5 DÍAS EN MARRAKECH Y EXCURSIÓN A ESSAOUIRA

¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Qué ilusión estar de vuelta por aquí, ya que significa que una nueva aventura ha sido muy disfrutada. Esta vez tocaba un viaje cerquita de España, pero en otro continente: África. Venia familia que vive en Los Ángeles y una amiga que vive en Whistler, Canadá, y queríamos hacer el reencuentro algo más especial por lo que decidimos que Marruecos era el lugar perfecto por el contraste que suponía para nosotros, por su historia, tradición, cultura y su autenticidad.

Íbamos a pasar 6 días en Marrakech; teníamos claro qué queríamos visitar pero nuestro plan diario lo concretamos allí.

Finalmente la programación quedó así:

  • Día 1: Llegada a primera hora de la tarde y primera toma de contacto con el zoco.
  • Día 2: Barrio judio, Madraza Ben Youssef y Hamman.
  • Día 3: Día completo para la excursión a Essaouira.
  • Día 4: Cementerio judio, Mercado de las Especias, Barrio Moderno, Hotel Mamonia y Fan Zone Copa de África.
  • Día 5: Palacio de la Bahía, Barrio Rmila y Tumbas Saadías. 
  • Día 6: Último paseo por el zoco y vuelta a casa.

Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contratamos nuestro seguro de viaje con IATI. Nos da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estamos cubiertos y podemos disfrutar al máximo sin preocupaciones.

Y lo mejor es que gracias a vosotros, nos han dado un 5% de descuento para tu siguiente viaje si reservas tu seguro desde este enlace 

Día 1: Valencia – Marrakech

18 de diciembre de 2025. La tarde del 17 viajé desde Barcelona a Castellón. Me despierto en mi casa familiar y volamos desde Valencia a Marrakech, Sol y Mari llegan desde Madrid. Tenía muchísima ilusión con este viaje ya que hacía diecinueve años que había estado en Marrakech y el lejano recuerdo que mantenía era muy bueno. Además, nos reuniríamos allí con Mari y Sol, a las que  hacía muchos años que no veíamos.

Salimos a media mañana del Aeropuerto de Valencia con destino al Aeropuerto de Marrakech-Menara y, después de un vuelo de poco más de hora y media, aterrizamos. Para ir al centro de la ciudad habíamos reservado un shuttle a través de Booking por 15€ y tras unos veinte minutos de trayecto llegamos a nuestro hotel: el Riad Assalam.

Era mi primera vez en un Riad, un tipo de casa tradicional marroquí que se caracteriza por tener un patio como núcleo central de la edificación. A diferencia de los grandes hoteles, la mayor ventaja del Riad es que está dentro de la medina, lo que te evita tener que coger transporte y puedes sentir más plenamente la vida marroquí.

📍 MAPA CON LAS UBICACIONES CLAVE DE MARRAKECH

Tras nuestro té de bienvenida en el Riad y despojarnos de nuestros enseres en las habitaciones, fuimos directos a sacar dinero y cambiar euros a dírhams. Para ello, nos dirigimos al cajero del edificio de correos y al Hotel Ali para el cambio. Actualmente, 1€ equivale a 10,70 DH.

Mientras sacábamos dinero, vimos que habían instalado pantallas en la plaza central, Jemaa el-Fnaa, para seguir la final de la Copa Árabe de la FIFA. Entre la multitud, vivimos el primer gol contra Jordania a solo cuatro minutos del comienzo: un golazo desde la mitad del campo que nos dejó boquiabiertos. Al final del partido pudimos compartir la alegría desbordada del gentío por el triunfo del partido y del campeonato. Tres días después el fútbol volvería a introducirse en nuestro viaje marroquí.

Tras la alegría futbolera comenzamos nuestra primera inmersión por el zoco. Desde la plaza Jemaa el-Fnaa nacen numerosos callejones que te adentran en este mercado bullicioso, sinuoso, caótico y frenético.

Hay alrededor de 20.000 puestos y talleres… es para volverse loco. Puedes encontrar tiendas de marroquinería y cuero, textiles y alfombras, especias, decoración e iluminación, cerámica o alimentación. De este primer paseo salió mi wishlist de cosas que quería comprar en los próximos días. Es importante ir preguntando precios para tener una idea de cuánto quieres pagar; recordad que el regateo es esencial.

También aprovechamos para tomarnos nuestro primer zumo natural. El mayor recuerdo que guardo de Marrakech de cuando tenía once años es que, nada más llegar a Jemaa el-Fnaa, nos tomamos un zumo de naranja en uno de los puestos y la limpieza de los vasos no era precisamente la deseada, pero era parte de la inmersión. Así que esta vez el primer zumo no fue de naranja, sino de granada y ya no te lo dan en aquellos vasos de cristal reutilizados.

Para cenar elegimos un restaurante de comida local, el Bakchich Café, donde probamos los típicos tajines (que pueden ser de carne, verdura o pescado) y terminamos con unos dulces magrebíes. Las comidas salían por unos 15 € por persona.

Volvimos al Riad a descansar, con muchísimas ganas de disfrutar de esta gran ciudad después de este pequeño adelanto. El ambiente en el riad es silencioso y fresco, una atmósfera que se siente como un oasis en medio de la medina.

Día 2: Barrio Judio El Mellah, Madraza Ben Youssef, Tanneries y Hamman

¡Buenos días Marrakech! Tenemos el desayuno incluido y no hay cosa que disfrute más; el desayuno es mi comida favorita del día. Nos habían preparado pancakes y pan para untar con Nutella o mermelada, bizcocho, huevos fritos, yogur, zumo de naranja y café… un manjar que nos llenaría de energía para no parar de turistear.

Para hoy teníamos previsto el barrio judio, la Madraza Ben Youssef, las Tanneries y la visita a un Hamman.

Empezamos buscando El Mellah, un antiguo barrio judio donde originalmente la comunidad judía fue obligada a residir, pero cuando entre callejones lo buscábamos unos residentes intentaron disuadirnos diciéndonos que la calle no tenía  salida, nos indicaron el camino que debíamos seguir, opuesto a lo que queríamos hacer, por lo que, aunque la situación fue un poco incómoda, decidimos ignorar sus comentarios y fiarnos de Google Maps. En efecto la calle sí tenía salida y pudimos disfrutar de este barrio que te transporta a mundos y tiempos muy lejanos a nuestra realidad.

Este barrio no estaba transitado por turistas y en contraste con el resto de calles donde los edificios y riads miran hacia dentro con sus patios y jardines, aquí miran hacia fuera con sus balcones y amplias ventanas.

En este barrio se encuentra el Zoco de las Especies y el cementerio judio que visitaremos en otro día.

Fuimos paseando hasta la Madraza Ben Youssef, es una de las joyas arquitectónicas de Marrakech, fue la antigua escuela coránica más grande del Norte de África y su edificio actual data de 1565. En la entrada compramos los tickets para acceder (precio: 50DH – 5€) y nos dirigimos al gran patio central y corazón de este complejo. Hay un estanque en el centro y galerías a los lados que rodean el patio. Cuando entramos al patio todos hicimos un comentario a la vez: “Me recuerda a la Alhambra” y el destino, que es muy bromista,  nos puso a nuestro lado a unas granaínas que con esa gracia que las caracteriza nos dijeron que aceptaban el parecido pero la Alhambra a lo grande y más fastuoso.

Después de una buena sesión de fotos con el estanque, las puertas y las galerías de la plaza central subimos a la planta superior. Allí, un pasillo recorre el perímetro del edificio, conectando pequeñas y oscuras habitaciones que eran donde los alumnos vivían. Algunas habitaciones tienen ventanas que dan al patio central y dan una perspectiva única y bien fotogénica del lugar.

Terminando la visita nos dirigimos otra vez a la planta baja y justo en una de las grandes puertas que da al patio se encuentra el espacio más sagrado: la sala de oración. Destaca el Mihrab en medio de la sala que es un nicho que indica la dirección de La Meca y si miras hacia el techo verás la cúpula de cedro.

Nuestra siguiente parada serían las Tanneries o tintorerías, están situadas al noreste de la Medina, fuera de la zona más turística. El paseo hasta llegar nos dejó imágenes como estas:

Aunque están abiertas al público, nos ocurrió algo parecido a nuestra experiencia en el barrio judio: los residentes intentan evitar que acudas por tu cuenta y es un poco o bastante incómodo ya que empiezan a seguirte desde que entras en la calle principal que lleva a las Tanneries. Amablemente les pides que te dejen solo, que sabes llegar y que gracias por la oferta. Pero al final de la calle y cerca de la muralla giras a la derecha para entrar en la plaza donde están las pozas donde tiñen las pieles, otra persona te impide pasar diciendo que es una propiedad privada y que no se puede cuando claramente es pública. Aunque finalmente logramos pasar, el ambiente hizo que no pudiéramos disfrutar de la visita por completo. Está situación es la habitual por lo que hemos leído; te acompañan y te piden un pago por persona para entrar al recinto: que quede muy claro, es un espacio público por el que no hay que pagar pero que te “obligarán” a que pagues.

Aun así, es fascinante observar este proceso que apenas ha cambiado desde la Edad Media. Las tanneries o curtidurías son los lugares donde se lleva a cabo el proceso artesanal de transformar la piel animal cruda en cuero. El proceso se divide en 3 pasos: limpieza, curtido y tintura.

Las pozas blancas contienen una mezcla de cal y excrementos de paloma (si, has leído bien) para limpiar las pieles y ablandarlas. Las pozas de colores se usan para tintes naturales: el rojo suele ser amapola, el amarillo es azafrán, el azul es índigo y el verde es menta.

Volvimos callejeando y fuimos a comer a La Cantine des Gazelles, buena comida y precios (15 euros por persona) y a descansar un poco antes de ir al Hamman.

Para acabar el día el resto del grupo fue al Hammam Ziani, yo me quede en el hotel porque estaba un poco resfriada. Un Hamman es un ritual de limpieza y relajación que forma parte esencial de la vida social y cultural en los países árabes y especialmente en Marruecos. No es solo una ducha sino que tiene varios procesos:

  • Calor y vapor: entras en una sala con calor húmedo para abrir los poros.
  • Jabon negro: te aplican un jabon hecho de aceite de oliva negra y eucalipto que ademas verás que lo venden en muchos de los puestos de la medina. Este jabón ayuda a ablandar la piel muerta.
  • Exfoliación: con un guante grueso te frotan energéticamente, vamos que rascan a base de bien y es un poco molesto, pero te quitan toda la piel muerta.
  • El Ghassoul: último paso, una mascarilla de arcilla mineral que purifica la piel y un lavado con agua fría para cerrar los poros.

Como os podéis imaginar separan por sexos y te has de quedar desnudo. Las sensaciones al salir son de ligereza total y limpieza profunda, aunque la valoración global no fue excesivamente buena (la temperatura no era lo suficientemente alta para estar desnudo y mojado y pasaron frío). El precio suele ser de 300 DH unos 30€ por persona.

Al salir del Hamman nos reencontramos de nuevo y fuimos a contratar la excursión del día siguiente a Essaouira.

Día 3: Excursión a Essaouira

Hoy era día de excursión, tocaba ir a la encantadora Essaouira. La ciudad del viento, el paraíso de los surfistas y el refugio fresco cuando el calor aprieta en Marrakech. 

El día anterior reservamos la excursión de un día a través de Mehdi Idari ubicado en Jemaa El fna Rue Kennaria 81 (mehdiidari5@gmail.co / +212 699 03 13 07) y nos costó 100€ aproximadamente. Era una furgoneta para nosotros solos con conductor que nos recogía y nos devolvía a la hora que quisiéramos.

Quedamos a las 9.00am al lado del hotel para que nos recogiera y tras un pequeño retraso llegó. Es un trayecto de unas 3 horas con una parada en una de las Cooperativas de Aceite de Argán (gestionadas casi siempre por asociaciones de mujeres bereberes). El aceite de argán es único en el mundo porque el árbol del que proviene (Argania spinosa) solo crece de forma natural en esta región del suroeste de Marruecos.

Cuando llegamos a la cooperativa una amable mujer nos explicó el proceso mientras unas mujeres nos hacían una demostración en vivo de cómo se consigue este aceite: 

  • El descascarillado: Rompen el hueso del fruto del argán golpeándolo con dos piedras. Comentaban que es la parte más difícil porque no pueden dañar la semilla interior.
  • El prensado: Si el aceite es para uso culinario, primero tuestan las semillas. Si es para cosmética, se prensan en crudo.
  • La molienda: Usan un molinillo de piedra tradicional para extraer el aceite.

Después de ver el proceso nos dieron a probar con un poco de pan el aceite y el Amlu. Bueno el Amlu, que deciros… estaba BUENÍSIMO! y es que yo soy muy fan de la crema de cacahuete y esta crema era parecida aunque mucho más sofisticada. La hacen con aceite de argán, almendras tostadas y miel de flores. Sol compró un tarro y los días posteriores nos la tomábamos en el desayuno con el yogur y los pancakes. Se me hace la boca agua solo de pensarlo, aunque la calidad de la que probamos allí y la comprada no era la misma.

Retomamos la marcha a Essaouira y al llegar enseguida nos dimos cuenta que esta ciudad a diferencia de la medina de Marrakech de tonos ocres, es blanca y azul. Sus murallas frente al Atlántico tienen una arquitectura con mucha influencia portuguesa, lo que le da un aire de fortaleza europea en la costa africana. Además es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

📍 MAPA CON LAS UBICACIONES CLAVE DE ESSAOUIRA

Empezamos nuestro paseo por la ciudad y otra diferencia de Marrakech donde todo es prisa y regateo intenso, en Essaouira el tiempo parece ir más despacio.

Antes de comer visitamos el puerto, dimos un paseo por las murallas que dan al océano atlántico y disfrutamos de la fuerza de las olas rompiendo contra las rocas. Además si sois fans de Juego de Tronos reconoceréis este lugar ya que se rodaron escenas de la ciudad de Astapor.

Paramos a comer en un restaurante de Place El Khayma y nos dimos una comilona de marisco.

Después de comer, callejeamos por el barrio judio y la Medina, perdiéndonos entre talleres de artesanía, galerías de arte y el mercado local.

Mientras paseábamos conocimos al esauirí más simpático, un hombre vestido con la túnica y el turbante tradicional; le pedimos una foto y nos contestó con un “Ostras Pedrín”, no podía parar de reirme. Nos invitó a su tienda que está en la calle más comercial y nos contó que tenía amigos catalanes que le habían ido enseñando expresiones típicas españolas y catalanas como “Això és un xollo!” “Más barato que en Mercadona”. Nos sacó una gran sonrisa y sin duda es uno de los personajes del viaje.

Para acabar el día, dimos un paseo al atardecer por el paseo marítimo y la playa. Aprovechamos para que Sol se informará sobre kitesurf ya que es muy deportista y aventurera; probablemente está planeando cambiar el frío de Whistler por el calor de Essaouira.

Este último paseo fue evocador. A medida que el sol baja, el viento parece calmarse y el cielo empieza a teñirse de un naranja intenso que lo inunda todo. Es un final de día que se siente, una mezcla de paz y salvajismo que el Atlántico marroquí  regala.

En general la visita merece mucho la pena, tanto sus vistas al océano desde la muralla y el puerto, la tranquilidad de sus calles, especialmente en contraste con las calles de Marrakech, y su mercado de comidas, especialmente el del pescado, tanto por el espacio tan curioso que ocupa como por los productos que venden. 

Llamamos al conductor y nos llevó de vuelta a Marrakech.

Día 4: Cementerio judio, Mercado de las Especias, Barrio Moderno, Fan Zone Copa de África y Hotel Mamounia

Nos quedaban 2 días en Marrakech y muchas cosas por conocer así que después del gran desayuno en el hotel con el añadido de la crema de Amlu que compró Sol nos fuimos al cementerio Judio. 

Conocido como Miaara, es un lugar que impacta muchísimo, sobre todo por el contraste visual con el resto de la ciudad. Si las Tanneries eran caos y color, este lugar es silencio y un blanco deslumbrante. La entrada nos costó 1€ por persona.

La inmensidad del espacio cubierto por tumbas blancas es lo primero que nos llamó la atención. No hay grandes monumentos, solo cientos de túmulos redondeados. Un testimonio mudo de la importancia que tuvo la comunidad judía en la historia de la ciudad.

Otro de los detalles es que no había flores solo pequeñas piedras sobre las tumbas y es que las flores mueren, pero las piedras son eternas.

Volviendo hacia el zoco dimos con el mercado de las especias en el barrio de Mellah. Históricamente, la comunidad judía controlaba gran parte del comercio de especias y plantas medicinales. Aunque hoy quedan pocos judíos en el barrio, la tradición de las especias se ha mantenido intacta. Hay que decir que este zoco se diferencia del resto; es mucho más auténtico y sin turistas.

Seguimos callejeando por calles del zoco más alejadas de la plaza principal, buscando un restaurante donde sentarnos a comer y dimos con una azotea donde comimos con las vistas de Marrakech.

Por la tarde fuimos a la zona moderna de la ciudad a petición de La Mari, la plaza Gueliz y sus alrededores, allí fuimos a un mall, pequeño y sin nada que aportar, amplias avenidas, tiendas internacionales y cafés de franquicias. Desde aquí fuimos andando hasta el Hotel La Mamounia pero de camino vimos la Fan Zone de la Copa de África y, como no podía ser menos, fuimos a curiosear. Ya os contaba al principio que el fútbol ha estado muy presente y es que vimos la final de la Copa Arabe y el comienzo de la Copa de África.

Tras superar varios controles de seguridad junto a cientos de personas, logramos entrar al complejo. Inmensas carpas que creaban un cuerpo central con espacios a los lados en donde empresas patrocinaban actividades, zonas infantiles y de juegos, tiendas locales y varias zonas de restauración. Al final de este corredor, se abría una explanada inmensa al aire libre donde al fondo del todo podíamos divisar 3 pantallas gigantes donde proyectaban el partido inaugural entre Marruecos y Tanzania.

Después de ver los minutos iniciales y pegar un par de chutes a la pelota en una de las zonas de juegos fuimos al que era nuestro objetivo, el Hotel La Mamounia. Más que un hotel es un palacio que condensa la historia y el lujo de Marrakech.

Gran parte de su fama se la debe a que fue el lugar favorito de Winston Churchill que lo consideraba uno de los mejores hoteles del mundo. Pero el origen se debe al príncipe Mamoun, quien recibió estos jardines como regalo de bodas de su padre en el siglo XVIII. El hotel actual se inauguró en 1923, mezclando la arquitectura árabe ancestral con el estilo Art Déco de la época.

Al entrar desde la calle al recinto ya te preguntan dónde quieres ir, les dijimos que al bar con la confianza de que nos dejaran solos para poder husmear por todos los rincones de los jardines y del interior, pero nos acompañaron hasta la mesa del bar. No había salida, había que pedir algo. Nos traen la carta de bebidas; miramos y remiramos. No hay opción, lo más barato a 10€. De perdidos al río, a disfrutar del lugar, la atención, la música en directo y las risas.

Después de otro día de gran disfrute volvimos paseando al Riad y con lastima de que solo nos quedase un día en la ciudad.

Día 5: Palacio de la Bahía, Barrio Rmila y Tumbas Saadías.

Tras el desayuno decidimos ir directos al Palacio de la Bahía para intentar tener la menor aglomeración posible, la entrada fueron 100 DH – 10€ por persona. El palacio fue construido a finales del siglo XIX y aunque lo empezó el visir Si Moussa, quien realmente le dio su esplendor fue su hijo, Abu Bou Ahmed, un esclavo negro que llegó a ser el Gran Visir de Marruecos. Se dice que el diseño del palacio es tan laberíntico e irregular porque Bou Ahmed fue comprando casas vecinas y añadiendo habitaciones sin un plan arquitectónico fijo, simplemente para acomodar a sus 4 esposas y 24 concubinas.

Lo cierto es que es una gran superficie de bellos pabellones y patios pero todo vacío. No hay nada de  mobiliario. Uno de los patios era inmenso, el patio de Honor, una gran joya de mármol rodeado de galerías con columnas de madera tallada. 

Tras la visita tomamos unos zumos en otra de las miles de terrazas que hay en la Medina y seguimos dirección al barrio Rmila, una zona nada turística en donde las tiendas son para cubrir las necesidades de los habitantes.

Fue increíble ver el mercado en plena calle Rte Sidi Abdelaziz, una calle larga y vibrante donde el mercado se «derrama» por las aceras. Puestos de fruta y verdura amontonada, carnicerías donde la carne cuelga a la vista, jóvenes haciendo tortitas sobre la marcha. Si lo tuviese que describir con una palabra, sería autenticidad.

Comimos en uno de los locales que había al principio de la Rue Fatima Zahra, Zaman Food, y paseamos de vuelta al hotel con parada en el símbolo de la ciudad y faro de todo aquel que la visita, Koutoubia. Además seguro que te suena, ya que el minarete de la Koutoubia sirvió de modelo para construir la Giralda de Sevilla.

Aquí pude recrear una foto 19 años después, y es que volver al mismo rincón de Marrakech casi dos décadas después me recordó que aunque todo cambie, esa esencia viajera y aventurera sigue intacta.

La última parada del día y del viaje fue callejear por la zona de las Tumbas Saadies, el barrio Kasbah. Históricamente era la ciudadela fortificada donde vivía el Sultán y su corte y por eso aquí las calles son un poco más anchas y ordenadas porque estaban diseñadas para el paso de la guardia real y las ceremonias.

Una de las entradas al barrio es la Bab Agnaou, una puerta de piedra espectacular con sus arcos concéntricos tallados.

Otro punto de interés es La Mezquita de la Kasbah, salta a primera vista su minarete verde con azulejos turquesas. Alrededor de este lugar el barrio se ha ido modernizando con restaurantes y cafés sofisticados, como uno en el que cenamos para despedir el viaje con vistas a esta maravillosa Mezquita.

Día 6: Último paseo por el zoco y vuelta a casa

Ahora sí, hasta aquí Marrakech. Un último paseo por el zoco, un café en Jemaa el-Fnaa y de vuelta a España. No sé si volveremos, pero ha sido un auténtico placer. Nos hemos juntado con Sol y Mari después de muchos años, hemos revivido historias, nos hemos reído hasta llorar, hemos paseado por todos los recovecos de la ciudad y reconectado con esta ciudad que tiene un pasado majestuoso, autenticidad en sus barrios y un faro inmóvil que observa impasible lo que fuimos y lo que somos, 19 años después de vuelta aquí. 

A continuación os dejo información que os puede venir muy bien:

  • Temperatura: según pudimos comprobar hay una idea generalizada de que el clima en Marrakech es mucho más cálido que en España, pero no es así, lo cierto es que es más extremo, en verano más calor y en invierno más frío.
  • Compras y regateo: ellos suben exageradamente los precios por lo que hay que regatear. Como ejemplo: una figura de camello de madera de aproximadamente 15 cm de alto me pidieron 20€, ofrecimos 10€ y sin más luchas nos la vendieron. No siempre fue así pero es una referencia.
  • Comida: en nuestra estancia intentamos probar y descubrir nuevos platos y sabores. Es cierto que ya es fácil conocer la comida marroquí sin salir de España, pero los imprescindibles son el tajín, cous cous, pastela, harira, los dulces de frutos secos, los zumos naturales y los tes.
  • Transporte: para moverse por Marrakech no hay necesidad de usar ningún transporte. Únicamente para ir y volver del aeropuerto usamos taxi (15€ un taxi grande para 5 adultos y equipajes) y para ir a la Plaza Gueliz.
  • La gente: en general es de trato muy agradable, la mayor parte del contacto que se tiene es con los comerciantes que intentan vender, pero no son muy insistentes ni pesados. A nosotros en tres ocasiones intentaron limitarnos, sin éxito, el paso a determinadas zonas públicas, en un caso para evitar que nos metieramos por un barrio sin turismo (el barrio judio) y en otras dos para crearnos incertidumbre en nuestro recorrido y ofrecerse ellos como guías a cambio de un pago (la visita a las curtidurías y en otro sitio fuera de la ruta típica). 
  • Dinero: hay restaurantes y sobre todo tiendas que no aceptan tarjetas, por lo que es necesario llevar Dirhams. Nosotros sacamos en los cajeros que hay en la Plaza Jemaa el-Fnaa y cambiamos en la oficina de cambio cerca de la plaza y al lado del hotel Ali. 
  • En cuanto a las visitas de edificios o monumentos consideramos que con los 3 que vimos es suficiente; las entradas en general son caras para los estándares marroquíes e incluso para los europeos. Por otro lado pienso que salir de la zona más turística y transitada, pero dentro de la Medina, merece  mucho la pena puesto que puedes sentir la ciudad desde una autenticidad única y encantadora.

Para acabar simplemente decir que por encima de detalles y mil consideraciones el viaje a Marrakech es obligado en la vida de cualquier viajero medio. Es un desplazamiento corto;  tanto el vuelo, la estancia como la comida son baratos; hay gente que lo rechaza por un cierto prejuicio o escrúpulo higiénico, social, cultural… no sé, pero creo que es un error tremendo. Es una ciudad que te ofrece un mundo muy diferente al nuestro dotado de una gran belleza y personalidad.


El mundo es como un libro y los que no viajan solo leen una página.


Se ha producido un error. Actualiza la página y/o inténtalo de nuevo.

Suscríbete a continuación para recibir notificaciones cuando publique nuevo contenido, muchas gracias.

Deja un comentario