Bienvenidos, esta es la primera entrada de mi blog y que mejor que hacerlo con uno de mis lugares favoritos de Londres, THE GARDEN AT 120.
Es un jardín de 2.800 metros cuadrados que se encuentra en 120 Fenchurch St, hay un pequeño hall con una gran pantalla en el techo donde encontrarás un control de seguridad y una vez pasado subes al último piso y a disfrutar de unas vistas 360º de Londres.
Horario: – Entre el 1 de abril y el 30 de septiembre (de lunes a viernes de 10: 00h a 21: 00h) – Entre el 1 de octubre y el 31 de marzo (de lunes a viernes de 10: 00h a 18: 30h)
¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Qué ilusión estar de vuelta por aquí, ya que significa que una nueva aventura ha sido muy disfrutada. Esta vez tocaba un viaje cerquita de España, pero en otro continente: África. Venia familia que vive en Los Ángeles y una amiga que vive en Whistler, Canadá, y queríamos hacer el reencuentro algo más especial por lo que decidimos que Marruecos era el lugar perfecto por el contraste que suponía para nosotros, por su historia, tradición, cultura y su autenticidad.
Íbamos a pasar 6 días en Marrakech; teníamos claro qué queríamos visitar pero nuestro plan diario lo concretamos allí.
Finalmente la programación quedó así:
Día 1: Llegada a primera hora de la tarde y primera toma de contacto con el zoco.
Día 2: Barrio judio, Madraza Ben Youssef y Hamman.
Día 3: Día completo para la excursión a Essaouira.
Día 4: Cementerio judio, Mercado de las Especias, Barrio Moderno, Hotel Mamonia y Fan Zone Copa de África.
Día 5: Palacio de la Bahía, Barrio Rmila y Tumbas Saadías.
Día 6: Último paseo por el zoco y vuelta a casa.
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Día 1: Valencia – Marrakech
18 de diciembre de 2025. La tarde del 17 viajé desde Barcelona a Castellón. Me despierto en mi casa familiar y volamos desde Valencia a Marrakech, Sol y Mari llegan desde Madrid. Tenía muchísima ilusión con este viaje ya que hacía diecinueve años que había estado en Marrakech y el lejano recuerdo que mantenía era muy bueno. Además, nos reuniríamos allí con Mari y Sol, a las que hacía muchos años que no veíamos.
Salimos a media mañana del Aeropuerto de Valencia con destino al Aeropuerto de Marrakech-Menara y, después de un vuelo de poco más de hora y media, aterrizamos. Para ir al centro de la ciudad habíamos reservado un shuttle a través de Booking por 15€ y tras unos veinte minutos de trayecto llegamos a nuestro hotel: el Riad Assalam.
Era mi primera vez en un Riad, un tipo de casa tradicional marroquí que se caracteriza por tener un patio como núcleo central de la edificación. A diferencia de los grandes hoteles, la mayor ventaja del Riad es que está dentro de la medina, lo que te evita tener que coger transporte y puedes sentir más plenamente la vida marroquí.
Tras nuestro té de bienvenida en el Riad y despojarnos de nuestros enseres en las habitaciones, fuimos directos a sacar dinero y cambiar euros a dírhams. Para ello, nos dirigimos al cajero del edificio de correos y al Hotel Ali para el cambio. Actualmente, 1€ equivale a 10,70 DH.
Mientras sacábamos dinero, vimos que habían instalado pantallas en la plaza central, Jemaa el-Fnaa, para seguir la final de la Copa Árabe de la FIFA. Entre la multitud, vivimos el primer gol contra Jordania a solo cuatro minutos del comienzo: un golazo desde la mitad del campo que nos dejó boquiabiertos. Al final del partido pudimos compartir la alegría desbordada del gentío por el triunfo del partido y del campeonato. Tres días después el fútbol volvería a introducirse en nuestro viaje marroquí.
Tras la alegría futbolera comenzamos nuestra primera inmersión por el zoco. Desde la plaza Jemaa el-Fnaa nacen numerosos callejones que te adentran en este mercado bullicioso, sinuoso, caótico y frenético.
Hay alrededor de 20.000 puestos y talleres… es para volverse loco. Puedes encontrar tiendas de marroquinería y cuero, textiles y alfombras, especias, decoración e iluminación, cerámica o alimentación. De este primer paseo salió mi wishlist de cosas que quería comprar en los próximos días. Es importante ir preguntando precios para tener una idea de cuánto quieres pagar; recordad que el regateo es esencial.
También aprovechamos para tomarnos nuestro primer zumo natural. El mayor recuerdo que guardo de Marrakech de cuando tenía once años es que, nada más llegar a Jemaa el-Fnaa, nos tomamos un zumo de naranja en uno de los puestos y la limpieza de los vasos no era precisamente la deseada, pero era parte de la inmersión. Así que esta vez el primer zumo no fue de naranja, sino de granada y ya no te lo dan en aquellos vasos de cristal reutilizados.
Para cenar elegimos un restaurante de comida local, el Bakchich Café, donde probamos los típicos tajines (que pueden ser de carne, verdura o pescado) y terminamos con unos dulces magrebíes. Las comidas salían por unos 15 € por persona.
Volvimos al Riad a descansar, con muchísimas ganas de disfrutar de esta gran ciudad después de este pequeño adelanto. El ambiente en el riad es silencioso y fresco, una atmósfera que se siente como un oasis en medio de la medina.
Día 2: Barrio Judio El Mellah, Madraza Ben Youssef, Tanneries y Hamman
¡Buenos días Marrakech! Tenemos el desayuno incluido y no hay cosa que disfrute más; el desayuno es mi comida favorita del día. Nos habían preparado pancakes y pan para untar con Nutella o mermelada, bizcocho, huevos fritos, yogur, zumo de naranja y café… un manjar que nos llenaría de energía para no parar de turistear.
Para hoy teníamos previsto el barrio judio, la Madraza Ben Youssef, las Tanneries y la visita a un Hamman.
Empezamos buscando El Mellah, un antiguo barrio judio donde originalmente la comunidad judía fue obligada a residir, pero cuando entre callejones lo buscábamos unos residentes intentaron disuadirnos diciéndonos que la calle no tenía salida, nos indicaron el camino que debíamos seguir, opuesto a lo que queríamos hacer, por lo que, aunque la situación fue un poco incómoda, decidimos ignorar sus comentarios y fiarnos de Google Maps. En efecto la calle sí tenía salida y pudimos disfrutar de este barrio que te transporta a mundos y tiempos muy lejanos a nuestra realidad.
Este barrio no estaba transitado por turistas y en contraste con el resto de calles donde los edificios y riads miran hacia dentro con sus patios y jardines, aquí miran hacia fuera con sus balcones y amplias ventanas.
En este barrio se encuentra el Zoco de las Especies y el cementerio judio que visitaremos en otro día.
Fuimos paseando hasta la Madraza Ben Youssef, es una de las joyas arquitectónicas de Marrakech, fue la antigua escuela coránica más grande del Norte de África y su edificio actual data de 1565. En la entrada compramos los tickets para acceder (precio: 50DH – 5€) y nos dirigimos al gran patio central y corazón de este complejo. Hay un estanque en el centro y galerías a los lados que rodean el patio. Cuando entramos al patio todos hicimos un comentario a la vez: “Me recuerda a la Alhambra” y el destino, que es muy bromista, nos puso a nuestro lado a unas granaínas que con esa gracia que las caracteriza nos dijeron que aceptaban el parecido pero la Alhambra a lo grande y más fastuoso.
Después de una buena sesión de fotos con el estanque, las puertas y las galerías de la plaza central subimos a la planta superior. Allí, un pasillo recorre el perímetro del edificio, conectando pequeñas y oscuras habitaciones que eran donde los alumnos vivían. Algunas habitaciones tienen ventanas que dan al patio central y dan una perspectiva única y bien fotogénica del lugar.
Terminando la visita nos dirigimos otra vez a la planta baja y justo en una de las grandes puertas que da al patio se encuentra el espacio más sagrado: la sala de oración. Destaca el Mihrab en medio de la sala que es un nicho que indica la dirección de La Meca y si miras hacia el techo verás la cúpula de cedro.
Nuestra siguiente parada serían las Tanneries o tintorerías, están situadas al noreste de la Medina, fuera de la zona más turística. El paseo hasta llegar nos dejó imágenes como estas:
Aunque están abiertas al público, nos ocurrió algo parecido a nuestra experiencia en el barrio judio: los residentes intentan evitar que acudas por tu cuenta y es un poco o bastante incómodo ya que empiezan a seguirte desde que entras en la calle principal que lleva a las Tanneries. Amablemente les pides que te dejen solo, que sabes llegar y que gracias por la oferta. Pero al final de la calle y cerca de la muralla giras a la derecha para entrar en la plaza donde están las pozas donde tiñen las pieles, otra persona te impide pasar diciendo que es una propiedad privada y que no se puede cuando claramente es pública. Aunque finalmente logramos pasar, el ambiente hizo que no pudiéramos disfrutar de la visita por completo. Está situación es la habitual por lo que hemos leído; te acompañan y te piden un pago por persona para entrar al recinto: que quede muy claro, es un espacio público por el que no hay que pagar pero que te “obligarán” a que pagues.
Aun así, es fascinante observar este proceso que apenas ha cambiado desde la Edad Media. Las tanneries o curtidurías son los lugares donde se lleva a cabo el proceso artesanal de transformar la piel animal cruda en cuero. El proceso se divide en 3 pasos: limpieza, curtido y tintura.
Las pozas blancas contienen una mezcla de cal y excrementos de paloma (si, has leído bien) para limpiar las pieles y ablandarlas. Las pozas de colores se usan para tintes naturales: el rojo suele ser amapola, el amarillo es azafrán, el azul es índigo y el verde es menta.
Volvimos callejeando y fuimos a comer a La Cantine des Gazelles, buena comida y precios (15 euros por persona) y a descansar un poco antes de ir al Hamman.
Para acabar el día el resto del grupo fue al Hammam Ziani, yo me quede en el hotel porque estaba un poco resfriada. Un Hamman es un ritual de limpieza y relajación que forma parte esencial de la vida social y cultural en los países árabes y especialmente en Marruecos. No es solo una ducha sino que tiene varios procesos:
Calor y vapor: entras en una sala con calor húmedo para abrir los poros.
Jabon negro: te aplican un jabon hecho de aceite de oliva negra y eucalipto que ademas verás que lo venden en muchos de los puestos de la medina. Este jabón ayuda a ablandar la piel muerta.
Exfoliación: con un guante grueso te frotan energéticamente, vamos que rascan a base de bien y es un poco molesto, pero te quitan toda la piel muerta.
El Ghassoul: último paso, una mascarilla de arcilla mineral que purifica la piel y un lavado con agua fría para cerrar los poros.
Como os podéis imaginar separan por sexos y te has de quedar desnudo. Las sensaciones al salir son de ligereza total y limpieza profunda, aunque la valoración global no fue excesivamente buena (la temperatura no era lo suficientemente alta para estar desnudo y mojado y pasaron frío). El precio suele ser de 300 DH unos 30€ por persona.
Al salir del Hamman nos reencontramos de nuevo y fuimos a contratar la excursión del día siguiente a Essaouira.
Día 3: Excursión a Essaouira
Hoy era día de excursión, tocaba ir a la encantadora Essaouira. La ciudad del viento, el paraíso de los surfistas y el refugio fresco cuando el calor aprieta en Marrakech.
El día anterior reservamos la excursión de un día a través de Mehdi Idari ubicado en Jemaa El fna Rue Kennaria 81 (mehdiidari5@gmail.co / +212 699 03 13 07) y nos costó 100€ aproximadamente. Era una furgoneta para nosotros solos con conductor que nos recogía y nos devolvía a la hora que quisiéramos.
Quedamos a las 9.00am al lado del hotel para que nos recogiera y tras un pequeño retraso llegó. Es un trayecto de unas 3 horas con una parada en una de las Cooperativas de Aceite de Argán (gestionadas casi siempre por asociaciones de mujeres bereberes). El aceite de argán es único en el mundo porque el árbol del que proviene (Argania spinosa) solo crece de forma natural en esta región del suroeste de Marruecos.
Cuando llegamos a la cooperativa una amable mujer nos explicó el proceso mientras unas mujeres nos hacían una demostración en vivo de cómo se consigue este aceite:
El descascarillado: Rompen el hueso del fruto del argán golpeándolo con dos piedras. Comentaban que es la parte más difícil porque no pueden dañar la semilla interior.
El prensado: Si el aceite es para uso culinario, primero tuestan las semillas. Si es para cosmética, se prensan en crudo.
La molienda: Usan un molinillo de piedra tradicional para extraer el aceite.
Después de ver el proceso nos dieron a probar con un poco de pan el aceite y el Amlu. Bueno el Amlu, que deciros… estaba BUENÍSIMO! y es que yo soy muy fan de la crema de cacahuete y esta crema era parecida aunque mucho más sofisticada. La hacen con aceite de argán, almendras tostadas y miel de flores. Sol compró un tarro y los días posteriores nos la tomábamos en el desayuno con el yogur y los pancakes. Se me hace la boca agua solo de pensarlo, aunque la calidad de la que probamos allí y la comprada no era la misma.
Retomamos la marcha a Essaouira y al llegar enseguida nos dimos cuenta que esta ciudad a diferencia de la medina de Marrakech de tonos ocres, es blanca y azul. Sus murallas frente al Atlántico tienen una arquitectura con mucha influencia portuguesa, lo que le da un aire de fortaleza europea en la costa africana. Además es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Empezamos nuestro paseo por la ciudad y otra diferencia de Marrakech donde todo es prisa y regateo intenso, en Essaouira el tiempo parece ir más despacio.
Antes de comer visitamos el puerto, dimos un paseo por las murallas que dan al océano atlántico y disfrutamos de la fuerza de las olas rompiendo contra las rocas. Además si sois fans de Juego de Tronos reconoceréis este lugar ya que se rodaron escenas de la ciudad de Astapor.
Paramos a comer en un restaurante de Place El Khayma y nos dimos una comilona de marisco.
Después de comer, callejeamos por el barrio judio y la Medina, perdiéndonos entre talleres de artesanía, galerías de arte y el mercado local.
Mientras paseábamos conocimos al esauirí más simpático, un hombre vestido con la túnica y el turbante tradicional; le pedimos una foto y nos contestó con un “Ostras Pedrín”, no podía parar de reirme. Nos invitó a su tienda que está en la calle más comercial y nos contó que tenía amigos catalanes que le habían ido enseñando expresiones típicas españolas y catalanas como “Això és un xollo!” “Más barato que en Mercadona”. Nos sacó una gran sonrisa y sin duda es uno de los personajes del viaje.
Para acabar el día, dimos un paseo al atardecer por el paseo marítimo y la playa. Aprovechamos para que Sol se informará sobre kitesurf ya que es muy deportista y aventurera; probablemente está planeando cambiar el frío de Whistler por el calor de Essaouira.
Este último paseo fue evocador. A medida que el sol baja, el viento parece calmarse y el cielo empieza a teñirse de un naranja intenso que lo inunda todo. Es un final de día que se siente, una mezcla de paz y salvajismo que el Atlántico marroquí regala.
En general la visita merece mucho la pena, tanto sus vistas al océano desde la muralla y el puerto, la tranquilidad de sus calles, especialmente en contraste con las calles de Marrakech, y su mercado de comidas, especialmente el del pescado, tanto por el espacio tan curioso que ocupa como por los productos que venden.
Llamamos al conductor y nos llevó de vuelta a Marrakech.
Día 4: Cementerio judio, Mercado de las Especias, Barrio Moderno, Fan Zone Copa de África y Hotel Mamounia
Nos quedaban 2 días en Marrakech y muchas cosas por conocer así que después del gran desayuno en el hotel con el añadido de la crema de Amlu que compró Sol nos fuimos al cementerio Judio.
Conocido como Miaara, es un lugar que impacta muchísimo, sobre todo por el contraste visual con el resto de la ciudad. Si las Tanneries eran caos y color, este lugar es silencio y un blanco deslumbrante. La entrada nos costó 1€ por persona.
La inmensidad del espacio cubierto por tumbas blancas es lo primero que nos llamó la atención. No hay grandes monumentos, solo cientos de túmulos redondeados. Un testimonio mudo de la importancia que tuvo la comunidad judía en la historia de la ciudad.
Otro de los detalles es que no había flores solo pequeñas piedras sobre las tumbas y es que las flores mueren, pero las piedras son eternas.
Volviendo hacia el zoco dimos con el mercado de las especias en el barrio de Mellah. Históricamente, la comunidad judía controlaba gran parte del comercio de especias y plantas medicinales. Aunque hoy quedan pocos judíos en el barrio, la tradición de las especias se ha mantenido intacta. Hay que decir que este zoco se diferencia del resto; es mucho más auténtico y sin turistas.
Seguimos callejeando por calles del zoco más alejadas de la plaza principal, buscando un restaurante donde sentarnos a comer y dimos con una azotea donde comimos con las vistas de Marrakech.
Por la tarde fuimos a la zona moderna de la ciudad a petición de La Mari, la plaza Gueliz y sus alrededores, allí fuimos a un mall, pequeño y sin nada que aportar, amplias avenidas, tiendas internacionales y cafés de franquicias. Desde aquí fuimos andando hasta el Hotel La Mamounia pero de camino vimos la Fan Zone de la Copa de África y, como no podía ser menos, fuimos a curiosear. Ya os contaba al principio que el fútbol ha estado muy presente y es que vimos la final de la Copa Arabe y el comienzo de la Copa de África.
Tras superar varios controles de seguridad junto a cientos de personas, logramos entrar al complejo. Inmensas carpas que creaban un cuerpo central con espacios a los lados en donde empresas patrocinaban actividades, zonas infantiles y de juegos, tiendas locales y varias zonas de restauración. Al final de este corredor, se abría una explanada inmensa al aire libre donde al fondo del todo podíamos divisar 3 pantallas gigantes donde proyectaban el partido inaugural entre Marruecos y Tanzania.
Después de ver los minutos iniciales y pegar un par de chutes a la pelota en una de las zonas de juegos fuimos al que era nuestro objetivo, el Hotel La Mamounia. Más que un hotel es un palacio que condensa la historia y el lujo de Marrakech.
Gran parte de su fama se la debe a que fue el lugar favorito de Winston Churchill que lo consideraba uno de los mejores hoteles del mundo. Pero el origen se debe al príncipe Mamoun, quien recibió estos jardines como regalo de bodas de su padre en el siglo XVIII. El hotel actual se inauguró en 1923, mezclando la arquitectura árabe ancestral con el estilo Art Déco de la época.
Al entrar desde la calle al recinto ya te preguntan dónde quieres ir, les dijimos que al bar con la confianza de que nos dejaran solos para poder husmear por todos los rincones de los jardines y del interior, pero nos acompañaron hasta la mesa del bar. No había salida, había que pedir algo. Nos traen la carta de bebidas; miramos y remiramos. No hay opción, lo más barato a 10€. De perdidos al río, a disfrutar del lugar, la atención, la música en directo y las risas.
Después de otro día de gran disfrute volvimos paseando al Riad y con lastima de que solo nos quedase un día en la ciudad.
Día 5: Palacio de la Bahía, Barrio Rmila y Tumbas Saadías.
Tras el desayuno decidimos ir directos al Palacio de la Bahía para intentar tener la menor aglomeración posible, la entrada fueron 100 DH – 10€ por persona. El palacio fue construido a finales del siglo XIX y aunque lo empezó el visir Si Moussa, quien realmente le dio su esplendor fue su hijo, Abu Bou Ahmed, un esclavo negro que llegó a ser el Gran Visir de Marruecos. Se dice que el diseño del palacio es tan laberíntico e irregular porque Bou Ahmed fue comprando casas vecinas y añadiendo habitaciones sin un plan arquitectónico fijo, simplemente para acomodar a sus 4 esposas y 24 concubinas.
Lo cierto es que es una gran superficie de bellos pabellones y patios pero todo vacío. No hay nada de mobiliario. Uno de los patios era inmenso, el patio de Honor, una gran joya de mármol rodeado de galerías con columnas de madera tallada.
Tras la visita tomamos unos zumos en otra de las miles de terrazas que hay en la Medina y seguimos dirección al barrio Rmila, una zona nada turística en donde las tiendas son para cubrir las necesidades de los habitantes.
Fue increíble ver el mercado en plena calle Rte Sidi Abdelaziz,una calle larga y vibrante donde el mercado se «derrama» por las aceras. Puestos de fruta y verdura amontonada, carnicerías donde la carne cuelga a la vista, jóvenes haciendo tortitas sobre la marcha. Si lo tuviese que describir con una palabra, sería autenticidad.
Comimos en uno de los locales que había al principio de la Rue Fatima Zahra, Zaman Food, y paseamos de vuelta al hotel con parada en el símbolo de la ciudad y faro de todo aquel que la visita, Koutoubia. Además seguro que te suena, ya que el minarete de la Koutoubia sirvió de modelo para construir la Giralda de Sevilla.
Aquí pude recrear una foto 19 años después, y es que volver al mismo rincón de Marrakech casi dos décadas después me recordó que aunque todo cambie, esa esencia viajera y aventurera sigue intacta.
La última parada del día y del viaje fue callejear por la zona de las Tumbas Saadies, el barrio Kasbah. Históricamente era la ciudadela fortificada donde vivía el Sultán y su corte y por eso aquí las calles son un poco más anchas y ordenadas porque estaban diseñadas para el paso de la guardia real y las ceremonias.
Una de las entradas al barrio es la Bab Agnaou, una puerta de piedra espectacular con sus arcos concéntricos tallados.
Otro punto de interés es La Mezquita de la Kasbah, salta a primera vista su minarete verde con azulejos turquesas. Alrededor de este lugar el barrio se ha ido modernizando con restaurantes y cafés sofisticados, como uno en el que cenamos para despedir el viaje con vistas a esta maravillosa Mezquita.
Día 6: Último paseo por el zoco y vuelta a casa
Ahora sí, hasta aquí Marrakech. Un último paseo por el zoco, un café en Jemaa el-Fnaa y de vuelta a España. No sé si volveremos, pero ha sido un auténtico placer. Nos hemos juntado con Sol y Mari después de muchos años, hemos revivido historias, nos hemos reído hasta llorar, hemos paseado por todos los recovecos de la ciudad y reconectado con esta ciudad que tiene un pasado majestuoso, autenticidad en sus barrios y un faro inmóvil que observa impasible lo que fuimos y lo que somos, 19 años después de vuelta aquí.
A continuación os dejo información que os puede venir muy bien:
Temperatura: según pudimos comprobar hay una idea generalizada de que el clima en Marrakech es mucho más cálido que en España, pero no es así, lo cierto es que es más extremo, en verano más calor y en invierno más frío.
Compras y regateo:ellos suben exageradamente los precios por lo que hay que regatear. Como ejemplo: una figura de camello de madera de aproximadamente 15 cm de alto me pidieron 20€, ofrecimos 10€ y sin más luchas nos la vendieron. No siempre fue así pero es una referencia.
Comida: en nuestra estancia intentamos probar y descubrir nuevos platos y sabores. Es cierto que ya es fácil conocer la comida marroquí sin salir de España, pero los imprescindibles son el tajín, cous cous, pastela, harira, los dulces de frutos secos, los zumos naturales y los tes.
Transporte: para moverse por Marrakech no hay necesidad de usar ningún transporte. Únicamente para ir y volver del aeropuerto usamos taxi (15€ un taxi grande para 5 adultos y equipajes) y para ir a la Plaza Gueliz.
La gente:en general es de trato muy agradable, la mayor parte del contacto que se tiene es con los comerciantes que intentan vender, pero no son muy insistentes ni pesados. A nosotros en tres ocasiones intentaron limitarnos, sin éxito, el paso a determinadas zonas públicas, en un caso para evitar que nos metieramos por un barrio sin turismo (el barrio judio) y en otras dos para crearnos incertidumbre en nuestro recorrido y ofrecerse ellos como guías a cambio de un pago (la visita a las curtidurías y en otro sitio fuera de la ruta típica).
Dinero: hay restaurantes y sobre todo tiendas que no aceptan tarjetas, por lo que es necesario llevar Dirhams. Nosotros sacamos en los cajeros que hay en la Plaza Jemaa el-Fnaa y cambiamos en la oficina de cambio cerca de la plaza y al lado del hotel Ali.
En cuanto a las visitas de edificios o monumentos consideramos que con los 3 que vimos es suficiente; las entradas en general son caras para los estándares marroquíes e incluso para los europeos. Por otro lado pienso que salir de la zona más turística y transitada, pero dentro de la Medina, merece mucho la pena puesto que puedes sentir la ciudad desde una autenticidad única y encantadora.
Para acabar simplemente decir que por encima de detalles y mil consideraciones el viaje a Marrakech es obligado en la vida de cualquier viajero medio. Es un desplazamiento corto; tanto el vuelo, la estancia como la comida son baratos; hay gente que lo rechaza por un cierto prejuicio o escrúpulo higiénico, social, cultural… no sé, pero creo que es un error tremendo. Es una ciudad que te ofrece un mundo muy diferente al nuestro dotado de una gran belleza y personalidad.
El mundo es como un libro y los que no viajan solo leen una página.
¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Qué ganas tenía de volver a escribiros. Ya hace un año de mi viaje a Nicaragua y no he vuelto a pasar por aquí. Aunque en este tiempo no he parado de viajar por el mundo por trabajo, pero no por pleno placer.
Para este verano teníamos en mente varios destinos bastante diferentes, pero sin duda un destino venía resonando en nuestra cabeza desde hace años… LAS MONTAÑAS ROCOSAS DE CANADÁ. Ha llegado el momento de hacer este viaje soñado, aunque miembros de la familia ya habían descubierto la zona Este de éste país tocaba recorrer la parte oeste; Calgary, los parques nacionales de Banff y Jasper y acabar en Vancouver.
Teníamos 15 días que quedaron distribuidos de esta manera:
Seattle: primera parada, llevo bastante tiempo obsesionada con esta ciudad y dada su cercanía con Canadá había que aprovechar. Le destinariamos los 4 primeros días.
Calgary: nos serviría como primer contacto con Canadá y punto de partida de nuestro viaje en coche. 2 días.
Banff: entramos de lleno en las montañas rocosas y en el primer parque nacional de Canadá. 3 días.
Jasper: parque más extenso de las montañas rocosas. 3 días.
Vancouver: de Alberta a la Columbia Británica para descubrir la moderna y multicultural Vancouver. 3 días.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contratamos nuestro seguro de viaje con IATI. Nos da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estamos cubiertos y podemos disfrutar al máximo sin preocupaciones.
Y lo mejor es que gracias a vosotros, nos han dado un 5% de descuento para tu siguiente viaje si reservas tu seguro desde este enlace
Día 1: Barcelona – Seattle
30 de Agosto. Son las 6 a.m. y el despertador irrumpe en la tranquilidad de mi casa en Barcelona. Habría reprochado este temprano despertar en cualquier otra ocasión, pero si se trata de un nuevo viaje, de una nueva aventura, no hay peros que valgan. Saltamos de la cama, nos preparamos y esperamos al taxi que nos llevará a la Terminal 1.
Vuelo de una hora y media a Zurich y una corta escala para poner destino a Seattle en un vuelo de 10 horas. El vuelo se me pasó volando, nunca mejor dicho. Empecé el libro “Los siete maridos de Evelyn Hugo” de la americana Taylor Jenkins Reid y no pude despegarme de él hasta aterrizar.
Una vez aterrizamos en Seattle–Tacoma International Airport me descargué la app Mobile Passport Control, rellene los datos de todos los pasajeros y las recordadas extensas esperas en los aeropuertos americanos fueron coser y cantar.
Al salir del aeropuerto nos dirigimos al parking y fuimos siguiendo las señales del Light Rail para coger la Línea 1 dirección Lynnwood City Center y bajarnos en la parada de Pioneer Square. Nuestro hotel (CitizenM Seattle Pioneer Square hotel) estaba pegadito al estrecho de Puget, que es un profundo entrante del océano Pacífico. Por lo que cuando llegamos sobre las 16.30 de la tarde, nos duchamos y fuimos a por nuestra primera caminata por el paseo que da a Elliott Bay.
La ciudad de Seattle se fundó en la ribera de Elliot Bay en la década de 1850 y desde entonces ha crecido hasta abarcarla por completo. La vía navegable que proporciona al océano Pacífico ha servido como elemento clave de la economía de la ciudad, permitiendo que el puerto de Seattle se convierta en uno de los puertos más activos de los Estados Unidos.
Las primeras impresiones de la ciudad no pudieron ser mejores: se respiraba alegría. Los niños jugaban en las amplias zonas destinadas a su entretenimiento; la gente comía hot dogs, se balanceaba en las sillas colgantes que había a lo largo del paseo, se divertía en cada giro de la noria, admiraba el skyline y se relajaba en las escaleras con vistas a la bahía. Paseamos desde el Pier 51 hasta el Pier 66, donde tienes una deslumbrante visión de la ciudad y de su skyline.
A las 19.00 de la tarde no aguantábamos más la diferencia horaria de 9 horas menos. Por lo que fuimos a cenar a un local mexicano en plena Primera Avenida, “El Borracho”. Y directos a descansar para seguir disfrutando de esta vibrante y moderna ciudad.
Día 2: Seattle (Downtown, Beltown, Uptown, West Queen Anne y South Lake Union)
Primer día completo en Seattle. Como introducción, es la ciudad más grande del estado de Washington, en el noroeste de Estados Unidos, y la vigésimo cuarta ciudad más poblada del país, con aproximadamente 750.000 habitantes en su núcleo urbano. Además, Seattle es famosa por ser la cuna de la música grunge (subgénero del rock alternativo) y de bandas que impulsaron este movimiento, como Nirvana. También es la ciudad natal del legendario guitarrista Jimi Hendrix y de Duff McKagan, integrante de Guns N’ Roses. Por último, es el lugar de origen de las famosas cafeterías Starbucks.
Nos habíamos despertado muy temprano debido al jet lag por lo que decidimos que pasearíamos la primera avenida hasta Olympic Sculpture Park, Space Needle y Kerry Park. Lugares que no tiene horas de apertura y en los que destinaríamos un largo paseo que daría tiempo a que la ciudad despertase.
Olympic Sculpture Park, como su propio nombre dice es un parque público de esculturas al aire libre de gran formato, con algún edificio moderno interesante y buenas vistas. Además es un lugar de paso y puedes hacer fotos artísticas con las esculturas y el Space Needle de fondo. Hay una escultura del español Jaume Plensa
Justo delante de nuestra siguiente parada encontramos un McDonalds y es que es típico que en nuestros viajes redesayunemos una burger de huevo y queso, después no volvemos a pisar un McDonalds en todo el año.
El Space Needle es uno de los iconos más reconocibles de la ciudad. Construido para la Expo de 1962, mide 184 metros y su plataforma de observación ofrece vistas panorámicas de 360°. Nos dimos un paseo por los jardines aunque parte estaba vallado pudimos ver el Museum of Pop Culture, edificio Frank Gehry, el del Museo Guggenheim de Bilbao y tantas otras obras. No entramos, pero verlo por fuera vale la pena; sus formas, sus colores y el tren que atraviesa el edificio bien valen unas fotos. Hay una gran fuente de chorros cambiantes muy atractiva y que invita a unos a jugar a evitar mojarse y a otros a desear que los primeros se mojen.
De aquí fuimos andando hasta Kerry Park, en el barrio de Queen Anne, es un parque-mirador que ofrece una de las vistas más icónicas del skyline de la ciudad. Para ir al parque puedes hacerlo subiendo una pendiente que te llevará exhausto durante 10 minutos o coger un autobús. Después de tomarnos cientos de fotos volvimos andando por el barrio, que es una mezcla de casas históricas de estilo victoriano y modernistas (modernismo americano o más correcto International Style; lo que hacía Frank Lloyd Wright), con calles arboladas y pintorescas. Llegamos al Mercado de Piket Place atravesando el barrio de Belltown, un barrio local de edificios históricos y rascacielos, galerías de arte, murales y restaurantes.
Era hora punta en el mercado de Pike Place, uno de los lugares más emblemáticos y turísticos de Seattle, entre la multitud visitamos los puestos de frutas, verduras, flores, mariscos frescos y productos artesanales. Hicimos la típica foto del letrero luminoso y el reloj, y además en frente de este se encuentra el primer Starbucks donde solo lo vimos por el exterior, ahora es un sitio turístico donde venden café.
Comimos y fuimos a por una siesta reparadora para seguir disfrutando por la tarde de la ciudad.
Nos tocaba volver a sufrir las cuestas de la ciudad, esas que en Google Maps ni intuyes… ¡y es que Seattle está literalmente construida sobre colinas que parecen montañas rusas! Dimos un paseo por la cuarta y quinta avenida disfrutando de los rascacielos como el de Columbia Center, el ayuntamiento y la imponente Biblioteca. Seattle Central Library destaca por su estructura moderna de vidrio y acero del arquitecto Rem Koolhaas, con formas geométricas y cuenta con más de 1.5 millones de libros. Pero además de ver el exterior hay que entrar, es interesantísimo. En la Quinta Avenida también llama la atención un edificio, el edificio Rainier, cuya base se estrecha hacia el suelo quedando un bloque de hormigón en una demostración de equilibrio y destreza arquitectónica. El cuerpo principal del edificio nos recordó La Torre Picasso de Madrid; lógico puesto que son del mismo arquitecto Yamasaki, por cierto el mismo de las dos Torres Gemelas de New York.
Seguimos paseando por la Quinta Avenida hasta llegar a la zona comercial de Pine Street, allí entramos en el department store de Nordstrom… y yo pequé. Unas zapatillas que no dejan indiferente a nadie y que siempre me recordarán este gran viaje.
Paseando por la Sexta Avenida, llegamos a una de las joyas de la corona: The Spheres. Se trata de un conjunto de invernaderos futuristas ubicados en el campus de Amazon, diseñados para ofrecer un espacio de trabajo y conexión con la naturaleza dentro de la ciudad a sus trabajadores, y alberga más de 40.000 plantas de todo el mundo. Amazon tiene su sede aquí, en Seattle, y es uno de los mayores empleadores de la ciudad. Además, ha transformado el barrio de South Lake Union en un área de innovación tecnológica, con oficinas y restaurantes.
Se puede visitar el primer y tercer sábado de cada mes, de 10:00am a 6:00pm y en este enlace puedes reservar la visita.
Día 3: Seattle (First Hill, Capitol Hill, University District y North Admiral)
Último día completo en Seattle. Empezamos con una buena subidita hacia la Novena Avenida, ¿sería una penitencia? Íbamos a visitar St. James Cathedral que es la Catedral Católica de Seattle. Se ubica en el barrio de First Hill y data del año 1907, por fuera está inspirada en el renacimiento italiano y por dentro no tuvimos el placer de conocerla ya que se encontraba cerrada.
Desde aquí fuimos paseando por Boren Avenue hasta el barrio de Capitol Hill para visitar Starbucks Reserve Roastery, es una cafetería de Starbucks pero mucho más grande y que lleva a cabo todo el proceso del café desde el origen hasta la taza.
Además cuenta con un coffee bar que es una coctelería con base de café y gran variedad de comida. Nos decantamos por un café y una mini pizza que estaba riquíííísima. Este es el tercer Reserve Roastery que probamos después del de Milán y Nueva York. Es un sitio muy acogedor donde reponer fuerza e investigar sobre lo siguiente que visitarás.
Como he comentado nos encontrábamos en Capitol Hill que es uno de los barrios más vibrantes, alternativos y culturales de Seattle, por lo que nos dejamos llevar por Pike Street hasta que dimos con Elliott Bay Book Company, una librería muy acogedora con más de 150.000 libros. Además lo que más me sorprendió es que los libros tenían recomendaciones escritas a mano que le daban un toque muy personal… Las fotos lo dicen todo.
Desde aquí nos fuimos en autobús a University District para descubrir el barrio universitario, paseamos por los jardines y facultades de la Universidad de Washington, un entorno rodeado de arquitectura histórica y espacios verdes. La gran plaza de la universidad, la fuente, los patos que campaban a sus anchas y el gran estadio de fútbol americano ¡Woow! En otra vida quiero estudiar y hacer deporte en una Universidad Americana.
Para acabar la mañana fuimos al centro comercial University Village que había al lado del campus.
Volvimos con el Light Rail a Pioneer Square y comimos una rica hamburguesa americana en McCoy’s Firehouse Bar & Grill, un restaurante dedicado a los bomberos que estaba cerca del hotel.
Para terminar nuestra experiencia en esta ciudad que no paraba de sorprendernos, decidimos coger un ferry de 15 minutos desde el Pier 50, por 6,20$ por el trayecto, que nos llevó a West Seattle, justo frente a la ciudad y desde donde se podía tener una vista panorámica. Destinamos una hora para pasear y sentarnos en un banco a desconectar y darnos cuenta de lo afortunados que somos de conocer estos rincones del mundo.
Y ahora sí, tocaba despedirse de esta ciudad para empezar la aventura por Canadá y qué mejor que ver el atardecer desde uno de los rincones que más nos había gustado. La azotea del edificio que se encontraba en el Pier 66.
Día 4: Seattle – Calgary
Un último paseo por Pike Place y al aeropuerto para volar a Calgary. Aquí os dejo algunos precios de referencia y notas de Seattle.
Moneda: Dólar Americano (USD)
Precios (aproximados):
3$ trayecto Aeropuerto-Centro en Light Rail
15$-25$ comida por persona
5$ café
7$ cerveza
Hotel, a partir de 80$ por persona la noche
Se puede ir andando por todo el centro de la ciudad
Para moverse: Light Rail o autobús. Se pueden sacar billetes únicos y pagar con tarjeta.
Tras un vuelo de hora y media con la compañía WestJet que nos costó 80$ por persona, llegamos a Calgary. Mismo proceso, descargarse la app ArriveCAN, añadir los datos de los pasajeros y pasar rápidamente el control.
Enfrente de la salida a la calle está la parada del autobús y hay una maquinita para sacar los billetes del autobús 300 que te lleva al centro de la ciudad por 3,80$CAN (10 dólares canadienses igual a 6 euros).
Fuimos directamente al Airbnb, situado en uno de los rascacielos de la Décima Avenida. Aprovechamos la tarde para hacer compras en Safeway, uno de los supermercados en los que compraríamos comida durante el resto de viaje. También tuvimos tiempo para darnos un baño en la piscina y contemplar el atardecer desde los ventanales del salón.
Día 5: Calgary (Downtown, Peace Bridge, Bow River Pathway yChinatown)
Primer, único y suficiente día de turismo por Calgary. Es un buen punto de partida para viajar por las montañas rocosas ya que tiene aeropuerto internacional y servicio de alquiler de coches. La ciudad cuenta con un skyline moderno de rascacielos de cristal y acero. Los más simbólicos son The Bow (236 metros, sede de la empresa Enbridge. Su forma curva y diseño moderno lo hace inconfundible), Telus Sky (222 metros con iluminación LED que decora la ciudad por la noche) y el símbolo de la ciudad, Calgary Tower (191 metros de altura).
Comenzamos el paseo hacia Century Gardens y allí nos dimos cuenta de que Calgary está diseñada para integrar la ciudad con la naturaleza. Redesayunamos en Tim Hortons, una de las cadenas de cafeterías más populares de Canadá, y continuamos caminando hasta llegar a la Peace Bridge, un puente que cruza el río Bow, conecta los barrios de Downtown y Beltline, y fue diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava. Es un estilo diferente al típico puente de Calatrava, imaginamos que debe ser de épocas iniciales, de hecho necesitaba un repintado; no obstante el puente y su ubicación es muy interesante y fotogénico. Paseamos por el Bow River Pathway, Eau Claire Park y Eau Claire Plaza, lugares que combinan naturaleza, deporte y vistas a la ciudad, hasta llegar al barrio de Chinatown. Un paseo que junto al agua cristalina del río hay cantidad de elementos urbanísticos que lo hacen muy agradable e imprescindible en la ciudad,
Fuera ya de la zona del río y callejeando por la ciudad llegamos a una de nuestras primeras paradas, Wonderland Sculpture ubicada a los pies del rascacielos The Bow. Esta escultura de 12 metros fue creada por el artista español Jaume Plensa. Según investigamos esta obra simboliza los sueños, la imaginación y la juventud, y está inspirada en una niña de Barcelona… cuantas coincidencias.
Seguimos paseando hasta llegar a Calgary Public Library. El exterior del edificio está cubierto por una estructura metálica calada con formas geométricas y con un interior de madera sorprendente y luminoso. Es una de las imágenes típicas de Calgary.
De camino a la Décima Avenida, nuestra avenida, pasamos por delante del Studio Bell que es un centro cultural y museo dedicado a la música canadiense. Además es un edificio que no te dejará indiferente.
Seguimos nuestro paseo por la Décima y antes de entrar en Avis para comprobar que nuestra reserva del día siguiente estaba bajo control, hicimos fotos a Van Gogh Monumental statue, estatua a la que le falta parte del torso y esta ausencia simboliza la idea de que, a pesar de las pérdidas y fragmentaciones que experimentamos en la vida, seguimos adelante y mantenemos nuestra esencia intacta. También pasamos por delante del World’s Tallest Mural y es que este mural de 95 metros es el más alto del mundo. Comimos en una taquería llamada Native Tongues y fuimos a descansar para rematar la ciudad por la tarde.
Para la tarde dejamos las calles más comerciales y céntricas de la ciudad, la Séptima y la Octava. En nuestro paseo dimos con Courthouse Park, otro pequeño oasis urbano, espacio de desconexión y naturaleza.
Terminamos el día en Stephen Avenue Walk, mezcla de edificios históricos con estructuras modernas, conservando fachadas originales. Lleno de restaurantes al aire libre, bares, cafeterías, tiendas de moda y galerías de arte, creando un ambiente muy animado.
Tocaba organizar maletas, empezaba nuestra aventura por las Montañas Rocosas.
Día 6: Calgary – Banff(Lago Johnson, Lago Minnewanka, Fairmont Banff Springs y Hoodoos Viewpoint)
Nos despertamos pronto como de costumbre, desayunamos, recogimos y nos fuimos a Avis a ver si con un poco de suerte nos podían dar el coche 2 horas antes. Y sí, tuvimos suerte, pagamos los 1.560$CAN por el alquiler de los próximos 7 días y recogimos la llaves de nuestro querido Hyundai Palisade. Nosotros siempre cogemos el seguro que viene por defecto con el coche y a través de RentalCover cogemos un seguro todo riesgo que para este viaje fueron 57€.
Pusimos rumbo a Dead Man’s Flats (no haremos comentarios del nombre) en concreto en Copperstone Resort – Mountain View 2 Bedroom Condo, donde tendríamos nuestro apartamento para las próximas 3 noches. El viaje lo planeamos en mayo, pero reservamos tanto en Banff como en Jasper un mes antes del viaje y fue demasiado tarde, ya no quedaba nada más cerca del centro, salvo a precios exagerados
Teníamos que aprovechar el tiempo así que, después de descargar, nos fuimos directamente hacia el Lago Johnson y después al Lago Minnewanka, un espectacular lago glaciar, donde dimos un paseo de 3 km hasta el puente de madera. Decidimos recorrer entero el Scenic Drive del L. Minnewanka, 24 kilómetros, pero todo el paisaje es tan espectacular que no debéis preocuparos por hacerlo; acabaréis muy satisfechos con todo lo que vais a ver.
Antes de que se me olvide, un apunte: para entrar en los parques nacionales de Banff y Jasper se necesita el “Discovery Pass”, un pase que se coloca en el retrovisor del coche y permite la entrada a los parques. Al acercarte a la entrada, la carretera se divide en dos: una con casetas donde puedes comprarlo y otra por la que puedes continuar sin detenerte si ya lo tienes.
El Discovery Pass se compra por vehículo (hasta 7 personas), tiene validez de un año y un precio de 151$ CAN. Puedes comprarlo en este enlace
Desde aquí fuimos a ver y tomar unas fotos del Fairmont Banff Springs que es un hotel histórico de lujo, que se encuentra en medio del parque nacional y es espectacular.
Después hicimos una parada en Hoodoos Viewpoint, desde donde se ven formaciones de piedra caliza moldeadas por la erosión, junto al valle del río Bow y las montañas alrededor.
Después de esta primera toma de contacto fuimos a la ciudad de Banff a por un late lunch en un indio que tenía muy buena pinta, Saffron Indian Bistro.
Para terminar el día nos metimos en el hot tub (jacuzzi) del hotel.
Día 7: Banff(Johnston Canyon y Morant’s Curve)
Primer día entero en el Parque Nacional de Banff, es el parque nacional más antiguo de Canadá, uno de los primeros del mundo y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Abarca más de 6.600 km² de montañas, glaciares, bosques y lagos de aguas turquesa. Aunque nosotros somos más de ciudad teníamos muchas ganas de descubrir lo que la naturaleza tenía preparado.
Antes de salir de casa, metimos en la mochila el famoso spray contra los osos. Sí, has leído bien: un spray para osos. La primera vez que lo escuché pensé que me estaban tomando el pelo, pero no… ¡es totalmente real! En las Rocosas es tan común como llevar una cantimplora o un mapa. En cuanto lo tuve en mis manos, entendí que la cosa iba en serio: allí, los osos no son personajes de cuento, sino vecinos con los que podrías cruzarte en cualquier sendero.
Es un aerosol de pimienta de alta potencia para disuadir a osos, no se usa como repelente preventivo, es decir no se aplica en la ropa, sino sólo en caso de ataque inminente.
Ya estábamos listos, podíamos empezar la aventura. Para hoy teníamos previsto visitar Johnston Canyon. Se encontraba a 70km de nuestro alojamiento y a 40km del centro de Banff.
Johnston Canyon es uno de esos lugares que te dejan sin aliento desde el primer momento. No es de extrañar que sea uno de los más visitados de Banff; los caminos suspendidos entre las paredes del cañón, las cascadas que rugen con fuerza y las imponentes paredes hacen que cada paso sea un espectáculo.
Como en todos los parques hay varias rutas, nosotros nos solemos quedar con la intermedia. En este caso tomamos la de 5km, unas 3 horas ida y vuelta para ver todas las cascadas. Es un imprescindible, más teniendo en cuenta que desde el coche eres testigo de unas impresionantes y grandiosas vistas que se pierden en el horizonte, pero en este cañón tienes un contacto más cercano con la naturaleza y la vegetación.
Dos días antes, cuando estábamos aún en Calgary, a las 8am intentamos conseguir plazas en el shuttle para visitar el Lago Louise. Con varios móviles a la vez y puntuales como relojes suizos, no hubo manera: todas las plazas se agotaron ante nuestros intentos.
Así que, después de explorar el Cañón Johnston, subimos al coche con la esperanza de encontrar parking disponible en el lago… pero la suerte no estaba de nuestro lado.
Aprovechamos antes de comer para ver Morant’s Curve, es una curva donde las vías del tren se cuelan entre las montañas y el río Athabasca para regalarte una foto de película. Nos colocamos con las cámaras listas, con la esperanza de que un tren apareciera serpenteando por la curva… pero el tren no pasó (tampoco estábamos dispuestos a estar esperando).
Volvimos a Banff para comer y descubrimos el Cascade Shops, un pequeño centro comercial con varios sitios para comer. Allí nos sentamos a recuperar energías.
Después de comer, decidimos pasarnos por la oficina de turismo para estudiar posibles opciones para visitar el Lago Louise, sería una pena enorme no poder verlo estando tan cerca.
Allí nos dieron la buena noticia: había un autobús público por 14€ por persona que te llevaba y bajaba del lago a la hora que quisieras, siempre que hubiera disponibilidad. Más o menos hay un bus cada hora, y nos recomendaron presentarnos media hora antes para asegurarnos plaza.
Pagamos los tickets y nos fuimos a comprar carne para hacer barbacoa en el resort por la noche y así celebrar nuestro pequeño gran triunfo.
Día 8: Banff(Lago Louise)
La noche anterior decidimos coger el bus de las 9am para visitar el Lago Louise y así sobre las 10am empezar la excursión. Todo muy organizado… en teoría. Pero claro, nosotros y los madrugones involuntarios somos inseparables. A las 8am estábamos en Banff, dejamos a parte de la familia en la parada de bus y fuimos a aparcar. Cuando miré el reloj eran las 8.15am y había un bus que salía a las 8.20am ¿Llegamos? Si, llegamos, y empezó la gran carrera a la parada. Exhaustos, pero a tiempo.
El Lago Louise es la joya turquesa de Canadá, ese lugar que parece sacado de una postal pero que, al verlo en persona, supera cualquier fotografía. Sus aguas, teñidas de un azul turquesa, deben su color al fino polvo de roca que arrastran los glaciares al derretirse. Frente a él, las montañas se alzan como guardianas silenciosas, que lo enmarcan como si fuese un cuadro perfecto.
Cuando llegamos, y después de las fotos de rigor, fuimos a desayunar al Fairmont Château Lake Louise, el majestuoso hotel que se alza en la orilla del lago.
Empezamos la ruta hacia el Lago Agnes, un recorrido de unos 7 km (ida y vuelta), con un desnivel de 385 metros y una duración aproximada de 3 horas. Además, a mitad de camino se encuentra el Mirror Lake, un rincón perfecto para darse un respiro.
Seguimos con la subida final al Lago Agnes, y aun no era consciente de lo que me esperaba.
Justo antes de subir las escaleras al lago dimos con un pequeño tesoro escondido, la cascada Big Beehive, que dio para otra pequeña sesión de fotos. Un recordatorio de que, aunque la subida fuese un pelin dura, la naturaleza siempre tiene sus recompensas.
Y por fin en el Lago Agnes; a 2.135m del nivel del mar se encuentra esta agua que refleja con fuerza los picos rocosos que la rodean. Un rincón de montaña suspendido entre el cielo y la tierra que bien merecía el baño más frío que me he dado en mi vida.
La noche anterior, entre risas, surgió la idea de bañarse, porque nadar es decir demasiado, en el lago. Lo que parece una bonita idea de grupo, una estampa familiar perfecta… pero, al final, la que acaba siempre empapada soy yo… solo yo. Me costó horrores meterme porque el agua no es que estuviera fría, es que de lo fría que estaba me ardía el cuerpo. En las aventuras siempre hay un momento heroico… aunque el héroe acabe temblando.
Me volví a cambiar como pude y con la satisfacción de haberlo conseguido nos fuimos rápidamente hacia abajo a ver si conseguíamos coger el siguiente bus que salía a las 13:00.
De vuelta en Banff volvimos al centro comercial del día anterior, Cascade Shop, a comer. Dimos una vuelta por la ciudad y volvimos al resort, hot tub como cada tarde, cena y a descansar. Tocaba seguir descubriendo.
Día 9: Banff – Jasper (Herbert Lake, Mirador Glaciar Crowfoot, Hector Lake, Lago Peyto, Lago Waterfowl, Mistaya Canyon, Glaciar Athabasca, Tangle Creek Fall, Sunwapta Falls y Athabasca Falls)
El día de hoy es al que más respeto he tenido a la hora de escribir. Hoy cambiábamos Banff por Jasper, y los 288 km que los separan tienen la culpa de que haya ido retrasando esta redacción. Durante el recorrido no pudimos hacer más paradas porque le faltaban horas al día. Espero acordarme de todo… Allá vamos.
Herbert Lake:
Un pequeño lago glaciar que, aunque discreto, tiene un encanto especial. Sus aguas tranquilas reflejan las montañas y los árboles que lo rodean como un espejo perfecto. Fácil acceso desde la carretera con un pequeño aparcamiento, ideal para una parada rápida y fotos.
Mirador Glaciar Crowfoot:
Desde el parking se puede contemplar el glaciar Crowfoot, con sus tres “dedos” de hielo extendiéndose entre las montañas.
Hector Lake:
Otro lago glaciar que refleja las imponentes montañas que lo rodean. También se puede ver desde el aparcamiento que está en la misma carretera principal. Incluso las paradas rápidas pueden ser mágicas.
Lago Peyto:
Uno de los lagos más fotogénicos de Canadá por su forma de lobo o de garra y de color turquesa. A diferencia de las otras paradas esta estaba a rebosar de turistas como nosotros. Es fácil llegar al mirador, por un sendero de aproximadamente 1km, desde el parking.
Lago Waterfowl:
Otra corta parada y es que desde el parking puedes fotografiar este pequeño lago que parece escondido entre las montañas. Sus aguas tranquilas reflejaban el cielo y los picos de alrededor.
Mistaya Canyon:
Después de una caminata corta y perfecta para estirar las piernas llegamos al cañón donde descubrimos la fuerza secreta de la naturaleza. Y es que el río Mistaya ha tallado la roca durante siglos para hacer esta maravilla.
El lugar está lleno de miradores que te dejarán sin parpadear mientras escuchas el rugido del agua.
Glaciar Athabasca:
Al llegar, hay tres parkings. Te recomiendo que sigas por la carreterita como si fueras en dirección al glaciar; llegarás a un parking más pequeño, desde donde tendrás que andar mucho menos. Aquí te aconsejo abrigarte un poco más, ya que hace bastante más fresco.
Después de una subida de aproximadamente un kilómetro, llegas al glaciar. Yo nunca había estado tan cerca de uno… es realmente espectacular. Una masa de hielo que se extiende hasta donde llega la vista.
Sunwapta Falls:
Otra parada rápida, con parking en plena carretera donde solo tendrás que cruzar para ver la cascada. Y parece sorprendente que ahí, sin necesidad de buscar, se encuentre esta cascada de varios pisos.
Athabasca Falls:
Una cascada potente formada por el río Sunwapta, que desciende con fuerza entre rocas y cañones. Hay varios miradores que permiten observar la cascada desde distintos ángulos y una no puede evitar pensar en la inmensidad y el poder de los paisajes de Jasper. El acceso es fácil desde el parking.
Tangle Creek Fall:
Última parada. Ahora entendéis ese miedo que tenía, muchas vivencias y lugares espectaculares que quiero narrar tal como los viví.
Esta es otra cascada potente y espectacular, donde el río Athabasca se precipita sobre las rocas de granito. Husmeando por la zona, encontramos unas escaleras que llevaban al otro lado, y fue una pena descubrir los destrozos que el incendio del verano de 2024 había ocasionado en el área. Destrozos que seguiríamos viendo en los próximos días.
Los sitios mencionados están en orden en dirección norte o desde Banff a Jasper. Independientemente de las paradas el recorrido desde el coche es espectacular. Se repite mucho que esta carretera está considerada “la más bonita del mundo” y ya sabemos todos que estas etiquetas muchas veces se regalan de forma muy generosa, por lo que estábamos un poco escépticos al respecto; pero visto lo visto hay que decir que lo merece.
Y con esto acaban todas las paradas que nosotros escogimos. Durante el camino no hay cobertura, ni internet, ni gasolineras ni restaurantes sólo hay un punto en el que encontrarás todo esto: The Crossing Cafe. Justo llegamos a la hora de la comida y nos metimos entre pecho y espalda una buena hamburguesa, mientras nos poníamos al día con el wifi.
Y no me quiero olvidar de uno de los momentos más épicos del viaje. ¿Os acordáis del spray para osos, verdad? Como para olvidarse… Pues casi nos toca usarlo. Íbamos por la carretera cuando vimos un par de coches parados. Bajamos la ventanilla y, como buenos cotillas, preguntamos: “¿Qué pasa?” “Un oso… un oso.”
No se hable más ¡Paramos y nos lanzamos en su búsqueda! Y allí estaba, a apenas tres metros de nosotros, el gran animal, tan tranquilo, comiendo de los árboles y paseando como si fuera el dueño del bosque. Fue uno de esos momentos que te hacen recordar por qué viajar es una aventura de verdad.
Consejo: Este recorrido es realmente maravilloso por lo que para poder disfrutarlo más plenamente considero que merece la pena hacer noche en medio del recorrido; hay pocas opciones y carísimas, pero cuando se emprende este viaje hay que asumir que el presupuesto se descontrola.
Día 10: Jasper (Medicine Lake, Maligne Lake, Edith Lake, Annette Lake y Pyramid Lake)
Último días de parques nacionales antes de ir a la gran ciudad. Hoy tocaba día de lagos alrededor de Jasper.
La primera parada fue Medicine Lake. La imagen más conocida de este lago resultó un poco diferente de la que vivimos, ya que en otoño el agua “desaparece”. Para los pueblos indígenas de la zona, este fenómeno lo convertía en un lago misterioso o mágico, de ahí su nombre: Medicine Lake. El día estaba gris, un poco triste, pero las escenas que nos regaló el lago fueron de película.
De camino a nuestra siguiente parada, Maligne Lake, nos encontramos con varios coches detenidos en medio de la carretera. Cuando esto sucede, suele ser señal de que un animal anda cerca como ya pudimos comprobar con el oso. Nos acercamos lentamente y, para nuestra sorpresa, vimos cómo un ciervo se aproximaba hacia nosotros y se detenía justo al lado del coche.
Llegamos a Maligne Lake y el primer parking estaba lleno, con suerte hay otro un poco más arriba. Aparcamos y fuimos a pasear por la orilla del lago. Este lago es el más grande de las Montañas Rocosas, con unos 22 km de longitud.
Toda la gente debía estar en los barcos turísticos que van hacia Spirit Island. A nosotros la excursión no nos llamaba mucho la atención, ni tampoco el lago… Después de haber visto tantas maravillas de la naturaleza, este lugar no nos resultó tan especial. Además, comenzó a llover, así que volvimos rápidamente al coche y logramos librarnos del gran diluvio que cayó poco después.
Esta carretera especialmente muestra los destrozos del incendio del 2024 que fue causado por unos rayos y más de 35.000 hectáreas fueron afectadas. Verdaderamente es una imagen desoladora y que más me impactaron. Aunque puedes visitar bastantes zonas del Parque Nacional, hay algunas que siguen cerradas como el Valle de los 5 Lagos.
De vuelta a Jasper para comer algo paramos en dos lagos que están pegados, Lago Edith y Lago Annette, aparcamos en medio de los dos así fuimos andando de uno a otro.
El lago Edith es pequeño y tranquilo, perfecto para fotos pintorescas con reflejos. El lago Annette, en cambio, es más grande y popular entre grupos y familias, ideal para hacer picnic, salir en kayak o bañarse. Entre nosotros también rondaba la idea de bañarnos, pero el día no acompañaba.
Fuimos a reponer fuerzas con mi comida favorita: mexicana, en Su Casa Mexican Lounge. Comimos un burrito que estaba espectacular.
Para la tarde habíamos dejado Pyramid Lake, aunque quizá no fue la mejor idea después de comer… que se lo pregunten a mi madre, que no disfrutó mucho de las curvas del camino. El lago recibe su nombre por una formación rocosa con forma de pirámide y, aunque es pequeño, está rodeado de montañas que lo hacen especial. En medio se encuentra una islita encantadora, Pyramid Island. La vista desde el puente de madera que lleva hasta ella es preciosa.
Antes de volver a nuestro alojamiento que, por cierto, no lo había mencionado, pero era genial. No era una cabaña pequeña como pensábamos, sino una auténtica casa de madera con cuatro habitaciones. ¿Para qué tantas? Pues porque no tenían disponible la que habíamos reservado, así que no pusimos pegas y nos quedamos con aquella “mansión” en medio del bosque.
En fin, a lo que iba: de camino paramos en Nesters Market, un supermercado que está justo frente a una gasolinera y con wifi abierto (bendición, porque en Jasper no vimos ni una rayita de cobertura jaja). Allí compramos cena y desayuno, y después nos fuimos directos a descansar a Jasper East Cabins donde teníamos el alojamiento.
Día 11: Jasper – Hope
Hoy nos esperaba un laaaargo día de coche por delante. De Jasper a Vancouver hay unos 800 km, casi 9 horas de carretera. Por eso decidimos ir conduciendo tranquilos y, cuando llegara la tarde y el cansancio, parar en algún pueblo cercano a Vancouver. Menos mal que éramos dos conductores y podíamos turnarnos. Además, en los días previos había habido incendios y no sabíamos si algunas carreteras estarían cortadas. Lo mejor era tomarse el día con calma.
Antes de despedirnos de Jasper, la fauna y la naturaleza canadiense nos dieron una última sorpresa. El coche de delante frenó de golpe, acababa de cruzar por la carretera un alce ¡Increíble! Saqué la cabeza por la ventana del techo y después medio cuerpo para poder contemplarlo bien. Sus cuernos medían más de medio metro… ¡Qué locura! Ahora sí, me despido de las Montañas Rocosas. Ha sido un auténtico placer.
Paramos a comer en Kamloops, una de las ciudades que habíamos barajado para dormir pero era pronto y aún no habíamos hecho el cambio de conductor así que después de una buena burguer proseguimos con el viaje.
Sobre las 18:00 llegamos a Hope y aquí sí que decidimos quedarnos. Ya estábamos a apenas dos horas de Vancouver y parecía un buen lugar para pasar lo que quedaba de tarde y noche. Habíamos mirado varios hospedajes por Booking y, al llegar, fuimos directamente al Slumber Lodge Motel. Tenían habitaciones disponibles y el precio no estaba mal, así que pagamos, dejamos las maletas y salimos a buscar algo de cena y a dar un paseo por el Fraser River.
Hay que decir que aunque el parque nacional lo dejas después de una hora de atravesar el pueblo de Jasper, el resto del camino sigue siendo precioso; muy espectacular.
Día 12: Vancouver (McArthurGlen Designer Outlet, Stanley Park, Canada Place, Harbour Green Park y Downtown)
Con ganas de llegar a Vancouver, nos despertamos temprano y sobre las 8:00 ya estábamos en camino hacia la gran ciudad. En el coche íbamos decidiendo qué haríamos al llegar, ya que la entrada al Airbnb no era hasta las 16:00. Eso sí, escribimos a la dueña por si nos podía dejar entrar antes en caso de que el alojamiento ya estuviera listo. Decidimos hacer planes con el coche, ya que el resto de los días no lo tendríamos, así que aprovechamos para visitar un outlet cerca del aeropuerto, con la ilusión de volvernos locos como cuando vamos a los outlets de Estados Unidos.
La llegada a Vancouver fue un poco caótica: muchos carriles, mucho tráfico y muchos coches, pero con paciencia y algo más tarde de lo esperado, llegamos al outlet y realmente valió la pena. Había muchas marcas y buenos descuentos, así que todos salimos con un par de deportivas, ropa y bolsos.
De aquí fuimos a Stanley Park, un parque rodeado de océano por tres lados y con más de 400 hectáreas, uno de los más grandes de Norteamérica. Con el coche hicimos un par de paradas, primero para contemplar el Lions Gate Bridge desde lejos y luego para verlo desde arriba en un mirador, asegurándonos de llevarnos una de las imágenes más icónicas de Vancouver.
La casera nos avisó de que el apartamento ya estaba listo. Aparcamos abajo del Airbnb, un rascacielos en Abbott Street, subimos las maletas y nos dirigimos al Avis de Hornby Street para devolver el coche. Después, cruzamos a un mexicano que estaba justo enfrente para disfrutar de unos tacos riquísimos ¿A dónde si no?
Después, fuimos paseando hasta la bahía de Vancouver y visitamos Canada Place para disfrutar de las vistas del skyline y del puerto. También nos quedamos anonadados con los hidroaviones, que no paraban de despegar y amerizar en el agua. Desde allí, seguimos hasta Harbour Green Park, un pequeño oasis en pleno downtown de Vancouver, donde había gente corriendo, paseando y pasando un buen rato en el césped. Me gustó mucho.
Subimos por Bute Street para llegar al corazón comercial de la ciudad, Robton Street. Cuenta con más de 150 locales entre cafés, tiendas, restaurantes…
Paramos en un IGA para comprar cenas y desayunos para los próximos días y nos fuimos a disfrutar del apartamento, que contaba con jacuzzi, piscina, sauna y gimnasio… y unas vistas espectaculares.
Día 13: Vancouver (Gastown, Chinatown, Science World y Downtown)
Tenía unas ganas tremendas de visitar Vancouver desde hace años. Cuando pensaba en esta ciudad, se me asemejaba a Sydney: organizada, limpia, moderna, futurista, con gente amable… pero pronto iba a descubrir que el Vancouver actual no ofrece esta imagen.
Hoy por la mañana visitaremos los barrios de Gastown y Chinatown, que están justo detrás de nuestro apartamento. Empezamos callejeando hasta llegar a Gastown, el barrio histórico de Vancouver que fue fundado en 1987 y origen de la ciudad. Sus calles empedradas, faroles de gas, el famoso Reloj de Vapor y la arquitectura victoriana te transportan a otra época. Además de su valor histórico, el barrio se mezcla con la modernidad, ya que está lleno de boutiques y galerías de arte súper exclusivas. Además es una buena zona para hacerte con los souvenirs a mejor precio.
Pero bueno, como venía vaticinando, lo que más me sorprendió de esta zona no fue su historia pasada, sino su presente. Desde hace unos años, el fentanilo ha entrado de lleno en la ciudad, una droga hasta 100 veces más potente que la morfina. Deja una imagen impactante: calles llenas de personas bajo los efectos de las drogas, incapaces de sostenerse, tirados en el suelo… La visión de verlos pinchándose y consumiendo sustancias no se me quita de la cabeza. Ahora, cuando pienso en Vancouver, no pienso en la ciudad maravillosa que imaginaba, lo primero que me viene a la mente es el fentanilo. Imaginamos que en la zona de Gastown hay varios puntos de apoyo a los drogadictos (duchas, asistencia sanitaria, puestos de comida…) de tal forma que se concentra muchísima gente; especialmente en la calle Hastings, aunque lo cierto es que es una cruda realidad repartida por toda la ciudad. (Pequeña reflexión: desde hace años se viene oyendo del problema del fentanilo en casi todo el mundo, pero muy especialmente en USA. Sin embargo, hemos de decir que en Seattle era una realidad mucho menos significativa, fueron casos muy aislados los que vimos. Imaginamos que en Estados Unidos los apartarán de las zonas más turísticas o transitadas).
Después de explorar Gastown, fuimos paseando a Chinatown uno de los barrios chinos más antiguos de Norteamérica. Sus calles estaban llenas de tiendas de productos asiáticos, mercados, restaurantes y coloridos letreros en chino. Además, el barrio cuenta con un gran arco tradicional a la entrada y con un jardín clásico chino, el Dr. Sun Yat-Sen Public Park, que incluye pabellones, puentes, plantas, bonsáis y un pequeño estanque.
Para acabar la mañana paseamos hasta False Creek, donde nos esperaba uno de los edificios más icónicos de la ciudad y que ya habíamos podido admirar desde la terraza del apartamento, el Science World. Una enorme cúpula plateada en forma de esfera, construida para la Expo 86 que alberga un centro de ciencias interactivo.
Volvimos al AirBnB atravesando Creekside Park y Concord Community Park, una zona bastante nueva y verde donde se puede ver parte del skyline de la ciudad. La gente pasea, juega, corre, pedalea…
Por la tarde decidimos pasear con calma por las avenidas centrales de la ciudad, entrar en las tiendas, centros comerciales y galerías. Entre los edificios que más nos gustaron se encuentran: Biblioteca Pública, Art Gallery, Deloitte y Telus.
Día 14: Vancouver (Granville Island, Granville Street y Davie Village)
Último día en Canadá antes de volver a Barcelona. Mientras que alguno vive en vacaciones constantes y otros aún tenían un par de semanas libres, yo en dos días ya volvía a trabajar. Eso sí, me tocaba viajar a Italia por trabajo… y creo que pensar en las pizzas que me iba a comer me quitaba un poco la pena de regresar.
Para hoy habíamos dejado Granville Island, una pequeña península convertida en un centro cultural, gastronómico y artístico. Fuimos caminando desde el alojamiento, aprovechando para atravesar el centro y recorrer la calle Granville. Cruzamos el puente del mismo nombre para llegar al corazón de la isla, el Public Market. Es un mercado enorme lleno de puestos de comida fresca, dulces, cafés y productos locales. Redesayunamos nada más llegar unas sopas de cebolla y salmón cubiertas con una masa de hojaldre, y luego dimos una vuelta por el mercado y las tiendas de artesanía y galerías de arte. El ambiente contrasta con el resto de la ciudad, ya que es más alternativo y bohemio, además de muy colorido y alegre. Nos sorprendió para bien ya que cuando cruzábamos el puente y veíamos el mercado por arriba no daba para nada esta imagen.
Acabamos paseando por la orilla desde donde hay unas vistas panorámicas espectaculares del skyline de Vancouver. Desde allí tomamos un ferry para ir al otro lado, que tarda apenas un par de minutos y cuesta 4€ por persona, y después nos dirigimos a Davie Village.
Atravesamos todo el barrio de Davie Village que es el centro de la comunidad LGBTQ+, compramos en el IGA algo de comida y nos fuimos al AirbBnB.
Aprovechamos la tarde para ir a comprar a Water Street, en Gastown, los souvenirs que mi madre nunca puede dejar de comprar: imán y taza. Ya que estábamos, me compré yo también una taza para mi casa nueva. El resto de la tarde fue de gimnasio, jacuzzi, sauna… y maletas.
Día 15: Vancouver – Barcelona
Llegó el momento: toca despedirse. Había reservado un Uber por 22€ para que nos llevase al Aeropuerto Internacional de Vancouver, así que con gran pena damos por terminadas las vacaciones que durante varios meses habíamos estado preparando y soñando, y que tan rápido se disfrutan. Pero nos queda una de las mejores partes: recordarlas, ver las fotos, escribir el blog y ser conscientes de la gran suerte que tenemos de recorrer el mundo, y encima de la mano de nuestras personas favoritas.
La vuelta la hicimos con Air Canada: Vancouver–Toronto, con una escala de 3 horas, y luego Toronto–Barcelona.
¡Nos leemos muy pronto en un nuevo Vuelo!
Os dejo con algunas conclusiones:
El punto de mayor interés de este viaje eran Las Rocosas; nosotros echamos de menos algo muy importante para nosotros y es el poder vivir los sitios que visitamos, es decir, podernos bañar en los ríos y lagos (sin tener que hacer heroicidades), poder alquilar unas canoas (pero no a 70 euros media hora), poder tomar tranquilamente un café en un sitio contemplando la naturaleza (son parques nacionales y no existe esta opción), ver actividad humana en plena naturaleza (no existe)… es decir, es un viaje para caminar y ver Naturaleza; pero igualmente hay que decir que el nivel de belleza de estos paisajes es difícil encontrar por el mundo por lo que a pesar de estas limitaciones el viaje está más que justificado.
Los precios son muy elevados comparados con los precios en España; esto hace que vayas controlando cuánto y dónde entras a consumir y comprar.
Si decides visitar las Rocosas (si eres un gran viajero creo que es un lugar imprescindible) debes reservar el alojamiento con mucho tiempo de antelación y procurar hacerlo en las localidades de Banff y Jasper sobre todo por estar en la mejor ubicación para llegar a los puntos más importantes.
Creo que ha quedado claro que la naturaleza aqui es bestial, pero para nosotros las ciudades también son muy importantes cuando hacemos turismo. Sin embargo tanto Calgary como Vancouver consideramos que son ciudades agradables, con cosas muy bonitas, pero de forma general no merecen la pena, aunque esto es compatible con el hecho de que deben ser ciudades con una calidad de vida buenísima. Y por otro lado, Banff y Jasper son pueblos sobre todo creados para acoger a las hordas de turistas.
¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Desde mis últimos Vuelos por Bulgaria y el Sudeste Asiático, a mi vuelta de Australia, ha cambiado mucho mi vida, pero es que los últimos años están siendo muy movidos así que una se acostumbra. Ahora vivo en Barcelona, trabajo en la empresa con la que llevaba mucho tiempo soñando y viajando por el mundo entero.
Aunque llevase solo 6 meses en la empresa pude cuadrar mis vacaciones con las de mi familia para así hacer uno de nuestros viajes. Desde el año de Covid que queríamos ir hacia Latinoamérica y el momento de retomar ese pensamiento no se había podido dar hasta ahora. Después de darle unas vueltas e investigar lo poco que se podía, ya que nos ha costado encontrar información actualizada sobre el país, decidimos que Nicaragua sería el destino para nuestros 15 días de vacaciones.
Nicaragua es un país volcánico y tropical, además es el país más extenso de América Central y cuenta con una población de casi 7 millones de habitantes. Limita al norte con Honduras, al sur con Costa Rica, al oeste con el océano Pacífico y al este con el mar Caribe.
Nicaragua perteneció al Imperio español de 1502 a 1821 y tras varias conquistas más finalmente fue un país independiente en 1838.
El líder del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es José Daniel Ortega Saavedra desde 1979 y ha estado como máximo responsable del país desde 1985 a 1990 y desde 2007 hasta ahora. Durante estos años ha habido protestas, crisis políticas, emigración de más de 30.000 nicaragüenses a Costa Rica, arrestos a opositores, cierre de medios, hostigamiento a la comunidad católica… todo esto ha generado el rechazo de diversos países y organismos internacionales. Pero a pesar de todo esto y el miedo inicial a que pudiese ser un país inseguro pudimos corroborar lo que habíamos leído y es que dicen que es el tercer país más seguro de América por detrás de Canadá y Chile.
Antes de empezar con el Vuelo, os indico la distribución de los días:
Managua: 1 día
León: 4 días
Laguna de Apoyo: 3 días
Granada: 3 días
Isla de Ometepe: 3 días
Además también hicimos paradas en el Hervidero de San Jacinto, Estero de Juan Venado, Masaya, Pueblos Blancos y Rivas.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contratamos nuestro seguro de viaje con IATI. Nos da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estamos cubiertos y podemos disfrutar al máximo sin preocupaciones.
Y lo mejor es que gracias a vosotros, nos han dado un 5% de descuento si reservas tu seguro desde este enlace
Día 1: Madrid – Managua
Nuestro viaje empezaba un día antes, el 26 de agosto desde Castellón y desde Barcelona. Después de pasar una tarde noche de verano por Madrid acudimos a un hotel cerca del aeropuerto donde además dejaríamos el coche durante todo nuestro viaje.
Sábado 27 de Agosto y los nervios y la ilusión de empezar una nueva aventura ya recorren nuestro cuerpo, a las 11am salía nuestro vuelo de Iberia dirección Miami para una pequeña escala de 2 horas y así poner rumbo a nuestro destino final, Managua.
Al facturar las maletas nos cercioramos de que las maletas iban directas a Managua, ya que en anteriores viajes con conexiones en EEUU habíamos perdido las maletas, pero la empleada de la aerolínea nos confirmó que no nos teníamos que preocupar de nada, iban directas y así lo especificaba la etiqueta de la maleta. Además teníamos poco tiempo de escala como para volver a facturar.
Tras un primer vuelo que se nos pasó muy rápido y eso que eran 9 horas y de día, llegamos a Miami. Al pasar por equipajes nos indica un señor de seguridad que debemos esperar y recogerlo, pero el señor de Avianca (este segundo vuelo era compartido de Iberia con esta compañía) nos dice que no debemos esperar. Aun así y bajo la insistencia del de seguridad esperamos media hora, las maletas no salían y solo teníamos una hora para que saliese el segundo vuelo y preguntamos al personal de Iberia que venía en nuestro avión y nos reconfirman que van directas. Como esto es EEUU y los controles de seguridad son tan tediosos nos toca salir y volver a pasar todos los controles, esto se demora mas de media hora y con el agua al cuello llegamos al embarque.
Este segundo vuelo era de unas 2 horas y veinte. Yo iba en la ventana, mi madre en el medio y en el pasillo iba una chica de edad similar a la mía y enseguida nos dimos cuenta de que las tres éramos españolas. Empezamos a hablar y el vuelo se pasó, nunca mejor dicho, volando. Georgina resultaba ser mi vecina en Barcelona y a la que mi cara le resultaba familiar. Viajaba sola y se iba a encontrar con amigos que había ido conociendo por el mundo ya que ella como todos nosotros es una globetrotter.
Al llegar a Managua nuestro pesar se hizo realidad, las maletas no habían llegado. Allí nos dijo el personal de Avianca a todos los que veníamos de Madrid que no había dado tiempo a cambiar el equipaje de un avión a otro, pero que no nos preocupáramos pues llegarían en el siguiente avión y ellos se encargan de llevar el equipaje hasta nuestro alojamiento, nosotros comentamos que nos encontraríamos en León y nos dijeron que sin problema allí nos lo harían llegar.
En el control de pasaportes nos tocó pagar una entrada al país en dólares, no aceptan tarjeta de crédito, de 10 dólares por persona.
Al salir del aeropuerto un empleado del hotel nos estaba esperando, nos ayudó a comprar una tarjeta para el móvil, 15GB por 10 dólares. Nos llevaron al Best Western Las Mercedes Hotel que estaba justo enfrente, hicimos el check in, cenamos unos burritos buenísimos en el restaurante y como tenían servicio de shuttle 24h volvimos al aeropuerto para contratar el coche de alquiler. Habíamos mirado desde España ya que nos gusta llevarlo contratado y la última vez que lo contratamos en Bulgaria nos timaron. Así que vamos con mucho cuidado a la hora de escoger la compañía. Lo que sí llevábamos era un seguro que hacemos complementario para el coche (84€). Después de preguntar en Hertz, Budget, Avis… dimos con la compañía Nicaragüense EC que era la única que tenía un coche SUV y para los 13 días que lo necesitábamos. El importe fue de 750€ con el seguro obligatorio, unos 600€ más barato de lo que habíamos visto desde España. Quedamos que iríamos a la mañana siguiente a por él.
Ahora ya estaba todo listo, bueno… menos las maletas… Además mi madre y yo solemos llevar una de cabina con el pijama y ropa de cambio para un par de días en el caso de perder la maleta grande pero mi tío nos convenció para facturar las dos, porque ¿Para qué ir cargadas?
Día 2: Managua – León
Nicaragua nos esperaba. Con el cambio de hora (8 horas de diferencia) nos levantamos muy temprano y a las 7 am ya estábamos desayunando. Sobre las 9 am fuimos a por el coche. Queríamos tener una toma de contacto con Managua para ver si valía la pena pasar un día al final del viaje o no. Así que con el coche hicimos tres paradas:
Bolonia, se supone que una de las áreas más importantes de la ciudad y muy comercial… la vimos desde el coche.
Metrocentro, el mayor centro comercial de Managua. Edificio de varios pisos lleno de tiendas, cafeterías, supermercado. Precios para turistas. Allí hicimos varias compras para cambiarnos de ropa y cosas de aseo.
Plaza Nicaragua, plaza pavimentada con vistosas esculturas de árboles de colores, junto al lago Xolotlán el segundo lago más grande del país y de América central.
Después de esta rápida visita en coche por la capital decidimos que no valía la pena dejar un día entero para su visita, ya estaba todo visto. Pusimos camino a León y paramos en el Mirador Piedras Azules reconstruido en el año 2023, con vistas al volcán Momotombo y Momotombito y al lago Xolotlán.
Después de 2 horas en coche y 100 km llegamos a León. Allí nos esperaba Casa Mango, una casita de dos habitaciones, un gran salón y una piscina de unos 4x5m donde pasaríamos las siguientes 3 noches (108€ por noche).
León fue capital de Nicaragua y ha sido la sede intelectual de la nación, con una universidad fundada en 1812, hecho por el cual se le conoce como Ciudad Universitaria. Actualmente tiene una población de 215.000 habitantes.
Salimos a comer y a por un primer contacto con la ciudad, que además estaba en fiestas. Celebraban el festival Azul Dario.
Comimos en el restaurante Asados La Basílica un plato compartido que según la carta era para 4 personas, pero en realidad era para 8 comensales… que locura de comida. Carne de todos los tipos acompañada de papas de plátano y tacos de trigo (900 córdobas + 400 córdobas en bebida, unos 32€).
Dimos un paseo por la tarde noche por las fiestas de Azul Dario y vimos la presentación de las reinas de las comarcas Nica en una abarrotada plaza central.
Fuimos a un supermercado cercano, La Unión, para comprar cenas y desayunos. Y bueno, un supermercado para turistas o para gente de bien porque los precios son parecidos a los de España y allí el salario mensual medio es de unos 300€.
Día 3: León y Hervideros de San Jacinto
Empezamos el día con una visita en coche a los Hervideros de San Jacinto, unos respiraderos hidrotermales en la ladera sureste del volcán Telica. En la superficie, estos manantiales forman charcos de lodo burbujeante (solfataras) y columnas de vapor (fumarolas). Estos manantiales fueron creados en el siglo XVI por una erupción del volcán Santa Clara.
Al llegar pagamos la entrada es de 2 dólares y enseguida vino una joven a advertirnos de la “peligrosidad” del lugar y que debía acompañarnos. Así que visitamos el lugar con una “guia” y dos niños.
Al salir le dimos la voluntad a la chica y pagamos un dólar por el parking. Quisimos dar una vuelta por la zona pero no había mucho que ver. Así que volvimos a León 25 km, una media hora.
Por la tarde visitamos la Catedral, construida entre 1747 y 1816, católica y de construcción barroca colonial. Por su gran valor artístico, cultural e histórico en 2011 fue elevada por la UNESCO a la categoría de Patrimonio de la Humanidad, siendo el segundo en la historia de este país. Además de visitarla por dentro también puedes subir a la cúpula por 3 dólares. Fue espectacular pasear por el tejado y adorar la ciudad desde allí. Además nos encontramos a compañeros de vuelo y nos reconfortó saber que ellos tampoco habían conseguido sus maletas… mal de muchos, consuelo de tontos.
Seguimos conociendo la ciudad por el barrio de Guadalupe, la Iglesia de San Francisco, la Iglesia de La Recolección, la Iglesia de la Merced y por último el Hotel Convento que como su nombre indica era un antiguo convento reconvertido en hotel de lujo.
Día 4: León y Estero de Juan Venado
Hoy tocaba otra excursión en coche para visitar el Estero de Juan Venado a 23km de León y declarado Reserva Natural. La vegetación sobresaliente es su impresionante santuario de manglares que pudimos recorrer con un bote durante 3 horas, por 10 dólares por persona más la entrada a la reserva que son 100 córdobas por persona (2,50€). Los árboles del manglar tienen un sistema de filtración de la sal y sólo se pueden encontrar en lugares que tienen climas tropicales o subtropicales. Propician un escondite perfecto de cocodrilos y de más de 100 especies de aves, crustáceos y varias especies de tortugas marinas.
Además cuando llegas al final del recorrido en barco puedes parar en Casa de las Peñas y darte un magnífico baño en el Pacífico.
La familia que nos ofreció el bote fue sumamente agradable, bueno todos los nicaragüenses fueron muy agradables con nosotros. Les estuve contando que tenía un blog de viajes y que les recomendaría y cuando nos íbamos la niña pequeña o como ella me decía “la chaparrita”, vino corriendo a decirme el número de su madre para que así la gente la pudiera contactar para la excursión. La señora y abuela de la criatura es Doña Blanquita y la madre Evelyn +505 78436396.
A la vuelta paramos en Sutiaba para ver la Iglesia San Juan Bautista de Sutiaba que fue construida en 1700 y es considerada la iglesia más grande y monumental después de la Catedral de León, pero estaba cerrada. Además en este barrio vive la Comunidad Indígena Sutiaba que es la más grande de las comunidades indígenas de Nicaragua. Son poseedores de su propia lengua, costumbres, creencia politeísta, tradiciones, mitos, leyendas, gastronomía…
Por la tarde visitamos el Mercado Central; un lugar popular, colorido, ruidoso e ideal para internarse en la cultura.
También visitamos la universidad, siempre que pasábamos por la puerta preguntábamos si podíamos entrar y nos decían que fuésemos otro día, es la más antigua de Nicaragua y fue fundada en 1812 por España durante la colonia en América.
Era nuestra última noche en la ciudad así que compramos algo de comida en La Unión y nos dimos un festín después de un gran baño en la piscina. Y es que, qué bien sienta un bañito por la noche después de todo un día de turismo.
Día 5: León – Laguna de Apoyo
No he vuelto a comentar nada, pero estamos a día 5 y seguimos sin equipajes. Nicaragua no es el mejor lugar para perder la maleta, ya que al no haber apenas turismo cuesta encontrar una tienda donde comprar algo de ropa. La última vez que me pasó estaba en Singapur y me fui a Abercrombie, igualito. Lo bueno es que teníamos lavadoras e íbamos a lavadora diaria.
Así que de camino a nuestra siguiente parada, Laguna de Apoyo, paramos en el aeropuerto de Managua. Habíamos intentado conectar por email, teléfono y whatsapp y nadie sabía darnos una solución, bastante caótico y nos dió muy mala imagen de la compañía Avianca.
Una vez allí pasamos a la habitación del tesoro, allí estaban esperándonos. Para más inri, a la mía la había parado el perro porque al olfatearla había detectado algo, que resultó quedar en nada. La conclusión era que nadie se hacía responsable y nos echaban la culpa por no recogerlas en EEUU.
Por fin con equipaje fuimos a la maravillosa casa que nos esperaba en la Laguna, 135 km, 2h35 que a nosotros con la parada se nos hizo un poco más largo.
Al llegar a la Laguna hay un señor que amablemente te pide que pagues 10 córdobas por persona y 10 por coche, pero lo mejor de esta entrada es que solo dura 24h.
Al llegar a la casa no nos lo creíamos, era una mansión, con unos jardines preciosos de más de una hectárea y muy buen cuidados con un acceso al lago solo para nosotros. Ni en mis mejores sueños (142€ la noche).
Según la historia natural de Nicaragua la Laguna de Apoyo se formó hace unos veintitrés mil años, después de la explosión del Volcán Pre-Apoyo que dejó el actual cráter de Apoyo. Por ser una laguna de origen volcánico los gases que el volcán aún expulsa generan fuentes de aguas termales naturales, el agua se encuentra entre 27°C a 30°C y es muy cristalina.
Una vez instalados en este paraíso fuimos a comer al restaurante que había justo al lado, el Restaurante Cacique. Mientras esperábamos por una hora a la comida fuimos a por un primer baño. La comida es correcta, el menú tiene platos como ceviche, pescado, hamburguesa, nachos…
Por la tarde siesta y tormenta, hacia las 17:30 cuando solo llovía (ni truenos, ni relámpagos, ni vientos…) nos fuimos directos al agua. Y qué placer ver llover a tu alrededor, estar solo y el agua a 29 grados. Y es que estuvimos contando las casas que había en la Laguna y no llegaban a 10, si cuando digo que es un lugar paradisiaco lo es en todos los sentidos.
Con noche cerrada fuimos a una pulpería que quedaba a unos 15 minutos andando para comprar algo de comer ya que el restaurante cerraba a las 17.00. El paseo fue un poco misterioso ya que no se veía nada, solo la luz de la linterna, pero había una gran cantidad de luciérnagas que nos amenizaba el paseo.
Día 6: Laguna de Apoyo, Mercado de Masaya y Mirador de Catalina
Nos seguíamos despertando sobre las 6.30am así que qué mejor que un baño antes de desayunar en esas maravillosas aguas. Para hoy teníamos prevista la visita al mercado de Masaya. Aparcamos en el parking de un supermercado donde luego haríamos compra para desayunos y cenas y así nos aseguramos un poco la seguridad del coche, valga la redundancia. No habíamos tenido ningún problema y todo el mundo nos decía que era seguro pero por si acaso mejor dejarlo en aparcamientos vigilados.
El mercado era inmenso, popular, caótico, muy vital y estaba al lado de la estación de autobuses que llegaba un punto que no sabías donde empezaba la estación y donde terminaba el mercado. Me encantó y aunque no es turístico si buscas bien encontrarás alguna tienda con imanes y tazas de recuerdo. Además nos tomamos un refrigerio en uno de sus locales.
De vuelta a casa paramos en el Mirador de Catarina. Una bonita vista desde lo alto, pero si tienes la suerte de poder vivirlo desde abajo… ambiente marcado por el turismo. El precio fue de 20 córdobas por persona (0,50€).
Volvimos a nuestro restaurante de confianza, Restaurante Cacique a comer y a por un maravilloso baño que disfrutamos muchísimo. Tocó más ceviche, pescado, y unas buenas hamburguesas de carne de Res. 6 platos más bebidas unos 60€.
Por la tarde como ya habíamos hecho la excursión del día tocaba disfrutar del caserón, momento lectura, momento fotos en los jardines y terrazas, y por supuesto momento o momentazo baño y hoy no llovía, cielo azul, nadie a la vista, agua totalmente tranquila y cristalina… maravilloso.
Día 7: Laguna de Apoyo – Granada
Nos despedimos de lo que ha sido uno de los mejores sitios en los que he estado a nivel baño. Había que despedirse a lo grande con un baño de más de una hora y media que empezó a las 7am.
Desayunamos y salimos hacia Granada. Llegamos muy pronto ya que es un recorrido de 35 minutos 20km, pero no localizamos la casa y nadie respondía a las llamadas ni whatsapps. con la imagen de la fachada y nombre de la calle intentamos localizarla sin éxito por más de una hora. Al final Cristopher un londinense y dueño del Airbnb nos contestó y localizamos la casa que estaba en un callejoncito que daba a una de las calles principales. Nos mostró la casa, preciosa, dos inmensas habitaciones, otro inmenso espacio abierto a modo de salón cocina y un patio ajardinado con una piscina privada (132€ la noche).
Dejamos las maletas y salimos a pasear y a tomarnos un refresco en el parque central. Volvimos a la casa para comer, hacer un poco de siesta y darnos un refrescante baño.
La tarde venía intensita. Paseamos por todo el centro y vimos lo más representativo:
Iglesia La Merced: de estilo barroco y de herencia de la conquista española, es considerado patrimonio de la ciudad de Granada.
Iglesia de Xalteva: construida durante la época colonial y utilizada como una fortaleza militar. La fachada y el interior fueron reconstruidos después de su destrucción durante la Guerra Nacional.
Iglesia María Auxiliadora, regentada por la Comunidad Salesiana de Granada
Mercado: estaba cerrado, pero aún quedaban muchos puestos callejeros y gente.
Parque Central: fue una antigua Plaza de armas, posteriormente un tiangue (mercado indígena) hasta concluir en el Parque Colón el cual fue inaugurado con este nombre coincidiendo con la fecha del 12 de octubre en conmemoración del descubrimiento de América. En el centro de la plaza se encuentra una fuente en honor a Inglaterra. Justo cuando paseamos estaban siendo las fiestas de selección de la Reina de la Hípica.
La Gran Francia Hotel: su creación se remonta a la fundación de la ciudad, en el año 1524.
El paseo también nos dejo fotos como estas:
De camino a casa nos encontramos con un hombre que vendía hamacas y nosotros como buenos fans de las hamacas ya llevábamos entre ceja y ceja comprar una. Así que allí en medio de la calle el pobre hombre empezó a sacar todas las que tenía, diferentes colores, diferentes medidas… hasta que al final nos decidimos. Nos costó 12 dólares, el precio inicial fueron 20. La verdad es que luego te cuentan su vida y te sientes mal regateando. El hombre nos contaba que iba de ciudad en ciudad vendiendo hamacas y consiguiendo dinero para su familia y para su hija que estaba enferma. A las 19 horas esa era la única que había vendido en el día.
Llegando a casa nos encontramos con un puesto callejero, con cola, donde estaban asando carne, ya teníamos cena.
Día 8: Granada y las Isletas
Ayer por la tarde aún estando el Mercado semicerrado nos gustó mucho, por lo que hoy vamos directos al mercado. Aunque de camino pasamos por un local con los portalones abiertos y entramos a conocerlo; resulta ser el Centro Social del Tío Antonio. En su interior conocemos a El Tio Antonio, natural del Cabanyal, Valencia, y nos cuenta su historia de hace 20 años cuando fue a Nicaragua y se enamoró del país. Empezó ayudando a un niño sordo y a otro y a otro… que montó un centro social en pleno centro de Granada. Allí les da una oportunidad de trabajo a hombres y mujeres con discapacidades.
Llegamos al mercado y después de ver los puestos callejeros entramos al edificio y nos pareció muy interesante además de que parte del mercado está construido en una antigua iglesia. El mercado es muy auténtico y además la gente es amable, comunicativa y generosa; le compramos a un niño de 13 años 5 rambutanes (fruta típica tropical) por 20 córdobas (50 céntimos de euro) y nos regaló un plátano. Nosotros, aprovechando que solemos llevar ropa que ya no queremos y material escolar para regalar, le dimos una bolsa llena y cuando se lo dimos el niño se puso loco de alegría.
Después del mercado aprovechamos para volver a la iglesia de la Merced y subir al mirador de la torre de la iglesia por un dólar por persona. Desde lo alto se puede apreciar una gran vista de la ciudad, de la catedral y del volcán Mombacho.
Fuimos a por el coche para visitar las Isletas, una serie de más de 365 islotes producto de una avalancha de piedra y lodo que se desprendió de las laderas del volcán Mombacho. Muchas de las isletas han sido pobladas. Algunas son propiedad privada y en ellas se han construido viviendas o casas vacacionales. Conseguimos una excursión de 1 hora por 10 dólares por persona y para nosotros solos. El precio habitual es de 30 dólares por persona, pero estamos en temporada baja y hay muy pocos turistas pero cuando digo pocos es pocos. Nos habremos encontrado con no más de 20 turistas en lo que va de viaje.
Hacia las 14.00 llegamos a la Casa del Ceviche, una franquicia de restaurantes de Ceviche que hay por todo Nicaragua. Para hacer lo propio, comernos un buen ceviche.
Tras el descanso en el Airbnb fuimos a las fiestas que había delante de la Iglesia de Xalteva. La fiesta consistía en trepar por un palo lleno de grasa. Estaba lleno de gente observando a los jóvenes en sus intentos varoniles de ascender por la grasa del tronco; pero nadie lo consiguió, al menos mientras estuvimos ahí.
De vuelta a casa mientras esquivamos a la muchedumbre dimos con un crío de 7 años que llevaba una cesta de comida en la cabeza. Nos impresionó verlo tan chiquito vendiendo fruta que nos acercamos a él. Nos dijo su edad y que estaría por las calles hasta que vendiera la fruta que llevaba. Le compramos fruta… Para despedirnos él nos pidió que le ayudáramos a poner la cesta sobre su cabeza. Fuimos conscientes del peso que llevaba encima.
Salimos temprano, intentamos avisar al dueño para ver qué hacíamos con las llaves pero tras más de una hora no contestó así que nos fuimos. Nunca volvimos a saber nada.
Tras 30 minutos llegamos a Diriomo uno de los llamados Pueblos Blancos, recibe este nombre ya que antiguamente sus habitantes encalaban (mezcla de cal y agua) sus casas de adobe para protegerlas del sol. Dimos un paseo por las calles principales, visitamos la iglesia, el mini mercado y nos abrieron una cafetería para que tomáramos un café. Con el coche cruzamos la carretera para visitar Diriá otro de los pueblos blancos, a ver si este tenía algo más que mostrarnos, pero solo la iglesia abarrotada fue lo que pudimos visitar. Siguiente parada Nandaime, subimos a la terraza del antiguo ayuntamiento que se caía a pedazos y vimos la iglesia. En general por lo que vimos (4 pueblos) ni son ni blancos, ni muy interesantes.
Llegamos a Rivas, hicimos el check in y aparcamos el coche en el parking del hotel. Dejamos las cosas y bajamos a comer. Después de descansar nos dimos un buen baño en la piscina y salimos a dar un paseo y tomar algo por la plaza del pueblo que era lo único que había por ver. Aquí la parada la hicimos ya que cogíamos el ferry a Ometepe temprano a la mañana siguiente. El Gran Hotel Victoria donde nos alojamos era pretencioso con muy mal servicio (70€ habitación doble por noche).
Día 10: Rivas – Isla de Ometepe
A las 9.30am zarpaba nuestro Ferry desde San Jorge al puerto de San José (escogimos este porque quedaba más cerca a nuestro hotel). Lo cogimos con la compañía El Rey de Cocibolca y tiene una duración de 80 minutos. Para hacer la reserva nos valió con mandar un WhatsApp, como no estábamos muy seguros de la veracidad de este método llegamos con una hora de antelación para cerciorarnos. Al llegar tienes que pagar la entrada al puerto si vas con coche de un dólar aproximadamente, el ferry que son 50 cordobas por persona (1,25€) y 420 cordobas por el coche (10,25€). Además tienes que pagar un impuesto de 1 dólar por persona. Estos gastos solo para la ida, a la vuelta lo mismo.
Los trámites fueron muy rápidos, no había mucha gente y enseguida se te acercan trabajadores para ayudarte.
Os dejo este enlace con los horarios y compañías de los Ferrys a Ometepe.
La isla de Ometepe se encuentra dentro del lago Cocibolca, abarca 276 km² y es la isla volcánica más grande de las situadas en el interior de un lago de agua dulce. Está constituida en su totalidad por los conos de los volcanes Concepción y Maderas. Su población asciende a unas 30.000 personas aproximadamente y está incluida en la Red Mundial de Reservas de Biosfera
Cuando llegamos teníamos 12 km y 25 minutos de coche hasta el Hotel San Juán Ometepe (67€ habitación doble por noche). Nos habían comentado que en la zona del Volcán Concepción la carretera principal que da la vuelta a la isla estaba asfaltada. Sin embargo el ramal de esta carretera asfaltada hasta el hotel son 2 kilómetros de camino sin asfaltar. Suerte que alquilamos un coche SUV y que la tierra al ser volcánica drena muy bien. Para tomar este camino final al hotel nos equivocamos y no tomamos la carretera que nos indicaba google. Por suerte, puesto que al comentarlo en la recepción nos dijeron que google indica erróneamente una carretera que no llega hasta el hotel. Lo curioso es que el hotel no advierte a sus clientes de cuál es el camino correcto (muy mal por Google y por el hotel y bien por los angelitos pícaros que hacen ignorar las indicaciones).
Tras alojarnos fuimos a comer y a pasar la tarde a la Reserva Natural Ojo de Agua. Son dos piscinas naturales donde el agua proviene directamente del Volcán Concepción. Por lo que es rica en potasio, magnesio, calcio, azufre y sodio, lo que proporciona propiedades para aliviar dolores y estrés… Además qué mejor baño que bajo la sombra de la selva tropical. La entrada es de 15 dólares por persona y 5 dólares son descontados a la hora de pedir comida y bebida.
A las 17.00, cuando cerraron nos fuimos al Mirador de los Volcanes a tomarnos un zumo natural y ver el atardecer. Este local tiene vistas al lago Cocibolca, el volcán Concepción y el volcán Maderas.
Cenamos unos tacos de res en el hotel y descansamos en las hamacas antes de dormir con el ruido de los monos aulladores de fondo.
Día 11: Isla de Ometepe
Nos levantamos temprano, hoy estaba el día nublado. Desayunamos y pusimos rumbo en coche a la Cascada de San Ramón, a 35 minutos. Al llegar en la entrada nos dicen que con nuestro coche no podemos subir, que son 4km andando, 1000 m. de desnivel y unos 90 minutos según ellos en cada trayecto (si tienes una pick-up puedes subir hasta 2km más). Aparcamos y pagamos la entrada, 100 córdobas por persona (2,50 euros).
A los 40 minutos ya estábamos cansados y con la evidencia por nuestra ubicación en las app del móvil de que 90 minutos era un cálculo desatinado ya que llevábamos casi la mitad del tiempo y una cuarta parte del recorrido; por suerte vimos un coche subir y le hicimos gestos para que nos llevase. Nos ahorramos una hora de tiempo y esfuerzo. Habíamos llegado hasta la mitad de distancia. Una vez nos bajamos todos del coche empezamos el último tramo que es de otra hora aproximadamente.
La última hora son tramos de cierto peligro, de casi escalada y además amenazaba tormenta constantemente. El camino es bonito, aunque no creo que merezca la pena el esfuerzo, salvo que seas un gran senderista, la cascada sí.
Creo que deberían avisar al pagar de la realidad del camino, ni mucho menos se hace en 90 minutos, es duro y no está preparado para el turismo, no hay ayudas de cuerdas y hay trozos de solo 20 centímetros de ancho y al lado un barranco.
Con el tiempo justo para llegar al coche antes de la tormenta pusimos rumbo al hotel sobre las 15:30 para comer y descansar. No paró de llover en toda la tarde, estamos en agosto y es época de lluvias. Habíamos tenido bastante suerte hasta ahora, aunque la aplicación de tiempo del móvil diese todos los días lluvias solo habíamos tenido en un par de momentos.
Día 12: Isla de Ometepe
Para hoy tenemos varios paseos. El primero fue por el Sendero de la Peña Inculta, este nombre de «Inculta» se debe a que este terreno es incultivable debido a las piedras volcánicas que rodean el sitio. Al llegar a la entrada hay una oficina donde una chica te explica todos los animales que puedes ver, no vimos ninguno, y te invita a pagar 110 cordobas por persona (2,70€) por persona. Nos comentó que el paseo era de 45 minutos, le pregunté la distancia y no la sabía.
La verdad es que el paseo es precioso en medio de la selva tropical, pero tienes que ir todo el rato mirando el suelo para no caer ya que está lleno de piedras y ramas que cortan el paso y no terminas de disfrutar del paisaje.
Tomamos el coche que habíamos aparcado pegado a la misma carretera, no hay parkings, y nos fuimos a almorzar a el Pital. Es una fábrica de chocolate donde hacen tours y retiros. Un escenario frente al lago, con una costa recortada y plena de vegetación. Nos tomamos varias tartas de chocolate muy buenas y yo un batido de chocolate puro que estaba espectacular. Eso sí, aquí el precio turista (8€ por persona).
El día estaba gris y aunque de forma ligera no paró de chispear, pero llevamos encima los impermeables así que no era un impedimento.
Fuimos a la Reserva Natural de Charco Verde donde hay una camino de poco menos de una hora alrededor de la laguna. Hay un tramo que el camino está limitado a un lado por la laguna y por el otro por el lago con una playa de arena negra donde puedes tomar el baño y tener vistas al lago y al volcán Maderas. La entrada al recinto es de 5 dólares por persona.
Como seguíamos empachados de chocolate fuimos a dar un paseo por Altagracia antes de volver al hotel para conocer el parque central, la iglesia, y sobre todo el modo de vida de la gente de la isla.
Cenamos en el hotel bajo el ataque de los mosquitos. Había estado todo el día lloviendo y a la hora de cenar salieron todos los mosquitos que te puedas imaginar y aunque les pongan luces para dispersalos es imposible. Por lo tanto es importante usar ropa que cubra las piernas y los brazos, llevar repelente siempre encima y alguna pulsera o parche de citronela. Aun así yo volví con más de 50 picaduras.
Entrada a nuestra habitación la mañana siguiente
Día 13: Isla de Ometepe – Managua
Hoy dejábamos ya la Isla de Ometepe para volver a Managua. Como el primer día decidimos no llegar a la capital íbamos a volver con calma y con una parada en el Mercado de Artesanía de Masaya (para turistas) para hacer alguna compra. También cambiamos el hotel que teníamos en la capital por el del primer día enfrente del aeropuerto.
Tomamos el Ferry sobre las 10.00 de la mañana en Moyogalpa, el otro embarcadero que estaba un poco más alejado. Lo mismo, reserva a través de WhatsApp y allí pagamos 50 cordobas por cada pasajero, 420 cordobas por el coche y unos 2 dólares de impuestos.
Después de una hora y media y 76km llegamos al turístico Mercado de Artesanía de Masaya y compramos una máscara y una bandeja de madera por unos 12 dólares cada una.
Después de 26km y casi una hora debido al tráfico, llegamos al Hotel Best Western Las Mercedes (75€ habitación doble por noche). Hicimos una comida cena ya que era tarde, limpiamos el coche y lo devolvimos.
Volvimos al hotel para un baño, pero se vio interrumpido debido a la tormenta. Así que lectura y repaso de fotos para terminar el día y el viaje. Mi madre y yo nos despedimos de nuestras vacaciones, aunque otros las siguieran en México por dos semanas más, nosotras volvíamos ya a España.
Día 14 Managua – Madrid
Temprano mi madre y yo fuimos a desayunar y al aeropuerto que estaba en frente. Facturamos y a las 9.30am ya estábamos camino de Miami. Al llegar a Miami trajimos con nosotras la tormenta y el aeropuerto quedó cerrado por más de una hora. Fuimos a por las maletas y las volvimos a facturar con destino Madrid. Nos tocó correr porque el aeropuerto es muy grande y el tiempo muy justo (2 horas de escala).
Llegamos a Madrid con una hora de retraso y nos despedimos, tú a Castellón y yo a Barcelona.
Toca digerir el viaje y ser consciente de la suerte que tenemos de conocer tantas culturas y países diferentes. Sin duda Nicaragua tiene un sitio muy especial en nuestros recuerdos. Ahora a pensar en el siguiente Vuelo.
Conclusiones:
Me gustaría, como siempre, hacer unas conclusiones del viaje. Las voy a dividir en positivas y negativas:
Positivas:
Amabilidad: la gente es muy amable, comunicativa, alegre y agradecida contigo, siempre tienen una sonrisa y están dispuestos a ayudar.
Seguridad: Nos sentimos en todo momento muy seguros. Dejamos el coche en medio de las ciudades lleno de maletas y no pasó nada. Además en León la casa daba a un patio y las puertas no tenían llaves. En ningún momento fuimos testigos de situaciones de discusiones, agresividad, o inseguridad. Nada.
No es muy turístico, al menos en esta época: nos encontramos con muy pocos turistas en las ciudades coloniales (no más de 20 personas en total), donde más vimos fue en Ometepe en Ojo de Agua y en el Pital. especialmente turismo de Estados Unidos.
Negativas:
Precios en dólares en muchos restaurantes y sitios turísticos: al no haber mucho turismo, no hay restaurantes locales en los que puedas comer (no reúnen los criterios de higiene occidentales) por lo que tienes que recurrir a hoteles o a restaurantes turísticos y los precios son en dólares y caros.
Esperas largas de la comida: a la hora de comer tienes que ir concienciado de que van a tardar. Si el lugar da para baño como el Laguna de Apoyo puedes hacer la espera muy amena.
Carreteras mal asfaltadas: las carreteras en general están en mal estado, llenas de boquetes o no asfaltadas por lo que recomendamos alquilar un SUV o superior (éste sólo en caso de muchas aventuras)
Mosquitos: hay muchos mosquitos por lo que tienes que ir preparado con ropa que te cubra la piel, spray antimosquitos y algún parche de citronela.
El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.
¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Aunque en mi último Vuelo por el Sudeste Asiático os introduje un poco este viaje, voy a volver hacer una pequeña introducción de ¿Por qué Bulgaria?
Después de 5 meses sin ver a mi familia y de un mes viajando sola por el Sudeste Asiático, me reencuentro con ellos en Bulgaria para hacer nuestro viaje invernal y que ellos disfruten de sus vacaciones.
¿Por qué Bulgaria? te estarás preguntando. Nuestra primera opción fue el Líbano; ya teníamos los vuelos comprados, pero cuando estalló el conflicto en Gaza y toda esa zona decidimos cancelarlo. Otra vez tocaba pensar un destino que no estuviese muy lejos, ya que ya habían hecho dos y tres viajes largos este año, además mi tío se iba a Senegal en unas semanas. Tocaba Europa para que todos tuviésemos buenas conexiones, pero que tampoco hiciera muchísimo frío y que no lo hubiéramos visitado con anterioridad. Se ponía complicada la cosa. Y así apareció la opción de Bulgaria.
Teníamos 9 días para descubrir el país, así que decidimos alquilar un coche y visitar las siguientes ciudades:
Sofia: 3 días
Plovdiv: 2 días
Veliko Tarnovo: 2 días
Koprivshtitsa: 2 días
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contratamos nuestro seguro de viaje con IATI. Nos da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estamos cubiertos y podemos disfrutar al máximo sin preocupaciones.
Y lo mejor es que gracias a vosotros, nos han dado un 5% de descuento si reservas tu seguro desde este enlace
Día 1: Sofía
Después de 12 horas de vuelo volvía a Europa tras más de un año viviendo en la otra punta del mundo, Australia. Aunque me daba mucha pena irme; había sido un año increíble y me despedía de vivir en el extranjero y de las aventuras diarias que eso conllevaba. Volvía a casa, a mi gente y a poner en valor todo lo que había aprendido estos últimos años viviendo en Londres, Dublín y Sídney. Porque si había vivido en todos estos sitios era para poder volver a España y conseguir el trabajo de mis sueños.
Pero antes de empezar a sufrir… o no, con la búsqueda de mi futuro tocaba disfrutar en familia de mi vuelta y de un viajazo por Bulgaria que nos sorprendería a todos con este maravilloso país tan desconocido.
Llegábamos con una hora de diferencia al aeropuerto de Sofía, pero al retrasarse mi vuelo solo mi madre se quedó a esperarme mientras los demás iban adelantando.
Y ahí estaba, con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Y yo que no podía aguantar las ganas de darle un achuchón. Nos fundimos en un abrazo que sabía a un ”por fin juntas, sin más despedidas”.
Cogimos el metro del aeropuerto a la parada Serdika donde teníamos el hotel. Un trayecto de 12 paradas y 26 minutos por un precio de poco más de 1 euro que se puede pagar directamente con el móvil o con la tarjeta de crédito. Estos dos primeros días de viaje nos íbamos a quedar visitando Sofía para aclimatarnos al tiempo y al cambio de horario. Al final del viaje volveríamos a pasar otro día entero en la ciudad.
Nos quedamos en el Grand Hotel Sofia; al lado del teatro Nacional y enfrente del City Garden, el parque más antiguo y céntrico de la ciudad y a escasos minutos de la calle principal, Bulevar Vitosha.
Después de hacer el Check In fuimos a por nuestro primer contacto con la ciudad y paseamos por el Bulevar y las calles colindantes para al final sentarnos a cenar en Shtaslivetsa Restaurant Vitoshka donde comimos increíblemente bien por muy buen precio ya que una Leva Búlgara son 50 céntimos de euro.
Aprovechamos para sacar dinero ya que no sabíamos si en las siguientes ciudades y pueblitos podríamos pagar con tarjeta, y optamos por el ATM Postbank ya que no cobra ninguna comisión.
De vuelta al hotel dimos con un mercado navideño en la plaza Garibaldi y nos tomamos un trdelník, el dulce de canela típico de Hungría, aunque yo lo rebocé en nutella para tener una digestión más ligera…
Día 2: Sofía
Primer día entero por Sofia. Fuimos a desayunar a la cafetería Costa que estaba enfrente del hotel.
Fuimos visitando los siguientes puntos de la ciudad:
Teatro Nacional Ivan Vazov: es el más antiguo e importante del país, de estilo neoclásico. Está situado en el centro de Sofía con la fachada principal orientada al City Garden y muy fotogénica. Un edificio espectacular.
Asamblea Nacional: Otro de los edificios apoteósicos que se encuentran en el centro de la ciudad. Bulgaria funciona como una democracia parlamentaria dentro de una república constitucional unitaria, por lo que esta asamblea es el órgano parlamentario unicameral que ejerce el poder legislativo y de control al gobierno.
Monumento a Santa Sofía: una enorme estatua de cobre y bronce se alza en el centro de la ciudad. Erigida en el año 2000 en el lugar que antes ocupaba una estatua de Lenin. Se consideraba que Sofía era demasiado erótica y pagana para llamarla santa, y la estatua sigue siendo muy controvertida. Lo cierto es que es muy kitsch; podrían haber prescindido de ella.
Mezquita Central de Sofía: La Mezquita de Banya Bashi también se encuentra en el centro de Sofía, justo enfrente del Mercado Central (nosotros no pudimos visitarlo porque estaba en obras). El templo fue construído a finales del siglo XVI durante el período de dominación otomana, lo que la hace una de las mezquitas más antiguas de Europa. Es famosa por su gran cúpula y por su minarete que puede ser visto desde algunas calles próximas. En la actualidad esta Mezquita es la única que sigue abierta al culto islámico en Sofía además está abierta al público por lo que entramos a visitarla.
Museo de Historia: antiguamente era el centro de baños termales más importante y único de Sofía. Nosotros solo lo visitamos por fuera ya que según habíamos leído es bastante prescindible.
Parque Tsentralna Banya: justo enfrente de la mezquita y del museo de historia se encuentra este parque desde donde hacer preciosas fotos de la mezquita.
Mercado de Zhenski Pazar: fue un gran descubrimiento de Sofía. No lo esperábamos. Un mercado típico local donde podías encontrar de todo: ropa, frutas, verduras de cosechas propias de los locales, souvenirs, artesanía, carne fresca, lácteos… El mercado está situado en la llamada Zona de Tolerancia debido a la proximidad de los templos de todas las comunidades religiosas oficiales de Bulgaria. Aquí se encuentran la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio, la mezquita Banya bashi y la Sinagoga Central de Sofía.
Catedral de Sofía: si piensas en Bulgaria te viene rápidamente la imagen de la catedral de Sofía a la cabeza. Pero si ya parece impresionante de solo imaginarla, en persona asombra mucho más. Es una de las sesenta catedrales cristianas más grandes del mundo, de estilo neobizantino mide 72 metros de largo, 42 metros de ancho y 52 metros de alto, con capacidad para 10.000 personas.
Iglesia Rusa de Sant Nicholas: justo al lado de la catedral. Fue construida en el emplazamiento de la mezquita de Saray, la cual fue destruida en 1882 tras la liberación de Bulgaria por los rusos de los otomanos. Se construyó para ser la iglesia oficial de la embajada rusa que se encontraba situada en una puerta próxima y para la comunidad rusa de Sofía.
Después de todas estas visitas y un paseo muy agradable por la ciudad fuimos a reponer fuerzas a una cadena de restaurantes que habíamos ido viendo por la ciudad y siempre llenos de gente, Happy Grill. La verdad que fue muy buena elección, todo tipo de comida y con muy buen servicio. Aunque nos habían recomendado el restaurante Izbata Tavern de comida local, al final nos fuimos sin probarlo.
Después de descansar en el hotel decidimos ir dando un paseo por la zona oeste de la ciudad hasta el Centro Comercial de Sofía y hacer alguna compra local. Es el centro comercial más importante de Sofía, está a 10 minutos de la estatua de Sofía, pero no merece la pena ni por las compras ni por el ambiente (quizá influyó que era el 24 de diciembre).
Celebramos Nochebuena en familia y nos fuimos a descansar para empezar la aventura en coche por Bulgaria.
Día 3: Sofía – Plovdiv
Desayunamos y fuimos al aeropuerto a por el coche de alquiler. Nuestro siguiente destino sería Plovdiv. Habíamos esperado hasta el final para decidir el recorrido del viaje ya que no queríamos meternos en carreteras con nieve o hielo, pero el cambio climático nos resolvió el tema: tuvimos un tiempo soleado, templado y precioso.
El recorrido de Sofía a Plovdiv es de 150 km, unas 2 horas. Al salir de Sofía teníamos nuestra primera parada en la iglesia de Boyana, una iglesia ortodoxa búlgara medieval y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1979. Pero para nuestro pesar estaba cerrada debido a que era el día de Navidad.
Llegamos a Plovdiv y mientras unos recogían las llaves y dejaban las maletas en el AirBnb que teníamos en la calle Konstantin Stoilov, en pleno centro de la ciudad, otros iban a aparcar o a intentarlo porque no fue para nada fácil. Después de una hora conseguimos aparcar a las afueras de la ciudad.
Y directos a buscar sitio para hacer la comida de Navidad, pero con el mismo resultado, todo lleno. Al final acabamos en un italiano, Gusto Restaurant donde tardaron más de 45 minutos desde que trajeron el primer plato y en servirnos a todos. No habíamos empezado con muy bien pie en la ciudad.
Plovdiv es la segunda ciudad más poblada de Bulgaria y se encuentra entre las 5 ciudades más antiguas del mundo y la primera en Europa. Se han conservado algunas de los mejores logros de la arquitectura revival búlgara: fortalezas, edificios públicos, antiguo anfiteatro, acueducto romano y mucho más… por lo que aparte del centro de la ciudad, está el casco histórico a apenas 10 minutos.
Por la tarde fuimos a pasear por la calle principal Knyaz Alexander I y por un conjunto de callecitas que estaban muy animadas por la tarde-noche: Hristo Dyukmedzhiev, Zagreb y Pavel Kurtevich. Y cómo estábamos cerca, cruzamos la avenida Tsar Boris III Obedinitel para una primera inmersión en el casco antiguo, donde apenas sin gente pudimos disfrutar de sus calles empedradas y bellísimas construcciones de “renacimiento bulgaro”; este estilo, además de muy bello, es muy original (influencias otomanas, rusas, mediterráneas…)
Día 4: Plovdiv
Tocaba volver al casco antiguo de Plovdiv para intentar verlo con tranquilidad y sosiego. Las paradas que fuimos haciendo, entre restos arquitectónicos de hace milenios y casas representativas del Renacimiento búlgaro, fueron alguna de las siguientes (no pudimos verlo todo debido a que era festivo y algunas estaban cerradas):
Teatro romano de Plovdiv: para ver las principales atracciones tienes que comprar un ticket para entrar en los lugares más emblemáticos de la ciudad antigua y cuesta unos 7€. En su origen tuvo capacidad para entre 5000 y 7000 espectadores y en la actualidad sigue en uso gracias a su buen estado de conservación
Casa de Balabanov: La casa fue construida a principios del siglo XIX por un rico comerciante.
Museo Etnográfico Regional: alberga una colección de más de 40.000 artefactos pertenecientes a disciplinas como agricultura, artesanía, telas, vestimenta, mobiliario, instrumentos musicales, artefactos religiosos y obras de arte.
Casa de Nedkovich: de 1863, tras atravesar un precioso patio repleto de árboles encontramos la casa que se conserva tal y como era cuando se vivía en ella.
Casa de Veren Stambolyan: una de las casas más bonitas que se conservan en Plovdiv, construida a mediados del siglo XIX y con una decoración en blanco y azul que le da un aire mediterráneo. Acoge la exposición permanente de un pintor de la ciudad, Dimitar Kirov.
Casa-museo Klianti: de mediados del siglo XVIII, es una de las residencias más antiguas que se conservan y una de las primeras casas asimétricas de la ciudad.
La Farmacia Hipócrates: narra los inicios de la farmacia moderna en Bulgaria. Está en perfecto estado y te transporta a la época de finales del Imperio Otomano y las primeras décadas de la Bulgaria recién liberada.
Casa de Lamartine: casa barroca que acogió a Alphonse de Lamartine durante tres noches en julio de 1833 durante la redacción de su Viaje a Oriente. Hay un pequeño museo dedicado al escritor.
Casa de Hindliyan: de 1834, representa una de las pocas casas de Plovdiv que han conservado su diseño simétrico original. Su propietario es conocido como el fundador de una de las cuatro familias más ricas de ascendencia armenia. Fue un destacado comerciante, cuyos negocios a principios del siglo XIX le enviaban con frecuencia hasta la India, por lo que se ganó el apodo de Hindliyan.
Casa-museo de Atanas Krastev: casa del difunto alcalde de Plovdiv, Atanas Krastev, que conserva un comedor, una sala de estar y un estudio.
Puerta Hisar Kapia: puerta medieval del siglo XI. Es una de las tres entradas a la acrópolis de la antigua Plovdiv.
Iglesia de San Constantino y Santa Elena: Se considera una de las iglesias más antiguas de la ciudad ya que fue construida en 337 aunque a lo largo de los años ha sido destruida y reconstruida varias veces. El edificio actual se construyó en 1832 con un gran iconostasio tallado en madera y donde pudimos ver como lo estaban restaurando.
Casas de antigüedades: Repletas de artículos de todas las épocas, encontramos un buen recuerdo para llevarnos a casa. Gran variedad de objetos viejos, antiguos, tradicionales, artesanos… a muy buen precio.
A parte de todas estas paradas, el paseo es apoteósico entre todas estas joyas:
A mitad mañana nos gusta siempre parar a tomar un café y esta vez lo hicimos en Rahat Tepe, un restaurante-cafetería con unas vistas de la ciudad increíbles y que nos habían recomendado nuestros amigos José Maria y Noemí.
Para comer fuimos a un Libanés que había justo debajo de casa, Mayriges Lebanese Cuisine. Ya que no habíamos podido ir al Líbano, el Líbano venía a nosotros. Y la comida fue espectacular.
Yo que soy muy de postres y siempre me dejo un huequito, había visto que en nuestra misma calle había una cafetería turca que estaba siempre a rebosar con unos dulces turcos espectaculares. Así que fuimos allí a por un delicioso remate.
Después de un merecido descanso fuimos a recorrer los puntos claves del centro de Plovdiv:
Mezquita Dzhumaya: templo islámico ubicado en el centro, construido en 1364 tras la conquista de Plovdiv por el Imperio otomano.
Estadio romano de Trimontium: Justo al lado de la mezquita se encuentra parte de este antiguo estadio romano construido en el siglo II.
Estatua de Milio: es una estatua de bronce en tamaño natural que se encuentra en la calle principal y de la que la historia dice que era una persona inteligente, pero otros dicen que era un loco y que pasa los cotilleos de unos a otros, por eso hay que decirle tus deseos al oído para que se cumplan.
Odeon romano: fue descubierto en 1988 y era la casa del consejo de ciudadanos de la antigua Plovdiv.
Basílica menor: es un edificio muy moderno que alberga en su interior restos de la basílica. Pensamos que igual podíamos entrar con los tickets que habíamos comprado por la mañana pero solo incluía las atracciones de casco antiguo. Así que solo lo vimos desde la puerta.
Jardín del zar Simeón: el gran parque del centro de la ciudad. Fue creado en 1892 para la Primera Feria Internacional de Bulgaria. Cuenta con unas Fuentes Cantantes con luces de colores y agua que nosotros no vimos en funcionamiento, en su lugar lo habían llenado todo de luces navideñas.
Y con una idea muy amplia de lo que fue y de lo que es Plovdiv hoy en día, cenamos y fuimos a descansar para visitar una nueva ciudad.
Día 5: Plovdiv – Veliko Tarnovo
213 kilómetros y casi 3 horas de viaje separan Plovdiv de Veliko Tarnovo. Veliko Tarnovo es el centro cultural del norte de Bulgaria, atesora un gran patrimonio histórico de gran valor y es nombrada como la capital de los zares medievales de Bulgaria.
Fuimos directos al Yantra Grand Hotel donde nos hospedaríamos las siguientes dos noches y donde pudimos aparcar el coche en la puerta sin problema. Como era la hora de comer fuimos al restaurante Shtasliveca que es el mejor valorado de la ciudad con más de 11.000 reseñas positivas.
Nos tocó esperar unos 5 minutos en la puerta hasta que nos llevaron a una terraza cerrada con vistas a la ciudad. El restaurante tiene dos pisos por lo que aunque haya cola suele ir muy rápido. Todos optamos por un plato de carne, pero yo me quedo con el mío de Musaca. Es un plato tradicional de los Balcanes a base de berenjena con carne y estaba espectacular. Se me hace la boca agua solo de recordarlo. De postre pedimos la tarta de la casa y para chuparse los dedos también.
Por la tarde paseamos por la calle principal Stefan Stambolov y por General Gurko una callecita con mucho encanto y muy fotogénica, hasta llegar a la Galería Estatal de Arte de Veliko Tarnovo que es una de las más antiguas y ricas del país. Fundada en 1934, la galería recoge obras de artistas búlgaros y muestra el desarrollo del arte búlgaro a lo largo de los años.
Justo al lado está el monumento a la dinastía Asen. La familia Asen fundó una poderosa dinastía y gobernó Bulgaria durante un siglo. El monumento mira hacia el río Yantra y el casco antiguo. Las estatuas representan a los cuatro primeros zares Asen: Iván, Pedro, Kaloyan y Asen II. Cada zar empuña una espada sobre un caballo erguido sobre sus patas traseras. Los 4 rodean una enorme espada que apunta al cielo.
Volvimos paseando al hotel a disfrutar de la piscina y del jacuzzi, y a cenar al lado de unos ventanales con vistas a la fortaleza de Trapezitsa.
Día 6: Veliko Tarnovo
Hoy por la mañana tomábamos el coche para visitar Arbanasi y el puente del obispo.
Arbanasi está situado a 4km de Veliko, cuenta con 300 habitantes y está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XV, cuando un grupo de cristianos del sur fundaron el pueblo. El siglo XVI fue la época dorada del pueblo ya que fue la residencia de verano de los zares búlgaros.
Visitamos la Iglesia de la Natividad de Cristo que desde el exterior los muros de piedra impiden adivinar las espléndidas escenas religiosas que aguardan en su interior. Además es muy curiosa ya que pese a su planta rectangular posee una laberíntica distribución de sus estancias. Pero sin duda lo que más nos sorprendió es que cada centímetro de la iglesia se encuentra decorado y a diferencia de otras iglesias podemos encontrar a parte de las pinturas bíblicas tradicionales, el árbol de Jesé, imágenes de antiguos filósofos y poetas griegos, como Homero, Aristóteles o Platón y hasta el horóscopo. El precio por persona es de 5€.
En el viaje de vuelta paramos en el Puente del Obispo. Tiene cimientos de piedra y una estructura con viga de madera en la parte superior, y su nombre se debe a que está cerca de la diócesis de Tarnovo. Hicimos unas fotos maravillosas desde aquí.
Dejamos el coche en el hotel y fuimos andando a la joya de la corona, la imponente Fortaleza Tsarevets. Aunque ha sufrido estragos a lo largo de los siglos, los restos de torres fortificadas, la muralla, edificios civiles e iglesias, permiten imaginar el poder que ejercieron los zares búlgaros en la Edad Media. Las vistas con el dron son sencillamente espectaculares.
Era la hora de comer y adivinad dónde fuimos, efectivamente volvimos al restaurante Shtasliveca. Hoy decidimos cambiar de plato aunque me hubiese vuelto a comer la Musaca. Me decanté por una ensalada, para ir más ligera, que estaba riquísima.
Por la tarde paseamos por otra de las calles comerciales y peatonales que empezaba o terminaba enfrente del hotel. La calle Rakovski es un tramo para pasear y hacer compras de productos típicos u obras de artesanos. Además proliferaron posadas, panaderías y talleres.
Para terminar el día lo mismo de la noche anterior, piscina y cena con vistas.
Día 7: Veliko Tarnovo – Koprivshtitsa
Última parada antes de volver a Sofía. El viaje iba llegando a su fin, pero ya no sentíamos esa pena de separarnos porque ahora todos volvíamos juntos a casa.
De Veliko a Koprivshtitsa hay 185 km y 3 horas de viaje. Desayunamos en el amplio bufet del hotel y pusimos la directa a nuestro nuevo destino.
Está situada en el centro del país y es conocida por su auténtica arquitectura búlgara ya que cuenta con un gran número de monumentos arquitectónicos de época, 383 en total, la mayoría de los cuales han sido restauradas a su apariencia original. Además en este pueblo desde 1965 se celebra cada 5 años el Festival Nacional de Folclore búlgaro.
Para entrar al pueblo con coche no os fiéis de Google Maps puesto que os puede meter por calles excesivamente estrechas y éste es un pueblo que se encuentra en la falda de la montaña y que las temperaturas aquí son mucho más bajas; nosotros nos encontramos con nieve y placas de hielo. Por lo que meter un Audi A7 por ahí no fue la mejor opción.
Después de dejar las maletas fuimos a dar una pequeña vuelta por las solitarias calles con cuidado de no resbalar aunque ya os adelanto que alguno falló en el intento. Dimos con el restaurante Diado Liben, una casa típica búlgara con comida típica y música que podría ser sacada de mi Playlist. Aquí probamos las famosas Meatballs entre otra comida local.
Por la tarde vimos lo más destacable:
Casa Museo Oslekova: de 1856, desde la calle es imposible distinguir la casa, pero una vez cruzas la gran puerta de madera se abre ante ti una de las casas más bonitas y originales.
Casa Museo Todor Kableshkov: aquí nació uno de los revolucionarios búlgaros, Todor Kableshkov. Para la construcción de esta casa se tomó como ejemplo el estilo de las casas viejas en Plovdiv.
Iglesia Sveta Bogoroditsa: con una fachada azul muy característica, la vimos solo desde fuera ya que estaba cerrada.
Campanario: paseando nos encontramos con un campanario, al que algunos nos atrevimos a subir por escaleras de madera de dudosa fiabilidad y de donde habían unas vistas espectaculares del pueblo.
Nos dejamos perder por los callejones empedrados del pueblo mientras descubrimos cada uno de sus rincones.
Día 8: Koprivshtitsa– Sofía
Recogimos el equipaje y salimos hacia Sofía. Desayunamos por el camino. Devolvimos el coche en la calle del hotel y fuimos a terminar de patear Sofía y conocer más rincones. Entre ellos el complejo cultural Ancient Serdika y es que los restos de la antigua fortaleza romana, casas, alcantarillado y cerámicas fueron halladas durante la construcción de la estación de metro Serdika.
Para comer no innovamos, fuimos al Happy Grill a por una buena hamburguesa.
Por la tarde aprovechamos para visitar por dentro la Catedral de Sveta-Nedelya, una iglesia ortodoxa que se encuentra al principio de la calle principal de Sofía.
También vimos por fuera el Palacio Nacional de la Cultura y el parque con su mismo nombre. Muy prescindible.
Y terminamos en la Iglesia de Sveti Georgi, la iglesia paleocristiana está considerada el edificio más antiguo de la Sofía moderna y pertenece a la Iglesia Ortodoxa Búlgara. Tiene una estructura cilíndrica con cúpula construida sobre una base cuadrada y está escondida entre los edificios. Al salir dimos con el cambio de guardia de los soldados, ataviados con uniformes rojos y blancos del siglo XIX, que custodian día y noche el edificio de la Presidencia de Sofía, no lo sabíamos pero se realiza cada hora en punto en la puerta principal del edificio en la calle Lege.
Día 9: Sofia – Castellón
Y aquí se acaba mi viaje de 5 semanas por el mundo. Nuestro vuelo salía a las 13.00h de Sofía a Barcelona y luego teníamos que ir hasta Castellón.
Y yo sin saberlo volvería en un par de semanas a Barcelona, para quedarme.
CONCLUSIONES:
De forma general considero que hay que hacer una valoración bastante positiva de este viaje. Los aspectos más importantes a destacar serían los siguientes:
Los precios en general se encuentran por debajo de los de España:
El metro cuesta aproximadamente 1 euro cada viaje.
Una comida completa y a la carta puede salir de 15 a 20 euros.
El coche por 5 días nos costó 160 euros aproximadamente (aunque aquí matizaré después).
Los hoteles nos salieron por una media de 60 o 70 euros la noche. Recuerdo que estuvimos en plena semana de Navidad lo cual puede influir a que estos precios sean más altos de lo habitual.
Sofía es una ciudad que se ve en 2 días con total tranquilidad. Tiene la calle principal, una calle bastante comercial y animada, y aparte, está la parte más monumental donde están La Catedral, la iglesia Rusa, los museos más importantes, los teatros… Puesto que estuvimos más de 3 días anduvimos por lugares que no formaban parte de los recorridos turísticos; pensamos que encontraríamos lugares de interés por su mayor autenticidad, con encanto,… pero lo cierto es que no fue así. Es una ciudad en la que no hay mucho más que ver salvo lo señalado como turístico.
El recorrido que hicimos: Sofia, Plovdiv, Veliko Tarnovo, Koprivshtitsa, Sofía, es un recorrido muy cómodo puesto que son distancias muy asumibles y de carreteras en buen estado. Además con este recorrido se ven 3 ciudades, la capital del país y otras dos ciudades con mucho contenido histórico y muy diferentes entre sí y ambas muy bonitas. Koprivshtitsa es un pueblo muy bonito, pero su atractivo reside en las casas del renacimiento búlgaro de las que en Plovdiv ya se han visto muchas. Yo ahora aconsejaría cambiar esta última parada por alguno de los pueblos con balneario.
La gente en general es amable, pero tenemos que reconocer que nos encontramos con un número elevado de personas que tuvieron un trato con nosotros muy frío e incluso antipático y desagradable. A pesar de ello creemos que no es suficiente indicio para sacar conclusiones para valorar a la población búlgara.
Repetir que nuestro viaje fue del día 24 al 31 de diciembre, plena navidad. Que en Bulgaria los días 24, 25, 26 y 27 de diciembre son fiestas ¡Cuatro días de fiestas seguidos! Esto puede condicionar un poco el viaje, no sabemos si para bien o para mal.
Por último quiero hacer una advertencia importante sobre el alquiler del coche. Nosotros hicimos una reserva por internet desde España, pero nos la anularon dos o tres días antes por lo que decidimos hacerla desde Sofía. Preguntamos en el aeropuerto y los precios subían muy significativamente. Por internet vimos que los precios bajaban, por lo que contratamos con Carjet. Pagamos 160 por el alquiler y 316 euros de depósito que devuelven a los pocos días del retorno del coche. En nuestro caso, el dinero del depósito no nos lo han devuelto cuando ya han pasado casi 3 meses y además sin habernos dado ninguna explicación a pesar de múltiples llamadas que hemos realizado. Por lo tanto, os aconsejamos que comprobéis bien la fiabilidad de la empresa.
Viajar primero te deja sin palabras y luego te convierte en un narrador de historias.
Bienvenidos a un nuevo Vuelo, éste es muy especial. Mi primer Gran Viaje sola. Después de estar viviendo un año en Sydney toca volver a casa, pero antes voy a hacer alguna parada por el camino. Así que, si me acompañáis en este Vuelo, descubriremos juntos Indonesia, Vietnam, Camboya y Tailandia.
Desde que decidí ir a Australia uno de mis objetivos era viajar todo lo posible y lo he hecho en gran medida, descubriendo gran parte de Australia, Fiyi, Nueva Zelanda y Corea. Pero una cosa tenía clara, quería seguir descubriendo el Sudeste Asiático ya que me encantó cuando vine hace 6 años y como queda relativamente cerca de Australia decidí, antes de volver a España, descubrir esta zona. Sin duda podría decir que este ha sido uno de los mejores años de mi vida y quería cerrarlo a lo grande.
Tenía 4 semanas desde que se me acabó la visa australiana hasta que me reencontraría con mi familia en Bulgaria para pasar juntos la Navidad, así que el viaje quedaría estructurado de la siguiente forma:
Indonesia: 27 noviembre – 5 diciembre (8 días)
Vietnam: 5 diciembre – 12 diciembre (7 días)
Camboya: 12 diciembre – 16 diciembre (4 días)
Tailandia: 16 diciembre – 23 diciembre (7 días)
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.
Y lo mejor es que gracias a vosotros, me han dado un 5% de descuento si reservas tu seguro desde este enlace
INDONESIA:
Día 1, Sidney – Ubud:
Después de despedirme de mis amigos en Sydney me fui al aeropuerto; a las 6am salía mi vuelo y aunque no era consciente me despedía de la mejor ciudad en la que he vivido hasta la fecha. Pero antes de volver a casa me iba a regalar un viaje con el que había soñado mucho tiempo.
Primera parada, Bali. Llegué a las 10am a Denpasar y cogí un taxi con la app Grab (480k idr – 30€) para ir a Ubud, donde pasaría las siguientes 4 noches. Después de una hora y media (las distancias son cortas, pero debido al mal estado de las carretera y el tráfico se tarda mucho tiempo en llegar de un sitio a otro) llegué a mi alojamiento In Da Lodge, para este viaje mochilero había escogido hostels, ya que al viajar sola es la mejor opción para conocer gente y hacer planes. El alojamiento se encontraba en una de las calles principales de Ubud, Jalan Raya.
En Bali iba a coincidir varios días con mi amiga Carolina y sus amigos Alex y Asier, así que hice el check-in y me fui en su búsqueda. Tras el encuentro fuimos a comer. Tuve mi introducción a la comida balinesa probando el plato más típico, Nasi Goreng, compuesto de arroz frito cocinado con salsa de soja dulce y acompañado de huevo frito, pollo y pan de gamba.
Carolina y yo nos conocimos cuando vivíamos en Dublín y este año coincidimos viviendo en Australia. Aunque ella ha vivido en la zona de Gold Coast hemos realizado dos encuentros, uno en su ciudad de acogida y otro en la mía, Sydney. Me hacía mucha ilusión coincidir en Bali de nuevo con ella.
Después de comer nos fuimos a las cascadas Tibumana a refrescarnos. Bali alberga algunas de las mejores cascadas del mundo, cascadas formadas por corrientes de aguas que brotan de los acantilados rocosos.
La verdad es que esta cascada estaba llena de gente, ya que está bastante cerca del centro de Ubud, pero había un club con una piscina espectacular y allí que fuimos a tomarnos algo y bañarnos. Después de una hora y media volvimos al coche, acordamos con el taxista que nos llevase, esperase y nos llevase de vuelta por unos 300k idr – 18€.
Al llegar a Ubud nos fuimos de compras al mercado Ubud Art Market y como ya teníamos una referencia de precios nos pusimos a regatear… al final te sientes mal porque te estás peleando por un euro más o menos. Y cuando parecía imposible, al final llegué al precio que quería por unos pantalones típicos balineses (90k idr – 5€) y una figurita para la colección que hace mi madre. De ahí nos fuimos a cenar y seguir probando platos típicos, para esta ocasión me decanté por un pollo satay (cada plato cuesta alrededor de 30k idr, 2€).
Nos despedimos hasta el viernes que volveríamos a coincidir.
Día 2, Ubud:
Me desperté temprano como siempre, 6.20am. (Mi madre ya me está amenazando para que españolice mis horarios y no tocar diana tan pronto cuando vuelva a casa). Y es que hay costumbres australianas que me han gustado mucho y ya las he incorporado a mi día a día, como el despertarme con el amanecer.
Esperé que se hiciesen las 8 am para desayunar y mientras esperaba en la terraza del hostal conocí a Carla, una alicantina que también vivía en Australia y estaba de vacaciones en Bali. Así que después de 2 horas de charla decidimos alquilar una moto e irnos a descubrir.
Elegimos como destino final el templo más grande de Bali, Pura Besakih. Pero por el camino parariamos en las cascadas de Goa Giri Campuhan (25k ird – 1.5€). Nos pusimos a andar entre campos de arroz donde nos íbamos encontrando con algún local, pero hacía kilómetros que habíamos dejado de ver turistas por la carretera. Después de atravesar varias cuevas se abrió ante nosotras un espacio con 3 cascadas donde no había nadie.
Después de disfrutar de este paraíso emprendimos la vuelta bajo el sol abrasador hacia la moto. Al llegar dos locales nos invitaron a sentarnos con ellas, nos dieron agua y un snack local hecho a base de cacahuetes y un poco de picante.
Nuestro siguiente destino estaba a 20 minutos, pero pasados 5 minutos empezó a jarrear y es que era época de lluvias en el país. Así que en el primer ‘restaurante’ paramos a comer y a esperar a que se disipase la lluvia. Aquí es mejor no mirar la cocina y pensar que el calor lo mata todo. Eso sí, estaba buenísimo, comimos las dos por 30k ird, 1€ por persona.
Cogimos la moto de nuevo: la primera vez en mi vida que conduzco una moto… A mi me encanta el motor y los coches, así que lo disfruté muchísimo. Eso sí, a mi madre le comenté la aventura cuando llegué al hostel y estaba vivita y coleando
Llegamos al templo Madre de Besakih y después de pagar 5k por el parking y 90k por la entrada (5.6€ total) estábamos listas para descubrir el templo más sagrado de Bali. Cuenta con 22 templos diferentes donde el principal es Pura Penataran Agung, un extenso santuario con diferentes áreas que representan las siete capas del universo. En la parte superior del Templo Madre se encuentra Pura Pangubengan, un templo de piedra que ofrece unas vistas maravillosas del complejo.
Ahora tocaba una hora y media de moto para volver a Ubud. El paseo se hace muy ameno entre locales, templos y campos de arroz.
Fui a cenar a un restaurante que me había recomendado mi amiga Daniela, «Bus Rus» y me pedí sus favoritos. Curry de verduras y bebida de coco. Buenísimo.
Día 3, Ubud:
El día empezaba o seguía, ya que eran las 1.40am y el despertador estaba sonando, después de darme cuenta de que no era parte del sueño, me levanté y me fui a la entrada del hostal; venían a recogerme para subir el volcán Batur a las 2am. Sí, la mejor idea posible.
El monte Batur es un volcán activo con una altitud de 1717m donde la primera erupción documentada fue en 1804 y la más reciente en el 2000.
Por el camino paramos a coger energía con un banana pancake tan típico de Bali y pusimos marcha al volcán que está aproximadamente a una hora de Ubud.
Ya me habían avisado que iba a ser duro, pero en lugar de subir a la cumbre pensaba que me estaba dirigiendo al infierno. Y no es por quitarle a nadie las ganas de subir, porque ver el amanecer desde ahí arriba es una de las experiencias que jamás olvidaré… pero el calor, la cuesta y sobre todo el sueño no lo hacen nada fácil.
Después de 2 horas estábamos en la cumbre dispuestos a ver uno de los amaneceres más mágicos de nuestra vida. Y como me dijo mi amiga Mar cuando le pasé las fotos “Hay maneras y MANERAS de amanecer…”. Pues eso, inolvidable.
Redesayunamos después de ver el amanecer mientras intentábamos que los monos no nos arrebatasen la comida y caminamos hasta el coche durante una hora y veinte.
En el trayecto de vuelta al hostal no voy a negar que pegué una buena cabezada.
El resto del día me lo tomaría con relax: piscina, siesta y paseo por el centro de Ubud.
Día 4, Ubud:
Carla y Carolina ya se habían ido de Ubud y como era mi último día quería ir a Temple Of Penataran Agung Lempuyang. Estuve investigando precios de taxis y tours. Al final me decanté por un tour que me llevaría a los templos de Lempuyang y Tirta Gangga, a los arrozales de Tegalalang y a la cascada de Goa Raja por un precio de 40€ (solo el taxi al templo de Lempuyang ya valía eso).
Otro madrugón más, a las 6am me recogían. Nuestra primera parada fueron los arrozales de Tegalalang que forman parte del Paisaje Cultural de la Provincia de Bali del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y se componen de campos de arroz de color verde esmeralda trabajados por granjeros locales. Nosotros solo las disfrutamos desde arriba, aunque puedes descender por sus terrazas. La vista es simplemente espectacular.
De aquí directitos a las cascadas de Goa Raja. La caminata hasta la cascada es corta y sólo dura unos 15 minutos. Atravesando el cañón verde cubierto de musgo y los puentes de bambú llegas a ella. A diferencia de otras, aquí no había muchas escaleras y menos mal porque las agujetas eran razonables.
Al final del camino hay una gran cueva, una cascada y una piscina natural; y lo mejor de todo, estábamos solos.
Después de las fotos de rigor, no me lo pensé y me fui directa a las piscinas de spring water. Como nadie más del grupo se animó, las tuve para mí sola. Con lo que me gusta el agua…, lo disfruté muchísimo y el tenerlas totalmente para mi fue un regalo. Eso sí, no podía dejar de pensar en mi familia y en cómo lo disfrutarían.
Allí mismo tienen vestuarios y después de cambiarme nos fuimos en busca de nuestras dos últimas paradas que estaban a más de una hora de viaje y a comer.
Posiblemente sea la comida más cara del viaje, pero estaba todo riquísimo y con unas vistas espectaculares. Probé dos postres típicos, el fried banana y el arroz negro con leche de coco… uff la boca agua recordándolo. La pena, que era buffet y había comido tanto que estaba llena para el postre. No me lo perdono.
Y otra vez que me dormí. De verdad que me da hasta vergüenza esta facilidad para conciliar el sueño. Pero cuando me quise dar cuenta ya estábamos en Tirta Gangga.
Tirta Gangga es un antiguo palacio real en el este de Bali. Recibe su nombre del río sagrado Ganges en el hinduismo (donde el río Ganges y sus aguas se consideran sagrados) y destaca por el palacio real de agua Karangasem, las piscinas de baño y su templo Patirthan que ilustra la importancia histórica de Tirta Gangga en la tradición balinesa como lugar de peregrinación y de aguas sagradas.
Después de aquí nos fuimos al último templo, Lempuyang Temple, el más esperado. Si has visto fotos de Bali sin duda esta foto estará en tu mente.
Llegamos al parking y un autobús te sube a lo alto de la montaña. Un inciso, en cuanto a los precios vienen incluidos con el tour pero son: Lempuyang Temple IDR 55K, Tirta Gangga IDR 55K, Goa Raja IDR 20K, Tegalalang Rice Terrace IDR 25K. Eso sí, para el autobús que os comentaba hay que pagarlo aparte y creo que fueron unos 25K (1.5€).
Una vez arriba te cubres las piernas con el sarong y los hombros con un pañuelo en el caso de que los lleves descubiertos. Ah, y si estás con el periodo no puedes entrar; pero bueno, si has llegado ahí seguro que los dioses te perdonarían tu atrevimiento.
Este templo es uno de los Sad Kahyangan Jagad, o los «seis santuarios del mundo», los seis lugares de culto más sagrados. Pero una vez arriba sólo puedes ver la famosa puerta y una fachada. Para hacerte la famosa foto te dan turno, sí, turno; como en la pescadería. Esperamos una hora, pero no me quiero imaginar en temporada alta.
Ahora con una de las fotos más bonitas en el móvil, tocaban 2 horas y media de coche para volver al hostel.
Día 5, Nusa Penida:
Otro madrugón y seguimos para bingo, pero lo que más me fastidiaba era volver a perderme el desayuno que tenía incluido (así que mejor no reservéis con el desayuno). Me recogían a las 6.30am para llevarme al puerto de Sanur para ir a la isla de Nusa Penida y aquí os dejo este contacto (+62 856-4692-5639) porque de verdad fue un chollo, 200k – 12€ taxi y barco.
Una vez allí me esperaban en el coche Carolina, Alex y Asier para otro día repleto de risas y grandes momentos. Habíamos cogido un tour privado para que nos enseñasen la parte oeste de la isla por la mañana y que nos llevase a hacer snorkel por la tarde. Planazo ¿A que sí?
Nuestra primera parada fue la gran conocida Kelingking Beach. Entre turistas conseguimos hacernos la foto de rigor y nos planteamos la bajada a la playa, pero el guía nos comentó que había hecho mucho viento el día anterior por lo que el camino sería muy resbaladizo. Así que lo descartamos, pero si quieres hacerlo son unos 30-40 minutos. Una vez abajo está la playa donde no recomiendan bañarse debido a las olas y mareas, y tampoco te recomiendan que vayas muy tarde ya que la marea empieza a subir y se come casi la playa… todo parecen pegas, pero las vistas desde arriba valen ampliamente la pena.
Deseosos estábamos de llegar al coche por el bochorno y calor que hacía, además habíamos bajado parte del camino donde habían escaleras de cemento y estábamos un poco asfixiados.
Siguiente parada, Broken Beach y Angel Billabong. Ambos puntos están juntos.
Broken Beach es famosa por el arco que envuelve la bahía, permitiendo que el agua entre y salga del océano. Este arco se ha formado a lo largo de muchos años y ahora es un verdadero espectáculo. Por desgracia, no hay forma de bajar a la cala para darse un chapuzón.
Angel’s Billabong es otra de las atracciones más populares de Nusa Penida, con una piscina infinita natural con tonalidades esmeralda y aguas cristalinas, enmarcada por acantilados de roca y suspendida sobre el océano. Anteriormente se podía descender a las piscinas de roca para remojarse durante la marea baja, pero ahora ya no dejan.
Después nos fuimos a comer y probamos el Gado-Gado, otro típico plato balinés, elaborado con diferentes verduras típicas de la región aliñadas como ensalada con salsa de cacahuete.
Nos pusimos la ropa de baño y nos fuimos al puerto para coger el barco que nos llevaría a los siguientes puntos de snorkel: CRYSTAL BAY, MANTA BAY, GAMAT BAY y WALLPOINT.
Más o menos eran iguales, peces y corales en aguas cristalinas. Pero en Manta Bay normalmente se ven mantas gigantes. No fue nuestro día de suerte porque según nos dijo el guía están en reproducción y no se dejan ver. Aun así lo disfrutamos muchísimo. Os dejo el contacto de la compañía +6282161050050, otro gran chollo que encontramos, 1300k – 76€ los dos tours para 4 personas.
Nos devolvieron a nuestros alojamientos y me despedí de mis amigos hasta saber cuándo… Carol vuelve a Australia para otro año más… Otro momento donde se te rompe un poquito el corazón.
Aproveché lo que quedaba de tarde para zambullirme en la piscina del hostal y ponerme a redactar el viaje, porque como deje esto para el final se me va a hacer bola.
Día 6, Nusa Penida y Uluwatu:
El día de hoy lo iba a tomar para bajar revoluciones. Piscina y relax en el hostal hasta el check out. Barco de vuelta a Bali y taxi a Uluwatu.
Me alojé en el hostal Surfers House en Green Bowl Beach. Elegí este porque solo me aparecían dos cuando lo reservé y este tenía muy buen aspecto, pero ahora veo que ha aparecido otro que está mejor ubicado. Así que en unos días os cuento si vale la pena esta localización o no.
Al llegar a Uluwatu aproveché para seguir gestionando lo que queda de viaje, ponerme con el blog y darme otro buen chapuzón, porque eso sí, hay una cosa que no podía faltar en mis alojamientos… la piscina!
Teníamos la cena incluida todos los días, cosa que no sabía y que me alegró un montón. Nos sentamos todos juntos en una de las terrazas del hostel y entre preguntas como ¿De dónde vienes? ¿Qué has visitado? ¿Cuántos días llevas en Uluwatu? ¿Cuál es tu siguiente destino?… nos comimos arroz, noodles de verduras y pan de gambas.
Día 7, Uluwatu:
Hoy había quedado con un chico belga que también viajaba solo y vivía en Australia. Inciso: casi todos los alojamientos los he cogido con HostelWorld, es como booking pero solo de hostales y en cada sitio al que vas te crean un chat del alojamiento y de la ciudad en el cual puedes hacer planes con otros viajeros.
Y así nos conocimos, quedamos para desayunar cerca de su alojamiento y alquilamos una moto (100k idr – 6€) para descubrir todas las playas de la zona oeste de Uluwatu.
Empezamos en Suluban Beach, una de las playas favoritas de los surfistas. El término “Suluban” tomado del vocabulario balinés «mesulub», significa inclinarse. Antes de entrar en la playa hay que agacharse por una cueva muy estrecha y mojarse los pies.
De aquí fuimos al Templo de Uluwatu (50k idr – 3€) (entre parada y parada hay menos de 10 minutos en moto). El templo está construido en la punta (ulu) de un acantilado (watu) de 70 metros de altura, que se proyecta hacia el océano Índico. Todos los días a las 18.00 se realiza un espectáculo de danza Kecak. Aparte de esto, el templo está habitado por decenas de monos que están al acecho de tus pertenencias.
Nyang Nyang, fue la siguiente parada donde tienes que hacer un donativo para poder entrar. La playa de Nyang Nyang es una extensión virgen de 1,5 km de arena blanca. Remota y aislada por acantilados, la playa exige una larga caminata por un frondoso acantilado para llegar a ella, nosotros aparcamos la moto arriba pero cuando nos dimos cuenta de la cuesta y vimos que la gente bajaba en moto volvimos a por ella… y menos mal. Me gustó porque es una playa alejada de las multitudes, buena para el surf y para el baño.
Y mientras nos bañamos pudimos descubrir un viejo avión en lo alto de la colina, que solo se deja ver desde el agua.
De aquí fuimos a Thomas Beach, Con una extensión de 200 metros de suave arena blanca, olas turquesas y sombrillas. Este es el lugar perfecto para pasar un día nadando y tomando el sol ya que no hay muchos turistas. Puedes alquilar tablas de surf para iniciarte ya que las olas son pequeñas y además hay varios locales de comida.
Y la última parada fue Padang Padang, es uno de los puntos de surf más famosos de Bali en el que hay que pagar 15k idr para entrar. La playa estaba llena de turistas así que no bajamos.
Volví a mi hostal para una tarde de piscina y relax en las tumbonas. A las 19.30 cenamos todos juntos, charlamos y jugamos al Uno hasta casi las 12 de la noche.
Día 8, Uluwatu:
Último día en Uluwatu. Para hoy había dejado la playa que queda más cerca del hostal, Melasti Beach. Pero me desperté con anginas debido a tanto cambio de temperatura y los aires acondicionados. Fui a desayunar al restaurante que hay puerta con puerta un bowl de Dragon Fruit, fruta típica de Bali y a descansar para ver si me hacía efecto la medicación y podía salir a ver Melasti Beach.
Eso no pasó, así que me quedé intentando adelantar trabajo al ordenador y cuando me encontré un poco mejor me di un chapuzón en la piscina, preparé la maleta y cené con todos los del hostal.
Día 9 Uluwatu – Hanoi
Amanecí un poco mejor, fui a desayunar uno de esos bowls de frutas que hacen tan buenos y me tomé el último Frenadol de la caja.
Recogí mochilas y pedí un taxi por Grab (el Uber de esta zona) al aeropuerto. Después de 8 días en Indonesia tocaba cambiar de país.
Facturé y pasé controles, pero siempre con la incertidumbre de que me revisen la mochila. La llevo llena de tecnología; cámara, ordenador, iPad, GoPro y drone. No me atreví a mandar el iPad y el pc en la maleta que envié de Australia a España, así que no tuve más remedio que traérmelo todo conmigo.
Pero a lo que iba, el drone siempre me da miedo que me lo paren en los controles. Se supone que se puede llevar en el carry on pero cada país es un mundo. El drone debe ir descargado, pero normalmente no me ha dado tiempo a volarlo el tiempo necesario para gastar la batería. Hasta ahora he tenido suerte y nunca lo han comprobado.
Y después de que me parasen la mochila en el control y un mini infartito me dijeron que podía continuar y me fui en búsqueda de la puerta de embarque. Estábamos a salvo.
Era un vuelo de 5 horas a Hanoi, capital de Vietnam. Cuando estaba en el aeropuerto volví a encontrarme mal y a la media hora de vuelo empecé con mareos, angustia y a estar destemplada. Así que las 5 horas de vuelo me parecieron una eternidad.
Al llegar al aeropuerto saqué dinero en Agribank, había leído que recomendaban sacar dinero en los siguientes bancos: BIDV, MSB, VIETINBANK y AGRIBANK pero este último era el que menor comisión tenía, no llegaba a un euro (en Indonesia no tuve comisiones al sacar dinero). Suelo calcular cuánto son 100$aud (60€) y lo saco en la moneda del país. Si en el país, como es el caso de Vietnam, apenas se puede pagar con tarjeta de crédito entonces saco el doble.
Ahora sí, tenía una misión. Encontrar a alguien tan solo como yo y ofrecerle compartir un taxi al centro de Hanoi, era una hora en coche y poder compartir gastos me ayudaba un poquito. Y así lo conseguí, encontré a una joven francesa de 20 años que está haciendo la misma ruta que yo y que también se dirigía al Old Quarter. Compartimos vivencias y se suponía que también gastos hasta el destino… pero nunca me dió su parte.
Hice el check in, dejé las maletas y por fin elegí la litera de abajo porque aun no me había tocado ninguna y… no veas, siempre que estás arriba te acuerdas de que te has olvidado de algo.
Como ya me encontraba mejor fui a buscar un restaurante donde cenar algo suavecito y beberme una coca cola que me sabría a gloria.
El primer contacto con Vietnam fue maravilloso, había dejado la cámara en la habitación y no paraba de pensar en la cantidad de fotos que me estaba perdiendo.
Después de las primeras compras, me fui a descansar aunque de la emoción que tenía de estar en Vietnam y de lo que me esperaba esa semana me costó conciliar el sueño.
Día 10: Hanoi
Me desperté pronto como de costumbre y me fui a desayunar. Tenía el desayuno incluido en mi hostal, Buffalo Hostel, era un buffet con comida típica vietnamita pero también occidental.
Desayunando conocí a una chica de Boston y una chica de Alemania. Como también era el primer día de Mariangela en Hanoi, Lena, la chica alemana, nos dijo que el hostal hacía unos free tours todos los días a las 10am y que podíamos unirnos.
Fuimos mano a mano, pero a la hora y media me pareció que iba un poquito lento para mi gusto y al ser mi único día entero en Hanoi decidí separarme para conocer todo lo posible y luego me volvería a reencontrar con Mariangela.
Me dispuse a recorrer los puntos álgidos de la ciudad: Old quarter, Train St, Catedral de San José, Note Café, Beer St, Mercado Dong Xuan, Mausoleo de Ho Chi Minh, Pagoda Tran Quoc y el lago Hoan Kiem.
El casco antiguo de Hanoi, es un barrio de callejuelas estrechas que en cada rincón te recuerda la historia del país, la colonización y la guerra, a la vez que se funde con el Vietnam más contemporáneo.
Andando por las calles del casco antiguo llegué a la calle por la que pasa el tren, pero lo que me encontré al llegar es que está cerrada a los turistas y los locales tratan de hacer que vayas a sus casas / cafés para ver el paso del tren. Me agobié tanto que huí y fui en busca de otro spot donde ver el tren, quizá un poco menos turístico. Menos turístico pero con el mismo resultado, un hombre en la entrada a la calle diciendo que sólo puedes pasar si vas a su cafetería. Al final acepté.
Desde hace casi un año, las autoridades de Hanoi intentan cerrar la «calle del tren», una de las atracciones no oficiales más famosas de la ciudad, donde los trenes pasan a escasos metros de cafeterías, tiendas y casas.
La catedral de Hanoi fue construida por los franceses en el siglo XIX, catedral católica de estilo neogótico y como podréis ver en la foto con clara inspiración en la catedral de Notre Dame de París.
Hanói tiene miles de cafeterías repartidas por las calles principales y escondidas en cada rincón, pero Note Coffee ofrece una experiencia diferente. Al entrar el atractivo de este lugar es evidente.
Hay cientos de miles de notas dejadas por visitantes de todo el mundo. Toda la cafetería, que ocupa 4 plantas, está llena de pequeñas y bonitas notas adhesivas.
La calle de la Cerveza es, sencillamente, el lugar por excelencia de la vida nocturna de Hanói para locales y turistas. Es una calle repleta de barriles de cerveza fresca, donde gente de todo el mundo acude a sentarse en coloridos taburetes de plástico en pequeñas mesas de plástico. La cerveza aquí es también una de las más baratas del mundo.
El mercado Dong Xuan es un edificio de cuatro plantas de altura atiborradas de tiendas, construido en el año 1889 por los franceses. Es el mercado cubierto más grande de Hanoi y donde hice mis compras; imán, pulserita y figurita para la mesa del salón de casa.
El mausoleo de Ho Chi Minh es un enorme monumento ubicado en el centro y erguido en honor al líder revolucionario, considerado como el padre del Vietnam que conocemos hoy en día ya que encabezó la lucha por la independencia de Vietnam frente a las potencias extranjeras que lo habían colonizado. Aquí no entré y solo lo vi por fuera porque no había pensado en llevar ropa que me cubriera los hombros y rodillas y tampoco te la prestaban para poder entrar.
La Pagoda de Tran Quoc que significa «Defensa de la Patria» es una de las fotos más típicas de Hanoi y Vietnam, mide 15 metros y tiene 11 plantas (una por cada uno de los estados budistas que existen).
Y por último, el Lago Hoan Kiem que se encuentra en pleno centro y te permite escapar un poco del caos de la ciudad. En el centro del lago se ubica un pequeño islote llamado Thap Rua «La torre de la Tortuga». Estos animales han habitado durante mucho tiempo el lago, aunque tristemente debido a la contaminación cada vez son menos numerosos.
Por la tarde volví al Hostel a cargar la cámara y descansar media hora. Fui a perderme por las calles principales del Old Quarter cuando me encontré con Mariangela de nuevo y dimos otra vuelta dejándonos llevar por la gente y los puestos bajo la noche vietnamita. Además probamos un dulce que le llaman el donut vietnamita, había visto durante todo el día que lo vendían en puestos callejeros y quería probarlo. Estaba buenísimo y por solo 5k dongs (20 céntimos).
Cenamos y volvimos al hostal. Tocaba hacer maleta. Se iba a cumplir uno de mis sueños, navegar por Halong Bay.
Día 11: Hanoi – Halong Bay
Me recogían a las 8.30am en la puerta de mi hostal para ir en autobús a Halong Bay, un recorrido de 2h y media. Había escogido la compañía Pandora Cruises para mi aventura por las aguas del Halong. La verdad que no tenía ninguna referencia, estuve mirando y mirando cruceros y entre precios desorbitados encontré este (140€). Eran dos días y una noche. Me habían comentado que no hiciera el de 2 noches, que con una bastaba.
Después de varias paradas por el camino, llegamos a un pequeño barco que llevaba a mi grupo de 20 personas al crucero. Esto fue una gozada, fue muy familiar y después de un par de horas ya nos conocíamos entre todos.
Nada más llegar hicieron el reparto de camarotes y creo que fui de las que más suerte tuvo. Había dos terrazas en el barco y me tocó una de ellas. Después de haber dormido en hostales compartiendo habitación por fin tenía una habitación para mi sola. Cuando mandé el video del camarote al grupo familiar me decían entre risas “¿No era un viaje de mochilera?”
Comimos en el salón principal del barco una degustación de 5 platos diferentes de seafood y carne. Teníamos que recargar, tocaba una tarde de las que me gustan a mi. Agua, agua y más agua.
Nos subimos de nuevo en el pequeño barco que nos llevaba de un lado a otro. Primera parada, kayak. Cómo os lo diré, una piragüista haciendo piragüismo en la bahía de Halong… pura felicidad.
Para rematar tocaba zambullirse en esas aguas. De cabeza que salté por la borda. No os puedo explicar la felicidad que alcancé, pero sin duda estaba en su máximo nivel.
Volvimos al barco, me recreé duchándome con agua caliente (sí, no había sido muy habitual este lujo en Indonesia) y en la terraza viendo el atardecer. Sobre las 18.00 de la tarde fui a la cubierta para reencontrarme con la pareja de madrileños que iba también a bordo. Estuvimos hablando de nuestras vidas, de viajes y de trabajo (él había estudiado INEF como yo).
Una hora más tarde fuimos al bufet del barco a cenar, pero no me entraba más comida y aunque intenté probar un poco de todo me dio lastima no aprovecharlo más.
Ahora sí, el momento más esperado. De un salto a la cama de matrimonio y a la habitación que tenía solo para mí. Pequeños placeres que no valoraba.
Día 12: Halong Bay – Hanoi
5.30am tocaba despertarse para ver el amanecer desde uno de los sitios más apoteósicos hasta la fecha. Subí a la cubierta con mi drone, dispuesta a sacar una de las imágenes del viaje.
A las 6.15am estábamos desayunando en el bufet del barco para irnos en media hora a hacer un paseo por Dark & Light Cave. Nos subimos en barcos de remo y quedamos deslumbrados por la combinación de rocas de caliza blanca, aguas verdes esmeralda y el oscuro misterio de las cuevas… creaban una atmósfera maravillosa que hacía que esta excursión mereciera la pena.
Cuando volvimos al barco tuvimos una hora y media de tiempo libre. Yo me senté en la terraza media hora para solamente disfrutar, y el resto del tiempo me lo pasé tirada en la cama viendo el paisaje por el ventanal.
A las 10am nos dieron el brunch, otra degustación de platos típicos vietnamitas. Últimos momentos en el crucero. Sobre las 11am cogimos de nuevo el barco más pequeño para volver a tierra firme.
Sobre las 15.00 llegamos al centro de Hanoi. Fui a dar una vuelta por los alrededores de la estación de tren, zona que no conocía. Acabé en un Starbucks para refrescarme y soltar equipaje, un ratito de wifi y de ponerme al día para ir a la estación a las 18h. Tocaba otra aventura.
A las 19.20 salía mi tren de Hanoi con destino Hoi An. 15 horas de tren por delante. La primera opción fue el avión, pero, oye, con lo famosos que son los buses y trenes litera en esta zona ¿Por qué no vivirlo? Otra experiencia inolvidable.
Hay varias opciones de buses y trenes, yo como habéis podido leer me decanté por el tren. Principalmente porque me parece más seguro. Dentro de los trenes también habían diferentes opciones, pero cogí la que mejor vi. Iban a ser 15 horas de tren así que por lo menos estar cómoda.
Eran compartimentos con 4 camas. Tenían enchufe y luz individual, además de bolsitas con un piscolabis. Así que aproveché las primeras horas de trayecto antes de dormir para acordarme de vosotros y escribiros.
Día 12: Hanoi – Hoi An
Sobre las 22.30 me quedé dormida hasta las 7.30 de la mañana, nada nada mal. Dormí muy a gusto, la verdad, y no me enteré de nada y mira que era difícil con los bandazos que daba el vagón cuando cambiaba de vía.
La chica francesa y su padre que iban en el mismo compartimento que yo se bajaron en la parada anterior, Hue. Y ya me quedé sola hasta Da Nang, donde tenía que bajar para ir a Hoi An.
Estas 4 últimas horas se me hicieron pesadas, además llegamos con una hora de retraso. Nada más bajé ni pregunté si alguien más iba a Hoi An, ya que luego la jugada no me salía bien y acababa pagándole el viaje a alguien. Pedí un Grab y por unos 15€ llegué en menos de una hora a mi hostal en Hoi An, Old Fuse en pleno casco histórico.
Eran las 13.00 y con ello pude hacer el check in, dejé todo y me fui a comer uno de los platos típicos de la ciudad, el Cao Lầu (50k Dong – 2€). Un conjunto de fideos, cerdo y verdura que solo se puede encontrar aquí y se rumorea que su sabor tan único se debe al agua de un antiguo pozo secreto a las afueras de la ciudad.
Y de aquí a mi primer contacto con la ciudad. Hội An es una ciudad situada en la costa central de Vietnam conocida por su casco antiguo atravesado por canales. Cuenta con una arquitectura fusionada por épocas y estilos, desde templos y tiendas chinas de madera hasta coloridos edificios coloniales franceses, pasando por casas tubulares vietnamitas y el llamativo puente cubierto japonés, con su pagoda (actualmente en restauración).
Todo lo que vi me encantó, pero una cosa me llamó la atención… la cantidad de turistas que había. No se podía ni apenas caminar y todas las casas eran o tiendas o cafeterías para turistas. Para mi gusto le quitaba la esencia, parecía un parque temático para adultos.
Por la noche fui a cenar y a probar otro de los platos típicos vietnamitas, el Bánh Mì (30k Dong – 1,15€). Es un bocadillo típico elaborado con una baguette de pan blanco y harina de arroz. El bocadillo contiene algunos encurtidos de zanahorias, daikon, cebollas, cilantro y cerdo, paté, pollo y/o jamón york.
Para terminar el día fui a pasear por el mercado nocturno que hay al otro lado del rio y del puente japonés. Un mercado de más de 300m de largo lleno de puestos de comida y souvenirs.
Día 13: Hoi An
Para hoy tenía una excursión de todo el día a Ba Na Hills y al puente Golden Bridge. A las 7.30am nos recogían en el hostal para empezar la excursión, antes fui a una pastelería que había en la calle, donde los locales compran croissants, para desayunar.
Después de hora y media llegamos a Ba Na Hills, se trata de un complejo que está a más de 1.500 metros de altura que combina templos budistas, una réplica de una villa francesa, pagodas, juegos mecánicos y jardines temáticos. Y para llegar a él te subes en uno de los teleféricos más largos del mundo con más de 5 kilómetros de largo. Esta excursión ha sido de las más caras del viaje, 60€.
El parque cuenta con dos parques conectados por teleféricos, en el primer piso encontramos al gran conocido Golden Bridge o puente de las manos. Si googleas ‘fotos de Vietnam’ esta es una de las fotos que encontrarás. Y como en las fotos, impresionante. Después fuimos a ver los jardines temáticos, templos y un buda de 27 metros.
Había conocido a Eve, una chica canadiense que también se hospedaba en mi hostal y pasaríamos el día juntas por Ba Na Hills.
Después de dedicarle una primera hora a este ‘piso’ nos fuimos a por el siguiente. El guía nos llevó a coger un tren que nos llevaría a uno de los extremos, para ver en uno de los edificios una película 3D de 15 minutos. Era una sala de cine inmensa, con asientos que se movían. En otra de las salas del edificio vimos otra película en la que sobrevolabas el mundo, literalmente. Subidos en unos asientos que se sostenían en el vacío y se movían, parecía que estuvieras sobrevolando ciudades como Sydney, Dubai, París, El Cairo… muy muy realista.
Después de pasar una hora en esta zona fuimos a comer a uno de los bufetes del parque, bueno…, sin comentarios. El buffet más grande y espectacular que he visto. Comida de todas las partes del mundo y un sinfín de diferentes bebidas.
Para terminar fuimos a la zona de ocio Fantasy Park, dividida en tres plantas con salones recreativos, coches de choque, películas en 3D, 4D y 5D, torre de caída libre… entre otras. Al aire libre también se encuentra Alpine Coaster que es una montaña rusa y sillas voladoras.
A las 16.00 cogimos los teleféricos para volver al minibus y a Hoi An. Si tienes varios días en Hoi An o Da Nang me parece una actividad muy diferente para realizar. A mi me gustó mucho.
Cuando llegamos al hostal aproveché para llevar mi ropa a la lavandería y darme una ducha para salir a cenar y dar una vuelta con Eve por otro de los mercados nocturnos de Hoi An.
Día 14: Hoi An
A las 8am ya estaba en marcha, quedé con Eve para coger desayuno en la pastelería de al lado del hostal y dar una vuelta por los callejones que dan a la zona antigua de la ciudad.
Más tarde me quedé sola ya que Eve tenía una excursión en bici por la ciudad. Y como siempre dice la gente que viaja sola ‘nunca te encontrarás solo’ siempre hay gente que va formando parte de tu viaje y deja un poco de su esencia en ti para hacerlo aún más inolvidable.
Era temprano y los turistas aún no habían asaltado las calles, así que aproveché para recorrer Hoi An de punta a punta e ir visitando todos los destacados de mi mapa.
El centro histórico de Hoi An tiene el honor de ser el mejor conservado de todo Vietnam. Sus calles y su conjunto de edificios han sido nombrados patrimonio de la humanidad por la Unesco. Para visitar los lugares más destacados se necesita comprar un bono turístico de 5 entradas que cuesta 120.000 VND (5€), yo tuve la suerte de que la pareja de madrileños que conocí en Halong Bay me dió sus 4 entradas sobrantes. Hay 22 lugares de interés en total que abren de 8am a 6pm más o menos.
La casa Tan Ky
Al estilo de las “casas tubo” vietnamitas. Sus propietarios eran una familia china, por lo que su construcción se hizo siguiendo los principios del ying y el yang.
La casa Phun Hung
También construida por una familia de mercaderes chinos. Está sustentada sobre ocho robustas columnas de madera con base de mármol. Dispone de una abertura en el techo, que servía para poner a salvo las mercancías durante las inundaciones.
Asamblea Phuc Kien
Los mercaderes chinos de Hoi An se identificaban por su provincia de origen. Cada comunidad construyó un lugar de reunión para celebrar diversos actos sociales o encuentros. La más famosa y la más antigua que ver es esta, la antigua pagoda transformada en asamblea en el XVIII.
Mantiene su carácter sacro, con varios altares dedicados a varios dioses chinos y a las diosas del mar. Este fue de los que más me impresionó y el primer lugar donde gasté uno de mis tickets. Tras su puerta rosa de tres arcos encontraréis un bonito patio. El templo que hay en su interior está dedicado a la diosa Thien Hau, la diosa del mar de los inmigrantes de Fujian.
Asamblea cantonesa Quang Trieu
Uno de los edificios que más me impresionó. En su interior alberga unas coloridas estatuas de dragones y un altar dedicado a Quan Cong, un respetado general.
Asamblea china Hoa Van
Aquí tuve suerte y como era temprano aún no había nadie pidiendo el ticket. No tiene tampoco mucho interés y tampoco encuentro mucha información, probablemente por eso no pidan ticket.
Ba Mu temple gate
La puerta del templo Ba Mu fue una de las primeras cosas que vi. Es una puerta presidida por un estanque repleto de nenúfares, pero sin nada al otro lado.
Puente Japonés Cubierto
Se trata de la obra arquitectónica más interesante que ver y que actualmente está en obras. Este puente fue construido sobre el río Thu Bon por la comunidad de mercaderes japoneses instalados en la ciudad.
La capilla de la familia Tran
Se encuentra en un jardín de mil quinientos metros cuadrados en pleno casco histórico, junto a la casa familiar. Plantas, flores, árboles centenarios y arquitectura cumplen con los preceptos del Feng Shui, para crear un lugar “fuera del mundo”.
Templo Quan Cong
Se construyó en 1653 como lugar de culto dedicado a un general chino del mismo nombre. El templo deslumbra con sus colores rojo, amarillo y verde, y los motivos decorativos siguen conservando su esplendor hasta día de hoy.
Después de darme este baño de templos, casas, patios y asambleas me fui al mercado local que está situado entre las calles Hoang Dieu y Tieu La. Un mercado muy auténtico donde los locales compran pescado, carne, verdura, fruta… desde las 6 de la mañana. Estaba en pleno bullicio y eso me encanta, lo disfruté muchísimo.
Fui a comer otra vez al lugar de los bocadillos típicos y me pedí uno diferente, tienen 6 tipos diferentes entre vegetales, de pollo, de cerdo y una mezcla de todos.
Fui a descansar un rato al hostal y ponerme con las fotos para mandar a mi familia y amigos y a las 3pm tenía la actividad de los barcos de bambú. La había cogido con el hostal por unos 6€. Nos llevaban y traían, así que era muy cómodo y al viajar sola abarataba costes.
Las barcas cesta se fabrican con bambú y hojas de palma y el secreto de su flotabilidad reside en la aplicación de una mezcla especial de resina y alquitrán que impermeabiliza la embarcación.
La historia de estas barcas se remonta a hace más de 2.000 años cuando fueron diseñadas para pescar en aguas poco profundas, la forma circular de estas barcas permitía a los pescadores desplazarse con facilidad y recoger los peces de sus redes.
Curiosamente, hay quien dice que la barca cesta se introdujo en Vietnam durante el periodo colonial francés como forma de evitar los excesivos impuestos sobre la propiedad de embarcaciones. Los franceses creían que una barca cesta no era un barco, sino una cesta, y por eso no gravaban al propietario.
Después de esta excursión de una hora y media volví al hostal a por mi ropa de la lavandería y a preparar mi maleta, en menos de 24h volaba a un nuevo país.
Día 15: Hoi An – Siem Reap
Mi vuelo era a las 17.00 por lo que tenía toda la mañana por delante para despedirme de Hoi An. Fui a desayunar a mi pastelería de confianza y a perderme por alguna de las calles que me quedaban para luego dar una última vuelta por el mercado que tanta vitalidad tenía por la mañana. También volví a disfrutar de cada una de las calles del casco antiguo.
Para comer fui al restaurante de bocadillos cercano a mi hostal y a por el postre a Mixue que es una cadena de tés y helados que he ido encontrando durante todo mi viaje y es muy económica, todo por menos de un euro. Y así gasté todos los Dongs que me quedaban.
Reservé el taxi con mi hostal, un minibús que iba recogiendo a gente y nos llevaba al aeropuerto. Tres veces más barato que pedir un taxi para mi sola.
En el minibús conocí a una pareja de españoles que también tenían el mismo vuelo que yo, así que quedamos de compartir también transporte una vez llegásemos a Camboya.
Era hora de embarcar y yo no veía mucha gente… nos subimos al bus que nos llevaría al avión y ¡sorpresa! Era un avión de hélices, con razón no había gente.
Solo me había subido una vez a uno para ir a Lisboa y la verdad que me hizo ilusión, fue un vuelo de 2 horas pero que me pasó volando, nunca mejor dicho.
Cambodia utiliza el dólar americano además de su moneda local, el Riel, por lo que todo es mucho más caro, sobre todo el transporte del aeropuerto al centro de Siem Reap.
El anterior aeropuerto quedaba a 15 minutos del centro, pero desde Octubre hay un nuevo aeropuerto que está a una hora y cuesta unos 28€. Menos mal que iba con la pareja española y pudimos dividirlo entre los 3.
Durante el trayecto lo que más me llamó la atención es la poca o nula iluminación que había en las calles. Por lo que cuando llegué sobre las 21.00 hice el check in, saqué dinero, pagué dos excursiones en el hostal y allí me quedé. Normalmente salgo a dar una vuelta, pero no me causó mucha confianza la poca visibilidad.
Día 16: Siem Reap
Eran las 7 am y estaba llena de ilusión, hoy iba a descubrir un Patrimonio de la Humanidad y la razón de estar en Camboya, los templos de Angkor Wat.
Son unos 70 templos que cuentan con más de 400 kilómetros cuadrados. Sin embargo, hay dos circuitos, el Circuito Corto y el Circuito Largo, que recorren los principales templos y que dan una idea más que suficiente de la importancia y belleza de Angkor Wat. Yo había escogido la excursión de 11 horas con el hostal para hacer el circuito corto.
Antes de empezar con el tour fuimos a por las entradas, 37$ para un día o 62$ para 3 días; son las entradas más comunes, aunque también existe la de 5 días por 72$.
De aquí el mini bus nos llevó a la entrada, a parte de los 37$ pagué 20$ por el tour que contaba con minibus, agua, toallas refrescantes y guía. Aunque también puedes ir por tu cuenta y contratar un tuk tuk que te vaya llevando de un templo a otro por unos 20$.
Una vez allí nos introdujimos en la capital del antiguo Imperio jemer, que dominó gran parte del Sudeste Asiático, fue abandonada en el siglo XV, hasta ser ‘redescubierta’ por el francés Henri Mouhot en 1860.
Angkor es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del Sudeste Asiático. Destaca además del templo de Angkor Wat, el templo de Bayon en Angkor Thom.
Angkor Wat tiene forma rectangular, ocupa 2 km2 y está rodeado por un gran foso. En el centro del recinto se levanta la estructura principal del templo, en el que sobresalen cinco prasat, torres con una forma piramidal típicas de la arquitectura jemer y que representan el monte Meru, hogar de los deva (dioses) en la mitología hindú. Las paredes de Angkor Wat son un museo al aire libre, con gran cantidad de estatuas que invitan a pasarse horas contemplando seres mitológicos, escenas de la corte o representaciones de las batallas libradas… nosotros destinamos casi 3 horas a este templo.
Hicimos una breve parada para comer y fuimos a visitar los templos de Ta ProhmyBayón.
El Templo de Ta Prohm igual os suena de la película Tomb Raider. Es un templo jemer de finales del siglo XII y a diferencia de los otros templos, este cuenta con enormes higueras y cedros que han cubierto con sus raíces gran parte del edificio.
Y antes de ir a ver el atardecer, despedimos el día en el templo Bayon. Fue construido en estilo budista a finales del siglo XII, conocido por sus 54 torres y cerca de 200 enigmáticas caras sonrientes.
Todos estos templos me parecieron espectaculares y sobre todo el pensar cómo en el año 800 d.c fueron capaces de hacer tales obras de arte, con tantos detalles y tan pocas herramientas.
Fuimos a ver el atardecer a lo alto de la colina Phnom Bakheng. Tras un paseo de unos 15 minutos y unos 70 metros de altura, obtienes unas vistas espectaculares desde lo alto de unos restos de templo.
Para mí un día fue suficiente para hacerme una idea de lo que eran los templos y empaparme un poco de toda la historia que mí guía Kim, de la empresa Siem Reap Shuttle Tours, explicó tan bien.
Día 17: Siem Reap
Para hoy tocaba una excursión que también me hacía mucha ilusión desde que estuve investigando qué ver en Siem Reap y que me llamó mucho la atención; así que a través de mi hostal volví a coger un tour con Siem Reap Shuttle Tours; por 24$ tenía el minibus, agua, entradas, barco y guía. Aunque también puedes llegar con tuk tuk y una vez allí pagar la tarifa de entrada y barco.
Fuimos a descubrir Chong Kneas, el pueblo flotante más cercano y accesible a Siem Reap de la orilla del lago Tonle Sap (el lago de agua dulce más grande del Sudeste Asiático).
Cuando llegamos al embarcadero me sorprendió que no había muchos turistas, a diferencia del día anterior. Mi grupo de 3 personas y yo nos subimos a un pequeño barco alargado para perdernos entre los canales y tras 10 minutos de navegación llegar al poblado.
Fuimos visitando el poblado desde el agua hasta llegar a una iglesia y a la calle principal que debido al nivel bajo del agua quedaba al descubierto y los niños correteaban y jugaban por allí. Mientras, otros estaban en clases sustentadas por la ayuda de voluntarios y turistas que podían dejar una voluntad.
Después volvimos al barco para llegar hasta el final de los canales y ver la inmensidad del lago que dependiendo de la temporada de lluvias pasa de unos 2.500 km² a cerca de los 25.000 km².
A mí me pareció muy auténtico y no muy turístico, aunque he leído en internet que viajeros que fueron por su cuenta se sintieron estafados, intimidados o presionados… este hecho me hace pensar que haber elegido hacer la excursión mediante un tour ha sido una buena opción.
Para terminar el día fui a por mi primer contacto con el centro de Siem Reap, aunque tampoco quería explorarlo mucho ya que eso me tocaba al día siguiente. Pero aun así me sumergí en el mercado local y compré los souvenirs.
Día 18: Siem Reap
Hoy tenía el día entero para conocer mejor las costumbres y el carácter de los camboyanos y la ciudad de Siem Reap.
Eran las 9 de la mañana y estaba esperando a José, un portugués que vive en Bali y que estaba de vacaciones en Siem Reap. Se alojaba también en mi hostal y lo había conocido el día anterior.
José no tenía ningún plan así que se animó a explorar la ciudad conmigo. Empezamos por un mercado que había visto desde el coche el primer día y que no quedaba lejos del hostal, Phsar Deihoy.
Un mercado local, sin turistas donde los camboyanos compraban pescado fresco y tan fresco que estaban vivos en los tablones donde los exponían, también vendían ranas, tortugas y otros bichos. Además de por supuesto carne y verduras. Los más avanzados tenían ventiladores para ahuyentar a las moscas, otros simplemente vendían todo desde el asfalto.
De aquí fuimos a las calles centrales de la ciudad: Street 08, Street 11, Street 09, Phom Wat Damnak… y entramos, cómo no, otra vez en el mercado. Era por la mañana así que estaba en plena ebullición. José solo quería encontrar una cosa y hasta que no la encontramos no paro de preguntar. Te estarás preguntando qué buscaba, pues bien… digamos que es una comida muy proteica, pero que a simple vista es un poco repulsiva. En efecto; cucarachas, escorpiones, gusanos… bichos varios.
Por un euro la mujer nos dio una bolsa bien rebosante de bichos. Empezaba la cata. Empezamos primero ofreciendo a los allí presentes, algunos no dudaron en probarlos y otros los negaban haciendo muecas.
Era nuestro turno. José fue el primero. Sin pensar para dentro. Ahora toda la atención estaba sobre mí. Allá iba, cogí un gusano y sin pensármelo dos veces lo ingerí. Tras unos segundos de duda, lo mastiqué y tragué. Podía haber sido peor, pero no tenía sabor. Podía ser cualquier cosa si no estuviera viendo con mis propios ojos que era un GUSANO. Después del primero cayeron varios más.
Y tan felices con nuestro manjar nos fuimos a seguir descubriendo Siem Reap. Fuimos por la calle Oknha Oum-Chhay hasta Preah And Check Preah And Chora Shrine, uno de los santuarios más sagrados de Camboya. Todo era gente local rezando y haciendo ofrendas, una de ellas nos llamó mucho la atención. Un cerdo.
Fue un rato muy mágico, ver la devoción que tenían y el agradecimiento que nos mostraban de que estuviésemos acompañándolos.
De ahí fuimos al mercado ‘Made in Camboya’ que está a escasos 10 minutos. No es un mercado local, está pensado para turistas y todo es de bastante calidad por lo que los precios son más altos que en el resto de mercados.
Al salir nos encontramos con dos hombres jugando al ajedrez, pero lo que nos llamó la atención es que no eran unas fichas convencionales. Nos comentaron que se llama Makruk, es un juego de tablero que desciende del chaturanga que se practicaba en la India en el siglo VI y en consecuencia tiene un cierto parentesco con el ajedrez occidental. Además de en Camboya también goza de popularidad en Tailandia y ocasionalmente es llamado ajedrez tailandés.
Compramos dos cocos y nos los bebimos mientras observábamos la jugada y les invitábamos a ‘bichos’.
Seguimos con nuestro paseo hasta llegar a Wat Bo. Con una maravillosa mezcla de edificios, estatuas y monumentos. Además este templo tiene un hermoso sonido de piídos de los pájaros que compiten con las meditaciones de los monjes. El templo está rodeado de zonas ajardinadas y es un lugar estupendo para explorar.
Con el calor que hacía decidimos volver al hostal y darnos un remojón en la piscina. Allí conocimos a Nikos un griego que también estaba viajando solo por el sudeste asiático. Después de más de dos horas hablando y jugando al beer pong (pero sin cerveza) que había en la piscina nos fuimos a comer a Tevy’s Place. Yo volví a repetir mi curry de calabaza y tofu que estaba buenísimo.
Volvimos al hostal y nos divertimos tomando algo, jugando al billar, hablando con los trabajadores del hostel y haciendo nuevas amistades.
Día 19: Siem Reap – Phuket
A las 7.30 de la mañana me recogían para ir al aeropuerto, mi vuelo era a las 11.30am por lo que no me quería arriesgar con el autobús público que salía a las 8.30am (cuesta 8$ y tiene parada en CDF Angkor Duty Free Store) así que reserve por 9$ con Shuttle Siem Reap, la misma compañía con la que había realizado los tours. Como a esa hora no tenían más reservas me llevaron solo a mi hasta el aeropuerto.
Hoy tenía dos vuelos: Siem Reap – Bangkok y Bangkok – Phuket. Dos vuelos de una hora y una escala de dos horas.
Cuando llegué a Phuket había dos opciones o coger un minibus con más gente que va a tu misma playa por 180 bath o el autobús público que va parando en todas las playas del oeste de la isla por 100 bath. El problema de este último es que sale cada hora y después de todo el día viajando no me apetecía estar otros 40 minutos de espera. Así que escogí la opción del minibus.
Me hospedaba en Patong. Escogí esta playa porque me daba facilidades en cuanto al alojamiento y excursiones, pero el ambiente no me apetecía nada. Como si juntas Benidorm y Magaluf en un solo lugar.
Hice el check in en BearPacker en primera linea de playa, y fui a ver la famosa calle de Patong que podría ser una buena localización para la película ‘Resacón en Phuket’.
Saqué dinero para pagar una de las excursiones y para tener para esa semana (Aquí el fee es de 220 bath / 6€) y me fui a descansar.
Día 20: Phuket
Primer gran día. Si hay una cosa que me encanta es estar metida en el agua y he aprendido a disfrutarlo más desde que viajo sola. Después de ser una persona de ciudad quería ser un poco sirena. Así que escogí este destino para dedicar dos días enteros a hacer snorkel y conocer las maravillosas islas paradisíacas de Tailandia.
A las 7.30am pusimos rumbo a Phi Phi Island. 40 minutos de coche hasta el embarcadero y luego una hora de barco hasta el paraíso.
Cogí la excursión a través de Viator por 77€ más otros 11€ de tasas por el parque nacional. Había hablado con alguna empresa local pero me decían que tenía que reservar al llegar a Phuket, pero llegaba tarde y no me aseguraban el spot. Así que como iba expresamente por eso, no quería quedarme sin visitar Phi Phi por lo que me lo aseguré reservando con Tripadvisor.
Durante el día fuimos parando en los puntos más reconocidos de las islas como Monkey Beach, Bamboo Island, Ko Phi Phi Don, Viking Cave, Pileh Bay y Maya Beach.
Para mi fueron un placer visual las aguas cristalinas y las formaciones rocosas. Pero en la primera playa en la que paramos a hacer snorkel el agua estaba muy removida debido a la cantidad de barcos con turistas que van a las islas y apenas habían peces y corales. Además empezó a picarme el cuerpo y como vi alguna medusa pensé que podría haber sido una, pero pregunté y me contaron que hay un insecto en el agua que aparece en invierno en esa zona, que no se ve pero te pica y la verdad es que era muy desagradable, tanto que tuve que salirme antes del agua porque no conseguía soportarlo.
En la segunda parada había mucho oleaje por lo que no recomendaban el baño, así que decidí sacar el drone para intentar sacar alguna buena toma, dar un paseo y tomar el sol en la arena más blanca que había visto nunca.
En la tercera parada fuimos a un resort a comer y después tenías la opción de bañarte en la playa o en la piscina.
Cuarta parada, las cuevas de Viking Cave y Maya Beach famosa por la peli ‘The Beach’ de Leonardo Dicaprio, aunque actualmente está cerrada para recuperar el ecosistema. Pero aun así buscamos un lugar cercano para bañarnos y ahí por fin pude disfrutar del snorkel. El agua seguía estando bastante removida, pero había muchos peces y algunos corales. Y lo importante, ya no nos picaba el cuerpo.
Aproveché también para saltar desde lo alto del barco y disfrutar como una niña, esa niña llena de ilusión que llevo dentro y que sale a disfrutar en ocasiones como esta.
Después de navegar por las islas Phi Phi volvimos a Phuket sobre las 18.00 y tal cual iba me fui a ver el atardecer a la piscina del hostal.
Estando allí me escribió Paula, una colombiana que conocí el día anterior y que también había vivido en Australia y ahora volvía a su país. Subió a la piscina y estuvimos charlando sobre su excursión a una reserva de elefantes. El elefantes es un animal muy importante en la cultura tailandesa y es considerado como un símbolo nacional.
Estando allí una chica nos vio y se acercó, era Aniek una holandesa que también viajaba sola y acababa de llegar. Así que cambiamos al inglés y pasamos un gran rato hasta que decidimos ir a dar una vuelta y a cenar por Phuket.
Día 21: Phuket
Segundo gran día. Hoy por recomendación de la simpática recepcionista de mi hostal tocaba descubrir Similan Island con la compañía Love Anandana. Nunca había oído hablar de estas islas, pero al googlear el nombre, las fotos que salieron eran espectaculares.
Iba sin muchas expectativas, tampoco había querido averiguar mucho. Quería sorprenderme. Quizá esto es lo que me falló el día anterior. Hemos visto tantas fotos y vídeos de Phi Phi que vas con unas expectativas muy altas y luego quizás no es para tanto.
Para esta excursión salimos a las 6 de la mañana, aquí el trayecto en coche es de casi dos horas. Que bueno, las pasé durmiendo y luego el barco que es de una hora igual que en Phi Phi.
Este archipiélago lo conforman 9 islas, Similan en tailandés significa 9. Aunque hay varias que no se pueden visitar para frenar el daño ecológico.
En el día de hoy íbamos a realizar 4 paradas. La primera parada fue en una playa donde puedes nadar, tomar el sol o subir una cuesta de unos 5 minutos para obtener unas vistas alucinantes. Desde aquí arriba pude admirar las aguas más claras y limpias que había visto nunca.
Segunda y tercera parada, snorkel. La verdad es que aquí los turistas que hay en la isla se diversifican un poco y no hay mucha gente a la vez buceando. Aquí el agua estaba clara, clarísima. Nada removida. Una cantidad de peces y corales increíbles y hasta tortugas marinas. Impresionante. Además los guías muy amables siempre me llamaban cuando encontraban peces raros o para hacerme fotos con mi GoPro.
Me recordó mucho a las islas Perhentian y por momentos sentía que estaba nadando con mi tío.
La última parada fue en otra isla donde comimos, nos relajamos y nos bañamos. Yo me dediqué a estar una hora dentro del agua agradeciendo a la vida la oportunidad de poder estar ahí y de poder vivirlo.
Llegamos sobre las 20.00 a Phuket y me fui directa a la ducha y a la cama. K.O técnico.
El único ‘pero’ que le pongo a las dos islas es la cantidad de turistas que hay. Y sí, yo también soy una turista y todos tenemos derecho a disfrutarlo… pero después de haber buceado en Perhentian, Fiji y Nusa Penida sin apenas gente, esto me llama la atención. Y si tuviese que quedarme con una excursión, sin duda sería Similan. Hay que tener en cuenta antes de ir que durante 4 meses al año la cierran para que el entorno natural se recupere. Esto y que hasta 2021 estuvo varios años cerrada, la hacen especial y única.
Día 22: Phuket – Bangkok
Hoy ponía dirección a mi último destino en Tailandia, en el Sudeste Asiático y en mi propia aventura en solitario. Tocaba despedirse a lo grande en Bangkok.
Tenía el vuelo a las 14.40 así que tenía tiempo de descansar, desayunar y dar un paseo por la playa antes de coger el bus público para ir al aeropuerto.
Phuket es con diferencia mucho más caro que el resto de Tailandia por lo que inocente de mi fui al McDonalds a desayunar algo baratillo. Bueno, pues pagué 10$ por una especie de churros y un chocolate. El desayuno más caro de mi vida.
Llegué a Bangkok con una hora de retraso. Enseguida salió la maleta y fui directa a por el bus público que te lleva al centro por 50 bath. Hay varias líneas que te llevan a casi todos los puntos de la ciudad.
Mi amiga Paula también estaba en la ciudad, pero al llegar más tarde de lo esperado y que Bangkok es una gran ciudad decidí no desplazarme por la noche y quedarme por mi zona de Khao San Road para cenar y ubicarme.
Cené el mejor Pad Thai (50 bath) de mi vida en un puesto callejero y sentada en la acera. Para además mejorarlo aún más si era posible con un Mango Sticky Rice (50 bath) de otro puestito con unos vendedores simpatiquísimos que estuvieron muy atentos y me dieron extra de salsa de coco… Yummy!
Día 23: Bangkok
Hoy sí, había quedado con Paula para visitar el Gran Palacio. Cuando estaba de camino, 20 minutos andando desde mi Hostal Bed Station, vi a una chica que parecía viajar sola y con el mismo destino que yo. Así que nos pusimos a hablar y mis sospechas se confirmaron. Danielle una joven canadiense había dejado toda su vida atrás para ir al sudeste asiático sólo con vuelo de ida. Al llegar al palacio nos despedimos y nos dimos los contactos.
El Palacio se empezó a construir en 1792 y sirvió como residencia oficial del rey de Tailandia desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX y la entrada cuesta 500 bath (13€). Estuvimos más de dos horas descubriendo el Palacio Real y el Templo del Buda Esmeralda, el templo budista más importante de Tailandia. Esta visita me encantó, el templo parecía recién hecho, era deslumbrante y detallado.
Al salir del templo vimos un autobús gratuito que no sabíamos dónde nos llevaba, pero era gratis. Así que nos subimos y nos dejó a unos 15 minutos en medio de la ciudad, pero no teníamos nada importante de referencia en la zona así que buscamos algún lugar donde comer. Según google maps había un centro comercial cerca, allí que fuimos. Centro comercial como a los que estamos acostumbrados no era. Era un mercadillo como el que hay por la calle pero cubierto. Seguimos las indicaciones de Food Court y aparecimos en una sala llena de gente local con diferentes puestos de comida. Fuimos directas en busca de un Pad Thai.
Resultó ser un Pad Thai de gambas, por 50 bath, que estaba buenísimo.
Después de hablar sobre nuestra vuelta a casa y de posibles reencuentros en Colombia o Europa nos despedimos con un hasta pronto.
Fui callejeando hasta llegar al templo What Pho conocido por tener en su interior al gran Buda Reclinado, 46 metros de largo y 15 metros de altura. Totalmente impactante.Aquí la entrada es de 300 bath (8€).
Al salir decidí coger un autobús público para ir a uno de los principales centros comerciales de la ciudad, MBK. Aquí puedes encontrar de todo. Desde comida, souvenirs, falsificaciones y conocidas marcas internacionales.
Después de dedicarle un par de horas me fui a por el autobús y vuelta al hostal, eso sí, ahora el bus no iba a ser tan moderno como el anterior. Era un bus de los años 80 que seguía en perfecto funcionamiento.
Piscina, ducha y a soñar con un nuevo día en la gran ciudad.
Día 24: Bangkok
Eran las 9am y había quedado con Danielle; el plan de hoy era sacarnos el pase diario del ferry por 150 bath e ir descubriendo la ciudad desde el agua e ir bajando y subiendo en las diferentes paradas.
La primera parada fue Wat Arun. La torre principal del templo es de 82 metros de altura y en las esquinas del templo se sitúan cuatro torres más de menor altura, todas ellas decoradas con porcelana china. Este templo me recordó a los templos de Camboya. La entrada es de 100 bath, 2,70€.
Para la segunda parada teníamos el Flower Market. El mayor mercado mayorista de flores de Tailandia, está abierto 24 horas al día, siete días a la semana y está considerado uno de los mayores mercados de flores del mundo. No nos encontramos con apenas turistas y pudimos perdernos en las vibrantes vistas y seductores olores de este mercado decorado con interminables hileras de rosas, orquídeas y claveles.
Desde ahí fuimos andando hasta Chinatown, el corazón de la comunidad china. Afincados en el país desde el siglo XVII, han sabido mantener sus costumbres y sus tradiciones.
La verdad que fue un paseo de los que me gustan. Gente local, mercados callejeros y algún templo que aparece de la nada.
Caminando caminando llegamos hasta Cat Tower y cogimos el ferry para cruzar al otro lado del río y visitar el centro comercial Inconsiam con más de 7.000 tiendas, 100 restaurantes y hasta un mercado flotante.
Ahí terminó nuestra visita. Cogimos el ferry de vuelta hasta Phra Arthit y anduvimos los 10 minutos que había hasta nuestros hostales que casualmente estaban al lado.
Aproveché para descansar un par de horas. En este viaje exceptuando cuando me puse mala en Uluwatu no había vuelto a tener ningún problema, pero hoy tenía la barriga fatal.
A las 17.30 salí para aprovechar que tenía el pase del ferry y ver el atardecer desde ahí.
Día 25: Bangkok
Último día entero en Bangkok. Para hoy tenía un tour con el hostal de 11.30 a 16.00 así que aproveché la mañana para adelantar faena en el ordenador.
La primera visita fue Phra Sumen Fort, una de las pocas partes restantes de las fortificaciones que se construyeron cuando Bangkok se convirtió por primera vez en la capital de Tailandia.
Art Gallery Ban Chao Phraya que fue el palacio del príncipe Sathittamrongsawas. La Autoridad Petrolera de Tailandia financió la restauración para convertirla en una galería de arte que exhibe piezas de artistas de renombre y emergentes.
Luego cogimos el ferry para cruzar a la otra orilla y visitar el mercado local de Wang Lang, un mercado oculto en Bangkok para los turistas. Donde lo que más destaca son sus puestos de comida.
Y terminamos nuestra visita en Wat Ra Khang Temple,uno de los más antiguos y de mayor importancia religiosa de Bangkok. También se le conoce como el templo de las campanas debido al gran número que hay y allí que fui yo a tocarlas todas para tener buena suerte en este nuevo año.
Fue un tour muy agradable conociendo a gente de diferentes países y visitando lugares nuevos y diferentes.
Después del tour me fui directa a Kao San Road a por mi último Pad Thai. El que me había gustado tanto el primer día aún no estaba abierto así que fui en busca de otro, no es un gran problema porque hay muchos… el problema está en acertar con el puesto. Pues eso, fue un problema porque probablemente me comí el peor Pad Thai de mi vida. Qué forma de desaprovechar una comida en Tailandia, ¡Por Dios! Noodles con verduras sin sabor a nada. No pasa nada, lo remedie con un Smoothie de coco que estaba increíble.
Fui a dar una última vuelta por la zona e intentar buscar los últimos regalos, pero sin éxito porque no encontré lo que buscaba.
Maleta, ducha e intentar descansar un poco para afrontar uno de los días que quedará en mi recuerdo para siempre.
En conclusión, el viaje ha sido magnifico. Los puntos fuertes son: precios en general muy baratos, gente muy amable, sientes mucha seguridad, hay bastante infraestructura turística, igualmente puedes encontrar lugares muy virgenes y fuera de los circuitos turísticos, la comida es deliciosa.
Día 25: Bangkok – Sofia
Después de una siesta porque no se le puede llamar dormir realmente, me desperté a las 2 de la mañana. Recogí todo y me fui a hacer el check out. Como aun tenia 15 minutos hasta que viniese el taxista me fui al Seven Eleven a por el desayuno.
El taxista vino enseguida y en menos de 40 minutos nos plantamos en uno de los dos aeropuertos de Bangkok. Me costó 500 bath y lo cogí directamente con el hostal, Grab me decía que eran unos 520 bath y los primeros autobuses públicos no habían ni amanecido, por lo que el taxi era la única opción.
Bueno, que no os he contado donde voy, aunque por el título lo habréis averiguado. Pues después de 5 meses me reencuentro con mi familia en Bulgaria para hacer nuestro viaje invernal y que ellos disfruten de sus vacaciones ¿Porqué Bulgaria? te estarás preguntando. Nuestra primera opción fue el Líbano; ya teníamos los vuelos comprados, pero cuando estalló el conflicto en Gaza y toda esa zona decidimos cancelarlo. Otra vez tocaba pensar un destino que no estuviese muy lejos, ya que ya habían hecho dos y tres viajes largos este año, además mi tío se va a Senegal en unas semanas. Tocaba Europa para que todos tuviésemos buenas conexiones, pero que tampoco hiciera muchísimo frío y que no lo hayamos visitado antes… se ponía complicada la cosa. Y así apareció la opción de Bulgaria.
Este viaje lo desarrollaré en otro Vuelo que en este ya nos hemos explayado mucho.
Pero lo importante es que estoy muy feliz de reencontrarme con mi familia, pasar las navidades con ellos después de haber pasado las dos últimas Navidades sola y de volver a mi querida España. Porque si algo puedo decir con conocimiento de causa, es que como en España en ningún sitio.
Gracias por acompañarme una vez más y por llegar hasta aquí.
Los sueños no están para ser cumplidos. Están para ser vividos.
Herman Zapp
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¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Bienvenidos al paraíso. Hay un destino que desde que supe que venía a vivir a Australia quería visitar y sí, ese destino es Fiji. Me encanta bucear entre corales y peces en aguas cristalinas; así que, qué mejor lugar que Fiyi para disfrutar de todo eso.
Fiyi, un país del Pacífico Sur, es un archipiélago que cuenta con más de 330 islas. Es famoso por sus paisajes escabrosos, selvas tropicales, playas llenas de palmeras y arrecifes de coral con lagunas de aguas cristalinas. En las islas más importantes, Viti Levu y Vanua Levu, vive la mayor parte de la población. En Viti Levu, se encuentra la capital, Suva, una ciudad puerto con arquitectura colonial británica ya que fue colonia británica por 96 años, pero finalmente obtuvo la independencia en 1970.
Llevaba ya muchos meses mirando vuelos, alojamiento, actividades… pero lo más importante era conseguir 4 días de fiesta en el trabajo. Parece fácil, pero he ido pidiendo días para viajar a Melbourne, Brisbane, Byron Bay, Gold Coast, Newcastle, Nueva Zelanda, Corea… entonces a mi jefe se le ponía cara de “¿Paula, de verdad que otro viaje?” Y yo “Me tienes que entender, me quedan solo 2 meses en Australia y a saber cuándo vuelvo… tengo que aprovechar”. “Venga va, 4 días… ¡pero vuelve!”.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.
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Día 1: Sídney – Fiyi
Y así puse rumbo un lunes a las 9 de la mañana a Nadi. Tercera mayor región de Fiyi, se encuentra en la zona occidental de la isla de Viti Levu. Es la opción más sencilla desde Sídney, ya que en un vuelo directo de 4 horas llegas.
A las 15.00 estaba en Nadi (2h de diferencia horaria con Sídney y 10h con España), es un aeropuerto muy pequeño, donde no llegan muchos vuelos así que te reciben con cánticos nada más salir del avión y te saludan diciendo “Bula”, esto lo pude seguir escuchando durante todo el viaje y es que Bula es la palabra que utilizan tanto para saludar como para despedirse. Su significado no es hola ni tampoco adiós, es algo así como “vida”.
Control de seguridad pasado y como iba con maleta de cabina directa a por un taxi. Solo se puede pagar con efectivo así que saqué en un ATM que había en el aeropuerto y tras otros 15$ extra de fee saqué los 20$ que costaba el transporte al hotel.
Dejé el equipaje y me fui a dar una vuelta y buscar un sitio donde comer. Encontré un edificio muy moderno con un restaurante con comida muy variada y un supermercado en la parte baja, así que aproveché para comprar algo para desayunar por las mañanas, ya que en los próximos tendría excursiones muy tempranas y las cafeterías abrían a partir de las 10.00.
Me fui a dar una vuelta por la playa, ver el atardecer y el ambiente. Los más jóvenes jugaban al rugby, el deporte más popular del país. Otros corrían y se zambullían en el agua, otros como yo andábamos llenos de ilusión de poder estar en aquel maravilloso lugar y pensando en lo que podría vivir los próximos días. No sabía lo feliz que me iba a hacer navegar y bucear en aquellas aguas.
Las luces caían y los locales se llenaban, pero yo me fui a descansar y a preparme para la aventura del día siguiente.
Día 2: Mamanuca Islands
Para mi primer día completo en la isla había escogido la excursión a las islas Mamanuca con la empresa South Sea Cruises. Me recogieron en el hotel y me llevaron al puerto Denarau desde donde salen todas las excursiones en barco. Allí nos subimos a bordo de un catamarán donde recorreriamos durante todo el día parte de las 20 islas que constituyen Mamanuca Island (aunque siete de ellas están cubiertas por el Océano Pacífico). Una de las islas, Monuriki, puede que a alguno le suene ya que fue el lugar donde se grabó la película Náufrago de Tom Hanks.
Cuando subimos a bordo nos recibieron cantando, los fiyianos son personas muy alegres y agradables, y así te lo muestran a través de sus canciones.
Empezamos a navegar y enseguida nos dieron de almorzar, teníamos una hora y cuarenta minutos de navegación hasta nuestro destino. Yo me lo pasé tumbada en la parte delantera del catamarán en una especie de puf.
Estábamos llegando a una islita de arena blanca que emergía del océano y empezaron a sacar todo el equipamiento de snorkel. Echaron anclas, era hora de explorar aquellas aguas. Yo decidí ir a hacer snorkel con un instructor que nos guiaría entre corales. Aunque también podías hacer paddle surf, estar en el catamarán o ir a la islita.
Me tiré al agua por un tobogán y mi primera gran sorpresa es que tenía una inmensa tortuga delante de mí ¡empezábamos bien! Y es que las Islas Fiji además de contar con más de 10.000 km2 de arrecifes de coral, tienen una biodiversidad única en el mundo y es que puedes encontrar 467 especies diferentes de moluscos, 298 de coral y unas 1200 de peces de arrecife.
La extrema visibilidad te permite alucinar con la gama de colores y de texturas, tanto de los corales y rocas como de los peces y algas. Entre los corales nadan anguilas, tortugas, peces loro o peces mariposa, mientras que en la arena y rocas se ven estrellas de mar azules (yo la primera vez que vi una me pensaba que era un juguete) y almejas gigantes. Es un completo paraíso tanto en la superficie como bajo del agua, por eso aquí se encuentra la cuarta barrera de coral más extensa del planeta. Pero sin duda lo que más disfrute fue la sensación de sentirme única observadora de este espectáculo natural.
Después de casi una hora entre corales y peces de todos los tipos y colores, era la hora de comer. Nos habían preparado un buffet espectacular. En un catamarán en medio del océano, con unas aguas espléndidas y un díazo sensacional solo te viene una frase a la cabeza, “me podría acostumbrar a esto”
Terminé de comer, tobogán y para el agua de nuevo. Ahora tocaba descubrir otra zona de corales. Después de otra hora buceando no debo estar muy lejos de desarrollar escamas. Fuimos a la isla a tomarnos una cocacola fresquita que nos habían traído en zodiac desde el catamarán y sí, me podría acostumbrar a esto sin ningún problema. Volví al barco para seguir saltando y tirando por el tobogán.
Sobre las 16.00 soltaron velas y volvimos al puerto entre música, bailes y más comida.
Al llegar al puerto tenía 30 minutos hasta que me llevaran de vuelta al hotel así que decidí aprovechar para comprar souvenirs.
Me pasé la noche reviviendo el día a través de los videos y fotos, y tras poner todas las cámaras a cargar. Me dormí.
Día 3: Yasawa Islands
Otro día que empieza pronto, me recogían a las 7 de la mañana para ir a las islas Yasawa que son un archipiélago formado por 20 islas volcánicas en la División Oeste de Fiyi.
Hoy pasaría el día en una de estas islas, exactamente en la isla de Kuata. Para llegar allí cogíamos un barco desde el puerto Denarau, y en una hora y cuarenta aproximadamente llegabas a otro paraíso.
En el puerto conocí a dos españoles que también iban en el mismo barco que yo y nos pasamos las casi dos horas hablando de viajes. Es raro encontrar a gente hispanohablante ya que la mayoría del turismo viene de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda e Inglaterra. Después de este apunte, estos dos españoles son una inspiración. Tamara una madrileña y Jorge un sevillano que han cogido 6 meses sabáticos para viajar por el mundo, más concretamente por el Océano Pacifico y la zona del Himalaya, en su objetivo de visitar TODOS LOS PAÍSES DEL MUNDO, así en mayúsculas ¡Qué locura! y qué envidia sana. No paré de hacerles preguntas y escuché atentamente todas sus historias. Me ayudaron con la preparación de mi siguiente Vuelo del que no quiero contar mucho aún, pero dentro de poco me espera un viaje de un mes y medio del que no puedo tener más ganas.
Era la hora, desembarcamos para volvernos a embarcar, pero ahora en una pequeña lancha que nos llevaría a la isla Kuata donde pasaría las siguientes 6 horas en una playas de arena blanca, montañas volcánicas y cuevas Phantom Rock.
Me pasé gran parte del día buceando en el que es uno de los mejores lugares para bucear del mundo, gracias a sus aguas cristalinas, su sinfín de corales y los tiburones de arrecife. Y es que en Fiji se encuentra el Shark Reef National Marine Park, uno de los mayores santuarios de tiburones del planeta. Cuando te sumerges en sus aguas pierdes el control del tiempo y como dicen ellos Fiji Time, aquí los minutos no existen. Estresarse por los horarios es absurdo. En las islas todo va a otro ritmo.
También aproveché para remar con uno de los kayaks y zambullirme en las profundidades de sus aguas turquesas.
Y por supuesto me relajé en las piscinas del resort que hay en la isla. Además nos pusieron un buffet para comer impresionante, muchísima comida, muy variada… me puse las botas. Para mi hay pocos placeres como el de comer y sobre todo comer comida local del país que visitas.
Fue un día espectacular, que nunca olvidaré. Pero si tuviese que ponerle una pega, es que no pude volar el drone porque las duchas del resort están abiertas… las vistas de aquel lugar desde el aire hubiesen sido simplemente espectaculares.
A las 18.00 volví al puerto Denarau y en autobús de la compañía me llevaron a mi hotel, otra noche de selección de fotos y a descansar para mi último día por el país.
Día 4: Nadi
Hoy por la tarde tocaba volver a Sidney así que como no me daba tiempo a hacer ninguna excursión de snorkel me decanté por una excursión por la isla para conocer Nadi. Así que contraté un tour de 4 horas por la ciudad para que me recogieran en el hotel, me enseñasen lo más importante y me dejasen en el aeropuerto al terminar.
Me recogieron a las 9.00 en el hotel y de camino a la primera parada recorrimos las calles principales de Nadi con el coche y el conductor y guía me iba explicando un poco más sobre el país.
Nadi es una localidad multirracial y muchos de sus habitantes son fiyianos o indios (descendientes de trabajadores indios contratados y traídos a las islas por las potencias coloniales británicas en el siglo XIX), y la principal fuente económica del país es la producción de caña de azúcar y el turismo. Desde el punto de vista religioso destacan el islam y el hinduismo. Mi siguiente parada sería en el templo de Sri Siva Subramaniya que es el mayor templo hindú del hemisferio sur, así como un sitio de peregrinaje.
En 1976, durante las celebraciones del Jubileo de Oro, Su Excelencia el Alto Comisionado del Gobierno de la India en Fiyi puso los cimientos de un nuevo templo en el antiguo emplazamiento ya que se necesitaba un templo nacional nuevo y más grande. El templo, de estilo dravidiano tradicional, es una imponente estructura de colores adornada con tallas ornamentales que representan a varios dioses hindúes y que se terminó y abrió en 1994.
La entrada al templo cuesta 5$ y aquí empecé a dudar un poco de la compañía ya que cuando hice la reserva se suponía que estaba todo incluido, pero bueno eran 5$, lo dejé pasar.
Nuestra siguiente parada fue Village of Viseisei, que según los lugareños es el asentamiento más antiguo de Fiyi. Se cree que los cimientos fueron puestos por algunos de los primeros colonos hace más de dos milenios. Este pueblo ha sido también el hogar de algunos de los líderes de Fiyi y ha acogido a dignatarios, como el príncipe Carlos. Esta visita de una hora me dió una idea de la cultura única de Fiyi. Aquí la visita costó alrededor de 10$ y también me tocó pagarla aparte, bueno no llevaba dinero en efectivo porque pagué todas las excursiones y alojamiento con antelación por lo que aparte del transporte del aeropuerto al hotel del primer día no entraba en mis planes pagar más cosas en efectivo, así que el guía me lo fue pagando y acordé con él que sacaría dinero en el aeropuerto y se lo devolvería. De camino a la siguiente parada le mandé un email a la compañía del tour preguntándoles si tenía que pagar todas las entradas, ya que pensaba que estaban incluidas y así lo especifica en Viator. Pero no obtuve respuesta.
Nuestra siguiente parada fue The Garden of the Sleeping Giant, una hora de paseos cubiertos por copas de árboles, exuberantes praderas verdes, estanques de nenúfares, fuentes, ranas y una densa selva tropical. Además al entrar hay un jardín que contiene una colección de 30 a 40 variedades de magníficas orquídeas asiáticas e híbridos de Cattleya, que fue en su día la colección privada del difunto actor estadounidense Raymond Burr. Parece increíble como de la nada aparece esta increíble selva tropical.
La entrada a este jardín fue de 20$.
Y ahora sí, última parada. Sabeto and Tifajek Mud Pools & hot springs, aquí solo tenía una hora así que fui rápidamente a ponerme el bañador mientras el conductor pagaba la entrada.
Local y alejada del turismo comercial habitual, la Piscina Termal de Barro y Aguas Termales de Sabeto se encuentra en medio del exuberante valle de Sabeto y cuenta con tres fuentes termales de diferentes temperaturas, desde templada a bastante caliente (hasta 60 grados centígrados). Son calentadas por una fuente volcánica subterránea, las fuentes geotérmicas son un fenómeno natural.
Una vez estuve lista me cubrí de barro y me sequé al sol para disfrutar de un saludable tratamiento para la piel. Una experiencia social única ensuciarse con otros viajeros.
Me sequé y cambié rápidamente para irnos al aeropuerto que estaba a unos 15 minutos de las piscinas. En el coche le pregunté al conductor por el precio ya que no había podido verlo, pero lo había buscado en internet y eran 20$. Mi sorpresa vino con su respuesta, 60$. Pensaba que estaba bromeando, imposible le dije. En internet pone que de 15$ a 20$ y ya entonces me dijo “si perdón son 30$ que me han hecho descuento”. Ya empezó a no hacerme mucha gracia. Y siguió 20$ es si estás menos de media hora, pero al final hemos estado más. Bueno no me cuadró nada su razonamiento. Y no me gustó nada que se intentase aprovechar de mí, cuando estoy haciendo un gran esfuerzo con este viaje y pagando entradas que se suponía estaban incluidas en el tour.
Llegamos al aeropuerto y fui a sacar dinero para pagarle los 80$ extra de las entradas, además pagué otros 15$ más de comisión. Fui al aparcamiento y le dí su dinero. A lo que me dice ¿Y el dinero del tour? ¿Perdón? Di mis datos bancarios para poder reservarlo, entiendo como en todos los tours que ellos se cobran de ahí. A lo que me dijo no, me tienes que pagar ahora. Chequeo otra vez la web en ningún sitio pone que se pague en efectivo al acabar el tour y le pido hablar con sus jefes. No es problema sacar dinero, el problema es pagar otra vez otros 15$ extra de comisión que de haberlo sabido antes, cuando saqué dinero para el taxi hubiese sacado dinero para todo o en la transacción anterior. Pero lo que más me molestaba es que se intentasen aprovechar de mi con el dinero de las entradas y aún más no dejando clara la información. Hablé con la jefa y le pregunté si podía ir a la oficina que hay en el aeropuerto a pagar con tarjeta o tenéis mis datos bancarios, cobraros de ahí. Y me dijo que no tenían datáfono para pagos con tarjeta y que no se podían cobrar con mis datos. Me parece raro que no tengan datáfono y más raro aún que trabajan con un sistema de pagos que se llama Rezdy con el que trabajo yo diariamente, y con el que puedes realizar cobros y ellos no pueden. En fin, ya estaba cansada y enfadada de discutir y la fiyiana no me daba ninguna solución, además terminó colgándome. Fui, saqué dinero, se lo dí al conductor y me fui a pasar el control de seguridad con muy mal sabor de boca, indignada y enfadada. Un viaje que me había hecho tanta ilusión poder realizar, que lo había vivido tan intensamente y que acabase así. No me lo merecía. Lo único que puedo hacer es NO recomendaros la compañía HotFiji.deals
Tocaba volver a Sidney, últimos dos meses y medio para que acabase mi aventura en Australia y empezase mi aventura por el mundo.
Una vez que te pica el bicho de los viajes no hay antídoto conocido, y sé que estaría felizmente infectado hasta el final de mis días.
Michael Palin
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¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Y qué vuelo, después de 8 meses viviendo en Sydney tomo un vuelo overseas para reencontrarme con mi familia en Corea del Sur. Ya sabéis que nos gusta mucho viajar y reencontrarnos por el mundo; en febrero vinieron a Australia a verme y ahora habíamos buscado un destino que estuviese a mitad de camino. Seúl fue una buena opción ya que ambas partes teníamos vuelos directos, yo tenía 10 horas de viaje y ellos 12 horas por lo que parecían vuelos “fáciles”.
Parte de la familia, que cuenta con más días de vacaciones, pasaría 12 días iniciales recorriendo Taiwan y luego se irían a Seúl para unirnos todos allí y compartir 10 días. Además tras mi vuelta a Australia ellos alargarían su estancia otros 10 días en Corea, así que seguirán contando su experiencia por el país Coreano en este Vuelo.
Pero para empezar me gustaría contaros un poco sobre el país.
Hasta 1945 Corea fue un único país. Al finalizar la II Guerra Mundial Japón, uno de los países perdedores de esta guerra, tiene que ceder su control sobre Corea hacia los países triunfadores, en concreto Rusia y Estados Unidos; Pero con el paso de los años Rusia y Estados Unidos fueron reforzando su intervención sobre Corea, los primeros sobre el Norte y los segundos sobre el Sur. Hasta tal punto ejercen su poder que en 1948 dividen el país en dos. De ahí que el Norte sea una dictadura comunista y que el Sur sea un país de economía capitalista. Por cierto el día 15 de agosto ambas Coreas celebran su independencia de Japón: Esta es la única fiesta común que ambas Coreas celebran actualmente.
Pero volvamos a nuestra protagonista: Corea del Sur. La población del país es de 51,7 millones de personas y aproximadamente la mitad vive en Seúl, o en su zona metropolitana, que es una de las áreas metropolitanas más pobladas del mundo. Por otro lado, tiene una superficie equivalente a la quinta parte de España. Es considerado uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo, con gran parte de su economía focalizada en la vanguardia del desarrollo tecnológico. La empresa Samsung, que todos conocemos, es una de las compañías de productos electrónicos más grande del mundo y de origen surcoreano. También destaca Hyundai.
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Día 1: Sídney – Seúl
Suena la alarma a las 5 de la mañana, pero con la ilusión del viaje y del reencuentro yo ya llevaba unos minutos despierta. Desayuno, cierro maletas y me voy para el aeropuerto. A las 11 salía mi vuelo, es un vuelo de 10 horas de día por lo que se haría un poco pesado, pero saber que al llegar estaría mi familia esperándome hacía que todo valiese la pena.
Cuando llegué, con un poco de retraso, y tras el encuentro con parte de la familia, tomamos el tren “All stops” desde el aeropuerto de Incheon hasta el centro de Seúl. Es un viaje de una hora aproximadamente. Hay otro servicio de Tren Exprés que lo hace en menos tiempo, pero sale con menos frecuencia. Claro, yo me encontré con la tarjeta para los transportes ya en mano. Pero es muy fácil conseguirla: se llama T-money, se compra en una tienda de conveniencia (que qué es esto, pues las tiendas “7 eleven” o de este estilo. En el aeropuerto están muy visibles. Se compra la tarjeta y se carga (muy importante: para la carga es necesario dinero en efectivo)) y te sirve para utilizar el transporte público de todo el país.
Llegamos sobre las 22.00 al centro, en concreto a la zona de Myeongdong, y lo primero que hicimos fue ir directos a cenar antes de ir al hotel ya que en Corea cenan muy pronto y a esas horas es difícil encontrar algo abierto. Tras varios intentos fallidos encontramos un restaurante donde pude tener una primera toma de contacto con los sabores coreanos que tanta ilusión me hacía.
Aquí la comida más típica es el Kimchi, ya que es uno de los platos más antiguos y esenciales de la cocina surcoreana. Es más, la cena se considera incompleta sin este plato en la mesa. Es un alimento compuesto por verduras fermentadas con un toque amargo y picante. El ingrediente principal es la col, seguida de otras verduras y trozos de chile rojo.
Otra comida típica que probamos en mi primera noche fue el Tteokbokki uf… ¡Qué delicia! Se trata de fideos muy gordos hechos a base de harina de arroz y cocidos en salsa picante de gochujang. Además de estas comidas, tienen la Barbacoa Coreana donde suelen tener más éxito aquellas barbacoas hechas a base de carne de cerdo negro de Jeju. El Hot Potque tan de moda se está poniendo en España también es muy popular en Corea, es una olla con agua y algunos aderezos que se pone a hervir en un fogón en el centro de la mesa, mientras los comensales añaden todo tipo de verduras para cocinar en su propio caldo… una delicia. El Haemulpajeon la tortilla coreana por excelencia suele estar hecha a base de huevo, marisco y cebolleta también la puedes encontrar de verdura y se llama yachaejeon. Todas estas comidas y muchas más las iriamos descubriendo a lo largo de los días.
Día 2: Seúl – Suwon
Nos despertamos pronto y después de desayunar en Ediya Café, que es una cadena de cafeterías que puedes encontrar por todo el país y competencia de Starbucks, fuimos a descubrir uno de los principales mercados de la ciudad y el mercado callejero más grande del país, Namdaemun Market. Su origen data del año 1414, se formó como un pequeño mercado administrado por el gobierno de la ciudad, pero durante la invasión japonesa perdió parte de su esplendor siendo totalmente destruido. Tras el fin del conflicto, el gobierno de la ciudad creó un plan de restauración que volvió a revitalizar el mercado para acabar convirtiéndolo a día de hoy en una de las principales atracciones turísticas. En sus más de 10.000 tiendas puedes encontrar de todo, comida, electrónica, papelería, ropa, accesorios… Con respecto a los mercados hay que decir que hay infinidad de ellos, los vais a encontrar por todos las localidades. Puede que algunos de ellos destaquen por sus dimensiones pero todos ellos transmiten mucho encanto y autenticidad.
De aquí fuimos paseando hasta llegar a los grandes almacenes de Lotte, los situados más al centro de la ciudad. Lotte es un imperio que tiene tiendas, comida, alquiler de coches, hoteles… todo lo que te puedas imaginar.
Después fuimos al Ayuntamiento, un modernísimo edificio del arquitecto coreano Yoo Kerl que en 2012 se abrió al público. El antiguo edificio del ayuntamiento se ha convertido en la Biblioteca Metropolitana justo frente al ayuntamiento actual y cuenta con una colección de más de 200.000 libros.
Este primer contacto con la ciudad me encantó y ya dejaba entrever lo que sería la ciudad de Seúl, una mezcla perfecta entre tradiciones, antigüedad, vanguardismo, innovación y modernismo.
Fuimos al hotel a recoger el equipaje y a por nuestro coche de alquiler para hacer un recorrido por el país en los próximos 5 días.
Escogimos la cadena Lotte para el alquiler de un Hyundai Sonata. Hyundai es una marca surcoreana por lo que la gran mayoría de coches son de esta marca.
Fuimos al aeropuerto a recoger a mi madre que llegaba para unirse al viaje. Desde la oficina del alquiler de coche, junto a la estación principal de tren, hasta el aeropuerto tardamos más de 1h 30’. Llegando al aeropuerto justo el avión de mi madre pasó por encima de nosotros y pensando que necesitaría una hora más para pasar los controles seguimos tranquilos. Cuando llegamos a la “Puerta de llegadas” alguien me sorprende diciendo “Yo que esperaba a mi familia esperando con una pancarta y resulta que la que tiene que esperar soy yo” Pues nada, bienvenida mamá.
Entre risas y algún refunfuño pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Suwon.
Para llegar a Suwon hicimos 50 kilómetros y tardamos más de dos horas. Es la última ciudad amurallada en el país. La principal fuente de empleo industrial en Suwon es Samsung que fue fundada en la ciudad en 1969, tiene su sede central y un gran complejo industrial, y es el mayor empleador.
Después de llegar al hotel pusimos rumbo a ver La Fortaleza Hwaseong que tiene casi 6 kilómetros de perímetro, cuatro puertas de acceso, torres de observación, plataformas de fuego, bastiones, torres de artillería y un palacio. Fue diseñada en 1794 siguiendo las últimas novedades arquitectónicas de estilo oriental y occidental, aunque gran parte de la muralla tuvo que ser reconstruida tras sufrir incendios y destrucciones durante las diferentes invasiones que sufrió el país, se conserva casi en su totalidad. En el año 1997, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Después de recrearnos fuimos a buscar un restaurante típico coreano y nos pusimos las botas con un Hot pot y más platos de fideos típicos coreanos.
Aquí decir que no sabíamos muy bien lo que pedíamos porque no es fácil encontrar a Coreanos que hablen inglés, así que google translator será tu mejor aliado.
Día 3: Suwon – Gyeongju
Desayunamos en el hotel, si así pudiéramos llamarlo, ya que empezar el día con pollo y verduras picantes no es lo más apetecible. Puedes ir a hoteles majisimos con buffets que no tienen fin, pero cuesta encontrar unos huevos revueltos, unos cereales y hasta azúcar para el café. Qué lástima, con lo que me gusta y disfruto del desayuno.
Tras el desayuno pusimos rumbo a otra zona de Suwon que no vimos la noche anterior. Seguimos viendo varias puertas apoteósicas y el mercado de Motgol que cuenta con una gran variedad de tiendas que venden ropa, productos de cosmética, guarniciones, pescado, carne, verduras… de todo.
Volviendo al hotel pasamos por otra de las calles comerciales de la ciudad, Gonbang Street. Llena de arte callejero, artesanía, galerías, restaurantes, cafés, etc.
Pusimos rumbo a Gyeongju que está a 300 km de distancia, pero aquí lo que sería un viaje de 3 horas se puede duplicar fácilmente, hay muchísimo tráfico y embotellamientos.
Gyeongju es probablemente uno de los puntos más importantes históricos y turísticos de Corea. Tiene un gran número de sitios arqueológicos y bienes culturales de los siglos VII – IX por lo que a menudo es llamada «el museo sin paredes». Entre estos tesoros históricos están; la gruta budista Seokguram, el templo Bulguksa, las zonas históricas de Kyongju y la aldea tradicional Yangdong, que están designados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además está el parque de tumbas Daereungwon, y la calle comercial y cultural Hwangnidan-gil, aquí te pierdes entre montones de opciones: restaurantes únicos, cafeterías preciosas, tiendas y fotomatones. Todos estos lugares han ayudado a Gyeongju a convertirse en uno de los destinos turísticos más populares en Corea del Sur.
Aquí pasaremos dos noches porque, como habéis podido ver, da muuuucho de sí. Nada más llegamos al Airbnb dejamos todo y nos fuimos a descubrir el parque de Hwangnam Daechong. De camino al parque nos encontramos con una casa de estilo tradicional coreano y entramos a husmear, resultó ser una librería-cafetería muy acogedora donde nos quitamos los zapatos para poder entrar y nos sentamos en unos cojines en el suelo para disfrutar, en mi caso, de un zumo de mango al más estilo coreano.
Al atravesar la calle ya nos adentramos en el parque de montículos gigantes que en realidad son un conjunto de tumbas de los gobernantes Maripgan de la dinastía Silla. Para que os hagáis una idea del tamaño, una de ellas tiene 80 metros de diámetro y más de 20 metros de altura, y desde la distancia parece el pico de una pequeña montaña.
Para construir estas tumbas, se excavaba un terreno llano en formación rectangular y se instalaba una cámara de madera en el interior, que se tapiaba con losas de piedra y se cubría por fuera con un montículo de tierra. Alrededor de la tumba se colocaban montones de piedras para evitar que la tierra se hundiera.
Fue un paseo muy agradable que enseguida nos conectó con otra zona ajardinada muy amplia con más tumbas o montículos y con Cheomseongdae, que es el observatorio astronómico más antiguo que se conserva en Asia, y posiblemente incluso en el mundo, ya que se construyó en el siglo VII.
Seguimos con nuestro paseo; llegaba la hora dorada y descubrimos Anapji. Es un estanque artificial muy amplio construido en 674. Hasta este lugar se trajeron animales raros para crear un jardín exótico digno de la realeza y también sirvió como sitio de banquetes para importantes eventos nacionales, pero el estanque cayó en mal estado durante varios siglos.
En 1974 se renovó y durante la excavación se encontraron casi 33.000 elementos dentro y alrededor del estanque como tejas, materiales arquitectónicos, cerámica, figuras de Buda de bronce dorado, joyas y pequeños artículos de uso diario. En uno de los fragmentos de cerámica que se encontró se podía leer «Wolji» (estanque que refleja la luna), lo que reveló el verdadero nombre del estanque. Tras el descubrimiento, el estanque pasó a llamarse Wolji.
Como decía, llegamos al estanque para el que hay que pagar 2000 wons, al cambio 1,57€. Era el atardecer y había una discreta riada de gente que se dirigía hacia un punto del estanque frente a tres bellos pabellones. Dimos por supuesto que desde allí habría un buen sitio para ver el atardecer. En el paseo pudimos disfrutar de la bucólica imagen que se producía con la combinación de los tonos anaranjados del atardecer, la tranquila superficie de agua moteada por plantas acuáticas y los pabellones que orillaban el lago. Una imagen muy idílica reforzada por esa constante actitud de sosiego y tranquilidad que transmiten los coreanos.
Y con este agradable paseo entre tanta historia, nos fuimos a cenar y a descansar. O por lo menos intentarlo, porque mi tío queriendo poner el agua caliente puso la calefacción del suelo sin darse cuenta y la habitación de mi madre y mía ardía, literal. Y el colchón, que estaba en el suelo, debía estar a 40 grados.
Día 4: Gyeongju
Desayunamos en otra de las franquicias de cafeterías/pastelerías que hay en el país, Paris Baguette con una gran variedad de pasteles y cafés.
Por la mañana cogeríamos el coche para seguir descubriendo la historia de Gyeongju. Nuestros destinos serían el Templo de Bulguksa y la Gruta de Seokguram declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1995. Los dos sitios están estrechamente vinculados física, histórica y culturalmente.
La primera parada fue en Bulguksa que es un complejo de templos budistas que comprende una serie de edificios de madera sobre terrazas de piedra elevadas. Los terrenos de Bulguksa se dividen en tres zonas: Birojeon (la Sala del Buda Vairocana), Daeungjeon (la Sala de la Gran Iluminación) y Geungnakjeon (la Sala de la Dicha Suprema). Estas zonas y las terrazas de piedra se diseñaron para representar la tierra de Buda.
Fue un recorrido espectacular donde cada vez que cruzabas una puerta te encontrabas un templo más bonito que el anterior, y puertas de colores muy trabajadas. A mi tío le encanta hacer fotos de puertas, bueno, pues allí se quedó sin espacio en el móvil de tanta foto. En el templo principal pudimos encontrar a más gente, pero a medida que nos desplazabamos iba disminuyendo y llegamos a estar solos con los monjes.
En nuestra segunda parada llegamos a Seokguram en donde vimos a lo alto una gruta artificial de granito a la que accedimos después de subir alguna que otra escalera que en un día caluroso de agosto las escaleras parecen que se dupliquen. Una vez dentro de la gruta se puede admirar una estatua del Buda Sakyamuni.
El espacio que acoge el buda es muy pequeño, es realmente un pasillo ya que está cerrada con un cristal gigante que solo te deja ver al buda a lo lejos, y no te puedes recrear mucho ya que hay mas gente queriendo entrar y hay un guardia vigilando que no hagas fotos y aligerando el tráfico.
Y bueno, que no os lo había dicho aún, nos quedaba una joya que ver antes de comer, el puente Woljeonggyo. Además de verlo también lo sobrevolamos con el nuevo miembro de la familia, el drone. Os cuento un poco y os dejo con las fotos ya que fue maravilloso.
El puente de Woljeonggyo se construyó en 760 d.C, pero fue incendiado. Gracias a la investigación histórica, el puente fue reconstruido en abril de 2018 para convertirse en el mayor puente de madera de Corea. La investigación histórica para reconstruir el puente duró desde 1984 hasta 1986, descubriéndose que el puente se hizo con madera por primera vez. La primera reconstrucción del puente fue de 2008 a 2013 y los toques finales se añadieron entre 2016 y 2018. Gracias a este proceso de investigación y reconstrucción, las futuras restauraciones de edificios históricos tienen una mejor referencia que utilizar.
Para terminar la mañana comimos en un restaurante muy cercano al puente de comida local y seguimos descubriendo sabores. Uno de los mejores momentos del día, sin duda, era la comida.
Después de descansar nos fuimos al barrio tradicional más popular y concurrido de Gyeongju, la calle Hwangnidan-gil. Está flanqueada por edificios antiguos a los que se ha dado un nuevo aspecto con interiores modernos y a la última, que atraen especialmente a la generación más joven. La calle es una mezcla del pasado y el presente, se pueden encontrar restaurantes de estilo hanok, cafés elegantes y una gran variedad de tiendas.
Y como buenos amantes del queso probamos unas galletas rellenas de queso que habíamos estado viendo los días previos. También entramos en un “convenience store” a por un té helado para mimetizarnos más con el ambiente.
Deambulando entre las diferentes calles, fuimos a cenar y a dormir. Tocaba soñar con la siguiente ciudad.
Día 5: Gyeongju – Andong
Nos despertamos y pusimos rumbo hacia Andong, yendo ya hacia el norte, de camino a Seúl. Aquí pasaremos una noche.
Llegamos a Woryeonggyo Bridge, nuestra primera parada. Es un puente que alberga una trágica pero hermosa leyenda sobre una esposa que hizo un par de mituri (zapatos de cáñamo) con su pelo en señal de condolencia por su difunto marido. En conmemoración de su amor puro y noble, el puente se diseñó al estilo mituri. El puente de Woryeonggyo es la pasarela de madera más larga de Corea, tiene una pagoda en el medio y está lleno de luces, y aunque lo vimos de día imaginamos que por la noche tiene que ser maravilloso.
Una vez cruzamos el puente llegamos a Andong Dam Folk Village. Este área es prácticamente un museo al aire libre que muestra casas tradicionales que fueron trasladadas para evitar que quedaran sumergidas por la construcción de la presa de Andong en 1976. Los edificios de estilo tradicional reubicados y parcialmente reconstruidos van desde granjas campesinas con techo de paja a elaboradas mansiones de funcionarios con múltiples patios. El pueblo parece tan auténtico que la cadena de televisión KBS lo ha utilizado como plató de dramas históricos en múltiples ocasiones.
Después de estar solos en este lugar que nos trasladó a épocas pasadas nos fuimos rápidamente al coche, porque, de verdad, hay días que es difícil soportar el calor y hoy era uno de esos, y aun no habíamos pasado lo peor.
Nos pusimos rumbo a otra aldea, Hahoe Village que es Patrimonio de la Humanidad. Esta aldea es una de las más famosas de Corea. Rodeada por el río Nakdonggang, es el hogar de los descendientes del clan Ryu de Pungsan, que aún constituyen el 70% de sus habitantes. La aldea se hizo aún más famosa tras la visita de la reina Isabel de Inglaterra en 1999 y del presidente George H. Bush de EE.UU. en 2005. La aldea tiene muchos tesoros culturales e importantes materiales culturales, lo que le valió la designación de Patrimonio Cultural Folklórico Nacional en 1984. Las máscaras de Hahoe, un tesoro nacional, son también una característica importante de la aldea. Mi madre se encaprichó con estas máscaras, pero le quitamos la idea de la cabeza porque, ¿cómo lo diríamos sin faltarles el respeto? daban un poco de miedo.
Fuimos viendo un poco todas las casas desde las más tradicionales a las más remodeladas, desde las deshabitadas a las habitadas y entre caminos hicimos la visita más rápido de lo que nos hubiese gustado, pero el calor que hacía era abrasante e insoportable.
Fuimos al hotel a hacer el checkin y comimos en un restaurante chino que estaba justo debajo, de maravilla. Hoy tocaba tarde de descanso, aprovechamos que el hotel tenía piscina para relajarnos o eso pensábamos porque había un grupo de escolares que nos lo hicieron un poco difícil, divina niñez. Pero aun así nos dimos un remojón.
Cuando cayó la noche nos fuimos a dar una vuelta por las calles centrales de la ciudad y buscamos un sitio para cenar, vimos un local lleno de gente joven y ahí que nos metimos. Lo típico que no sabes muy bien dónde cenar y dices el que tenga gente, pues eso. Y acertamos, cenamos la mar de bien y cambiamos un poco de la comida oriental a la occidental.
Día 6: Andong – Songdo
Ahora sí, ya nos íbamos acercando a Seúl. Para el día de hoy habíamos elegido Songdo en Incheon. Pero antes hicimos una parada para comer y comprar en Premium Outlets, tenemos tan buen recuerdo de las compras en Los Ángeles y Las Vegas que siempre que vemos un outlet esperamos encontrar lo mismo, pero siempre sin éxito. Este, al llevar el mismo nombre que los americanos y tener la misma apariencia, pensamos que igual podríamos encontrar alguna ganga. Compramos un par de cosas, pero sin rebajas interesantes o por lo menos para nosotros.
Ahora sí, llegamos a Songdo. Y la pregunta es ¿Qué se necesita para construir una ciudad inteligente de la nada? O quizá mejor: ¿qué hace falta para construir una ciudad inteligente de la nada y que tenga éxito? Durante más de una década, arquitectos y urbanistas trabajaron codo con codo para crear Songdo, un flamante distrito comercial que pretendía representar los avances surcoreanos en tecnología e infraestructuras. Songdo fue en su día un modelo de cómo viviríamos en las ciudades del futuro, pero ahora, la realidad en la que rápidamente se convirtió esta ciudad inteligente nos hace replantearnos cómo la combinación de tecnología y comunidad podría haber salido mal.
Songdo, que buscaba una expansión suburbana lejos de una Seúl superpoblada, se construyó de la nada, sobre casi 1.500 hectáreas de tierra ganada al Mar Amarillo. Corea del Sur y empresas privadas habían invertido más de 35.000 millones de dólares en ella. Songdo se concibió en los primeros años del siglo XXI como una ciudad completamente sostenible y de alta tecnología, que planearía un futuro sin coches, sin contaminación y sin espacios superpoblados además de ser hasta un 40% de su superficie verde. Era esencialmente una utopía que ofrecía todo lo que Seúl no ofrecía, y se posicionaba como un nuevo centro económico global, con el talento y los negocios adecuados que le permitirían competir con otros mercados asiáticos.
No cabe duda de que Songdo es revolucionaria y, con diferencia, la ciudad más tecnológicamente integrada del mundo. Pero lo que olvida en su visión de la ciudad del futuro es que las ciudades están pensadas para las personas, no para la inteligencia artificial y los sensores.
A parte de esto a mi lo que vimos de la ciudad me impresionó, pero la vi triste, le faltaba vida. Lo que primero visitamos fue el Songdo Central Park justo enfrente del hotel. Y seguro que al leer el nombre has pensado en New York, pues sí está inspirado en el Central Park de Nueva York. Cuenta con senderos, prados y con un lago artificial de agua marina. Todo ello rodeado de un conjunto de edificios bastante impresionante, pero hay que destacar el edificio escultura Tri Bowl, realizado por el mismo arquitecto que el Ayuntamiento de Seúl. La verdad que es un lugar para desconectar y reunirse, además de muy fotogénico. Sin duda el centro y pulmón de Songdo.
De aquí fuimos paseando hasta el Hyundai Premium Outlet para dar una vuelta y cenar. Pero como siempre nos tocó darnos prisa porque aquí cenan muy pronto y estaban cerrando a las ocho de la tarde. Después de una buena sopa coreana, salimos y paseamos por Triple Street. Esta calle cuenta con las nuevas tendencias y estilos que la convierten en un lugar de visita obligada. Es un complejo multicultural y un patio de recreo en la ciudad para que personas de todas las edades disfruten de experiencias, cosas que ver, además de darse un festín con la gran variedad de restaurantes que ofrece. Es una calle con edificios comerciales a los lados, con techos muy coloridos como podéis ver en las fotos, y en general desprendía mucha alegría y diversión.
Día 7: Songdo – Seoul
Ya notaba que el viaje iba llegando a su fin y me fui poniendo un poco triste aunque intentaba que no se me notase. Hoy ponemos rumbo a Seúl, última parada para mi antes de volver a Sídney.
Desayunamos y nos pusimos rumbo a la capital, fuimos directos al airbnb que habíamos cogido para la semana, a dejar todas las maletas y ya de ahí a devolver el coche que de tantas carcajadas, confesiones y canciones había sido cómplice.
Ahora tocaba moverse en transporte público, así que cogimos un autobús y nos fuimos a la zona de Myeongdong que es uno de los principales distritos comerciales y turísticos de Seúl. Además Myeongdong fue catalogada como la novena calle comercial más cara del mundo. Escogimos un coreano para comer noodles, dumplings y un pan dulce con leche condensada para chuparse los dedos.
Después de descansar en el Airbnb nos fuimos a descubrir el Dongdaemun Design Plaza, un importante hito urbanístico de Seúl de 2014, diseñado por Zaha Hadid y Samoo, con un distintivo diseño neofuturista caracterizado por las poderosas formas curvas de estructuras alargadas. Se celebran exposiciones, desfiles de moda, foros, conferencias y otros eventos. Es un edificio muy impresionante por volumen y formas que hay que ver desde diferentes puntos, además de visitar su interior. Sin embargo, tuvimos la impresión de que les ha quedado bastante grande el proyecto por varios motivos:
Los espacios interiores son grandísimos y no tienen contenidos para dar vida a tanto espacio. Queda todo desangelado: el bar, la exposición itinerante del pintor checo Alfons Mucha, la tienda, los pasillos, las exposiciones permanentes, los espacios de descanso… A esto hay que añadir que no hay apenas gente.
Por otro lado, un proyecto tan ambicioso y vanguardista parece que tendría que haber añadido ciertas dosis de modernidad a la zona.
Imaginamos que habrá días que se celebrarán determinados acontecimientos que congregarán grandes multitudes (así lo atestiguan muchas fotos que promocionan este espacio). A pesar de ello es un edificio que hay que ver con detenimiento tanto de día como de noche, pues tiene una iluminación que transforma la visión.
Muy cerca está el Dongdaemun Market. Es una zona comercial que cuenta con más de 20 centros comerciales y mercados tradicionales, 30.000 tiendas y 50.000 fabricantes.
Seguimos caminando paralelos al arroyo y llegamos a otro mercado, está vez de comida. Es el mercado de Gwangjang fundado en 1905, es el más antiguo de Corea que además se hizo muy famoso por el popular programa coreano «Running Man».
Es uno de los mejores lugares para disfrutar de la comida callejera tradicional coreana. Este mercado sigue siendo auténtico y conserva su herencia cultural, estilo y encanto coreanos.
Terminamos aquí el día, cogimos un uber y nos fuimos a comprar un buen manjar para cenar en casa.
Día 8: Seúl
Mi último día completo en Corea y lo peor de todo, con mi familia. En un día y medio estaría de camino a las antípodas, para volver a estar a más de 17.000 km de distancia. Pero seguro que soñando con nuestro próximo reencuentro por el mundo, además ahora volvía a Australia para la recta final. Y en estos 3 meses que me quedan quiero hacer alguna escapada de la que seguro os hablaré en un próximo Vuelo.
Empezamos el día cogiendo un Uber hasta Bukchon Hanok Village. Rodeado por el palacio Gyeongbokgung, el palacio Changdeokgung y el santuario Jongmyo. El pueblo hanok de Bukchon alberga cientos de casas tradicionales, llamadas hanok. El nombre de Bukchon, que literalmente significa «pueblo del norte», se debe a que el barrio está al norte de dos importantes monumentos de Seúl, el arroyo Cheonggyecheon y Jongno. Hoy, muchos de estos hanoks funcionan como centros culturales, casas de huéspedes, restaurantes y cafeterías.
Fue un paseo muy agradable entre el Seúl tradicional y al fondo el Seúl de hoy en día y del futuro, además había muchos locales y no tan locales vestidos con el traje típico coreano, el Hanbok. Esta indumentaria se caracteriza por tener colores llamativos, de líneas simples y sin bolsillos. En la antigüedad los colores de la ropa tenían un gran significado social, pues se usaban para distinguir al pueblo de la realeza; a las mujeres casadas de las solteras e, incluso en la actualidad, a la madre de la novia y la del novio en las bodas. Con la introducción de las costumbres occidentales en Corea ha disminuido mucho el uso del hanbok como ropa diaria. No obstante, aún puede verse en bodas o reuniones sociales.
Consejo práctico: nosotros fuimos con el taxi hasta la parte de arriba de Bukchon Hanok Village así que hicimos el paseo hacia abajo, porque si al calor que hace le tienes que sumar las cuestas, ya apaga y vámonos.
Una vez llegamos abajo de esta zona cogimos un metro hasta el barrio de Gangnam, al sureste de la ciudad. Mucha gente tiende a reunirse en la estación de metro de Gangnam, ya que el lugar es geográfica y comercialmente adecuado como punto de encuentro para reuniones sociales o eventos. Lleno de restaurantes, tiendas, librerías… Por ello suele estar bastante abarrotado.
Nuestra primera parada en la zona fue en la estatua de bronce de 9 metros de altura de Gangnam Style, ya que este barrio se ha hecho famoso en todo el mundo gracias a la canción de Psy. La estatua representa a dos manos con las muñecas superpuestas, en el típico movimiento de la danza del video de la canción.
Después fuimos a conocer Starfield Library, una biblioteca de dos plantas que cuenta con estanterías de 13 metros de altura con más de 50.000 libros, desde literatura a pasatiempos, así como más de 400 tipos de revistas. Completamente espectacular. Familias, jóvenes, mayores… todos se encontraban en esta biblioteca, rebuscando en las estanterías, leyendo o tan solo admirando la inmensidad del espacio… aunque a alguno pillamos echando alguna cabezada entre estanterías.
En este complejo de COEX también pudimos disfrutar de la inmensa pantalla exterior en ángulo. Si te sitúas en una zona determinada frente a la pantalla la imagen en ocasiones es tridimensional, consiguiendo un efecto sorprendente. Imaginamos que de noche este efecto debe ser más acentuado. Esta no fue la única pantalla con efecto tridimensional que vimos, pero sí la más grande.
Comimos en el COEX Mall, centro comercial donde está el metro y la librería, en un turco buenísimo. Aunque la comida coreana me encante, a veces también se agradece comer otro tipo de comida y descansar de tanto picante.
Mi madre y yo nos fuimos al piso 121 de la torre Lotte para ver la majestuosidad de Seúl desde lo más alto y desde ahí arriba parece que la ciudad no tenga límites. Lotte World Tower es el edificio más alto del país y el quinto del mundo. Para llegar al Seoul Sky, se toma el Sky Shuttle que es un ascensor que alcanza una velocidad de 600 metros por minuto. El trayecto, de un minuto de duración, se te hace corto al ver los vídeos que se proyectan en las paredes y el techo.
El Sky Deck, situado a 478 metros, ostenta el récord Guinness como el observatorio con suelo de cristal más alto del mundo. Y la verdad que es mejor no mirar hacia abajo cuando caminas sobre él… ¡Qué vértigo!
Después de varios trenes y tras una hora de trayecto llegamos al centro de la ciudad, volvíamos a Myeongdong para ver el ambiente nocturno y hacer algunas compras de productos de cosmética. La cosmética coreana es una de las más conocidas y valoradas a nivel mundial, así que verás tiendas por cada esquina. ¿Pero por qué es tan conocida? Pues en el pasado, sus habitantes se exponían muchas horas a los efectos negativos del sol, y ya te imaginarás las consecuencias: piel más oscura, manchas, quemaduras, arrugas… Desde ahí comenzaron a desarrollar remedios para esos daños que el sol causaba en la piel.
A nivel cultural, para los coreanos la piel bronceada es sinónimo de “clase baja”, mientras que la piel clara significa “clase alta”. Por eso, los agricultores empezaron a buscar remedios cutáneos en la naturaleza y, lo consiguieron. De hecho, con el paso de los años acabaron convirtiéndose en referentes del mundo de la cosmética aunque no fue hasta la década de los cuarenta cuando la economía de Corea comenzó a crecer exponencialmente y entonces esas curas se fabricaron en masa y varias compañías dedicadas al cuidado de la piel nacieron.
Una vez teníamos nuestras cremas, mascarillas para la cara y para los pies, y productos para el cabello nos fuimos a hacer otra cosa típica Coreana, y es la de entrar en un estudio de fotografía o más españolmente conocido como fotomatón. Están por todas partes, son como tiendas con varios fotomatones en su interior y un sinfín de artilugios con los que posar. Además tienes espejos, peines y planchas de pelo para salir estupendo en las fotos.
Fue un buen rato de risas, fotos y cambios de vestuario, momentos que se te quedan grabados en la memoria. Una felicidad tan pura que une aún más como familia y a la que vuelvo cuando les echo de menos.
Después de alguna que otra compra más y perdernos entre los puestos callejeros, cenamos y nos preparamos para un día de muchos sentimientos.
Día 9: Seúl
Era el día. Mis últimas horas en la ciudad y con ellos. No sabíamos cuándo nos volveriamos a encontrar, pero soñábamos con que fuese en navidad en otro país.
Empezamos el día yendo a la zona universitaria y más juvenil de la ciudad, Hongdae. En esta zona se encuentra la Universidad de Hongik, que da nombre al barrio, conocido por su arte urbano y su cultura de música indie, y en el que hay muchos clubs y áreas de entretenimiento.
Bajo la influencia de la Universidad Hongik, que es conocida por su prestigiosa escuela de arte, el barrio se construyó sobre una base de almas artísticas desde la década de los noventa. En los primeros días, gracias a los alquileres baratos, los músicos y los artistas callejeros comenzaron a mudarse a los talleres de la zona de Hongdae. Esto también pasa en otras ciudades como con la zona de Malasaña en Madrid, Shoreditch en Londres, Williamsburg en Nueva York…
Muchos vienen a Hongdae por sus características estéticamente únicas. Hay muchos murales de graffiti pintados por todas las calles… Una de las zonas más conocidas por estos murales es Hongdae Mural Street, también conocida como «Calle de Picasso».
Además Hongdae cuenta con tiendas que venden de todo, desde ropa y cosméticos hasta artículos para el hogar y libros, así como cafés y restaurantes únicos.
Una vez que llegamos a la zona no encontramos esa vida de la que os hablo y claro luego pensamos que si es una zona juvenil conocida por los clubes nocturnos, lo normal es que la gente se acueste tarde y empiece más tarde el día y así lo comprobamos en los horarios de apertura de las tiendas. Nos tocaba hacer tiempo, así que nos pusimos en busca de una cafetería y no fue tarea fácil, pero encontramos una y a la hora de pedir yo no encontré nada que me apeteciese ya que no me gusta el café ni el té, así que pedimos para todos menos para mi. Bueno, pues mi sorpresa fue cuando recogí el pedido, que no había sido barato, y me dijeron los dependientes que o pedia algo o me tenía que ir de la cafetería. Qué sentimiento más triste me entró por el cuerpo. Así que me tocó pedir una galleta para poder estar con mi familia.
Ya eran las 11 de la mañana y la zona empezaba a estar animada así que salimos a disfrutarla y a entrar en las tiendas y locales.
A la hora de comer fuimos en busca de un local que habíamos visto en nuestro paseo y que está en la guía Michelin. Era comida basada en el ginger o jengibre, muy buena y diferente.
Sin tiempo para descansar nos fuimos a por mi última parada, el palacio Gyeongbokgung. Construido en 1395, el palacio se conoce como el Palacio del Norte porque es el que está situado más al norte de los palacios vecinos de Changdeokgung (Palacio del Este) y Gyeonghuigung (Palacio del Oeste). El de Gyeongbokgung es sin duda el más bonito y grande de los cinco palacios. En su día, el recinto fue destruido por un incendio durante la Guerra de Imjin (1592-1598). Sin embargo, todos los edificios fueron restaurados durante 1852-1919, un total de 500. Sorprendentemente, los edificios más representativos de la dinastía Joseon, el pabellón Gyeonghoeru y el estanque alrededor del pabellón Hyangwonjeong, han permanecido relativamente intactos.
Y ahora sí, fuimos al Airbnb a por las maletas y al aeropuerto de Incheon que está a una hora en tren desde el centro de Seúl.
Tocaba despedirse para soñar con un nuevo Vuelo y un nuevo reencuentro.
Ahora os dejo con la continuidad del viaje de mi familia.
Prolongación en Seúl:
Los días posteriores en Seúl los aprovechamos para disfrutar de los sitios con más tranquilidad y dejándonos llevar por el momento y no tanto por la “prisa turística de verlo todo en el mínimo tiempo”.
Desde esta perspectiva tenemos que destacar los siguientes aspectos.
Como más arriba hemos comentado volvimos al Centro Dongdaemun por la tarde-noche. El edificio ofrece otra imagen, pero igualmente apoteósica gracias a la luz nocturna, que potencia las formas, y a los ventanucos distribuidos de forma caprichosa por la superficie metálica del edificio y que tienen una tenue iluminación. La imagen nocturna quizá es más bonita que la diurna, pero lamentablemente hay que decir que el edificio y la zona estaban igual de “muertos” que durante la mañana.
Otra zona que pudimos repetir y recorrer con gran tranquilidad fue Insadong e Ikseondong, es la parte baja de la zona tradicional que queda entre las dos grandes masas verdes que destacan en el centro de Seúl. Es probablemente la zona que mejor representa la vida de Seúl. En ella tenemos la arquitectura tradicional, pequeños locales comerciales con la esencia coreana (sin artificios ni franquicias internacionales), muchos restaurantes con una atmósfera encantadora, un ambiente vivo,… una maraña de callejuelas enemigas de la orientación; claramente una zona Imprescindible.
Otra mañana repetimos paseo por la zona Gangnam, supuestamente una de las mejores zonas de todo Seúl, y nos fuimos a la mejor calle comercial de todo el distrito: Garosul Gil. Ésta es una calle estrecha y no muy larga con concentración de tiendas de marcas de lujo. Sin embargo la calle transmite soledad, abandono y pena. Quiso ser pero no pudo… ni de lejos. Hay un local con el letrero de Zara ya cerrado y con las huellas de meses de abandono. Una pérdida total de tiempo. No vayáis. Fue tan anodino el paseo que ni siquiera hicimos fotos.
Muy cerca de nuestro apartamento estaba el Museo de la Historia de Seúl. Aprovechando una tarde de lluvia nos metimos a verlo pero sin expectativas; sin embargo hubo dos aspectos que nos encantaron: un gran espacio dedicado a cafetería con un gran ventanal a unos jardines con mucho encanto y otra sala con una maqueta muy realista de todo Seúl. La maqueta ofrece una visión muy clara de las dimensiones de la ciudad; además en esta sala cada 20 minutos realizan una proyección de diferentes partes de la ciudad actual.
Tres días en Busan:
En la preparación del viaje hubo muchos aspectos que no tuvimos claros, por lo que en lugar de cerrar cada detalle desde España dejamos varias partes o días del viaje para determinarlos según se fuera desarrollando. En concreto no sabíamos cuántos días necesitaríamos para ver y disfrutar Seúl y por otro lado estaba la climatología de agosto que es muy calurosa e inestable. Teniendo en cuenta estas variables y algunas otras decidimos pasar 3 días en Busan. Intentamos comprar los billetes por Internet pero como no vimos muy claro el proceso de compra aprovechamos un paso por la estación central de trenes y por 84 euros compramos cada billete de ida y vuelta por persona en clase turista. La distancia aproximada de 400 kilómetros la hace en menos de 3 horas y con varias paradas.
Para escoger la zona en la que alojarnos nos planteamos la posibilidad de hacerlo en la zona de la playa de Haeundae, pero aunque debe ser una zona muy turística, lo cual puede ser muy bueno o muy malo, ofrece ante todo un plan de playa masificada (esta es la playa más popular de Corea del Sur). La rechazamos a favor de la zona más céntrica de Busan: Seomyeon. Esta es una zona que acoge mucho ambiente juvenil, es una de las partes neurálgicas de la ciudad y está muy bien comunicada a todas las zonas que queríamos visitar.
Los más destacable de Busan:
– Seomyeon tiene una zona bastante vital, con centros comerciales grandes, con un inmenso mercado muy interesante, y por la tarde-noche hay una zona que se anima mucho con muchos locales, tiendas y clubes para los jóvenes. Tambien está Jeonpo Cafe Street, es decir una zona en donde hay bastantes cafés con mucho estilo y personalidad.
– Bujeon Market. Situado en el barrio anterior. A pesar de que ya habíamos visto muchos mercados, éste volvió a sorprendernos. Es un derroche de colorido, gente, productos raros, olores… un espectáculo.
– Gamcheon-Dong. Una de las imágenes más usadas para promocionar Busan. Es un barrio de trabajadores del mar que ha sido recuperado gracias a un programa de adecentamiento de calles y casas. Destaca el hecho de que se pintaron las casas de colores y ofrece una imagen pintoresca. Hay señalizado un paseo que atraviesa el barrio. En este paseo te encuentras con muchos elementos que hacen referencia a El Principito (personalmente me parecieron totalmente fuera de lugar estas referencias). El paseo está bien, pero no se deben tener muchas expectativas. Nos recordó mucho a algunos barrios de Río de Janeiro y a la Comuna 13 de Bogotá, aunque éstos barrios los disfrutamos mucho más.
– A pocas paradas de autobús de este barrio se encuentra Biff Square, que es “el paseo de la fama” coreano creado a raíz del Festival de Cine de Busan. Está considerado una atracción turística, pero realmente no aporta nada.
Al menos está pegado a Jagalchi Market, el Mercado del Pescado. Éste se extiende en una superficie al aire libre y otra parte dentro de un feo edificio moderno frente al mar. Pero los productos que se exponen para la venta junto a las mujeres vendedoras con una imagen muy auténtica son todo un espectáculo; puestos muy ordenados y una variedad de animales y bichos marinos sorprendente. Es una muestra de la riqueza infinita del mar.
– Dimos un paseo muy agradable desde la zona moderna del Centro de Convenciones y Exhibiciones hasta el Millak Waterside Park. Este es un paseo de madera en una de las orillas del río. Según vas avanzando en el paseo la imagen va haciéndose más apoteósica; por un lado está el conjunto de estilizadas torres y por otro el puente de Gwangan. Imprescindible.
– Nosotros tomamos la decisión de no ir al famosísimo templo Haedong Yonggungsa Temple. Por las fotos debe ser realmente bonito, especialmente por la ubicación, pero nuestros 3 días en Busan coincidieron con el puente festivo del 15 de agosto y eso suponía que la masa habitual para visitar el templo iba a ser mayor.
– Para el final dejo Hurshimchung Spa. Es el balneario más completo en el que hemos estado, y hemos conocido muchos. Tiene múltiples piletas de diferentes temperaturas, aguas con diferentes mineralizaciones, con cerveza, con chorros de variadas presiones, con diferentes formas para que te puedas sentar, tumbar, con todo tipo de potingues para el cuidado del cuerpo. Tiene espacios para mujeres y hombres separados, bastantes niños (era un día de fiesta), pero un ambiente de muchísimo respeto y relajación. Pasamos cerca de 3 horas maravillosas. Por 10 eurillos. No se pueden hacer fotos, por lo que no hay más solución que ir a verlo y vivirlo en persona.
Tras estas valoraciones viene la gran cuestión: ¿Merece la pena visitar Busan? Creo que sí si tienes días suficientes en Corea. Además Busan será la sede de la Exposición Universal en 2030 y será muy popular. Voy más allá. Creo que con tiempo suficiente en Corea se puede hacer el recorrido que nosotros hicimos pero en tren, con paradas en Suwon, Gjeongju y Busan (Andong lo dejaría condicionado a la disponibilidad del tiempo).
OTRAS REFLEXIONES:
– El contacto con la gente: Junto a los japoneses probablemente podemos decir que los coreanos son la gente más cívica que hemos visto por el mundo. Son respetuosos en todos los aspectos: el cruce de peatones, los asientos reservados en el metro, las filas en los transportes y tiendas, tan respetuosos que por no entrometerse en tu intimidad apenas te miran a los ojos; esto, por otro lado, resulta un poco chocante para nuestro espíritu, pero en cuanto te dirigías a ellos se volcaban plenamente, en ocasiones con una entrega total. Este nivel de civismo y orden se extiende también a una sensación de seguridad plena; en ocasiones sorprendente.
– Seúl es una gran ciudad. Urbanísticamente las zonas nuevas están muy bien diseñadas y lógicamente la búsqueda de la belleza y el confort son muy importantes. Para conseguirlo le dan una gran importancia al ajardinamiento (destaca el tratamiento que le dan a los árboles ornamentales) y a las múltiples esculturas que hay en las calles.
– Alquiler de coche: Nosotros alquilamos el coche cerca de la estación central de trenes. En concreto en Lotte Car Rental. Por 5 días pagamos unos 430€ por un Hyundai Sonata. Resulta un poco difícil decir si merece la pena o no moverse con un coche alquilado. Esta duda creo que ya es bastante significativa. Está claro que un coche te lleva hasta la puerta de los lugares a los que vas, pero por otro lado tienes que sufrir el desconcierto del tiempo que te llevará el moverte especialmente por grandes espacios urbanos (y son muchos) y por otro lado la dificultad para aparcar. Por otro lado, la red de transporte público es barata y llega a todos los lugares de interés. En nuestro caso al ser una familia económicamente nos salía más rentable el coche, para dos creo que es más barato el transporte público. Detalle muy importante; tenéis que bajaros la aplicación Kakaomaps para moveros por el país, puesto que Google Maps tiene un uso limitadísimo.
– Valoraciones exageradas. Quizá lo que vamos a comentar es algo habitual en las guías de viaje: todos los sitios parecen maravillosos. Sin embargo en este viaje he sentido que la imagen que tenía de algunos sitios por lo que había leído en las guías estaba muy por encima de lo que hemos descubierto. En concreto vamos a mencionar:
El Centro Dongdaemun. Ya hemos comentado antes que es un gran edificio cuyo interior no ofrece apenas interés, buena parte de la superficie interior está vacia. Además la zona no aporta ningún interés especial (salvo alglún mercado cercano muy anterior al edificio. A pesar de todo hay que verlo.
El barrio de Hongdae. Es un barrio muy vital, pero mucho cuidado, tienes que ir por la tarde. A las 11 de la mañana empiezan a abrir las tiendas y no se anima hasta varias horas después. Es un barrio que, en efecto, se anima mucho, pero no ofrece más que tiendas y locales sin demasiado interés. En este barrio hay dos lugares que destacan: un mercado que abre los fines de semana que no pudimos ver y un parque lineal que se llama Geongui Line Book Street. En cuanto a éste es un parquecillo graciosillo con algunas casetas vacías; pero en cuanto a libros nada de nada…
La zona de Songdo en Incheon. Es cierto que las intenciones iniciales fueron muy ambiciosas y que buena parte de ello se ejecutó y ahí está, pero hay que tener muy claro que de lo que se esperaba que fuera a lo que realmente es hay una gran distancia. Hay alguna zona que transmite abandono y dejadez, en concreto la zona que conecta el Central Park con Triple Street Building, una zona comercial que nos gustó mucho. Además de esta dejadez en muchos elementos urbanísticos le falta ambiente humano. Sin embargo aunque hay que ir sin mucho entusiasmo, a nosotros nos gustó mucho y merece la pena.
Dentro del barrio Gangnam se destaca siempre, como contamos más arriba, una calle como la que reúne las mejores y más elitistas tiendas, Garosil, por lo que si unimos la mejor tienda en uno de los mejores barrios de todo Seul es inevitable esperar algo realmente llamativol. Sin embargo aquí no hay matices. Lo que nosotros pudimos observar un mediodía de agosto es que es una calle muerta.
Habitualmente acabo “Mis vuelos” invitando a todos a que viajen al país protagonista y en este caso también lo haré, pero con algunos matices:
1.- El paisaje interior es muy bonito puesto que es todo muy montañoso y verde, pero es muy poco variado, de tal forma que resulta muy repetitivo (por supuesto nuestra referencia es el recorrido en coche desde Seúl a Gyengjiu y en tren desde Seul a Busan (en ambos casos de norte a sur)).
2.- Por otro lado, para mi es muy importante el encontrar sitios en los que poder disfrutar de un baño, desde una playa de aguas cristalinas con corales a una piscina, mucho más cuando el calor es tan asfixiante; sin embargo en nuestro recorrido no encontramos ningún sitio natural donde bañarnos y en cuanto a piscinas solamente tuvimos en el hotel de Andong, aunque no la pudimos disfrutar puesto que era muy pequeña y estaba totalmente ocupada por grupos organizados de niños.
3.- Las partes más tradicionales de Corea son relativamente reducidas, aunque muy bien conservadas.
4.- Desde hace algunos años se está promocionando mucho la K cultura, pero en nuestra estancia como turistas no la percibimos apenas.
Por último, para nosotros fueron inevitables las constantes comparaciones con Japón y aunque Corea queda en segundo lugar está claro que es un país que reúne sobrados motivos para vivir unas vacaciones allí. Hasta pronto…
Viajar es evolucionar.
Pierre Bernardo
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¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Gracias por leerme y acompañarme en cada aventura por el mundo. Esta vez volamos a la otra punta del mundo, Nueva Zelanda.
Este es un país que me llama mucho la atención y que estaba en mi bucket list desde que llegué a Australia. Lo ideal hubiese sido recorrer las dos islas que conforman el país, pero como para eso se necesitan 10 días por lo menos… fui a lo fácil, visitar Auckland.
De locuras se vive o eso dicen, así que para este Vuelo hice una… La tarde del sábado 29 de abril me saqué un vuelo para la mañana siguiente a Auckland desde Sydney, donde vivo actualmente. Eso sí, la emoción del momento me pudo y empecé la casa por el tejado, me saqué el billete de avión sin mirar si necesitaba un visado para entrar al país. Una vez comprado fui a hacer el check-in, ya que el vuelo salía en menos de 24 horas, y al realizarlo me decía que no podía, tenía que ir a las mesas de facturación del aeropuerto… ¡para enseñar EL VISADO! Primera en la frente, ya empecé a sudar. Busqué rápidamente en la página del gobierno de Nueva Zelanda qué visado necesitaba si volaba desde Australia. Me pedían el visado de turista NZeTA (solo quedan exentos de visado los ciudadanos permanentes en Australia). Apliqué, pagué y por suerte me llegó aceptado al par de minutos… Ufffff qué alivio.
Ahora sí, busqué un hostal céntrico, preparé la maleta e investigué todo lo que tenía que ver en Auckland. Me fui a dormir y a soñar con todo lo que me depararía esta nueva aventura, aventura que afrontaba en solitario; pero lo que yo no sabía que sería solo por unas pocas horas.
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Día 1: Viaje a Auckland y primer contacto con la ciudad
6.00 am, sonaba el despertador y me levanté con esa ilusión de un nuevo viaje, una nueva aventura, una nueva experiencia que sabes que te va a cambiar un poco, a enriquecer y que sin duda no olvidarás.
A las 11.00 salía mi vuelo de 3.15hr a Auckland. Llegué con tiempo al aeropuerto para chequear que todo estaba en orden y no tenía ningún problema con mi visado. A la hora prevista partimos al nuevo destino, cruzando el Mar de Tasmania. Y a las 16.15 aterrizamos (hay una diferencia de 2 horas más con respecto a Sydney), una vez llegas y pasas el control de pasaportes y la ‘entrevista’ sobre tus razones de visitar el país, vas al control de equipaje en donde al igual que en Australia son muy estrictos con lo que puedes entrar al país sobretodo con la comida.
Otra de las cosas que me llamó la atención es que no podías entrar zapatillas que estuviesen sucias.
Una vez fuera del aeropuerto tomé el autobús de la compañía Skybus que cuesta $17 y te deja en la Sky Tower en media hora. Me decidí por esta opción ya que eran las 17.00 de la tarde, era de noche y prefería llegar cuanto antes al hostal para acomodarme y dar el primer paseo por la ciudad.
En cuanto a este trayecto hay una opción mucho más económica, que sería la que cogería a la vuelta. Autobús público ‘Air’ hasta la estación de tren de Puhinui y de aquí un tren hasta la estación de Britomart en el centro de Auckland ($2,45). Eso sí, tarda una hora.
A las 18.00 fui a por mi primera toma de contacto con la ciudady la verdad es que me defraudó un poco: domingo lluvioso, todas las tiendas cerradas y las calles casí desérticas; los pocos que había eran personas que no tenían un techo donde dormir y lo hacían en las calles principales de la ciudad. Esto último me sorprendió porque Nueva Zelanda está siempre en el Top de los países donde vivir por su calidad de vida y economía.
Cuando volví al hostel sobre las 20.00 de la noche conocí a Marcos y Román que son de Uruguay y Chile respectivamente. Nos quedamos varias horas hablando sobre nuestras vidas, nuestros países y las razones que nos habían traído a las antípodas.
Día 2: Auckland a fondo
Me gustaría empezar con un poco de historia sobre el país. Nueva Zelanda es una de las masas de tierra más recientemente pobladas. Los primeros pobladores conocidos fueron los polinesios que llegaron en canoa entre los años 1250 y 1300. A lo largo de los siglos siguientes, los inmigrantes polinesios crearon una cultura distinta conocida como “maorí”. El idioma maorí está presente en la actualidad y es una de las cosas que me llamó la atención sobre todo en el transporte público, ya que todo está en inglés y maorí. Además seguro que os suena el “haka” de los All Black (equipo nacional de rugby) que hacen antes de todos sus partidos; en el pasado era el grito de guerra de los maoríes en el campo de batalla. Estos gritos y golpes rítmicos deben intimidar al adversario e infunden valor al guerrero maorí aunque actualmente los utilizan en ceremonias de recepción a visitantes extranjeros.
El país está formado por dos grandes islas:
La isla Norte: representa el 42% de la superficie total del país y sus principales ciudades son Auckland (ciudad más poblada del país), Wellington (capital de NZ) y Hamilton.
La isla Sur: representa el 58% del país pero vive solo una cuarta parte de la población. Entre sus principales ciudades encontramos Christchurch, Dunedin, Invercargill, Nelson y Queenstown.
Y ahora sí, ha amanecido y yo estoy deseando conocer Auckland; así que a las 9.00 am ya estaba en la calle dispuesta a ‘patearme’ la ciudad de arriba abajo. Empecé recorriendo la calle principal, Queen St., llena de rascacielos, tiendas exclusivas y conocidas mundialmente, centros comerciales y galerías como Strand Arcade y Queens Arcade.
Atravesé uno de los centros comerciales, Commercial Bay, y fui a la calle paralela Albert St. para ver St Patrick’s Cathedral. Actualmente esta calle está en obras de principio a fin, bueno casi toda la ciudad está siendo remodelada para hacer un metro que comunique todo el centro de la ciudad.
Allí donde haya una iglesia de St Patrick’s voy, y es que me encanta recordar y dar gracias por mi etapa en Irlanda. Si te esperas una catedral como la de NY o Dublin… ve quitándote la idea de la cabeza, es una iglesia muy modesta que se creó para atender a los católicos, en su mayoría irlandeses, en Auckland en 1840.
Otra de las paradas en esta calle es para ver el edificio por excelencia de esta ciudad, la Sky Tower. Es una torre de telecomunicaciones y difusión de radio y televisión de 328 metros y cuenta con varios miradores para admirar la ciudad.
Prosigo mi paseo hasta llegar a Aotea Square que es una gran plaza que se utiliza para conciertos, mercados y actos públicos. En esta plaza se encuentran el ayuntamiento, el cine y el teatro. Además en la entrada de la plaza encontramos un arco llamado «Waharoa» (puerta en maorí) de madera y cobre. Se trata de una versión expresionista de una puerta de entrada tradicional maorí. Presenta símbolos como pájaros, peces, la luna creciente y las estrellas, pero también elementos como el símbolo del desarme nuclear, reflejo de las influencias modernas en el arte neozelandés.
Mi siguiente visita era al barrio de Wynyard. Fui paseando hasta Viaduct Harbour (las distancias en el centro de Auckland son cortas por lo que puedes ir andando). Este puerto es un antiguo puerto comercial del paseo marítimo de Auckland que se ha convertido en una urbanización de apartamentos de lujo, oficinas y restaurantes. Llegué hasta el Wynyard Crossing que es un moderno puente basculante para peatones y ciclistas construido en 2011 que conecta el barrio de Wynyard con el paseo marítimo de Auckland.
Justo después de cruzar el puente podemos hacer la foto típica de Auckland con todos los rascacielos y la Sky Tower.
Estamos en el barrio de Wynyard, en 2012 buena parte de la zona seguía ocupada por instalaciones de almacenamiento de gasolina y productos químicos, pero ahora desaparecen lentamente para dar paso a una zona residencial y comercial. Sin duda todo este último recorrido me encantó.
Después de agotar la batería de mi cámara de fotos me fui en búsqueda de un restaurante para cargar pilas, literal.
Me puse en dirección a Albert Park sin saber que acabaría enamorada de esta zona de la ciudad; por cierto una zona de la que no había oído hablar mucho en las guías. Subí por Vulcan Lane, una callejuela escondida en el corazón de la ciudad y que en mi primera noche pude comprobar que era también el pulmón de la fiesta llena de bares y pubs. En fin es una callejuela llena de carácter y vida.
De pronto me encontraba en una plaza, Freyberg Place, donde había un edificio altísimo, secundado por palmeras y cuando seguí echando un vistazo me topé con una calle de edificios de colores bajitos y al fondo un edificio de cristal muy apoteósico, seguí mirando hacia la derecha y había un rinconcito que me recordó a una zona de Beverly Hills que se llama Two Rodeo. Esta plaza, Chancery SQ., estaba llena de cafés y boutiques que junto con lo cuidado que está este espacio, hacen de este lugar un sitio muy especial.
Ahora sí, Albert Park. La historia y el diseño del parque lo han convertido en un importante lugar de visita tanto para los habitantes de Auckland como para los visitantes como yo. En el centro del parque hay una fuente victoriana y muy cerca se alza una estatua de la reina Victoria. Además podemos encontrar altísimas palmeras y un reloj floral. Es un lugar perfecto para escapar del bullicio de la ciudad.
Justo al lado del parque se encuentra la Galería de Arte de Auckland, que alberga una de las mayores y más renombradas colecciones de artistas locales e internacionales del país.
Me fui hacia el puerto de Auckland bajando por la calle Princess St. y me siguió sorprendiendo cada calle y rincón de este recorrido. Así que decidí investigar sobre esta zona y aquí va la historia.
Al igual que las élites de otros lugares del mundo, los ricos de Auckland se dirigían a las crestas. Desde allí podían contemplar el desordenado distrito comercial mientras disfrutaban del aire fresco, el sol y las vistas de los barcos que se dirigían a sus almacenes. Cuando la Comisión de Mejoras de la Ciudad, con problemas de liquidez, decidió subdividir gran parte del lado oriental de la Reserva del Cuartel Albert, esta parte de la ciudad atrajo a los comerciantes. Estaba cerca del Northern Club (del que ahora hablaremos), la Casa de Gobierno y otros lugares de culto. El requisito de construir una sola vivienda en cada parcela arrendada y de que cada casa adosada valiera al menos 700 libras completó la ingeniería social. Entre los propietarios figuraban importantes químicos, editores y comerciantes.
Las casas deberían haberse derribado cuando expiraron los contratos de arrendamiento de 99 años, pero cinco sobrevivieron. Durante la mayor parte de su existencia, estas casas de mercaderes dieron cobijo al tipo de gente que originalmente se suponía que no debía entrar en esta parte de la ciudad, o a las instituciones que las salvaron de la destrucción.
Según seguía bajando la calle me topé con Bowen Ave que me dió esta magnífica foto de la ciudad.
Justo en la esquina de la calle estaba The Northern Club una casa de las que sabes que ha vivido mucho y que no todo el mundo tiene la posibilidad de conocer. Y es que El Northern Club es un club privado fundado en 1869, hoy cuenta con más de 2.000 socios procedentes de la comunidad profesional y empresarial de la ciudad.
Esta calle no paraba de sorprenderme y aún le quedaba una última sorpresa, Emily Place Reserve ¡Mira que había leído guías y en ninguna me aparecían estos lugares! Esta falta de referencias previas me permitieron sorprenderme aún más.
Emily Place es una pequeña reserva que alberga un grupo de increíbles árboles pohutukawa, que hacen que recorrer el camino sea todo un reto. Y si no lo crees mira la foto.
Ya casi estaba en el puerto, pero me quedaba por descubrir la zona de Britomart. Esta zona combina algunos de los edificios patrimoniales más antiguos de Auckland con la arquitectura más moderna. Es una zona llena de restaurantes, cafés, boutiques de diseño. Es otra de las zonas con animada vida nocturna y muy preparada para ello con todas las luces que adornan las calles del barrio.
Di una vuelta por el centro comercial que se encuentra en la plaza Takutai Square y me fui a la terminal de ferris.
Mi siguiente destino era Devonport, se puede llegar en unos 15 minutos en ferri por $4. Se encuentra en el extremo sur de la costa norte de Auckland, fue una de las primeras zonas pobladas de Auckland y tiene una rica historia marítima y maorí. Ahora es una zona residencial junto a la bahía, con exclusivas cafeterías, marisquerías y clásicos pubs neozelandeses. Estuve dando una vuelta por el centro de Devonport y luego me dirigí a la cima del monte Victoria que es el volcán más alto de la costa norte de Auckland, con una altura de 66m y que ofrece unas vistas panorámicas del puerto Waitematā de Auckland y del interior del golfo de Hauraki.
Estaba anocheciendo y decidí coger el ferry de vuelta a la ciudad, y así verla iluminada.
Me fui a cenar y quedé con mis amigos Roman y Marcos para preparar la excursión del día siguiente.
Día 3: Excursión a Hunua
Hoy tocaba explorar las afueras de la ciudad, nuestra idea era ir a explorar la isla de Rangitoto. Es el mayor y más joven de los 48 conos volcánicos inactivos de Auckland y alberga el mayor bosque pohutukawa del mundo. Pero cuando llegamos a la oficina de turismo para comprar los tickets ($47 ida y vuelta) nos llevamos la sorpresa de que solo había un ferry al día y que ya había salido a las 10.00am. La chica nos proponia otro plan que era ir a la isla de Waiheke ($49.50) que era la primera atracción turística debido a sus viñedos, olivares y playas. Pero no nos entusiasmó demasiado la idea y decidimos investigar por nuestra cuenta otro destino.
Las opciones eran las cascadas de Kitekite, pero era difícil llegar en transporte público; el monte Edén para ver las vistas de la ciudad, pero queríamos algo más aventurero; y la última opción, las cascadas de Hunua. Y sí que sería aventurero sí… más de lo que nos hubiera gustado.
Cogimos un tren a Papakura desde Britomart (45 min) que nos costó unos $3.50, no me acuerdo exactamente del precio porque lo pagué con tarjeta monedero de transporte. Cuando llegamos comimos e investigamos las formas de llegar a las cascadas que estaban a 10km. Había dos opciones: coger un bus que nos acercaba un poco y luego un taxi o directamente un taxi. Nos decidimos por la segunda opción, así que abrí DiDi que es la app más económica para pedir taxis en Australia y Nueva Zelanda, y en 10 minutos y $10 por cabeza estábamos en las cascadas.
No hubo mayor complicación, pero por el camino no nos cruzamos con apenas nadie y al llegar estábamos solos. Tuve un atisbo de pensamiento gris sobre la facilidad de encontrar transporte para volver, pero como la ida había sido fácil y rápida borré ese pensamiento de mi cabeza.
Hunua Falls se encuentra en la parte occidental del Parque Regional de Hunua Ranges. Es una espectacular cascada de 30 metros del río Wairoa, que se abre paso a través de un antiguo volcán. La cascada es muy popular entre los lugareños, y según habíamos leído es una de las cascadas que hay que ver en Nueva Zelanda.
Después de disfrutar desde la base de la cascada fuimos a hacer un recorrido por la zona. El primero fue desde la pasarela que cruza el río y el segundo desde un mirador en la parte superior.
Investigamos toda la zona y decidimos volver a Papakura, pero quisimos hacer un trozo andando ya que los paisajes nos habían sorprendido al ir en el taxi.
Después de media hora andando había llegado el momento de pedir un taxi de vuelta. Que fácil suena y qué difícil fue que se hiciera realidad… intentaba pedir uno y me lo cancelaban por falta de conductores por la zona y así hasta en 5 ocasiones, y con varias aplicaciones. A todo esto seguíamos andando para recortar un poco de distancia en el caso de que nos tocase volver andando si no encontrábamos un medio de transporte. Eso sí, el paseito era de 3 horas y la noche se acercaba. Había que darse prisa.
Cuando ya llevábamos más de una hora andando e intentando dar con un taxi o con un amable conductor que nos acercara, se nos ocurrió la magnifica idea de buscar compañías de taxi de la zona. Que fácil suena ahora ese razonamiento y que difícil fue llegar a él en ese momento.
Encontramos una compañía, llamanos y nos dijeron que nos iban a buscar un taxi que fuera a por nosotros, pero llegó la gran pregunta ¿Dónde estáis? y en este momento no sabes si reir o llorar. En medio de la nada ¿Si le sirven mis coordenadas?
Media hora después y con la noche ya casi encima de nosotros llegó el taxi, bueno el mega taxi, porque aquello era una furgoneta. Y entre risas sabíamos que teníamos una anécdota por contar para el resto de nuestra vida. Por muy turístico que pueda ser un sitio, no te asegura que puedas salir de él.
Tren de vuelta a la ciudad, ducha para eliminar cualquier resto de estrés, cena y a descansar que ya estaba bien de hacerse el aventurero por hoy.
Día 4: Reencuentro con mi amiga Marta y vuelta a Sydney
Últimas horas por la ciudad, pero hoy tenía un plan muy especial. Me reencontraba con mi amiga Marta. Habíamos estudiado juntas la carrera en Valencia y este sería nuestro segundo reencuentro por el mundo, ya que el primero fue hace unos años cuando yo vivía en Londres. Marta es una persona cargada de energía y positivismo que alegra el día y la vida a cualquier persona que esté cerca de ella. Actualmente también está viviendo en Australia, pero en Gold Coast en el estado de Queensland.
Habíamos elegido Remedy Coffee para encontrarnos y desayunar. Marta estaba en Auckland con Lourdes, Paula y Clara solo por unas horas ya que habían alquilado una autocaravana para recorrer las dos islas. Entre Açais, cafés y tostadas nos pusimos al día de nuestras vidas.
Dimos una vuelta por la ciudad para que la conocieran y sobre las 13.00 se fueron a empezar su nueva aventura, yo me fui a comer y hacia el aeropuerto para volver a mi propia aventura de vivir en Sydney.
Atrás dejo un primer contacto con esta ciudad que sin tener nada que trascienda o que la haga un destino turistico de renombre, sí creo que es una ciudad muy interesante de conocer si estás viviendo relativamente cerca o bien las circunstancias te acercan a este país.
Espero que os haya gustado este Vuelo, que hayáis viajado conmigo y conocido un poco más esta ciudad que tan lejos nos queda. Para mí ha sido un placer, como siempre, contaros mis aventuras por el mundo y llevaros conmigo.
Espero tener pronto nuevas aventuras que contaros ¡Nos leemos en el siguiente Vuelo!
Hay una especie de magia cuando nos vamos lejos y, al volver, hemos cambiado.
Kate Douglas Wiggin
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Despegamos en un nuevo “Vuelo…” y esta vez volamos un poco más lejos de lo normal.
Actualmente estoy viviendo en Sydney; llegué a finales de noviembre después de haber estado viviendo 13 meses en Dublín. Justo aterricé cuando empezó el verano aquí,…y cómo se agradece un poquito de calor después de un año en tierras celtas.
Os preguntaréis por los motivos que me han traído hasta aquí, y es normal; yo hace un año también le preguntaría a la Paula de hoy “¿Qué diablos haces aquí?” y es que aunque ya haya vivido en Valencia, Londres y Dublín siempre me ha costado mucho salir de casa, separarme de los míos… y nunca, pero NUNCA me hubiese imaginado estar aquí. Pero desde hace ya unos años mi mayor motivación es mi futuro laboral y por él he cruzado el mundo.
Por ello llegué a Sydney y me instalé en la zona de Manly (justo este marzo ha sido nombrada por Tripadvisor la 13º mejor playa del mundo). Manly está situado al norte del centro de Sydney; se puede llegar en Ferry (20 minutos) o en Bus (30 minutos).
Manly cuenta con una gran playa principal que es idónea para la práctica del surf, con dos piscinas rocosas de agua del océano y con varias playas perfectas para el baño y el buceo cómo Shelly Beach, Collins Beach, Store Beach, Little Manly, East Manly Cove, West Manly Cove, Delwood Beach y Fairlight Beach. Además tiene una amplia zona comercial, El Corso. Vamos, el paraíso.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.
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Bueno; después de esta pequeña introducción entramos en detalles…
Mi pasión por viajar viene de mi familia y allá donde vaya cualquier miembro, el resto de la familia lo visitará. Así que os podéis imaginar que Australia no sería menos y que también me seguirían hasta aquí. De tal forma que han estado por aquí todo el mes de febrero y aunque Sydney ha sido el punto de referencia también hemos visitado:
Melbourne
The Great Ocean Road
Brisbane
The Blue Mountains
Día 1 en The Great Ocean Road:
Después de 4 días en Sydney para adaptarse al jet lag el primer destino fue Melbourne. Desde Sydney puedes llegar en tren, autobús, coche o avión siendo esta última la más cómoda ya que es un vuelo de apenas una hora y en los otros 3 medios puedes tardar unas 10 horas.
Una vez llegamos a Melbourne alquilamos un coche en el aeropuerto para hacer la ruta The Great Ocean Road. Es una carretera de 243 kilómetros entre Torquay y Allansford y a la que dedicamos 3 días haciendo continuas paradas para ver sus pueblitos, naturaleza, playas, koalas, canguros…
Nuestra primera parada fue en Lorne donde paramos a comer y ver el muelle, el Swing Bridge y las cascadas “Erskine Falls”.
Para llegar a las cascadas hay que adentrarse en coche por un camino de igual nombre con una vegetación preciosa y tras 10 minutos se llega al aparcamiento. Desde aquí se siguen unas claras indicaciones y tras una preciosa bajada se llega a las cascadas. Precioso el camino, la vegetación, la cascada. Es muy fácil el acceso y supone poco tiempo. Merece claramente la pena.
Proseguimos nuestra ruta para ver koalas por primera vez en Kennet River, es una zona donde viven en libertad y si tienes suerte los verás comiendo o durmiendo por los eucaliptos… nosotros solo vimos uno. En este punto tengo que contaros una curiosidad-sospecha: he leído varios “diarios de viajes” de esta zona; en todos ellos hacen referencia de este punto para ver koalas, incluso concretan el árbol en el que se pueden ver.
En efecto, allí pudimos ver un koala adormilado entre un discreto grupo de turistas. Como decía, resulta sospechoso que en el árbol indicado en los “diarios” e incluso en las señales de la zona encontremos al “koala que cubrirá la necesidad de los turistas de ver a este curioso animal en un hábitat natural”. Bueno… quiero decir, que tuvimos la impresión de que el animal está muy motivado para mantenerse en ese sitio. De lo contrario ¿Quién pararía en Kennet?
Nuestra siguiente parada fue la cascada de Carisbrook, pero claro, después de la cascada que vimos en Lorne ésta nos supo a poco, pero aun así es un paseo de 10 minutos también muy bonito.
La última parada del día fue Apollo Bay. Pueblin que escogimos para hacer la primera noche y que es uno de los puntos más conocidos de la ruta ya que combina la ubicación costera con el ambiente bohemio de los lugareños. Cuenta con animados pubs, playas, tiendas de arte y artesanía y actividades de ocio. Nosotros llegamos ya bien entrada la tarde, así que una vez dejamos todas las cosas en nuestro alojamiento fuimos a dar una vuelta por la playa, y comprar comida para la cena y desayuno. Es una gran playa, pero nada excepcional para alguien que ha nacido en el mediterráneo español; lo que sí resulta especial es la fuerza de las olas y el color azul del cielo y mar en el atardecer.
Día 2 en The Great Ocean Road:
Hoy teníamos por delante un largo día de descubrimientos. No éramos conscientes de lo que nos esperaba el día de hoy.
Cogimos el coche y nos fuimos a Wreck Beach. Para llegar tienes que abandonar la carretera B100 (La Great Ocean Road) y meterte por el camino Moonlight Head Road. Es el típico camino en muy mal estado en el que los amortiguadores sufren mucho pero que te ofrece una pequeña aventura de conducción. Puesto que el coche que llevábamos era grandote y de alquiler y a mi me encanta conducir disfruté como una niña.
Tras aparcar el coche empezamos a indagar la zona y nos encontramos con una bajada que tienes que realizar por una escalera de 366 peldaños de madera. Para bajar “Easy peasy lemon squeezy”, ya para subir lo veríamos o sufririamos luego.
Lo más famoso de esta playa son dos grandes anclas varadas. Sin embargo, nosotros dimos un prolongado y solitario paseo, disfrutando del fuerte sonido del mar y de unas piscinas naturales que se han creado en las rocas y no vimos las famosas anclas. Ha sido ahora al repasar nuestros apuntes que nos hemos dado cuenta del detalle. Bueno,… pues a pesar de no verlas el paseo fue una auténtica gozada.
La siguiente parada fue en los Gibson Steps. 86 escalones construidos por Hugh Gibson en unos acantilados de casi 70 metros. Aunque los escalones parezcan lo más importante aquí, solo te hará falta bajar y andar unos 100 metros para ver lo que la naturaleza tiene preparado para ti.
En una gran playa dorada, protegida por una gran pared vertical a un lado y el mar enfurecido al otro aparecen de frente dos pilas de caliza enormes en medio del agua, Gog y Magog. Te dejarán con la boca abierta y ya te van a ir dando una idea de lo que será la siguiente parada… Los 12 apóstoles.
Cuando volvíamos al coche yo subí las escaleras un poco más adelantada y de repente salió una serpiente negra delante de mí. Atravesó el ancho de la escalera con su ondulante movimiento y desapareció. Era la primera vez que veía una y me paré a verla y hacerle un vídeo. Yo estaba encantada con mi bonita compañera de paseo. Ingenua de mí. Pocos días después descubrí en un libro que era la serpiente Tigre, una de las más venenosas.
Después de este gran preámbulo visual nos fuimos a la parada más famosa del Great Ocean Road, los 12 Apóstoles. Aunque en realidad ahora son 8, ya que el noveno apóstol se hundió en 2005. Estas pilas de caliza erosionadas por las olas son uno de los paisajes más espectaculares que he visto.
Era la hora de comer así que decidimos ir a Port Campbell donde haríamos la siguiente noche. Compramos comida, cena y desayuno, y nos fuimos al hotel a comer y descansar.
Tras un breve y necesario descanso, sobre todo para el que conduce, ya que hay que recordar que en Australia como en Reino unido e Irlanda se conduce por la izquierda. Nos fuimos a ver The Grotto que es en parte un arco y en parte cueva, ofrece un lugar tranquilo para disfrutar de las vistas al mar y empaparse de las maravillas que es capaz de hacer la naturaleza. Esta formación geológica se puede contemplar desde arriba o bajar y explorarla.
Y de arco en arco, nos vamos a ver el London Bridge que aparte de estar en Londres también está aquí. Antes de 1990, el Puente de Londres era exactamente eso: un puente que unía el arco de tierra con tierra firme. Obtuvo su nombre por su parecido con su homónimo (con mucha imaginación todo vale). El 15 de enero de 1990 se derrumbó parte de su estructura cayendo al mar. Dejando tras de sí un trozo de tierra aislado en el océano. Sin embargo, no sólo dejó la tierra aislada, sino que dejó trágicamente varados a dos turistas que fueron rescatados en helicóptero.
Loch Ard Gorge, nuestra siguiente parada, es un pintoresco desfiladero que alberga una suave bahía de aguas azules y transparentes, y que está flanqueado por dos acantilados. Las vistas desde arriba son increíbles, pero a pie de playa mejoran. Es un sitio precioso para sentarse un buen rato y desconectar.
Al subir hay un mirador llamado Tom and Eva Lookout. En 1878 un barco se hundió enfrente; solo se salvaron dos adolescentes. Se llamaban Tom y Eva y desde el mirador se ven dos enormes estructuras de caliza que llevan sus nombres.
Y por último, The Razorback, cuyo nombre procede de su estética dentada y estrecha. Este monumento natural es unos de los más impresionantes del Parque Nacional de Port Campbell y el que más nos impresionó.
Cuando volvíamos hacia el coche un movimiento entre las plantas llamó nuestra atención… ¡Un canguro! Habíamos visto por fin uno, qué alegría nos llevamos.
Consejo. Creemos que es importante hacer el recorrido desde el punto más cercano a Melbourne e ir alejándose; nosotros, como ya he dicho, empezamos en Lorne. Y esto lo digo por dos motivos. En primer lugar porque de esta forma conduciremos por el lado de la carretera más cercano al mar, así tendremos mejor visibilidad, y sobre todo, porque el atractivo del recorrido va en aumento. Y de qué forma. Por otro lado, la suerte quiso que tras el descanso en nuestro hotel de Port Campbell las 7 paradas que nos quedaban las hiciéramos empezando por The Grotto, que era el punto más al oeste y acabando en Razorback. Aunque la imagen más conocida del Parque es la de los 12 Apóstoles, ésta no es la más bonita (y creo que no es una valoración personal).
Pero como antes decía Razorback fue lo último que vimos y fue lo que más nos gustó. Las fotos pueden llegar a reflejar más o menos bien las formas y colores, pero la grandiosidad no queda reflejada. Había visto muchas fotos de los diferentes puntos. A pesar de ello nos quedamos sorprendidos. Es inmenso, grandioso. Es un maravilloso colofón para este recorrido único.
En la conversación habitual del repaso del día, además de recrearnos en el espectáculo que habíamos tenido durante el día hicimos una “reflexión viajera”:Cuando se viaja el placer puede venir dado por la belleza del lugar, sus gentes, la originalidad, la historia, el encanto, la magia, la autenticidad… pero hay sitios grandiosos, apoteósicos (estos quizá son los que más valoramos) y mencionamos tres lugares del mundo que estarían dentro de esta última categoría: Iguazú (yo todavía no lo conozco), el Gran Cañón y The Razorback… qué pequeño el ser humano y qué grandiosa la naturaleza. Ayyyy.
Día 3 en The Great Ocean Road y vuelta a Melbourne:
Nos despertamos pronto para volver a Melbourne y devolver el coche de alquiler. Teníamos 3 horas de ruta pero la mitad del viaje fue entre bosques, cuando entramos en autopista hicimos nuestra parada de rigor porque en vacaciones se almuerza sí o sí. Gasolina para dejar el depósito lleno y nos adentramos entre rascacielos. Hemos llegado a Melbourne.
Como era pronto para entrar en el apartamento nos dimos una pequeña vuelta por Swanston St., una de las calles principales, mientras intentábamos ubicarnos en la ciudad y encontrábamos un sitio para comer.
Cuando nos avisaron que nuestro apartamento estaba listo nos fuimos al 568 de Collins Street, uno de los rascacielos de la ciudad y desde nuestro piso 64 nos quedamos impactados con las vistas. Después de acoplarnos y descansar un poco nos fuimos directos a la piscina y jacuzzi del piso 33. Con estos placeres cualquiera quiere volver a su rutina.
Por la tarde intentamos realizar un amplio y rápido paseo abarcando lo más significativo de Melbourne. Hay que decir que el centro de la ciudad y donde se concentra la parte más interesante de ver se encuadra más o menos en un rectángulo de dos kilómetros por uno (por dentro de este rectángulo el transporte público es gratuito). Esta zona es la parte más vital y comercial con grandes avenidas de grandes rascacielos. Además de forma paralela al lado sur del rectángulo discurre el río Yarra con una de sus orillas desarrollada como lugar de ocio y cultura. En la esquina sureste del rectángulo está St. Federation Square, probablemente el punto de encuentro más famoso de la ciudad.
A las 19.30 había quedado con mi amiga Esther en la estación principal de la ciudad, Flinders Station. Así que justo antes nos dimos una vuelta por el río Yarra y nos hicimos una de las fotos más típicas con el puente Princess Bridge y los rascacielos de fondo.
Para acabar el día cené en uno de los restaurantes con vistas al río con Esther, fue mi compañera en la universidad y ahora está en Melbourne trabajando en su doctorado e investigando. Todo un ejemplo.
Después de ponernos al día y recargar energía, porque no sabéis la ilusión que me hizo el reencuentro y encima en Australia, volví al apartamento paseando por el río.
Día 2 en Melbourne:
Nos dirigimos a la zona de los Docklands que es un barrio portuario muy moderno, lleno de rascacielos. Es muy popular por las tiendas y los restaurantes que hay junto al río, los espacios públicos y toda la zona peatonal. Seguimos andando y llegamos a South Wharf una zona muy parecida a la anterior con restaurantes, tiendas, zonas peatonales amplias y puentes estrafalarios. Hay que destacar bastantes elementos de diseño contemporáneo realmente muy llamativos.
Para la hora del almuerzo fuimos a Queen Victoria Market donde nos volvimos locos comprando souvenirs, porque si hay una cosa que diferencia a Melbourne de Sydney son los precios… Sydney es una ciudad extremadamente cara. Así que las compras mejor hacerlas en Melbourne.
Después de dar una vuelta por los puestos de ropa, souvenirs y otros objetos nos fuimos a la parte de las comidas, allí hay una gran cantidad de puestos con comidas de origen muy variado. Fue muy difícil la elección puesto que se veían muchísimas cosas de aspecto muy apetitoso. Nosotros nos decantamos por unas salchichas alemanas bueniiiiiiísimas y nos las comimos sentados en una de las terrazas del mercado.
De vuelta al apartamento entramos en la State Library Victoria que es la biblioteca pública más antigua de Australia y una de las primeras bibliotecas gratuitas del mundo. Una entrada y unas salas de estilo clásico de grandisima dimensiones. Por supuesto que hay que entrar.
Cogimos el tranvía (en el tramo gratuito). Otra gran diferencia con Sydney donde el transporte no baja de los 3$ por trayecto. Teníamos que ir a casa a por mis cosas ya que yo volaba de vuelta a Sydney por la tarde y el resto de la familia se quedaba dos días más.
Una vez en el aeropuerto me comunican que el vuelo está cancelado, me dan un vuelo para la noche así que como tenia 6 horas me fui al centro con mi familia y decidimos ir al Royal Exhibition Building que es el primer edificio de Australia que ha sido declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad y de ahí al barrio bohemio de Fitzroy cuyos bares y restaurantes eclécticos son un reclamo para los más jóvenes de la ciudad. El arte callejero inunda los callejones. Las dos calles principales, Brunswick Street llena de tiendas a la última y locales de ocio nocturno; y Gertrude Street que destaca por sus tiendas de diseño y bellas artes, sus vinotecas y sus restaurantes.
Me tocaba volver al aeropuerto entre bromas de «…a ver si te lo vuelven a cancelar…», «…nos vemos para cenar…». Allí que me fui, cogí el autobús que por fortuna salía enfrente de nuestro alojamiento y en media hora llegas a la terminal por un módico precio de 24$.
Cuando llegué había una cola inmensa en el mostrador de la compañía y yo ingenua pensando “pobres personas, les habrán cancelado su vuelo como a mí unas horas antes”. Pasé los controles de seguridad, voy a la puerta de embarque y me vuelven a comunicar que mi vuelo se había vuelto a cancelar… pues las pobres personas de las que me lamentaba hacía 15 minutos eran mis compañeros de vuelo. Conseguí un vuelo para la tarde del día siguiente y me fui con mi familia de nuevo.
Pude disfrutar de un atardecer más desde el Airbnb.
Día 3 en Melbourne:
Amaneció en Melbourne y nos fuimos en taxi a Brighton Beach a ver las famosas 88 casetas de colores que me hacía mucha ilusión ver y pensaba que me iba a perder.
Después nos dimos un paseo por la zona, observando las casas y mansiones de la zona hasta llegar a la calle principal de la zona, Church St., que está llena de cafés y tienditas.
Antes de volver al apartamento a comer paramos a dar una vuelta por los jardines botánicos que cuenta con 38 hectáreas de jardines que consisten en una mezcla de vegetación nativa y exótica incluyendo más de 10.000 especies.
Y ahora con un poco de suerte volvía a Sydney.
Día 4 en Melbourne:
Yo ya estaba en Sydney trabajando así que le paso la palabra a mi tío para que os cuente que hicieron esa mañana por la ciudad ya que su vuelo salía por la tarde.
La parte central de Melbourne es una cuadrícula muy fácil de visitar, tanto por su dimensión como por su fácil orientación. Por lo tanto hay que caminar las grandes avenidas dejándose llevar un poco por la corriente humana. Esta te llevará a los puntos más concurridos e interesantes. Pero además de este callejear hay que entrar a las recepciones de los grandes edificios, a los clásicos y modernos. Estos últimos suelen estar diseñados con mucho cuidado y poderío. Hay otros clásicos que son usados como sedes bancarias a las que se puede acceder, por ejemplo en la Collins St 380 hay un precioso edificio neogótico con un salón maravilloso. En conclusión, hay que atreverse a meterse en todos los edificios con buen aspecto.
La gran cuadrícula que dibujan los edificios está completamente ramificada por pequeños callejones que atraviesan las grandes manzanas de los edificios que en su origen servían como espacios traseros o zonas de servicio. Sin embargo hace 40 años aproximadamente hubo un proyecto para recuperar estos espacios y darles vida de tal forma que en la actualidad nos encontramos con unos estrechos y prolongados callejones llenos de vida especialmente por las terrazas y el arte callejero; hay que destacar el callejón dedicado al grupo AC/DC de origen australiano, siendo uno de los más animados, aunque no de los más bonitos.
(Retomo yo la narración)
Cuando salí del trabajo me fui directa al aeropuerto para recoger a mi madre ya que el resto de familia se iba a Brisbane para pasar otros 4 días, así que vuelvo a pasar la palabra. Yo Brisbane no lo conozco pero me planteo ir en los próximos meses a Brisbane, Gold Coast y Byron Bay. Así que seguiré las indicaciones de mi propio Vuelo para conocer esta otra gran ciudad australiana.
Brisbane (4 días):
La ciudad de Brisbane está situada a una distancia que no llega a 1000 km hacia el norte desde Sydney; dirección contraria de Melbourne. Estudiamos las diferentes formas de transporte, autobús, coche alquilado, pero para nosotros la mejor era el avión: poco más de una hora y 150 euros el vuelo de ida y vuelta (Jetstar; por cierto, el peso máximo del equipaje de cabina, maletita, bolso, mochila y todo lo que lleves es de 7 kilos, la suma de todo. Si te pasas son 65 dólares, 40 euros. Podéis imaginar porqué os lo cuento con tanta seguridad).
Brisbane es la tercera ciudad en cuanto a población de Australia, con algo más de 2 millones de habitantes. Nosotros tuvimos la impresión de que es una ciudad todavía más cuidada y mimada que Sydney y Melbourne, quizá es simplemente que es una ciudad más pequeña y está muy delimitada la zona a visitar. En cualquier caso son tres ciudades donde la calidad de vida es buenísima; así lo atestiguan muchos índices internacionales y cuando se visitan queda muy en evidencia este hecho.
En esta ciudad el eje principal es el Brisbane River y además lo hace con majestuosidad y con mucha coquetería. El río se vuelve loco haciendo giros de manera que la parte turística queda en torno a un tramo del río que dibuja una V. Dentro de la V quedaría la parte de edificios históricos y las nuevas y más llamativas construcciones y en un lateral quedaría la parte lúdico-cultural.
En ese espacio interior de la V se concentran las calles más históricas con algún tramo en el que se suceden edificios en los que los balcones están bellamente decorados con rejas y elementos decorativos de hierro. Algunas de estas calles son peatonales y con muchísima actividad comercial.
Por otro lado están los grandes y nuevos edificios haciendo alarde de grandiosidad y diseño. Es una zona fácil de visitar por ser pequeña, por estar junto al Jardín Botánico y porque el río aunque lo has dejado a tus espaldas reaparece frente a tí con su frescura. Hay que entrar al Casino, que es el antiguo edificio Del Tesoro, al Ayuntamiento, con salas de exposiciones y de conciertos, y de forma general a todos los grandes edificios.
Por fuera de esta V que dibuja el río se encuentra la orilla lúdico-cultural que ya mencionaba antes, South Bank. Esta parte tiene su origen en 1988, año en el que se celebró una Exposición Universal y se transformó lo que hasta entonces era zona industrial. Es un tramo de aproximadamente dos kilómetros en los que han realizado un gran derroche por dar la máxima habitabilidad y calidad a la ciudad. Aquí se combinan grandes museos, zonas ajardinadas, mobiliario urbano, zona de restauración y una gran colección de puentes.
Empezando por el norte de South Bank lo primero que encuentras es la Galería de Arte Contemporáneo. Es gratis y el espacio es muy interesante, a mi personalmente me encantó. La valoración de las obras expuestas ya depende del gusto de cada cual. Inmediatamente después y hacia el sur aparece otro gran edificio en el que está el Centro Cultural y otra Galería de Arte, también son gratis. Los edificios por fuera son grandes moles de hormigón pero muy bien ajardinados, con espacios muy bonitos y con muchas esculturas y fuentes. Además hay constantes vistas hacia el río. Merecen la pena. Si seguimos bajando paralelos al río nos encontramos con el típico letrero de letras gigantes con el nombre de la ciudad. Luego aparece una gran noria. Después una bella Pagoda Nepalesa. Un jardín tropical. Otro jardín japonés. Una maravillosa playa artificial de arena en la que te puedes bañar, también gratis.. Mobiliario urbano de diseño, bonito y con algunos elementos muy gozosos (camas elásticas para tumbarte con luces de colores y música relajante).
Por otro lado hay muchos puentes que además de ser acceso al centro de la ciudad adornan el paisaje urbano con mucha gracia. Por supuesto entre todos los puentes destaca el Story Bridge, una inmensa estructura metálica.
En cuanto al transporte la mejor opción sin diferencia es el ferry City Hopper, el rojo. Tiene una frecuencia de cada 30 minutos y además es gratis.
En cuanto al tiempo requerido para ver y disfrutar la ciudad con tranquilidad, yo considero que tres días son suficientes.
Día 1 Sydney:
Ya estábamos todos de vuelta en Sydney. Una ciudad que ya pudieron disfrutar a su llegada durante 4 días así que empecemos desde el principio. Permitidme este salto temporal pero de esta manera evito la división de las explicaciones referentes a Sydney.
Lo primero que hicimos fue coger el Ferry de Manly a Sydney, tarda aproximadamente unos 20 minutos y después de los primeros 10 minutos una vez pasa por Bradleys Head asoma la ópera y el puente de Sydney, y así vieron por primera vez estas dos maravillas. El ferry te deja en Circular Quay en plena bahía, pasando muy muy cerca de ambos.
El primer día como estaban cansados del viaje y con las 10 horas de diferencia horaria decidimos hacer una pequeña primera inmersión en la gran ciudad viendo una de las calles principales, George St. Esta calle es fácil de identificar ya que es por la que pasa el tranvía, fue la calle principal original de tiendas y a día de hoy sigue siendo una de las calles más ajetreadas. Además conecta varios de los edificios y zonas más importantes de la ciudad. Pudieron conocer el edificio Queen Victoria que en su interior tiene unas bellísimas galerías de la época del neorrománico y construido entre 1893 y 1898 actualmente tiene 4 pisos llenos de tiendas comerciales y cafés. Justo al lado está el edificio del Town Hall que se construyó en la década de 1880 con un estilo Segundo Imperio victoriano y es el único edificio no religioso de la ciudad que mantiene su función e interior original.
Justo en la parada del tranvía Chinatown está uno de mis restaurantes Thais favoritos de Sydney, Show Neua Thai, y allí que fuimos a comernos un buen Pad Thai.
Después de esta breve pero intensa primera inmersión por el CBD (central business district) centro de la ciudad, nos fuimos a Manly a descansar. Alguno se durmió y mi madre y yo nos fuimos a disfrutar de la playa y la piscina rocosa.
Para terminar el día y empezando una nueva costumbre para este viaje, cenita en la terraza a la luz de la luna y con el sonido ambiente de los pájaros comunes de la zona, pero muy exóticos y llamativos para nosotros.
Día 2 Sydney:
Otro día que comienza y bien pronto porque el cambio de horario los lleva locos, nos arreglamos y nos vamos a descubrir The Rocks, el barrio más antiguo de Sydney y lugar escogido por los colonos británicos para asentarse. Casas bajitas, fábricas de ladrillo reconvertidas, galerías de arte, locales de música en directo y restaurantes que dan al barrio un ambiente muy bohemio. Así que nos perdimos por sus laberínticas y empinadas callejuelas mientras íbamos a nuestro siguiente punto, Barangaroo.
Barangaroo era antes de la colonización, donde los indígenas australianos pescaban y cazaban en la zona. La zona incluye The Hungry Mile (La milla hambrienta), nombre que los trabajadores portuarios dieron a los muelles durante la Gran Depresión, donde los trabajadores iban de muelle en muelle en busca de trabajo, aunque a menudo no lo encontraban.
En 2003, el Gobierno decidió reurbanizar la zona de instalaciones navieras y estibadoras para dedicarla a oficinas comerciales y zonas recreativas. Esta reurbanización comenzó en 2012 y se espera que esté totalmente terminada en 2023. Esta es una de mis zonas favoritas de la ciudad, además hace poco abrieron en Marrinawi Cove una piscina natural para bañarse en la bahía con el puente de Sydney de fondo.
Si seguimos caminando por Barangaroo nos encontraremos con el Puerto de Darling, otra zona remodelada con edificios muy modernos, paseos y plazas anchas con fuentes, espacios de juegos para niños, restaurantes, cafés… No te puedes perder el Tumbalong Park y Darling Square. En este paseo te irás adentrando en el barrio chino hasta llegar a Paddy’s Markets, el mejor sitio para comprar souvenirs en Sydney.
Era la hora de comer por lo que comimos en el barrio chino y nos volvimos a Manly a descansar un poco y a prepararse para una tarde de playa y snorkel en Shelly Beach.
Día 3 Sydney:
Amanecía en Manly y hoy al ser fin de semana había puestos callejeros, así que fuimos a dar un paseo por la playa y por el Corso, una cervecita fresquita para unos y un açai bien fresquito para mí mientras veíamos a la gente paseando y comprando en los puestitos. El plan para hoy era de “reposamiento” así que después del paseo fuimos a casa a hacer una paella o intento de ello, porque no es fácil conseguir azafrán en este país.
Por la tarde decidimos ir a otras de las playas que hay en Manly, Collins Beach.
El día siguiente era cuando viajabamos a Melbourne, así que damos otro salto y seguimos con el Vuelo con los días siguientes a nuestra vuelta a Sydney.
Día 4 Sydney:
Los próximos 4 días los pasé con mi madre ya que el resto de la familia se encontraba en Brisbane. Yo trabajaba por las mañanas y mi madre aprovechaba para ir a la playa y a pasear por Manly, y cuando salía nos encontrábamos para seguir con la aventura.
Así que eso hicimos, quedamos en la parada del autobús para ir al centro comercial Brookvale, por fuera dices “es un poco feo, parece una fábrica” pero por dentro es increíble, todas las tiendas que te puedas imaginar, restaurantes, tres supermercados inmensos… Aprovecho para deciros dónde comprar si venís a Australia. Coles, Woolworth y Aldi son los tres supermercados por excelencia pero los dos primeros son los que encontrarás con más facilidad en sus versiones express con el nombre de Coles y Metro. Son más caros que Aldi, pero con productos de gran calidad; también cuentan con su marca propia en muchos de los productos y es más económica. Yo me quedo con Woolworth por la calidad de la comida, además al final del día puedes encontrar descuentos.
Así que comimos en un restaurante Thai, hicimos un recorrido por las tiendas y pecamos un poco.
Al llegar a casa dejamos la compra y nos fuimos a pasear por North Head, que es la península que sobresale en Manly, y a ver el atardecer desde Collins Beach.
Día 5 Sydney:
Nuevo día y yo ya sentía que empezaba la cuenta atrás para que mi madre volviese a casa y la pena me iba invadiendo, no dejándome disfrutar del todo… y es que este sentimiento es difícil de explicar, tienes que vivirlo para sentir cómo se te rompe el corazón en cada despedida y tienes que volver a reconstruirlo una vez se han ido. Mucho más difícil se me hace a 18.000km de distancia, con un cambio de horario de 10 horas en el que la mayor parte del día la hago cuando en España duermen y viceversa, que la conversaciones de whatsapp no tienen continuidad, que nunca va bien para hacer videollamadas porque es difícil cuadrar horarios, cuando parece que vives en otro mundo, y que si antes sentías lejos a tu familia y amigos ahora se triplica… además en un país al que me vine sola. Por eso creo que esta experiencia es el mayor obstáculo/reto que he encontrado en mi vida hasta el momento, al que cada día intento ganarle un poquito de terreno para que cuando esta experiencia acabe haya podido dejarlo k.o. Y es que después de esto el mundo se me hace pequeño y me veo capaz de conseguir todo lo que me proponga. Así que esto ya no va de mejorar mi inglés, de ganar experiencia profesional; sino que es algo mucho más grande de lo que pensaba, que me marcará de por vida y me hará más fuerte.
Mi madre decidió venir a mi trabajo y como las oficinas están enfrente de la playa, pasaría allí la mañana y comeríamos juntas para así cuando terminase irnos juntas.
Decidimos ir a Maccallum Pool, en Cremorne Point, es una piscina de 33 metros situada junto al puerto con unas magníficas vistas del puente y de la Ópera. Esta piscina está siempre abierta y solo se cierra para limpiarla un día a la semana que suele ser los jueves.
Para terminar el día y no perder la costumbre cenita en la terraza de casa viendo el atardecer. Contemplar un atardecer tiene el poder de cambiarte el estado de ánimo, de hacerte ver el lado hermoso de la vida. Un atardecer feliz no termina con el día, genera un recuerdo feliz que quedará siempre contigo. Y ahora no hay atardecer que no me recuerde a ellos.
Día 6 Sydney:
El día amaneció con tormentón y si hay una cosa que no me esperaba de Australia es que fuese tan lluvioso y tuviese tantas tormentas eléctricas, llueve casi todas las semanas y hasta varios días seguidos en pleno verano. Así que a mi madre no le quedó más remedio que quedarse en casa, pero por suerte cuando salí del trabajo amainó y pudimos seguir descubriendo las Northern Beaches.
Para esta tarde elegimos el paseo de Manly a Dee Why pasando por Freshwater y Curl Curl. Un paseo que transcurre por la playa y por pasarelas por encima del agua. Como había sido un día tormentoso era impresionante ver cómo rompían las olas en las rocas.
Día 7 Sydney:
Hoy por la tarde ya nos reencontramos todos y para celebrarlo hicimos una merienda en la terraza con vinitos, quesos y frutos secos.
Decidimos ir a dar un paseo por la playa y coger comida take away y así cenar en una de las muchas mesas que hay en el paseo marítimo. Y es que estos australianos todo lo celebran en la playa por lo que están preparadisimas, con mesas tanto techadas como al aire libre, fuentes de agua, jardines, sombras, zonas de juegos y entrenamiento y hasta barbacoas gratuitas. Una auténtica pasada, además está todo muy cuidado y limpio porque aquí son muy respetuosos, siendo un país con mucha seguridad, poca o nula violencia callejera… La gente deja sus casas abiertas, las bicis sin candar y todo lo que no necesitan lo dejan en la calle para que otra persona pueda darle una segunda vida.
Día 8 Sydney:
Empezaba la cuenta atrás para que mi “mami” volviese a casa, así que me pedí dos días off en el trabajo para exprimirlos al máximo.
Para hoy había preparado una excursión a Palm Beach a donde puedes llegar con el bus 199 desde Manly o con el autobús B1 y luego 199 desde el centro de Sydney.
Palm Beach, o «Palmy», como la llaman los lugareños, se encuentra al final de una larga península, bordeada de olas por un lado y de la tranquila Pittwater por el otro. Sus arenas doradas y aguas cristalinas han inspirado a los ricos de Sídney para construir casas de vacaciones en sus frondosas colinas.
Lo más típico en Palm Beach es subir al faro de Barrenjoey que se encuentra a 91m sobre el nivel del mar y que si has visto la serie Home and Away puede que lo reconozcas, ya que la serie está grabada en Palm Beach. El nombre proviene de los funcionarios de aduanas que construyeron la ruta para vigilar a los contrabandistas que introducían mercancías en Broken Bay hacia 1850. La ruta de los contrabandistas es más empinada y corta, pero el esfuerzo merece la pena. Nosotros hicimos esta para subir y para bajar dimos un poco más de vuelta, pero parando a hacer fotos en cada mirador. Simplemente espectacular.
Una vez abajo dimos un paseo por la playa hasta la piscina de piedra y así darnos un baño. El mar siempre está muy revuelto y es principalmente utilizado para el surf, aunque durante el día los socorristas marcan las zonas de baño entre banderas, ya que debido a las corrientes no puedes bañarte en toda la playa, solo en las zonas delimitadas para ello.
Volvimos a casa para comer y descansar un poco antes de ir al centro a pasar la tarde y cenar. Yo le regalé a mi tío una entrada para la Ópera de Sydney ya que es un forofo de la música y los conciertos, así que fue a ver Rimsky-Korsakov’s Scheherazade mientras los demás nos dimos una vuelta por el CBD que estaba en pleno apogeo y pudieron disfrutar del ambiente nocturno de terrazas y restaurantes del centro. Aunque para cenar elegimos uno de los pubs más antiguos de Sydney que se encuentra en The Rocks. Mientras cenábamos mi tío nos contó con lujo de detalles cómo había vivido y sentido el concierto. Nos contaba asombrado como el pianista tocaba solo con la mano izquierda una obra que Ravel escribió para Paul Wittgenstein, un veterano de guerra que había perdido un brazo, una obra épica, un triunfo del arte que no pone límites a la expresión y que mi tío vivió y escucho con los pelos de punta.
Volvimos a Manly en el ferry para ver la ciudad de noche con todas sus luces.
Día 9 Sydney:
Ahora sí, último día de mi madre por las antípodas. Para hoy teníamos una excursión por el paseo costero de Cogee a Bondi, son unos 7km aptos para todos los públicos.
Cogee es un barrio costero con una amplia playa ideal para nadar y hacer surf, además cuenta con una piscina natural. Justo antes de empezar nos sentamos en una de las amplias cafeterías con terraza para almorzar.
Una vez empezamos a andar, dejamos Cogee atrás y nos encontramos caminando por un mirador de rocas hacia nuestra próxima parada, Gordon’s Bay. Bien puede recordar a nuestra Menorca, es un rinconcito ideal para hacer snorkel entre sus aguas turquesas.
Seguimos andando al lado del océano pacifico asombrados por las casas o mansiones de nuestra izquierda y la inmensidad del océano a nuestra derecha hasta llegar a Clovelly. La playa de Clovelly está pensada para los que quieren tomar el sol y bañarse con todas las comodidades sin llenarse de arena, ya que es de cemento. Rodeada de cafés y restaurantes.
Seguimos nuestro camino a Bondi y de repente nos encontramos con el cementerio de Waverly. No nos lo esperamos, te quedas entre perplejo y asombrado.
Justo después del cementerio viene Bronte, sin duda una de mis playas favoritas de los suburbios del este; por cierto, el término “suburbio” aquí significa zona de la afueras, sin connotaciones socioeconómicas. Una piscina rocosa espectacular, donde el agua cae en forma de cascada al mar y justo al lado, las rocas de la playa crean una piscina natural de aguas cristalinas dentro del océano que la hacen idílica para el baño. Otra cosa que sorprendió a mi familia es lo preparadas que están las playas para la gente, muchas sombras, mesas, duchas, zonas para niños… Después de remojarnos y descansar seguimos con la hazaña.
Ya quedaba poco para Bondi, de hecho ya se podía avistar. La playa de Tamarama era nuestra siguiente parada, una playa más pequeña llena de surfistas y aprendices.
Y ya casi casi finalizando la ruta nos encontramos con Mackenzies Point donde el sonido del mar chocando con las rocas es un regalo.
Y ahí estaba Icebergs Club y Bondi en el horizonte. Icebergs es un club privado fundado en 1929, al que puedes entrar pagando 8$ por día, y la imagen de sus piscinas con el mar es una de las fotos más conocidas de Australia.
El ambiente de Bondi me recordó a Manly, lifestyle, culto al cuerpo, comida sana, tiendas y restaurantes muy cuidados…
Después de comer en Bondi y antes de volver a casa, cogimos un autobús para ir al outlet que tiene New Balance en Alexandria para hacer las últimas compras.
En conclusión hay que decir que el paseo es maravilloso. Los azules del cielo y el agua son tan intensos como bellos. Las infinitas tonalidades ocres y formas de las rocas son constantes. Un imprescindible.
Día 10 Sydney:
Toca despedirse… aun siento la pena al escribir esto y recordar como una parte de mí volvía España, y los 18 días juntas habían volado. Y muchas veces te culpas de ‘podría haberlo disfrutado más’, pero sin duda lo has hecho. Y es que tengo una relación muy cercana con mi familia y sobre todo con mi madre que, como comentaba al principio, hace que me cueste más irme de casa. Ese pequeño handicap que me hace más fuerte, que me apoya e impulsa a conseguir todos mis objetivos; porque sé que están a mi lado en cada paso.
Pero aún me quedaba una semana más con parte de mi familia para seguir disfrutando, descubriendo y comiendo muuuuy rico porque si hay una cosa mala en Australia es la comida, no es que esté mala es que no tienen la variedad que tenemos en España, ni una dieta como nosotros tenemos la mediterránea… Su comida típica es un perrito caliente a la barbacoa, que no es por desmerecerlo, que a mi me encanta, pero no tienen esa cocina cuidada como nosotros. No pierden mucho tiempo cocinando, vaya. En Dublín aun lo salvaba un poco llevándome comida de España, pero aquí no puedes entrar nada, ni cebolla rallada.
Aprovechamos el día para desplazarnos a Maroubra y conocer su piscina natural. Los afloramientos rocosos y los acantilados que la coronan la convierten en un lugar espectacular. Tiene una longitud aproximada de 30 metros, con una forma rectangular y varios puntos de entrada. Con marea alta, las olas rompen espectacularmente en la orilla de la piscina. Con marea baja, la piscina está bastante tranquila.
Día 11 Sydney:
Por la mañana estuvimos haciendo un poco de faena en casa, jardinería en la terraza, lavadoras y lectura. Para comer nos fuimos al centro comercial del que hablaba en el día 4 y nos pusimos ‘finos’ de indio ¡qué delicia! Y siempre que como indio me acuerdo de esta anécdota: mi tío no nos quería llevar a mi madre y a mi a la India porque decía que no comeríamos, que no nos gustaría… y con esa excusa de la comida nos tuvo años sin llevarnos y cuando nos llevó, nos encantó. Algún día decía él “hoy descanso de indio y nosotras no, no, queremos indio”. Ahora la comida india es una de mis favoritas.
Volvimos a casa para hacer un poco de siesta, cambiarnos y directitos a la playa. Y esto me encanta de Sydney, que tiene de todo. Tanto parques naturales, como playas paradisíacas, como un centro de negocios lleno de rascacielos… Es una ciudad que te ofrece TODO.
Día 12 Sydney:
Era lunes y yo tenía que trabajar, pero cuando salí nos fuimos directos a hacer el paseo que hay de Manly al Spit Bridge. Un paseo que auna montaña y playa en un recorrido de 10km.
Nos llevó mi amigo Jamie, es neozelandés pero lleva más de 10 años en Sydney. Es un forofo del deporte y se conoce el camino de ‘pe a pa’ así que nos llevó por caminos secretos para conocer a fondo la zona. No pudimos hacer el paseo entero porque nos cayó la noche, pero lo que vimos nos dejó impresionados.
Día 13 Sydney:
Para el día de hoy no habíamos planteado nada interesante ya que yo trabajaba y por la tarde tenía club de corredores, pero cuando íbamos a salir de casa empezó a caer una de las típicas tormentas australianas así que nada, nos quitamos los zapatos y la observamos desde el salón.
Mi familia por la mañana fue a ver los museos de Arte Contemporáneo y el Museo de Sydney. Los dos están muy cerca de la Ópera House.
Día 14 Sydney, Blue Mountains:
Como este día y el siguiente eran los últimos que estaban aquí, pedí dos días off para disfrutarlos al máximo y nos fuimos a las Blue Mountains.
Por la mañana nos fuimos a la estación Central para coger un tren directo a Katoomba donde pasariamos la noche, el hotel era el Hotel Blue que nos permitia estar cerca de la estación y de la calle principal, como del parque Nacional. Además teníamos un autobús en la puerta que también hacía este recorrido.
Nada más llegar comimos y nos fuimos a ver las cascadas de Katoomba, pero antes una pequeña introducción de las Blue Mountains.
Las Montañas Azules es una región al oeste de Sídney conocida por sus espectaculares paisajes. Acantilados empinados, bosques de eucaliptos, cataratas… Katoomba es una ciudad importante del área, limita con el Parque nacional Montañas Azules y los senderos de excursionismo. Y desde su Echo Point que estaba a 15 minutos de nuestro hotel se tienen vistas de los distintos niveles de la formación de arenisca, Tres Hermanas.
El lugar es perfecto para hacer trekking ya que cuenta con más de 140 kilómetros de senderos, y tienen una ruta de senderismo para todos los gustos.
Y volviendo a las cascadas, fueron espectaculares ya que por buena o mala suerte nos tocó un tiempo bastante invernal con lluvias y niebla. Y caía muchísima agua por la cascada. Seguimos por el paseo de las cascadas a las 3 hermanas pero debido al tiempo había mucha niebla y no podíamos ver nada, pero aun así el paseo nos encantó.
Dimos por terminada la ruta por hoy ya que la niebla no cesaba, queríamos hacer el Scenic World que son unos teleféricos que te muestran la inmensidad de las Blue Mountains, pero con la niebla no valía la pena. Así que nos fuimos al centro del pueblo a ver las tiendas, las casitas y el ambiente y para cenar elegimos un thailandes.
Día 15 Sydney, Blue Mountains:
Nos levantamos pronto para ver si podíamos ganarle la batalla a la niebla y lo conseguimos, pudimos ver las 3 hermanas y la inmensidad del parque nacional, volvimos a ver la cascada del día anterior pero esta vez con menos fuerza ya que no llovía. Y para cuando llegamos a los teleféricos la niebla volvió a aparecer… así que nos quedamos con las ganas.
Decidimos volver a Sydney para la hora de comer y nos dimos un paseo por Oxford Street, calle central del barrio gay, ya que Sydney este año era la ciudad elegida para celebrar el World Pride y así pudimos ver todo el ambiente, decoración y fiesta.
Y hasta aquí, volvimos a casa para preparar maletas, hacer nuestra última cena bajo la luz de la luna y empezar a pensar en nuestro próximo reencuentro por el mundo. Se acabó.
Día 16 Sydney:
Nos despedimos para poder reencontrarnos. Toca empezar a soñar con un nuevo destino y con estar todos juntos de nuevo.
Espero que os haya gustado este Vuelo, un poco más personal. Está claro que si vienes de turismo a Australia montas el viaje de otra forma, pero aún así espero que os sirvan todas las localizaciones y consejos. De todas formas os he dejado en el Día 1 de Sydney un mapa con todas las localizaciones (Apple Maps link) (Google Maps link).
Aquí algo de información práctica:
1 euro es igual a 1.6 dólares australianos.
Costes habituales en 2023 y en zonas céntricas:
Café con pasta 8$
Cerveza 9$
Bus, tranvía, tren 2.75$-5.05$ y los fines de semana y festivos un poco más económico (Sydney)
Tren del aeropuerto a la ciudad 20$ (Sydney)
Vuelo Sydney – Melbourne 150$
Vuelo Sydney – Brisbane 165$
Hotel en el centro de Sydney 225$ (precio por noche para 2 personas)
Hotel en el centro de Melbourne 200$ (precio por noche para 2 personas)
Hotel en el centro de Brisbane 200$ (precio por noche para 2 personas)
Alquiler coche 60$ (precio por día)
La aventura vale la pena
Aristóteles
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¡Despegamos en un nuevo Vuelo! Esta vez toca descubrir Dublín, ciudad que me ha acogido durante 13 mesesy… ¡Qué 13 meses! Diría que ha sido uno de los años más felices de mi vida. He conocido a gente maravillosa que ya forma parte de mi familia; he hecho infinidad de planes; he reído en casi todos los rincones de la ciudad. He viajado por los suburbios y pueblos cercanos cada fin de semana, he vivido desde dentro el mayor torneo europeo de rugby, Las 6 Naciones. Y cada dos meses me he reencontrado con mi familia en algún punto de Europa.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.
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Esta es una ciudad a la que escaparse un puente o un fin de semana largo.
Como ya sabréis la isla de Irlanda está dividida: Irlanda del Norte,que es uno de los cuatro reinos de Gran Bretaña, Belfast es su capital; y al sur tenemos la República de Irlanda, con Dublin como capital.
Dublín es la ciudad más poblada de la República y de la isla con unos 1,7 millones de habitantes mientras la población total de la República de Irlanda es de 4,6 millones de habitantes. Lo que más me ha gustado de los dublineses ha sido su carácter, gente muy graciosa y agradable.
A mí, que me encanta el deporte, me sorprendió la cantidad de deportes propios que tienen y lo seguidos que son, mucho más populares que el rugby y el fútbol. Entre estos deportes encontramos el fútbol gaélico, hurling, snooker, camogie y rounders.
Después de esta pequeña introducción vamos a preparar nuestro Vuelo así que empezamos con una guía para conocer Dublín y sus alrededores en 3 días. Y al final os informaré de qué excursiones hacer desde Dublín y así alargar vuestra visita unos días más.
Día 1:Centro de Dublín
Empezamos el recorrido desde el Convention Centre, que se sitúa en la zona de los Docklands. Fue diseñado por el arquitecto americano-irlandés Kevin Roche y fue nominado para los Premios de Excelencia a Ingenieros de Irlanda en la categoría de mejor proyecto de ingeniería del año 2010. Justo en este mismo punto se encuentra el Puente Samuel Beckett (escritor irlandés), que fue diseñado por Santiago Calatrava. La forma del mástil y sus cables evocan la imagen de un arpa acostada en la orilla (el arpa céltica es símbolo nacional de Irlanda). El conjunto de estos dos símbolos de Dublín es una de las fotos más típicas de la ciudad.
Seguimos dirección del Gran Canal y aquí podremos ver las sedes de Meta (antigua Facebook) y de Google para Europa que están asentadas en este país gracias a los beneficios fiscales que tienen. También podemos encontrar la sede de Apple, Microsoft o Twitter. En esta plaza lo primero que nos va a llamar la atención es su teatro, Bord Gays Energy Theatrey las esculturas rojas que hay en mitad de la plaza que junto a los bancos y mini jardines hacen de este lugar un sitio perfecto para el encuentro con amigos.
Proseguimos nuestro paseo por Grand Canal Quay hasta Clanwilliam PL donde veremos a nuestra izquierda un paseo que va al lado del Grand Canal. Este es uno de mis paseos favoritos de la ciudad. Cuando llegamos a Huband Bridge giramos a la derecha dirección Merrion Square por Mount Street Upper. Merrion Square es una plaza ajardinada georgiana donde podemos encontrar la casa de Oscar Wilde. Además de Wilde, Irlanda tiene otros tres premios Nobel de literatura como Samuel Beckett, Georges Bernard Shaw y Seamus Heaney.
De aquí vamos dirección a la Universidad de Dublín por la calle Leinster y Nassau. El Trinity College está considerada como la mejor universidad en Irlanda y una de las mejores del mundo. Dentro de la universidad encontramos la biblioteca, un edificio de ocho pisos y 9.500m² que provee 750 espacios de lectura. El Libro de Kells es el libro más famoso de la biblioteca y está localizado en la Vieja Biblioteca. También encontramos el Campanile que es un campanario que tiene una superstición, y es que cualquier estudiante que pase por debajo del campanario cuando suenen las campanas nunca se graduará, lo que hace que sus alumnos nunca pasen por debajo hasta que terminan sus estudios.
Justo enfrente del Trinity College está el Banco de Irlanda que si te fijas no tiene ventanas y es que en 1696 la corona inglesa creó el “impuesto de las ventanas” y así cada ciudadano tenía que pagar un impuesto dependiendo de la cantidad de luz que entrara en su casa, y ese impuesto era mayor para las ventanas que se encontraban en las plantas superiores, puesto que se supone que entra más luz por éstas ventanas, por ello, para compensar reducían el tamaño de éstas. Por este motivo podemos ver el Banco sin ventanas y te preguntarás ¿Por dónde entra la luz? Pues bien, las ventanas las hicieron en el techo y así los ingleses no las podían descubrir.
Después de visitar la Universidad vamos a recorrer una de las calles más importantes, concurridas y comerciales, Grafton Street. Además de compras está repleta de músicos callejeros que buscan dar un salto en su carrera musical.
Al norte de Grafton Street se encontraba la estatua de bronce de la mítica vendedora ambulante Molly Mallone, una mujer que de día se dedicaba a vender pescado y de noche ejercía la prostitución. En 1880, James Yorkston compuso la canción «Cockles and Mussels» (berberechos y mejillones) en honor a Molly y ahora es un himno para los irlandeses. Dicen que si le tocas un pecho volverás a Dublín y si le tocas los dos te quedarás a vivir… yo por si acaso solo le toqué uno. La estatua fue trasladada a la calle Suffolk debido a un periodo de obras en Grafton Street.
Una vez llegamos al final de Grafton St nos encontramos con elcentro comercial St. Stephen’s en el que tenéis que subir las escaleras que os encontrareis en la entrada para llevaros una grata sorpresa. Muy cerca está el parque de St. Stephen’s,que tiene una forma rectangular de aproximadamente 550 por 450 metros y en el centro del parque se encuentra situado un gran lago que es alimentado por las aguas que le llegan del Gran Canal.
Es un buen momento para parar, comer algo y descansar. Camden Street es un lugar ideal para ello ya que está repleto de pubs y restaurantes. Una de las cosas más típicas de Dublín es comer una buena hamburguesa con una Guinness en uno de sus pubs, pero también hay una hamburguesería que es muy muy conocida por todos en la ciudad… Bunsen.
Después de nuestro merecido descanso iremos en dirección a laCatedral de San Patricio que se encuentra cerca de la zona. La Catedral se construyó junto a un pozo en el que, según cuenta la leyenda, San Patricio bautizaba a aquellos que se convertían del paganismo al cristianismo. El hecho de tener dos catedrales en la ciudad, la de San Patricio y la de la Santísima Trinidad, ha creado cierta rivalidad entre ambas. Esta rivalidad sigue con sus restauraciones, ya que Benjamin Lee Guinness (de la familia cervecera) pagó personalmente y supervisó la restauración de la Catedral de San Patricio y la restauración de la Santísima Trinidad corrió a cuenta del destilador Henry Roe, es decir los dos grandes empresarios de la bebida en la ciudad enfrentados también por las Catedrales. La Catedral de la Santísima Trinidad la encontramos al final de la misma calle.
Seguimos nuestro paseo hacia el Castillo de Dublín, que fue la sede del Gobierno británico en Irlanda hasta 1922 y actualmente se utiliza como atracción turística y como centro de conferencias.
Para acabar el día nos adentraremos en Temple Barque además de dar nombre al pub más conocido de Irlanda es un barrio de Dublín con bulliciosos pubs con música en directo y restaurantes como Lundy Foot’s donde podrás encontrar comida irlandesa. Aunque a mi hay un sitio que me encanta, Dollar & Co, que es un gran espacio que cuenta con diferentes restaurantes en el que cada persona puede coger comida de uno diferente y comer todos juntos.
En Temple también hay tiendas de ropa vintage y artesanía de diseñadores locales. Además podrás encontrar El National Photographic Archive, el Project Arts Centre y la Temple Bar Gallery + Studios.
Por último en Temple Bar encontramos la Pared de la Famaque se ideó como un homenaje a la música rock irlandesa. En este muro se representan bandas como U2, Phil Lynott, Rory Gallagher, Van Morrison, Christy Moore y Sinead O’Connor.
Día 2:Excursión a Howth y Phoenix Park
Vamos a por el segundo día completo en Dublín. Hoy vamos a desplazarnos a Howth a dónde podemos llegar en media hora con el autobús H3 o con el Dart.
Howth era originalmente un pueblo pesquero y ahora es reconocido por sus restaurantes de marisco, pero si hay algo que hoy en día lo hace aún más conocido son sus acantilados. Aunque no llegan a la magnitud de los acantilados de Moher, te satisfarán y el paseo de aproximadamente una hora es espectacular.
Una vez terminada la ruta de los acantilados volvemos al centro de Howth para ver el mercado que hacen todos los fines de semana y las focas del pier.
Nos queda la tarde y qué mejor que volver a Dublín e ir al Phoenix Park y conocer a sus famosos ciervos. El parque mide 712 hectáreas y consta de un perímetro de 16 kilómetros de zonas verdes, boscosas y avenidas con paseos y monumentos… Es uno de los parques urbanos más grandes de Europa, después va nuestra Casa de Campo en Madrid.
Como es tan grande yo recomiendo entrar por la puerta principal que está al lado de la estación de Heuston y andar por una de sus avenidas principales, Chesterfield. Por allí veremos el Monumento a Wellington que es un obelisco de 62 metros de alto en memoria al Duque de Wellington, un famoso militar, político y estadista irlandés. También podremos ver la residencia del presidente de Irlanda y los ciervos, para encontrarlos lo mejor será preguntar a la gente que te encuentres por el parque ya que van cambiando su localización.
Día 3: Centro de Dublín
El recorrido de hoy es para realizar en medio día.
Empezaremos desde O’Connell Street que sería como la Gran Vía de Madrid, la arteria principal de la ciudad. Esta calle cuenta con 49 metros de ancho en su extremo sur, 46 en el norte y una longitud de 500 metros, que la hacen una de las calles más amplias de toda Europa. En el centro de la calle podemos encontrar el Spire, oficialmente denominado Monumento de la Luz y Pirulí por todos los españoles que vivimos allí. Es una escultura de acero inoxidable que mide 120 metros de altura y es una de las esculturas más altas del mundo.
Además del Spire esta calle cuenta con varios monumentos y con la Oficina General de Correos que fue el último de los grandes edificios públicos de la arquitectura georgiana erigidos en la capital y uno de los principales objetivos de los nacionalistas irlandeses durante la rebelión de Pascua de 1916. Fue seriamente dañado en el combate y todavía se pueden ver las marcas de destrucción y agujeros de bala en los enormes pilares del pórtico jónico.
En esta zona y justo enfrente del Spire encontramos la segunda calle comercial de Dublín, Henry Street. En esta calle encontrarás tiendas más populares y varios centros comerciales, yo te recomiendo que entres en el de Arnotts.
Si te apetece tomar algo por la zona en un lugar único te recomiendo The Church que es una imponente iglesia transformada en un café-bar y restaurante irlandés. O si prefieres también te puedes acercar a The Hacienda Bar, un pub único y hasta hace poco secreto.
Vamos a volver hacia la zona de Grafton Street y lo haremos por el MillenniumWalkway y el Ha’penny Bridge que es un puente peatonal construido en 1816 sobre el río Liffey.
Para terminar me perdería por las calles paralelas a Grafton Street y sin duda mis favoritas de la ciudad, Wicklow St, Clarendon St, William St, Drury St, Fade St… y visitaría el Powerscourt Centre y la George’s Street Arcade. Hacía la otra parte de Grafton Street visitaría: Anne’s Lane,Lemon St yDawson St y en esta última calle no me perdería Hodges Figgis, la librería más grande de Dublín.
Si quieres alargar más días tu visita te recomiendo visitar:
La Calzada de los Gigantes (3 horas en coche / 5hrs tren y bus)
Belfast (2 horas en coche / 2.20hrs en bus)
Acantilados de Moher (3 horas en coche / 3.30hrs en bus)
Cork (3 horas en coche / 2.40hrs en tren)
Kilkenny (1.30 horas en coche / 1.45 hrs en bus)
Espero que os animéis a descubrir esta maravillosa ciudad y país, con tanta vida y hospitalidad.
De momento os dejo en esta bella isla europea, pero os adelanto que en nuestro siguiente Vuelo viajaremos a las antípodas ya que me encuentro viviendo en Sydney.
Gracias por volar siempre conmigo.
Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal.
Paulo Coelho
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