando me quise dar cuenta ya estábamos en Tirta Gangga.

Tirta Gangga es un antiguo palacio real en el este de Bali. Recibe su nombre del río sagrado Ganges en el hinduismo (donde el río Ganges y sus aguas se consideran sagrados) y destaca por el palacio real de agua Karangasem, las piscinas de baño y su templo Patirthan que ilustra la importancia histórica de Tirta Gangga en la tradición balinesa como lugar de peregrinación y de aguas sagradas.

Después de aquí nos fuimos al último templo, Lempuyang Temple, el más esperado. Si has visto fotos de Bali sin duda esta foto estará en tu mente.

Llegamos al parking y un autobús te sube a lo alto de la montaña. Un inciso, en cuanto a los precios vienen incluidos con el tour pero son: Lempuyang Temple IDR 55K, Tirta Gangga IDR 55K, Goa Raja IDR 20K, Tegalalang Rice Terrace IDR 25K. Eso sí, para el autobús que os comentaba hay que pagarlo aparte y creo que fueron unos 25K (1.5€).

Una vez arriba te cubres las piernas con el sarong y los hombros con un pañuelo en el caso de que los lleves descubiertos. Ah, y si estás con el periodo no puedes entrar; pero bueno, si has llegado ahí seguro que los dioses te perdonarían tu atrevimiento.

Este templo es uno de los Sad Kahyangan Jagad, o los «seis santuarios del mundo», los seis lugares de culto más sagrados. Pero una vez arriba sólo puedes ver la famosa puerta y una fachada. Para hacerte la famosa foto te dan turno, sí, turno; como en la pescadería. Esperamos una hora, pero no me quiero imaginar en temporada alta.

Ahora con una de las fotos más bonitas en el móvil, tocaban 2 horas y media de coche para volver al hostel.

Día 5, Nusa Penida:

Otro madrugón y seguimos para bingo, pero lo que más me fastidiaba era volver a perderme el desayuno que tenía incluido (así que mejor no reservéis con el desayuno). Me recogían a las 6.30am para llevarme al puerto de Sanur para ir a la isla de Nusa Penida y aquí os dejo este contacto (+62 856-4692-5639) porque de verdad fue un chollo, 200k – 12€ taxi y barco.

Una vez allí me esperaban en el coche Carolina, Alex y Asier para otro día repleto de risas y grandes momentos. Habíamos cogido un tour privado para que nos enseñasen la parte oeste de la isla por la mañana y que nos llevase a hacer snorkel por la tarde. Planazo ¿A que sí?

Nuestra primera parada fue la gran conocida Kelingking Beach. Entre turistas conseguimos hacernos la foto de rigor y nos planteamos la bajada a la playa, pero el guía nos comentó que había hecho mucho viento el día anterior por lo que el camino sería muy resbaladizo. Así que lo descartamos, pero si quieres hacerlo son unos 30-40 minutos. Una vez abajo está la playa donde no recomiendan bañarse debido a las olas y mareas, y tampoco te recomiendan que vayas muy tarde ya que la marea empieza a subir y se come casi la playa… todo parecen pegas, pero las vistas desde arriba valen ampliamente la pena.

Deseosos estábamos de llegar al coche por el bochorno y calor que hacía, además habíamos bajado parte del camino donde habían escaleras de cemento y estábamos un poco asfixiados. 

Siguiente parada, Broken Beach y Angel Billabong. Ambos puntos están juntos.

Broken Beach es famosa por el arco que envuelve la bahía, permitiendo que el agua entre y salga del océano. Este arco se ha formado a lo largo de muchos años y ahora es un verdadero espectáculo. Por desgracia, no hay forma de bajar a la cala para darse un chapuzón. 

Angel’s Billabong es otra de las atracciones más populares de Nusa Penida, con una piscina infinita natural con tonalidades esmeralda y aguas cristalinas, enmarcada por acantilados de roca y suspendida sobre el océano. Anteriormente se podía descender a las piscinas de roca para remojarse durante la marea baja, pero ahora ya no dejan.

Después nos fuimos a comer y probamos el Gado-Gado, otro típico plato balinés, elaborado con diferentes verduras típicas de la región aliñadas como ensalada con salsa de cacahuete.

Nos pusimos la ropa de baño y nos fuimos al puerto para coger el barco que nos llevaría a los siguientes puntos de snorkel: CRYSTAL BAY, MANTA BAY, GAMAT BAY y WALLPOINT.

Más o menos eran iguales, peces y corales en aguas cristalinas. Pero en Manta Bay normalmente se ven mantas gigantes. No fue nuestro día de suerte porque según nos dijo el guía están en reproducción y no se dejan ver. Aun así lo disfrutamos muchísimo. Os dejo el contacto de la compañía +6282161050050, otro gran chollo que encontramos, 1300k – 76€ los dos tours para 4 personas.

Nos devolvieron a nuestros alojamientos y me despedí de mis amigos hasta saber cuándo… Carol vuelve a Australia para otro año más… Otro momento donde se te rompe un poquito el corazón.

Aproveché lo que quedaba de tarde para zambullirme en la piscina del hostal y ponerme a redactar el viaje, porque como deje esto para el final se me va a hacer bola.

Día 6, Nusa Penida y Uluwatu:

El día de hoy lo iba a tomar para bajar revoluciones. Piscina y relax en el hostal hasta el check out. Barco de vuelta a Bali y taxi a Uluwatu.

Me alojé en el hostal Surfers House en Green Bowl Beach. Elegí este porque solo me aparecían dos cuando lo reservé y este tenía muy buen aspecto, pero ahora veo que ha aparecido otro que está mejor ubicado. Así que en unos días os cuento si vale la pena esta localización o no.

Al llegar a Uluwatu aproveché para seguir gestionando lo que queda de viaje, ponerme con el blog y darme otro buen chapuzón, porque eso sí, hay una cosa que no podía faltar en mis alojamientos… la piscina!

Teníamos la cena incluida todos los días, cosa que no sabía y que me alegró un montón. Nos sentamos todos juntos en una de las terrazas del hostel y entre preguntas como ¿De dónde vienes? ¿Qué has visitado? ¿Cuántos días llevas en Uluwatu? ¿Cuál es tu siguiente destino?… nos comimos arroz, noodles de verduras y pan de gambas.

Día 7, Uluwatu:

Hoy había quedado con un chico belga que también viajaba solo y vivía en Australia. Inciso: casi todos los alojamientos los he cogido con HostelWorld, es como booking pero solo de hostales y en cada sitio al que vas te crean un chat del alojamiento y de la ciudad en el cual puedes hacer planes con otros viajeros.

Y así nos conocimos, quedamos para desayunar cerca de su alojamiento y alquilamos una moto (100k idr – 6€) para descubrir todas las playas de la zona oeste de Uluwatu.

Empezamos en Suluban Beach, una de las playas favoritas de los surfistas. El término “Suluban” tomado del vocabulario balinés «mesulub», significa inclinarse. Antes de entrar en la playa hay que agacharse por una cueva muy estrecha y mojarse los pies. 

De aquí fuimos al Templo de Uluwatu (50k idr – 3€) (entre parada y parada hay menos de 10 minutos en moto). El templo está construido en la punta (ulu) de un acantilado (watu) de 70 metros de altura, que se proyecta hacia el océano Índico. Todos los días a las 18.00 se realiza un espectáculo de danza Kecak. Aparte de esto, el templo está habitado por decenas de monos que están al acecho de tus pertenencias.

Nyang Nyang, fue la siguiente parada donde tienes que hacer un donativo para poder entrar. La playa de Nyang Nyang es una extensión virgen de 1,5 km de arena blanca. Remota y aislada por acantilados, la playa exige una larga caminata por un frondoso acantilado para llegar a ella, nosotros aparcamos la moto arriba pero cuando nos dimos cuenta de la cuesta y vimos que la gente bajaba en moto volvimos a por ella… y menos mal. Me gustó porque es una playa alejada de las multitudes, buena para el surf y para el baño.

Y mientras nos bañamos pudimos descubrir un viejo avión en lo alto de la colina, que solo se deja ver desde el agua.

De aquí fuimos a Thomas Beach, Con una extensión de 200 metros de suave arena blanca, olas turquesas y sombrillas. Este es el lugar perfecto para pasar un día nadando y tomando el sol ya que no hay muchos turistas. Puedes alquilar tablas de surf para iniciarte ya que las olas son pequeñas y además hay varios locales de comida.

Y la última parada fue Padang Padang, es uno de los puntos de surf más famosos de Bali en el que hay que pagar 15k idr para entrar. La playa estaba llena de turistas así que no bajamos.

Volví a mi hostal para una tarde de piscina y relax en las tumbonas. A las 19.30 cenamos todos juntos, charlamos y jugamos al Uno hasta casi las 12 de la noche.

Día 8, Uluwatu:

Último día en Uluwatu. Para hoy había dejado la playa que queda más cerca del hostal, Melasti Beach. Pero me desperté con anginas debido a tanto cambio de temperatura y los aires acondicionados. Fui a desayunar al restaurante que hay puerta con puerta un bowl de Dragon Fruit, fruta típica de Bali y a descansar para ver si me hacía efecto la medicación y podía salir a ver Melasti Beach.

Eso no pasó, así que me quedé intentando adelantar trabajo al ordenador y cuando me encontré un poco mejor me di un chapuzón en la piscina, preparé la maleta y cené con todos los del hostal.

Día 9 Uluwatu – Hanoi

Amanecí un poco mejor, fui a desayunar uno de esos bowls de frutas que hacen tan buenos y me tomé el último Frenadol de la caja.

Recogí mochilas y pedí un taxi por Grab (el Uber de esta zona) al aeropuerto. Después de 8 días en Indonesia tocaba cambiar de país.

Facturé y pasé controles, pero siempre con la incertidumbre de que me revisen la mochila. La llevo llena de tecnología; cámara, ordenador, iPad, GoPro y drone. No me atreví a mandar el iPad y el pc en la maleta que envié de Australia a España, así que no tuve más remedio que traérmelo todo conmigo.

Pero a lo que iba, el drone siempre me da miedo que me lo paren en los controles. Se supone que se puede llevar en el carry on pero cada país es un mundo. El drone debe ir descargado, pero normalmente no me ha dado tiempo a volarlo el tiempo necesario para gastar la batería. Hasta ahora he tenido suerte y nunca lo han comprobado.

Y después de que me parasen la mochila en el control y un mini infartito me dijeron que podía continuar y me fui en búsqueda de la puerta de embarque. Estábamos a salvo.

Era un vuelo de 5 horas a Hanoi, capital de Vietnam. Cuando estaba en el aeropuerto volví a encontrarme mal y a la media hora de vuelo empecé con mareos, angustia y a estar destemplada.  Así que las 5 horas de vuelo me parecieron una eternidad.

Al llegar al aeropuerto saqué dinero en Agribank, había leído que recomendaban sacar dinero en los siguientes bancos: BIDV, MSB, VIETINBANK y AGRIBANK pero este último era el que menor comisión tenía, no llegaba a un euro (en Indonesia no tuve comisiones al sacar dinero). Suelo calcular cuánto son 100$aud (60€) y lo saco en la moneda del país. Si en el país, como es el caso de Vietnam, apenas se puede pagar con tarjeta de crédito entonces saco el doble.

Ahora sí, tenía una misión. Encontrar a alguien tan solo como yo y ofrecerle compartir un taxi al centro de Hanoi, era una hora en coche y poder compartir gastos me ayudaba un poquito. Y así lo conseguí, encontré a una joven francesa de 20 años que está haciendo la misma ruta que yo y que también se dirigía al Old Quarter. Compartimos vivencias y se suponía que también gastos hasta el destino… pero nunca me dió su parte.

Hice el check in, dejé las maletas y por fin elegí la litera de abajo porque aun no me había tocado ninguna y… no veas, siempre que estás arriba te acuerdas de que te has olvidado de algo.

Como ya me encontraba mejor fui a buscar un restaurante donde cenar algo suavecito y beberme una coca cola que me sabría a gloria.

El primer contacto con Vietnam fue maravilloso, había dejado la cámara en la habitación y no paraba de pensar en la cantidad de fotos que me estaba perdiendo.

Después de las primeras compras, me fui a descansar aunque de la emoción que tenía de estar en Vietnam y de lo que me esperaba esa semana me costó conciliar el sueño.

Día 10: Hanoi

Me desperté pronto como de costumbre y me fui a desayunar. Tenía el desayuno incluido en mi hostal, Buffalo Hostel, era un buffet con comida típica vietnamita pero también occidental.

Desayunando conocí a una chica de Boston y una chica de Alemania. Como también era el primer día de Mariangela en Hanoi, Lena, la chica alemana, nos dijo que el hostal hacía unos free tours todos los días a las 10am y que podíamos unirnos.

Fuimos mano a mano, pero a la hora y media me pareció que iba un poquito lento para mi gusto y al ser mi único día entero en Hanoi decidí separarme para conocer todo lo posible y luego me volvería a reencontrar con Mariangela.

Me dispuse a recorrer los puntos álgidos de la ciudad: Old quarter, Train St, Catedral de San José, Note Café, Beer St, Mercado Dong Xuan, Mausoleo de Ho Chi Minh, Pagoda Tran Quoc y el lago Hoan Kiem.

El casco antiguo de Hanoi, es un barrio de callejuelas estrechas que en cada rincón te recuerda la historia del país, la colonización y la guerra, a la vez que se funde con el Vietnam más contemporáneo

Andando por las calles del casco antiguo llegué a la calle por la que pasa el tren, pero lo que me encontré al llegar es que está cerrada a los turistas y los locales tratan de hacer que vayas a sus casas / cafés para ver el paso del tren. Me agobié tanto que huí y fui en busca de otro spot donde ver el tren, quizá un poco menos turístico. Menos turístico pero con el mismo resultado, un hombre en la entrada a la calle diciendo que sólo puedes pasar si vas a su cafetería. Al final acepté.

Desde hace casi un año, las autoridades de Hanoi intentan cerrar la «calle del tren», una de las atracciones no oficiales más famosas de la ciudad, donde los trenes pasan a escasos metros de cafeterías, tiendas y casas.

La catedral de Hanoi fue construida por los franceses en el siglo XIX, catedral católica de estilo neogótico y como podréis ver en la foto con clara inspiración en la catedral de Notre Dame de París.

Hanói tiene miles de cafeterías repartidas por las calles principales y escondidas en cada rincón, pero Note Coffee ofrece una experiencia diferente. Al entrar el atractivo de este lugar es evidente.

Hay cientos de miles de notas dejadas por visitantes de todo el mundo. Toda la cafetería, que ocupa 4 plantas, está llena de pequeñas y bonitas notas adhesivas.

La calle de la Cerveza es, sencillamente, el lugar por excelencia de la vida nocturna de Hanói para locales y turistas. Es una calle repleta de barriles de cerveza fresca, donde gente de todo el mundo acude a sentarse en coloridos taburetes de plástico en pequeñas mesas de plástico. La cerveza aquí es también una de las más baratas del mundo.

El mercado Dong Xuan es un edificio de cuatro plantas de altura atiborradas de tiendas, construido en el año 1889 por los franceses. Es el mercado cubierto más grande de Hanoi y donde hice mis compras; imán, pulserita y figurita para la mesa del salón de casa.

El mausoleo de Ho Chi Minh es un enorme monumento ubicado en el centro y erguido en honor al líder revolucionario, considerado como el padre del Vietnam que conocemos hoy en día ya que encabezó la lucha por la independencia de Vietnam frente a las potencias extranjeras que lo habían colonizado. Aquí no entré y solo lo vi por fuera porque no había pensado en llevar ropa que me cubriera los hombros y rodillas y tampoco te la prestaban para poder entrar.

La Pagoda de Tran Quoc que significa «Defensa de la Patria» es una de las fotos más típicas de Hanoi y Vietnam, mide 15 metros y tiene 11 plantas (una por cada uno de los estados budistas que existen).

Y por último, el Lago Hoan Kiem que se encuentra en pleno centro y te permite escapar un poco del caos de la ciudad. En el centro del lago se ubica un pequeño islote llamado Thap Rua «La torre de la Tortuga». Estos animales han habitado durante mucho tiempo el lago, aunque tristemente debido a la contaminación cada vez son menos numerosos.

Por la tarde volví al Hostel a cargar la cámara y descansar media hora. Fui a perderme por las calles principales del Old Quarter cuando me encontré con Mariangela de nuevo y dimos otra vuelta dejándonos llevar por la gente y los puestos bajo la noche vietnamita. Además probamos un dulce que le llaman el donut vietnamita, había visto durante todo el día que lo vendían en puestos callejeros y quería probarlo. Estaba buenísimo y por solo 5k dongs (20 céntimos).

Cenamos y volvimos al hostal. Tocaba hacer maleta. Se iba a cumplir uno de mis sueños, navegar por Halong Bay.

Día 11: Hanoi – Halong Bay

Me recogían a las 8.30am en la puerta de mi hostal para ir en autobús a Halong Bay, un recorrido de 2h y media. Había escogido la compañía Pandora Cruises para mi aventura por las aguas del Halong. La verdad que no tenía ninguna referencia, estuve mirando y mirando cruceros y entre precios desorbitados encontré este (140€). Eran dos días y una noche. Me habían comentado que no hiciera el de 2 noches, que con una bastaba.

Después de varias paradas por el camino, llegamos a un pequeño barco que llevaba a mi grupo de 20 personas al crucero. Esto fue una gozada, fue muy familiar y después de un par de horas ya nos conocíamos entre todos.

Nada más llegar hicieron el reparto de camarotes y creo que fui de las que más suerte tuvo. Había dos terrazas en el barco y me tocó una de ellas. Después de haber dormido en hostales compartiendo habitación por fin tenía una habitación para mi sola. Cuando mandé el video del camarote al grupo familiar me decían entre risas  “¿No era un viaje de mochilera?”

Comimos en el salón principal del barco una degustación de 5 platos diferentes de seafood y carne. Teníamos que recargar, tocaba una tarde de las que me gustan a mi. Agua, agua y más agua.

Nos subimos de nuevo en el pequeño barco que nos llevaba de un lado a otro. Primera parada, kayak. Cómo os lo diré, una piragüista haciendo piragüismo en la bahía de Halong… pura felicidad. 

Para rematar tocaba zambullirse en esas aguas. De cabeza que salté por la borda. No os puedo explicar la felicidad que alcancé, pero sin duda estaba en su máximo nivel.

Volvimos al barco, me recreé duchándome con agua caliente (sí, no había sido muy habitual este lujo en Indonesia) y en la terraza viendo el atardecer. Sobre las 18.00 de la tarde fui a la cubierta para reencontrarme con la pareja de madrileños que iba también a bordo. Estuvimos hablando de nuestras vidas, de viajes y de trabajo (él había estudiado INEF como yo).

Una hora más tarde fuimos al bufet del barco a cenar, pero no me entraba más comida y aunque intenté probar un poco de todo me dio lastima no aprovecharlo más.

Ahora sí, el momento más esperado. De un salto a la cama de matrimonio y a la habitación que tenía solo para mí. Pequeños placeres que no valoraba.

Día 12: Halong Bay – Hanoi

5.30am tocaba despertarse para ver el amanecer desde uno de los sitios más apoteósicos hasta la fecha. Subí a la cubierta con mi drone, dispuesta a sacar una de las imágenes del viaje.

A las 6.15am estábamos desayunando en el bufet del barco para irnos en media hora a hacer un paseo por Dark & Light Cave. Nos subimos en barcos de remo y quedamos deslumbrados por la combinación de rocas de caliza blanca, aguas verdes esmeralda y el oscuro misterio de las cuevas… creaban una atmósfera maravillosa que hacía que esta excursión mereciera la pena.

Cuando volvimos al barco tuvimos una hora y media de tiempo libre. Yo me senté en la terraza media hora para solamente disfrutar, y el resto del tiempo me lo pasé tirada en la cama viendo el paisaje por el ventanal.

A las 10am nos dieron el brunch, otra degustación de platos típicos vietnamitas. Últimos momentos en el crucero. Sobre las 11am cogimos de nuevo el barco más pequeño para volver a tierra firme.

Sobre las 15.00 llegamos al centro de Hanoi. Fui a dar una vuelta por los alrededores de la estación de tren, zona que no conocía. Acabé en un Starbucks para refrescarme y soltar equipaje, un ratito de wifi y de ponerme al día para ir a la  estación a las 18h. Tocaba otra aventura.

A las 19.20 salía mi tren de Hanoi con destino Hoi An. 15 horas de tren por delante. La primera opción fue el avión, pero, oye, con lo famosos que son los buses y trenes litera en esta zona ¿Por qué no vivirlo? Otra experiencia inolvidable.

Hay varias opciones de buses y trenes, yo como habéis podido leer me decanté por el tren. Principalmente porque me parece más seguro. Dentro de los trenes también habían diferentes opciones, pero cogí la que mejor vi. Iban a ser 15 horas de tren así que por lo menos estar cómoda.

Eran compartimentos con 4 camas. Tenían enchufe y luz individual, además de bolsitas con un piscolabis. Así que aproveché las primeras horas de trayecto antes de dormir para acordarme de vosotros y escribiros.

Día 12: Hanoi – Hoi An

Sobre las 22.30 me quedé dormida hasta las 7.30 de la mañana, nada nada mal. Dormí muy a gusto, la verdad, y no me enteré de nada y mira que era difícil con los bandazos que daba el vagón cuando cambiaba de vía.

La chica francesa y su padre que iban en el mismo compartimento que yo se bajaron en la parada anterior, Hue. Y ya me quedé sola hasta Da Nang, donde tenía que bajar para ir a Hoi An.

Estas 4 últimas horas se me hicieron pesadas, además llegamos con una hora de retraso. Nada más bajé ni pregunté si alguien más iba a Hoi An, ya que luego la jugada no me salía bien y acababa pagándole el viaje a alguien. Pedí un Grab y por unos 15€ llegué en menos de una hora a mi hostal en Hoi An, Old Fuse en pleno casco histórico.

Eran las 13.00 y con ello pude hacer el check in, dejé todo y me fui a comer uno de los platos típicos de la ciudad, el Cao Lầu (50k Dong – 2€). Un conjunto de fideos, cerdo y verdura que solo se puede encontrar aquí y se rumorea que su sabor tan único se debe al agua de un antiguo pozo secreto a las afueras de la ciudad.

Y de aquí a mi primer contacto con la ciudad. Hội An es una ciudad situada en la costa central de Vietnam conocida por su casco antiguo atravesado por canales. Cuenta con una arquitectura fusionada por épocas y estilos, desde templos y tiendas chinas de madera hasta coloridos edificios coloniales franceses, pasando por casas tubulares vietnamitas y el llamativo puente cubierto japonés, con su pagoda (actualmente en restauración).

Todo lo que vi me encantó, pero una cosa me llamó la atención… la cantidad de turistas que había. No se podía ni apenas caminar y todas las casas eran o tiendas o cafeterías para turistas. Para mi gusto le quitaba la esencia, parecía un parque temático para adultos.

Por la noche fui a cenar y a probar otro de los platos típicos vietnamitas, el Bánh Mì (30k Dong – 1,15€). Es un bocadillo típico elaborado con una baguette de pan blanco y harina de arroz.​ El bocadillo contiene algunos encurtidos de zanahorias, daikon, cebollas, cilantro y cerdo, paté, pollo y/o jamón york.

Para terminar el día fui a pasear por el mercado nocturno que hay al otro lado del rio y del puente japonés. Un mercado de más de 300m de largo lleno de puestos de comida y souvenirs.

Día 13: Hoi An

Para hoy tenía una excursión de todo el día a Ba Na Hills y al puente Golden Bridge. A las 7.30am nos recogían en el hostal para empezar la excursión, antes fui a una pastelería que había en la calle, donde los locales compran croissants, para desayunar. 

Después de hora y media llegamos a Ba Na Hills, se trata de un complejo que está a más de 1.500 metros de altura que combina templos budistas, una réplica de una villa francesa, pagodas, juegos mecánicos y jardines temáticos. Y para llegar a él te subes en uno de los teleféricos más largos del mundo con más de 5 kilómetros de largo. Esta excursión ha sido de las más caras del viaje, 60€

El parque cuenta con dos parques conectados por teleféricos, en el primer piso encontramos al gran conocido Golden Bridge o puente de las manos. Si googleas ‘fotos de Vietnam’ esta es una de las fotos que encontrarás. Y como en las fotos, impresionante. Después fuimos a ver los jardines temáticos, templos y un buda de 27 metros. 

Había conocido a Eve, una chica canadiense que también se hospedaba en mi hostal y pasaríamos el día juntas por Ba Na Hills.

Después de dedicarle una primera hora a este ‘piso’ nos fuimos a por el siguiente. El guía nos llevó a coger un tren que nos llevaría a uno de los extremos, para ver en uno de los edificios una película 3D de 15 minutos. Era una sala de cine inmensa, con asientos que se movían. En otra de las salas del edificio vimos otra película en la que sobrevolabas el mundo, literalmente. Subidos en unos asientos que se sostenían en el vacío y se movían, parecía que estuvieras sobrevolando ciudades como Sydney, Dubai, París, El Cairo… muy muy realista. 

Después de pasar una hora en esta zona fuimos a comer a uno de los bufetes del parque, bueno…, sin comentarios. El buffet más grande y espectacular que he visto. Comida de todas las partes del mundo y un sinfín de diferentes bebidas.

Para terminar fuimos a la zona de ocio Fantasy Park, dividida en tres plantas con salones recreativos, coches de choque, películas en 3D, 4D y 5D, torre de caída libre… entre otras. Al aire libre también se encuentra Alpine Coaster que es una montaña rusa y sillas voladoras.

A las 16.00 cogimos los teleféricos para volver al minibus y a Hoi An. Si tienes varios días en Hoi An o Da Nang me parece una actividad muy diferente para realizar. A mi me gustó mucho.

Cuando llegamos al hostal aproveché para llevar mi ropa a la lavandería y darme una ducha para salir a cenar y dar una vuelta con Eve por otro de los mercados nocturnos de Hoi An.

Día 14: Hoi An

A las 8am ya estaba en marcha, quedé con Eve para coger desayuno en la pastelería de al lado del hostal y dar una vuelta por los callejones que dan a la zona antigua de la ciudad.

Más tarde me quedé sola ya que Eve tenía una excursión en bici por la ciudad. Y como siempre dice la gente que viaja sola ‘nunca te encontrarás solo’ siempre hay gente que va formando parte de tu viaje y deja un poco de su esencia en ti para hacerlo aún más inolvidable.

Era temprano y los turistas aún no habían asaltado las calles, así que aproveché para recorrer Hoi An de punta a punta e ir visitando todos los destacados de mi mapa.

El centro histórico de Hoi An tiene el honor de ser el mejor conservado de todo Vietnam. Sus calles y su conjunto de edificios han sido nombrados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Para visitar los lugares más destacados se necesita comprar un bono turístico de 5 entradas que cuesta 120.000 VND (5€), yo tuve la suerte de que la pareja de madrileños que conocí en Halong Bay me dió sus 4 entradas sobrantes. Hay 22 lugares de interés en total que abren de 8am a 6pm más o menos.

  • La casa Tan Ky

Al estilo de las “casas tubo” vietnamitas. Sus propietarios eran una familia china, por lo que su construcción se hizo siguiendo los principios del ying y el yang.

  • La casa Phun Hung

También construida por una familia de mercaderes chinos. Está sustentada sobre ocho robustas columnas de madera con base de mármol. Dispone de una abertura en el techo, que servía para poner a salvo las mercancías durante las inundaciones.

  • Asamblea Phuc Kien

Los mercaderes chinos de Hoi An se identificaban por su provincia de origen. Cada comunidad construyó un lugar de reunión para celebrar diversos actos sociales o encuentros. La más famosa y la más antigua que ver es esta, la antigua pagoda transformada en asamblea en el XVIII.

Mantiene su carácter sacro, con varios altares dedicados a varios dioses chinos y a las diosas del mar.  Este fue de los que más me impresionó y el primer lugar donde gasté uno de mis tickets. Tras su puerta rosa de tres arcos encontraréis un bonito patio. El templo que hay en su interior está dedicado a la diosa Thien Hau, la diosa del mar de los inmigrantes de Fujian.  

  • Asamblea cantonesa Quang Trieu

Uno de los edificios que más me impresionó. En su interior alberga unas coloridas estatuas de dragones y un altar dedicado a Quan Cong, un respetado general.

  • Asamblea china Hoa Van

Aquí tuve suerte y como era temprano aún no había nadie pidiendo el ticket. No tiene tampoco mucho interés y tampoco encuentro mucha información, probablemente por eso no pidan ticket.

  • Ba Mu temple gate

La puerta del templo Ba Mu fue una de las primeras cosas que vi. Es una puerta presidida por un estanque repleto de nenúfares, pero sin nada al otro lado.

  • Puente Japonés Cubierto

Se trata de la obra arquitectónica más interesante que ver y que actualmente está en obras. Este puente fue construido sobre el río Thu Bon por la comunidad de mercaderes japoneses instalados en la ciudad. 

  • La capilla de la familia Tran

Se encuentra en un jardín de mil quinientos metros cuadrados en pleno casco histórico, junto a la casa familiar. Plantas, flores, árboles centenarios y arquitectura cumplen con los preceptos del Feng Shui, para crear un lugar “fuera del mundo”. 

  • Templo Quan Cong

Se construyó en 1653 como lugar de culto dedicado a un general chino del mismo nombre. El templo deslumbra con sus colores rojo, amarillo y verde, y los motivos decorativos siguen conservando su esplendor hasta día de hoy.

Después de darme este baño de templos, casas, patios y asambleas me fui al mercado local que está situado entre las calles Hoang Dieu y Tieu La. Un mercado muy auténtico donde los locales compran pescado, carne, verdura, fruta… desde las 6 de la mañana. Estaba en pleno bullicio y eso me encanta, lo disfruté muchísimo.

Fui a comer otra vez al lugar de los bocadillos típicos y me pedí uno diferente, tienen 6 tipos diferentes entre vegetales, de pollo, de cerdo y una mezcla de todos.

Fui a descansar un rato al hostal y ponerme con las fotos para mandar a mi familia y amigos y a las 3pm tenía la actividad de los barcos de bambú. La había cogido con el hostal por unos 6€. Nos llevaban y traían, así que era muy cómodo y al viajar sola abarataba costes. 

Las barcas cesta se fabrican con bambú y hojas de palma y el secreto de su flotabilidad reside en la aplicación de una mezcla especial de resina y alquitrán que impermeabiliza la embarcación.

La historia de estas barcas se remonta a hace más de 2.000 años cuando fueron diseñadas para pescar en aguas poco profundas, la forma circular de estas barcas permitía a los pescadores desplazarse con facilidad y recoger los peces de sus redes.

Curiosamente, hay quien dice que la barca cesta se introdujo en Vietnam durante el periodo colonial francés como forma de evitar los excesivos impuestos sobre la propiedad de embarcaciones. Los franceses creían que una barca cesta no era un barco, sino una cesta, y por eso no gravaban al propietario.

Después de esta excursión de una hora y media volví al hostal a por mi ropa de la lavandería y a preparar mi maleta, en menos de 24h volaba a un nuevo país.

Día 15: Hoi An – Siem Reap

Mi vuelo era a las 17.00 por lo que tenía toda la mañana por delante para despedirme de Hoi An. Fui a desayunar a mi pastelería de confianza y a perderme por alguna de las calles que me quedaban para luego dar una última vuelta por el mercado que tanta vitalidad tenía por la mañana. También volví a disfrutar de cada una de las calles del casco antiguo.

Para comer fui al restaurante de bocadillos cercano a mi hostal y a por el postre a Mixue que es una cadena de tés y helados que he ido encontrando durante todo mi viaje y es muy económica, todo por menos de un euro. Y así gasté todos los Dongs que me quedaban.

Reservé el taxi con mi hostal, un minibús que iba recogiendo a gente y nos llevaba al aeropuerto. Tres veces más barato que pedir un taxi para mi sola.

En el minibús conocí a una pareja de españoles que también tenían el mismo vuelo que yo, así que quedamos de compartir también transporte una vez llegásemos a Camboya.

Era hora de embarcar y yo no veía mucha gente… nos subimos al bus que nos llevaría al avión y ¡sorpresa! Era un avión de hélices, con razón no había gente.

Solo me había subido una vez a uno para ir a Lisboa y la verdad que me hizo ilusión, fue un vuelo de 2 horas pero que me pasó volando, nunca mejor dicho.

Cambodia utiliza el dólar americano además de su moneda local, el Riel, por lo que todo es mucho más caro, sobre todo el transporte del aeropuerto al centro de Siem Reap.

El anterior aeropuerto quedaba a 15 minutos del centro, pero desde Octubre hay un nuevo aeropuerto que está a una hora y cuesta unos 28€. Menos mal que iba con la pareja española y pudimos dividirlo entre los 3.

Durante el trayecto lo que más me llamó la atención es la poca o nula iluminación que había en las calles. Por lo que cuando llegué sobre las 21.00 hice el check in, saqué dinero, pagué dos excursiones en el hostal y allí me quedé. Normalmente salgo a dar una vuelta, pero no me causó mucha confianza la poca visibilidad.

Día 16: Siem Reap

Eran las 7 am y estaba llena de ilusión, hoy iba a descubrir un Patrimonio de la Humanidad y la razón de estar en Camboya, los templos de Angkor Wat.

Son unos 70 templos que cuentan con más de 400 kilómetros cuadrados. Sin embargo, hay dos circuitos, el Circuito Corto y el Circuito Largo, que recorren los principales templos y que dan una idea más que suficiente de la importancia y belleza de Angkor Wat. Yo había escogido la excursión de 11 horas con el hostal para hacer el circuito corto.

Antes de empezar con el tour fuimos a por las entradas, 37$ para un día o 62$ para 3 días; son las entradas más comunes, aunque también existe la de 5 días por 72$.

De aquí el mini bus nos llevó a la entrada, a parte de los 37$ pagué 20$ por el tour que contaba con minibus, agua, toallas refrescantes y guía. Aunque también puedes ir por tu cuenta y contratar un tuk tuk que te vaya llevando de un templo a otro por unos 20$.

Una vez allí nos introdujimos en la capital del antiguo Imperio jemer, que dominó gran parte del Sudeste Asiático, fue abandonada en el siglo XV, hasta ser ‘redescubierta’ por el francés Henri Mouhot en 1860. 

Angkor es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del Sudeste Asiático. Destaca además del templo de Angkor Wat, el templo de Bayon en Angkor Thom.

Angkor Wat tiene forma rectangular, ocupa 2 km2 y está rodeado por un gran foso. En el centro del recinto se levanta la estructura principal del templo, en el que sobresalen cinco prasat, torres con una forma piramidal típicas de la arquitectura jemer y que representan el monte Meru, hogar de los deva (dioses) en la mitología hindú. Las paredes de Angkor Wat son un museo al aire libre, con gran cantidad de estatuas que invitan a pasarse horas contemplando seres mitológicos, escenas de la corte o representaciones de las batallas libradas… nosotros destinamos casi 3 horas a este templo. 

Hicimos una breve parada para comer y fuimos a visitar los templos de Ta Prohm y Bayón.

El Templo de Ta Prohm igual os suena de la película Tomb Raider. Es un templo jemer de finales del siglo XII y a diferencia de los otros templos, este cuenta con enormes higueras y cedros que han cubierto con sus raíces gran parte del edificio

Y antes de ir a ver el atardecer, despedimos el día en el templo Bayon. Fue construido en estilo budista a finales del siglo XII, conocido por sus 54 torres y cerca de 200 enigmáticas caras sonrientes.

Todos estos templos me parecieron espectaculares y sobre todo el pensar cómo en el año 800 d.c fueron capaces de hacer tales obras de arte, con tantos detalles y tan pocas herramientas.

Fuimos a ver el atardecer a lo alto de la colina Phnom Bakheng. Tras un paseo de unos 15 minutos y unos 70 metros de altura, obtienes unas vistas espectaculares desde lo alto de unos restos de templo.

Para mí un día fue suficiente para hacerme una idea de lo que eran los templos y empaparme un poco de toda la historia que mí guía Kim, de la empresa Siem Reap Shuttle Tours, explicó tan bien.

Día 17: Siem Reap

Para hoy tocaba una excursión que también me hacía mucha ilusión desde que estuve investigando qué ver en Siem Reap y que me llamó mucho la atención; así que a través de mi hostal volví a coger un tour con Siem Reap Shuttle Tours; por 24$ tenía el minibus, agua, entradas, barco y guía. Aunque también puedes llegar con tuk tuk y una vez allí pagar la tarifa de entrada y barco.

Fuimos a descubrir Chong Kneas, el pueblo flotante más cercano y accesible a Siem Reap de la orilla del lago Tonle Sap (el lago de agua dulce más grande del Sudeste Asiático).

Cuando llegamos al embarcadero me sorprendió que no había muchos turistas, a diferencia del día anterior. Mi grupo de 3 personas y yo nos subimos a un pequeño barco alargado para perdernos entre los canales y tras 10 minutos de navegación llegar al poblado.

Fuimos visitando el poblado desde el agua hasta llegar a una iglesia y a la calle principal que debido al nivel bajo del agua quedaba al descubierto y los niños correteaban y jugaban por allí. Mientras, otros estaban en clases sustentadas por la ayuda de voluntarios y turistas que podían dejar una voluntad.

Después volvimos al barco para llegar hasta el final de los canales y ver la inmensidad del lago que dependiendo de la temporada de lluvias pasa de unos 2.500 km² a cerca de los 25.000 km².

A mí me pareció muy auténtico y no muy turístico, aunque he leído en internet que viajeros que fueron por su cuenta se sintieron estafados, intimidados o presionados… este hecho me hace pensar que haber elegido hacer la excursión mediante un tour ha sido una buena opción.

Para terminar el día fui a por mi primer contacto con el centro de Siem Reap, aunque tampoco quería explorarlo mucho ya que eso me tocaba al día siguiente. Pero aun así me sumergí en el mercado local y compré los souvenirs.

Día 18: Siem Reap

Hoy tenía el día entero para conocer mejor las costumbres y el carácter de los camboyanos y la ciudad de Siem Reap.

Eran las 9 de la mañana y estaba esperando a José, un portugués que vive en Bali y que estaba de vacaciones en Siem Reap. Se alojaba también en mi hostal y lo había conocido el día anterior.

José no tenía ningún plan así que se animó a explorar la ciudad conmigo. Empezamos por un mercado que había visto desde el coche el primer día y que no quedaba lejos del hostal, Phsar Deihoy.

Un mercado local, sin turistas donde los camboyanos compraban pescado fresco y tan fresco que estaban vivos en los tablones donde los exponían, también vendían ranas, tortugas y otros bichos. Además de por supuesto carne y verduras. Los más avanzados tenían ventiladores para ahuyentar a las moscas, otros simplemente vendían todo desde el asfalto.

De aquí fuimos a las calles centrales de la ciudad: Street 08, Street 11, Street 09, Phom Wat Damnak… y entramos, cómo no, otra vez en el mercado. Era por la mañana así que estaba en plena ebullición. José solo quería encontrar una cosa y hasta que no la encontramos no paro de preguntar. Te estarás preguntando qué buscaba, pues bien… digamos que es una comida muy proteica, pero que a simple vista es un poco repulsiva. En efecto; cucarachas, escorpiones, gusanos… bichos varios.

Por un euro la mujer nos dio una bolsa bien rebosante de bichos. Empezaba la cata. Empezamos primero ofreciendo a los allí presentes, algunos no dudaron en probarlos y otros los negaban haciendo muecas.

Era nuestro turno. José fue el primero. Sin pensar para dentro. Ahora toda la atención estaba sobre mí. Allá iba, cogí un gusano y sin pensármelo dos veces lo ingerí. Tras unos segundos de duda, lo mastiqué y tragué. Podía haber sido peor, pero no tenía sabor. Podía ser cualquier cosa si no estuviera viendo con mis propios ojos que era un GUSANO. Después del primero cayeron varios más.

Y tan felices con nuestro manjar nos fuimos a seguir descubriendo Siem Reap. Fuimos por la calle Oknha Oum-Chhay hasta Preah And Check Preah And Chora Shrine, uno de los santuarios más sagrados de Camboya. Todo era gente local rezando y haciendo ofrendas, una de ellas nos llamó mucho la atención. Un cerdo.

Fue un rato muy mágico, ver la devoción que tenían y el agradecimiento que nos mostraban de que estuviésemos acompañándolos.

De ahí fuimos al mercado ‘Made in Camboya’ que está a escasos 10 minutos. No es un mercado local, está pensado para turistas y todo es de bastante calidad por lo que los precios son más altos que en el resto de mercados. 

Al salir nos encontramos con dos hombres jugando al ajedrez, pero lo que nos llamó la atención es que no eran unas fichas convencionales. Nos comentaron que se llama Makruk, es un juego de tablero que desciende del chaturanga que se practicaba en la India en el siglo VI y en consecuencia tiene un cierto parentesco con el ajedrez occidental. Además de en Camboya también goza de popularidad en Tailandia y ocasionalmente es llamado ajedrez tailandés.

Compramos dos cocos y nos los bebimos mientras observábamos la jugada y les invitábamos a ‘bichos’.

Seguimos con nuestro paseo hasta llegar a Wat Bo. Con una maravillosa mezcla de edificios, estatuas y monumentos. Además este templo tiene un hermoso sonido de piídos de los pájaros que compiten con las meditaciones de los monjes. El templo está rodeado de zonas ajardinadas y es un lugar estupendo para explorar.

Con el calor que hacía decidimos volver al hostal y darnos un remojón en la piscina. Allí conocimos a Nikos un griego que también estaba viajando solo por el sudeste asiático. Después de más de dos horas hablando y jugando al beer pong (pero sin cerveza) que había en la piscina nos fuimos a comer a Tevy’s Place. Yo volví a repetir mi curry de calabaza y tofu que estaba buenísimo.

Volvimos al hostal y nos divertimos tomando algo, jugando al billar, hablando con los trabajadores del hostel y haciendo nuevas amistades.

Día 19: Siem Reap – Phuket

A las 7.30 de la mañana me recogían para ir al aeropuerto, mi vuelo era a las 11.30am por lo que no me quería arriesgar con el autobús público que salía a las 8.30am (cuesta 8$ y tiene parada en CDF Angkor Duty Free Store) así que reserve por 9$ con Shuttle Siem Reap, la misma compañía con la que había realizado los tours. Como a esa hora no tenían más reservas me llevaron solo a mi hasta el aeropuerto.

Hoy tenía dos vuelos: Siem Reap – Bangkok y Bangkok – Phuket. Dos vuelos de una hora y una escala de dos horas.

Cuando llegué a Phuket había dos opciones o coger un minibus con más gente que va a tu misma playa por 180 bath o el autobús público que va parando en todas las playas del oeste de la isla por 100 bath. El problema de este último es que sale cada hora y después de todo el día viajando no me apetecía estar otros 40 minutos de espera. Así que escogí la opción del minibus.

Me hospedaba en Patong. Escogí esta playa porque me daba facilidades en cuanto al alojamiento y excursiones, pero el ambiente no me apetecía nada. Como si juntas Benidorm y Magaluf en un solo lugar.

Hice el check in en BearPacker en primera linea de playa, y fui a ver la famosa calle de Patong que podría ser una buena localización para la película ‘Resacón en Phuket’.

Saqué dinero para pagar una de las excursiones y para tener para esa semana (Aquí el fee es de 220 bath / 6€) y me fui a descansar.

Día 20: Phuket

Primer gran día. Si hay una cosa que me encanta es estar metida en el agua y he aprendido a disfrutarlo más desde que viajo sola. Después de ser una persona de ciudad quería ser un poco sirena. Así que escogí este destino para dedicar dos días enteros a hacer snorkel y conocer las maravillosas islas paradisíacas de Tailandia.

A las 7.30am pusimos rumbo a Phi Phi Island. 40 minutos de coche hasta el embarcadero y luego una hora de barco hasta el paraíso.

Cogí la excursión a través de Viator por 77€ más otros 11€ de tasas por el parque nacional. Había hablado con alguna empresa local pero me decían que tenía que reservar al llegar a Phuket, pero llegaba tarde y no me aseguraban el spot. Así que como iba expresamente por eso, no quería quedarme sin visitar Phi Phi por lo que me lo aseguré reservando con Tripadvisor.

Durante el día fuimos parando en los puntos más reconocidos de las islas como Monkey Beach, Bamboo Island, Ko Phi Phi Don, Viking Cave, Pileh Bay y Maya Beach.

Para mi fueron un placer visual las aguas cristalinas y las formaciones rocosas. Pero en la primera playa en la que paramos a hacer snorkel el agua estaba muy removida debido a la cantidad de barcos con turistas que van a las islas y apenas habían peces y corales. Además empezó a picarme el cuerpo y como vi alguna medusa pensé que podría haber sido una, pero pregunté y me contaron que hay un insecto en el agua que aparece en invierno en esa zona, que no se ve pero te pica y la verdad es que era muy desagradable, tanto que tuve que salirme antes del agua porque no conseguía soportarlo.

En la segunda parada había mucho oleaje por lo que no recomendaban el baño, así que decidí sacar el drone para intentar sacar alguna buena toma, dar un paseo y tomar el sol en la arena más blanca que había visto nunca.

En la tercera parada fuimos a un resort a comer y después tenías la opción de bañarte en la playa o en la piscina.

Cuarta parada, las cuevas de Viking Cave y Maya Beach famosa por la peli ‘The Beach’ de Leonardo Dicaprio, aunque actualmente está cerrada para recuperar el ecosistema. Pero aun así buscamos un lugar cercano para bañarnos y ahí por fin pude disfrutar del snorkel. El agua seguía estando bastante removida, pero había muchos peces y algunos corales. Y lo importante, ya no nos picaba el cuerpo.

Aproveché también para saltar desde lo alto del barco y disfrutar como una niña, esa niña llena de ilusión que llevo dentro y que sale a disfrutar en ocasiones como esta.

Después de navegar por las islas Phi Phi volvimos a Phuket sobre las 18.00 y tal cual iba me fui a ver el atardecer a la piscina del hostal.

Estando allí me escribió Paula, una colombiana que conocí el día anterior y que también había vivido en Australia y ahora volvía a su país. Subió a la piscina y estuvimos charlando sobre su excursión a una reserva de elefantes. El elefantes es un animal muy importante en la cultura tailandesa y es considerado como un símbolo nacional.

Estando allí una chica nos vio y se acercó, era Aniek una holandesa que también viajaba sola y acababa de llegar. Así que cambiamos al inglés y pasamos un gran rato hasta que decidimos ir a dar una vuelta y a cenar por Phuket.

Día 21: Phuket

Segundo gran día. Hoy por recomendación de la simpática recepcionista de mi hostal tocaba descubrir Similan Island con la compañía Love Anandana. Nunca había oído hablar de estas islas, pero al googlear el nombre, las fotos que salieron eran espectaculares.

Iba sin muchas expectativas, tampoco había querido averiguar mucho. Quería sorprenderme. Quizá esto es lo que me falló el día anterior. Hemos visto tantas fotos y vídeos de Phi Phi que vas con unas expectativas muy altas y luego quizás no es para tanto.

Para esta excursión salimos a las 6 de la mañana, aquí el trayecto en coche es de casi dos horas. Que bueno, las pasé durmiendo y luego el barco que es de una hora igual que en Phi Phi.

Este archipiélago lo conforman 9 islas, Similan en tailandés significa 9. Aunque hay varias que no se pueden visitar para frenar el daño ecológico.

En el día de hoy íbamos a realizar 4 paradas. La primera parada fue en una playa donde puedes nadar, tomar el sol o subir una cuesta de unos 5 minutos para obtener unas vistas alucinantes. Desde aquí arriba pude admirar las aguas más claras y limpias que había visto nunca.

Segunda y tercera parada, snorkel. La verdad es que aquí los turistas que hay en la isla se diversifican un poco y no hay mucha gente a la vez buceando. Aquí el agua estaba clara, clarísima. Nada removida. Una cantidad de peces y corales increíbles y hasta tortugas marinas. Impresionante. Además los guías muy amables siempre me llamaban cuando encontraban peces raros o para hacerme fotos con mi GoPro.

Me recordó mucho a las islas Perhentian y por momentos sentía que estaba nadando con mi tío.

La última parada fue en otra isla donde comimos, nos relajamos y nos bañamos. Yo me dediqué a estar una hora dentro del agua agradeciendo a la vida la oportunidad de poder estar ahí y de poder vivirlo.

Llegamos sobre las 20.00 a Phuket y me fui directa a la ducha y a la cama. K.O técnico.

El único ‘pero’ que le pongo a las dos islas es la cantidad de turistas que hay. Y sí, yo también soy una turista y todos tenemos derecho a disfrutarlo… pero después de haber buceado en Perhentian, Fiji y Nusa Penida sin apenas gente, esto me llama la atención. Y si tuviese que quedarme con una excursión, sin duda sería Similan. Hay que tener en cuenta antes de ir que durante 4 meses al año la cierran para que el entorno natural se recupere. Esto y que hasta 2021 estuvo varios años cerrada, la hacen especial y única.

Día 22: Phuket – Bangkok

Hoy ponía dirección a mi último destino en Tailandia, en el Sudeste Asiático y en mi propia aventura en solitario. Tocaba despedirse a lo grande en Bangkok.

Tenía el vuelo a las 14.40 así que tenía tiempo de descansar, desayunar y dar un paseo por la playa antes de coger el bus público para ir al aeropuerto.

Phuket es con diferencia mucho más caro que el resto de Tailandia por lo que inocente de mi fui al McDonalds a desayunar algo baratillo. Bueno, pues pagué 10$ por una especie de churros y un chocolate. El desayuno más caro de mi vida.

Llegué a Bangkok con una hora de retraso. Enseguida salió la maleta y fui directa a por el bus público que te lleva al centro por 50 bath. Hay varias líneas que te llevan a casi todos los puntos de la ciudad.

Mi amiga Paula también estaba en la ciudad, pero al llegar más tarde de lo esperado y que Bangkok es una gran ciudad decidí no desplazarme por la noche y quedarme por mi zona de Khao San Road para cenar y ubicarme.

Cené el mejor Pad Thai (50 bath) de mi vida en un puesto callejero y sentada en la acera. Para además mejorarlo aún más si era posible con un Mango Sticky Rice (50 bath) de otro puestito con unos vendedores simpatiquísimos que estuvieron muy atentos y me dieron extra de salsa de coco… Yummy!

Día 23: Bangkok

Hoy sí, había quedado con Paula para visitar el Gran Palacio. Cuando estaba de camino, 20 minutos andando desde mi Hostal Bed Station, vi a una chica que parecía viajar sola y con el mismo destino que yo. Así que nos pusimos a hablar y mis sospechas se confirmaron. Danielle una joven canadiense había dejado toda su vida atrás para ir al sudeste asiático sólo con vuelo de ida. Al llegar al palacio nos despedimos y nos dimos los contactos.

El Palacio se empezó a construir en 1792 y sirvió como residencia oficial del rey de Tailandia desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX y la entrada cuesta 500 bath (13€). Estuvimos más de dos horas descubriendo el Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda, el templo budista más importante de Tailandia. Esta visita me encantó, el templo parecía recién hecho, era deslumbrante y detallado.

Al salir del templo vimos un autobús gratuito que no sabíamos dónde nos llevaba, pero era gratis. Así que nos subimos y nos dejó a unos 15 minutos en medio de la ciudad, pero no teníamos nada importante de referencia en la zona así que buscamos algún lugar donde comer. Según google maps había un centro comercial cerca, allí que fuimos. Centro comercial como a los que estamos acostumbrados no era. Era un mercadillo como el que hay por la calle pero cubierto. Seguimos las indicaciones de Food Court y aparecimos en una sala llena de gente local con diferentes puestos de comida. Fuimos directas en busca de un Pad Thai.

Resultó ser un Pad Thai de gambas, por 50 bath, que estaba buenísimo.

Después de hablar sobre nuestra vuelta a casa y de posibles reencuentros en Colombia o Europa nos despedimos con un hasta pronto.

Fui callejeando hasta llegar al templo What Pho conocido por tener en su interior al gran Buda Reclinado, 46 metros de largo y 15 metros de altura. Totalmente impactante. Aquí la entrada es de 300 bath (8€).

Al salir decidí coger un autobús público para ir a uno de los principales centros comerciales de la ciudad, MBK. Aquí puedes encontrar de todo. Desde comida, souvenirs, falsificaciones y conocidas marcas internacionales.

Después de dedicarle un par de horas me fui a por el autobús y vuelta al hostal, eso sí, ahora el bus no iba a ser tan moderno como el anterior. Era un bus de los años 80 que seguía en perfecto funcionamiento.

Piscina, ducha y a soñar con un nuevo día en la gran ciudad.

Día 24: Bangkok

Eran las 9am y había quedado con Danielle; el plan de hoy era sacarnos el pase diario del ferry por 150 bath e ir descubriendo la ciudad desde el agua e ir bajando y subiendo en las diferentes paradas.

La primera parada fue Wat Arun. La torre principal del templo es de 82 metros de altura y en las esquinas del templo se sitúan cuatro torres más de menor altura, todas ellas decoradas con porcelana china. Este templo me recordó a los templos de Camboya. La entrada es de 100 bath, 2,70€.

Para la segunda parada teníamos el Flower Market. El mayor mercado mayorista de flores de Tailandia, está abierto 24 horas al día, siete días a la semana y está considerado uno de los mayores mercados de flores del mundo. No nos encontramos con apenas turistas y pudimos perdernos en las vibrantes vistas y seductores olores de este mercado decorado con interminables hileras de rosas, orquídeas y claveles.

Desde ahí fuimos andando hasta Chinatown, el corazón de la comunidad china. Afincados en el país desde el siglo XVII, han sabido mantener sus costumbres y sus tradiciones. 

La verdad que fue un paseo de los que me gustan. Gente local, mercados callejeros y algún templo que aparece de la nada.

Caminando caminando llegamos hasta Cat Tower y cogimos el ferry para cruzar al otro lado del río y visitar el centro comercial Inconsiam con más de 7.000 tiendas, 100 restaurantes y hasta un mercado flotante.

Ahí terminó nuestra visita. Cogimos el ferry de vuelta hasta Phra Arthit y anduvimos los 10 minutos que había hasta nuestros hostales que casualmente estaban al lado.

Aproveché para descansar un par de horas. En este viaje exceptuando cuando me puse mala en Uluwatu no había vuelto a tener ningún problema, pero hoy tenía la barriga fatal.

A las 17.30 salí para aprovechar que tenía el pase del ferry y ver el atardecer desde ahí.

Día 25: Bangkok

Último día entero en Bangkok. Para hoy tenía un tour con el hostal de 11.30 a 16.00 así que aproveché la mañana para adelantar faena en el ordenador.

La primera visita fue Phra Sumen Fort, una de las pocas partes restantes de las fortificaciones que se construyeron cuando Bangkok se convirtió por primera vez en la capital de Tailandia.

Art Gallery Ban Chao Phraya que fue el palacio del príncipe Sathittamrongsawas. La Autoridad Petrolera de Tailandia financió la restauración para convertirla en una galería de arte que exhibe piezas de artistas de renombre y emergentes.

Luego cogimos el ferry para cruzar a la otra orilla y visitar el mercado local de Wang Lang, un mercado oculto en Bangkok para los turistas. Donde lo que más destaca son sus puestos de comida.

Y terminamos nuestra visita en Wat Ra Khang Temple, uno de los más antiguos y de mayor importancia religiosa de Bangkok. También se le conoce como el templo de las campanas debido al gran número que hay y allí que fui yo a tocarlas todas para tener buena suerte en este nuevo año.

Fue un tour muy agradable conociendo a gente de diferentes países y visitando lugares nuevos y diferentes.

Después del tour me fui directa a Kao San Road a por mi último Pad Thai. El que me había gustado tanto el primer día aún no estaba abierto así que fui en busca de otro, no es un gran problema porque hay muchos… el problema está en acertar con el puesto. Pues eso, fue un problema porque probablemente me comí el peor Pad Thai de mi vida. Qué forma de desaprovechar una comida en Tailandia, ¡Por Dios! Noodles con verduras sin sabor a nada. No pasa nada, lo remedie con un Smoothie de coco que estaba increíble.

Fui a dar una última vuelta por la zona e intentar buscar los últimos regalos, pero sin éxito porque no encontré lo que buscaba.

Maleta, ducha e intentar descansar un poco para afrontar uno de los días que quedará en mi recuerdo para siempre.


En conclusión, el viaje ha sido magnifico. Los puntos fuertes son:  precios en general muy baratos, gente muy amable, sientes mucha seguridad, hay bastante infraestructura turística, igualmente puedes encontrar lugares muy virgenes y fuera de los circuitos turísticos, la comida es deliciosa.


Día 25: Bangkok – Sofia

Después de una siesta porque no se le puede llamar dormir realmente, me desperté a las 2 de la mañana. Recogí todo y me fui a hacer el check out. Como aun tenia 15 minutos hasta que viniese el taxista me fui al Seven Eleven a por el desayuno.

El taxista vino enseguida y en menos de 40 minutos nos plantamos en uno de los dos aeropuertos de Bangkok. Me costó 500 bath y lo cogí directamente con el hostal, Grab me decía que eran unos 520 bath y los primeros autobuses públicos no habían ni amanecido, por lo que el taxi era la única opción.

Bueno, que no os he contado donde voy, aunque por el título lo habréis averiguado. Pues después de 5 meses me reencuentro con mi familia en Bulgaria para hacer nuestro viaje invernal y que ellos disfruten de sus vacaciones ¿Porqué Bulgaria? te estarás preguntando. Nuestra primera opción fue el Líbano; ya teníamos los vuelos comprados, pero cuando estalló  el conflicto en Gaza y toda esa zona decidimos cancelarlo. Otra vez tocaba pensar un destino que no estuviese muy lejos, ya que ya habían hecho dos y tres viajes largos este año, además mi tío se va a Senegal en unas semanas. Tocaba Europa para que todos tuviésemos buenas conexiones, pero que tampoco hiciera muchísimo frío y que no lo hayamos visitado antes… se ponía complicada la cosa. Y así apareció la opción de Bulgaria.

Este viaje lo desarrollaré en otro Vuelo que en este ya nos hemos explayado mucho.

Pero lo importante es que estoy muy feliz de reencontrarme con mi familia, pasar las navidades con ellos después de haber pasado las dos últimas Navidades sola y de volver a mi querida España. Porque si algo puedo decir con conocimiento de causa, es que como en España en ningún sitio.

Gracias por acompañarme una vez más y por llegar hasta aquí.


Los sueños no están para ser cumplidos. Están para ser vividos.

Herman Zapp

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5 comentarios sobre “SUDESTE ASIÁTICO: INDONESIA, VIETNAM, CAMBOYA Y TAILANDIA

  1. Hola Paula, muchísimas gracias por compartir esta experiencia. Muchos detalles, fotos, me encantó. Podrías decirme con cuánto equipaje viajaste? Se encarecen mucho los vuelos cuando facturas una maleta?

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