¡Bienvenidos a un nuevo Vuelo! Gracias por leerme y acompañarme en cada aventura por el mundo. Esta vez volamos a la otra punta del mundo, Nueva Zelanda.
Este es un país que me llama mucho la atención y que estaba en mi bucket list desde que llegué a Australia. Lo ideal hubiese sido recorrer las dos islas que conforman el país, pero como para eso se necesitan 10 días por lo menos… fui a lo fácil, visitar Auckland.
De locuras se vive o eso dicen, así que para este Vuelo hice una… La tarde del sábado 29 de abril me saqué un vuelo para la mañana siguiente a Auckland desde Sydney, donde vivo actualmente. Eso sí, la emoción del momento me pudo y empecé la casa por el tejado, me saqué el billete de avión sin mirar si necesitaba un visado para entrar al país. Una vez comprado fui a hacer el check-in, ya que el vuelo salía en menos de 24 horas, y al realizarlo me decía que no podía, tenía que ir a las mesas de facturación del aeropuerto… ¡para enseñar EL VISADO! Primera en la frente, ya empecé a sudar. Busqué rápidamente en la página del gobierno de Nueva Zelanda qué visado necesitaba si volaba desde Australia. Me pedían el visado de turista NZeTA (solo quedan exentos de visado los ciudadanos permanentes en Australia). Apliqué, pagué y por suerte me llegó aceptado al par de minutos… Ufffff qué alivio.
Ahora sí, busqué un hostal céntrico, preparé la maleta e investigué todo lo que tenía que ver en Auckland. Me fui a dormir y a soñar con todo lo que me depararía esta nueva aventura, aventura que afrontaba en solitario; pero lo que yo no sabía que sería solo por unas pocas horas.
Antes de cada aventura, desde hace ya muchos años, siempre contrato mi seguro de viaje con IATI. Me da tranquilidad saber que, ante cualquier imprevisto, estoy cubierta y puedo disfrutar al máximo sin preocupaciones.
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Día 1: Viaje a Auckland y primer contacto con la ciudad
6.00 am, sonaba el despertador y me levanté con esa ilusión de un nuevo viaje, una nueva aventura, una nueva experiencia que sabes que te va a cambiar un poco, a enriquecer y que sin duda no olvidarás.
A las 11.00 salía mi vuelo de 3.15hr a Auckland. Llegué con tiempo al aeropuerto para chequear que todo estaba en orden y no tenía ningún problema con mi visado. A la hora prevista partimos al nuevo destino, cruzando el Mar de Tasmania. Y a las 16.15 aterrizamos (hay una diferencia de 2 horas más con respecto a Sydney), una vez llegas y pasas el control de pasaportes y la ‘entrevista’ sobre tus razones de visitar el país, vas al control de equipaje en donde al igual que en Australia son muy estrictos con lo que puedes entrar al país sobretodo con la comida.

Otra de las cosas que me llamó la atención es que no podías entrar zapatillas que estuviesen sucias.
Una vez fuera del aeropuerto tomé el autobús de la compañía Skybus que cuesta $17 y te deja en la Sky Tower en media hora. Me decidí por esta opción ya que eran las 17.00 de la tarde, era de noche y prefería llegar cuanto antes al hostal para acomodarme y dar el primer paseo por la ciudad.
En cuanto a este trayecto hay una opción mucho más económica, que sería la que cogería a la vuelta. Autobús público ‘Air’ hasta la estación de tren de Puhinui y de aquí un tren hasta la estación de Britomart en el centro de Auckland ($2,45). Eso sí, tarda una hora.
A las 18.00 fui a por mi primera toma de contacto con la ciudad y la verdad es que me defraudó un poco: domingo lluvioso, todas las tiendas cerradas y las calles casí desérticas; los pocos que había eran personas que no tenían un techo donde dormir y lo hacían en las calles principales de la ciudad. Esto último me sorprendió porque Nueva Zelanda está siempre en el Top de los países donde vivir por su calidad de vida y economía.
Cuando volví al hostel sobre las 20.00 de la noche conocí a Marcos y Román que son de Uruguay y Chile respectivamente. Nos quedamos varias horas hablando sobre nuestras vidas, nuestros países y las razones que nos habían traído a las antípodas.

Día 2: Auckland a fondo
Me gustaría empezar con un poco de historia sobre el país. Nueva Zelanda es una de las masas de tierra más recientemente pobladas. Los primeros pobladores conocidos fueron los polinesios que llegaron en canoa entre los años 1250 y 1300. A lo largo de los siglos siguientes, los inmigrantes polinesios crearon una cultura distinta conocida como “maorí”. El idioma maorí está presente en la actualidad y es una de las cosas que me llamó la atención sobre todo en el transporte público, ya que todo está en inglés y maorí. Además seguro que os suena el “haka” de los All Black (equipo nacional de rugby) que hacen antes de todos sus partidos; en el pasado era el grito de guerra de los maoríes en el campo de batalla. Estos gritos y golpes rítmicos deben intimidar al adversario e infunden valor al guerrero maorí aunque actualmente los utilizan en ceremonias de recepción a visitantes extranjeros.
El país está formado por dos grandes islas:
- La isla Norte: representa el 42% de la superficie total del país y sus principales ciudades son Auckland (ciudad más poblada del país), Wellington (capital de NZ) y Hamilton.
- La isla Sur: representa el 58% del país pero vive solo una cuarta parte de la población. Entre sus principales ciudades encontramos Christchurch, Dunedin, Invercargill, Nelson y Queenstown.
Y ahora sí, ha amanecido y yo estoy deseando conocer Auckland; así que a las 9.00 am ya estaba en la calle dispuesta a ‘patearme’ la ciudad de arriba abajo. Empecé recorriendo la calle principal, Queen St., llena de rascacielos, tiendas exclusivas y conocidas mundialmente, centros comerciales y galerías como Strand Arcade y Queens Arcade.






Atravesé uno de los centros comerciales, Commercial Bay, y fui a la calle paralela Albert St. para ver St Patrick’s Cathedral. Actualmente esta calle está en obras de principio a fin, bueno casi toda la ciudad está siendo remodelada para hacer un metro que comunique todo el centro de la ciudad.
Allí donde haya una iglesia de St Patrick’s voy, y es que me encanta recordar y dar gracias por mi etapa en Irlanda. Si te esperas una catedral como la de NY o Dublin… ve quitándote la idea de la cabeza, es una iglesia muy modesta que se creó para atender a los católicos, en su mayoría irlandeses, en Auckland en 1840.

Otra de las paradas en esta calle es para ver el edificio por excelencia de esta ciudad, la Sky Tower. Es una torre de telecomunicaciones y difusión de radio y televisión de 328 metros y cuenta con varios miradores para admirar la ciudad.

Prosigo mi paseo hasta llegar a Aotea Square que es una gran plaza que se utiliza para conciertos, mercados y actos públicos. En esta plaza se encuentran el ayuntamiento, el cine y el teatro. Además en la entrada de la plaza encontramos un arco llamado «Waharoa» (puerta en maorí) de madera y cobre. Se trata de una versión expresionista de una puerta de entrada tradicional maorí. Presenta símbolos como pájaros, peces, la luna creciente y las estrellas, pero también elementos como el símbolo del desarme nuclear, reflejo de las influencias modernas en el arte neozelandés.

Mi siguiente visita era al barrio de Wynyard. Fui paseando hasta Viaduct Harbour (las distancias en el centro de Auckland son cortas por lo que puedes ir andando). Este puerto es un antiguo puerto comercial del paseo marítimo de Auckland que se ha convertido en una urbanización de apartamentos de lujo, oficinas y restaurantes. Llegué hasta el Wynyard Crossing que es un moderno puente basculante para peatones y ciclistas construido en 2011 que conecta el barrio de Wynyard con el paseo marítimo de Auckland.



Justo después de cruzar el puente podemos hacer la foto típica de Auckland con todos los rascacielos y la Sky Tower.

Estamos en el barrio de Wynyard, en 2012 buena parte de la zona seguía ocupada por instalaciones de almacenamiento de gasolina y productos químicos, pero ahora desaparecen lentamente para dar paso a una zona residencial y comercial. Sin duda todo este último recorrido me encantó.
Después de agotar la batería de mi cámara de fotos me fui en búsqueda de un restaurante para cargar pilas, literal.
Me puse en dirección a Albert Park sin saber que acabaría enamorada de esta zona de la ciudad; por cierto una zona de la que no había oído hablar mucho en las guías. Subí por Vulcan Lane, una callejuela escondida en el corazón de la ciudad y que en mi primera noche pude comprobar que era también el pulmón de la fiesta llena de bares y pubs. En fin es una callejuela llena de carácter y vida.

De pronto me encontraba en una plaza, Freyberg Place, donde había un edificio altísimo, secundado por palmeras y cuando seguí echando un vistazo me topé con una calle de edificios de colores bajitos y al fondo un edificio de cristal muy apoteósico, seguí mirando hacia la derecha y había un rinconcito que me recordó a una zona de Beverly Hills que se llama Two Rodeo. Esta plaza, Chancery SQ., estaba llena de cafés y boutiques que junto con lo cuidado que está este espacio, hacen de este lugar un sitio muy especial.






Ahora sí, Albert Park. La historia y el diseño del parque lo han convertido en un importante lugar de visita tanto para los habitantes de Auckland como para los visitantes como yo. En el centro del parque hay una fuente victoriana y muy cerca se alza una estatua de la reina Victoria. Además podemos encontrar altísimas palmeras y un reloj floral. Es un lugar perfecto para escapar del bullicio de la ciudad.


Justo al lado del parque se encuentra la Galería de Arte de Auckland, que alberga una de las mayores y más renombradas colecciones de artistas locales e internacionales del país.
Me fui hacia el puerto de Auckland bajando por la calle Princess St. y me siguió sorprendiendo cada calle y rincón de este recorrido. Así que decidí investigar sobre esta zona y aquí va la historia.
Al igual que las élites de otros lugares del mundo, los ricos de Auckland se dirigían a las crestas. Desde allí podían contemplar el desordenado distrito comercial mientras disfrutaban del aire fresco, el sol y las vistas de los barcos que se dirigían a sus almacenes. Cuando la Comisión de Mejoras de la Ciudad, con problemas de liquidez, decidió subdividir gran parte del lado oriental de la Reserva del Cuartel Albert, esta parte de la ciudad atrajo a los comerciantes. Estaba cerca del Northern Club (del que ahora hablaremos), la Casa de Gobierno y otros lugares de culto. El requisito de construir una sola vivienda en cada parcela arrendada y de que cada casa adosada valiera al menos 700 libras completó la ingeniería social. Entre los propietarios figuraban importantes químicos, editores y comerciantes.
Las casas deberían haberse derribado cuando expiraron los contratos de arrendamiento de 99 años, pero cinco sobrevivieron. Durante la mayor parte de su existencia, estas casas de mercaderes dieron cobijo al tipo de gente que originalmente se suponía que no debía entrar en esta parte de la ciudad, o a las instituciones que las salvaron de la destrucción.



Según seguía bajando la calle me topé con Bowen Ave que me dió esta magnífica foto de la ciudad.

Justo en la esquina de la calle estaba The Northern Club una casa de las que sabes que ha vivido mucho y que no todo el mundo tiene la posibilidad de conocer. Y es que El Northern Club es un club privado fundado en 1869, hoy cuenta con más de 2.000 socios procedentes de la comunidad profesional y empresarial de la ciudad.

Esta calle no paraba de sorprenderme y aún le quedaba una última sorpresa, Emily Place Reserve ¡Mira que había leído guías y en ninguna me aparecían estos lugares! Esta falta de referencias previas me permitieron sorprenderme aún más.
Emily Place es una pequeña reserva que alberga un grupo de increíbles árboles pohutukawa, que hacen que recorrer el camino sea todo un reto. Y si no lo crees mira la foto.

Ya casi estaba en el puerto, pero me quedaba por descubrir la zona de Britomart. Esta zona combina algunos de los edificios patrimoniales más antiguos de Auckland con la arquitectura más moderna. Es una zona llena de restaurantes, cafés, boutiques de diseño. Es otra de las zonas con animada vida nocturna y muy preparada para ello con todas las luces que adornan las calles del barrio.
Di una vuelta por el centro comercial que se encuentra en la plaza Takutai Square y me fui a la terminal de ferris.





Mi siguiente destino era Devonport, se puede llegar en unos 15 minutos en ferri por $4. Se encuentra en el extremo sur de la costa norte de Auckland, fue una de las primeras zonas pobladas de Auckland y tiene una rica historia marítima y maorí. Ahora es una zona residencial junto a la bahía, con exclusivas cafeterías, marisquerías y clásicos pubs neozelandeses. Estuve dando una vuelta por el centro de Devonport y luego me dirigí a la cima del monte Victoria que es el volcán más alto de la costa norte de Auckland, con una altura de 66m y que ofrece unas vistas panorámicas del puerto Waitematā de Auckland y del interior del golfo de Hauraki.





Estaba anocheciendo y decidí coger el ferry de vuelta a la ciudad, y así verla iluminada.


Me fui a cenar y quedé con mis amigos Roman y Marcos para preparar la excursión del día siguiente.
Día 3: Excursión a Hunua
Hoy tocaba explorar las afueras de la ciudad, nuestra idea era ir a explorar la isla de Rangitoto. Es el mayor y más joven de los 48 conos volcánicos inactivos de Auckland y alberga el mayor bosque pohutukawa del mundo. Pero cuando llegamos a la oficina de turismo para comprar los tickets ($47 ida y vuelta) nos llevamos la sorpresa de que solo había un ferry al día y que ya había salido a las 10.00am. La chica nos proponia otro plan que era ir a la isla de Waiheke ($49.50) que era la primera atracción turística debido a sus viñedos, olivares y playas. Pero no nos entusiasmó demasiado la idea y decidimos investigar por nuestra cuenta otro destino.
Las opciones eran las cascadas de Kitekite, pero era difícil llegar en transporte público; el monte Edén para ver las vistas de la ciudad, pero queríamos algo más aventurero; y la última opción, las cascadas de Hunua. Y sí que sería aventurero sí… más de lo que nos hubiera gustado.
Cogimos un tren a Papakura desde Britomart (45 min) que nos costó unos $3.50, no me acuerdo exactamente del precio porque lo pagué con tarjeta monedero de transporte. Cuando llegamos comimos e investigamos las formas de llegar a las cascadas que estaban a 10km. Había dos opciones: coger un bus que nos acercaba un poco y luego un taxi o directamente un taxi. Nos decidimos por la segunda opción, así que abrí DiDi que es la app más económica para pedir taxis en Australia y Nueva Zelanda, y en 10 minutos y $10 por cabeza estábamos en las cascadas.
No hubo mayor complicación, pero por el camino no nos cruzamos con apenas nadie y al llegar estábamos solos. Tuve un atisbo de pensamiento gris sobre la facilidad de encontrar transporte para volver, pero como la ida había sido fácil y rápida borré ese pensamiento de mi cabeza.
Hunua Falls se encuentra en la parte occidental del Parque Regional de Hunua Ranges. Es una espectacular cascada de 30 metros del río Wairoa, que se abre paso a través de un antiguo volcán. La cascada es muy popular entre los lugareños, y según habíamos leído es una de las cascadas que hay que ver en Nueva Zelanda.
Después de disfrutar desde la base de la cascada fuimos a hacer un recorrido por la zona. El primero fue desde la pasarela que cruza el río y el segundo desde un mirador en la parte superior.


Investigamos toda la zona y decidimos volver a Papakura, pero quisimos hacer un trozo andando ya que los paisajes nos habían sorprendido al ir en el taxi.


Después de media hora andando había llegado el momento de pedir un taxi de vuelta. Que fácil suena y qué difícil fue que se hiciera realidad… intentaba pedir uno y me lo cancelaban por falta de conductores por la zona y así hasta en 5 ocasiones, y con varias aplicaciones. A todo esto seguíamos andando para recortar un poco de distancia en el caso de que nos tocase volver andando si no encontrábamos un medio de transporte. Eso sí, el paseito era de 3 horas y la noche se acercaba. Había que darse prisa.
Cuando ya llevábamos más de una hora andando e intentando dar con un taxi o con un amable conductor que nos acercara, se nos ocurrió la magnifica idea de buscar compañías de taxi de la zona. Que fácil suena ahora ese razonamiento y que difícil fue llegar a él en ese momento.
Encontramos una compañía, llamanos y nos dijeron que nos iban a buscar un taxi que fuera a por nosotros, pero llegó la gran pregunta ¿Dónde estáis? y en este momento no sabes si reir o llorar. En medio de la nada ¿Si le sirven mis coordenadas?
Media hora después y con la noche ya casi encima de nosotros llegó el taxi, bueno el mega taxi, porque aquello era una furgoneta. Y entre risas sabíamos que teníamos una anécdota por contar para el resto de nuestra vida. Por muy turístico que pueda ser un sitio, no te asegura que puedas salir de él.

Tren de vuelta a la ciudad, ducha para eliminar cualquier resto de estrés, cena y a descansar que ya estaba bien de hacerse el aventurero por hoy.
Día 4: Reencuentro con mi amiga Marta y vuelta a Sydney
Últimas horas por la ciudad, pero hoy tenía un plan muy especial. Me reencontraba con mi amiga Marta. Habíamos estudiado juntas la carrera en Valencia y este sería nuestro segundo reencuentro por el mundo, ya que el primero fue hace unos años cuando yo vivía en Londres. Marta es una persona cargada de energía y positivismo que alegra el día y la vida a cualquier persona que esté cerca de ella. Actualmente también está viviendo en Australia, pero en Gold Coast en el estado de Queensland.
Habíamos elegido Remedy Coffee para encontrarnos y desayunar. Marta estaba en Auckland con Lourdes, Paula y Clara solo por unas horas ya que habían alquilado una autocaravana para recorrer las dos islas. Entre Açais, cafés y tostadas nos pusimos al día de nuestras vidas.
Dimos una vuelta por la ciudad para que la conocieran y sobre las 13.00 se fueron a empezar su nueva aventura, yo me fui a comer y hacia el aeropuerto para volver a mi propia aventura de vivir en Sydney.


Atrás dejo un primer contacto con esta ciudad que sin tener nada que trascienda o que la haga un destino turistico de renombre, sí creo que es una ciudad muy interesante de conocer si estás viviendo relativamente cerca o bien las circunstancias te acercan a este país.
Espero que os haya gustado este Vuelo, que hayáis viajado conmigo y conocido un poco más esta ciudad que tan lejos nos queda. Para mí ha sido un placer, como siempre, contaros mis aventuras por el mundo y llevaros conmigo.
Espero tener pronto nuevas aventuras que contaros ¡Nos leemos en el siguiente Vuelo!
Hay una especie de magia cuando nos vamos lejos y, al volver, hemos cambiado.
Kate Douglas Wiggin
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