El año 2020 quedará en nuestras memorias como un año muy especial por tantas nuevas circunstancias que nos ha tocado vivir. Y lógicamente el verano también se vio afectado y muy significativamente.
Para nosotros el verano es el periodo más largo de vacaciones y por tanto es cuando nos planteamos hacer los viajes más difíciles o lejanos. Este año las circunstancias no lo permitían, por lo que pensamos en hacer un viaje por España. Estaba claro: verano, calor… hay que ir al norte. Por eso mismo decidimos ir al interior del sur: Ni nos gusta la aglomeración de turistas y además dimos por supuesto que nuestro modesto gasto económico sería mejor recibido y más necesario en el sur… Y además, mis orígenes están en Andalucía, en concreto en Mancha Real, Jaén.
Yo ya había estado en algunos lugares de Andalucía, en la tierra de mi familia y en los Centros de Alto Rendimiento de Sevilla y Granada. Pero Andalucía es tan grande y tiene tanto que ofrecer que enseguida trazamos un recorrido que despertó la mayor ilusión y entusiasmo en todos. Es curioso cómo algo tan cercano puede llegar a motivar tanto como un viaje al otro lado del mundo (…bueno… casi igual).
En esta ocasión la preparación del viaje fue muy sencilla: recorrido en coche, concretar qué sitios visitaríamos y contratar alojamientos en hoteles o en casas particulares.
El programa quedaría así:
- 2 al 5 de agosto: Salida de Castellón hacia Sevilla y estancia allí
- 5 y 6 de agosto: De camino visita a una Bodega en Jerez y Cadiz
- 7 y 8 de agosto: Camino a Ronda parada en Setenil de las Bodegas
- 9 y 10 de agosto: Camino a Córdoba parada en el Caminito del Rey
- 11 de agosto: Parada en Manzanares para dividir la vuelta a casa en dos etapas.
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SEVILLA
Domingo 2 de agosto
Llegamos por la tarde. Teníamos contratado un apartamento en el casco antiguo (lo hicimos por Airbnb; en un principio esto nació dentro de las “economías colaborativas” pero ha tenido tal éxito que creo que ya hay grandes empresas que están explotando esta idea). Lo cierto es que el apartamento era precioso, con todo lo que puedes llegar a necesitar (lavavajillas, lavadora, secador de pelo, cubiertos, menaje, toallas…. todo) y lo más especial un pileta o minipiscina que nos permitió dar vida a esa franja entre las 17 a las 19 horas en las que es difícil plantearse qué hacer en el verano andaluz.
El apartamento estaba en concreto en la calle Matahacas (muy cerca del Palacio de Dueñas), en un edificio totalmente rehecho con 12 apartamentos de alquileres turísticos.
El caso es que esa misma tarde después de comprobar cada detalle de nuestra eventual casa nos fuimos a disfrutar Sevilla.
Empezamos por las Setas de Sevilla quizá es lo menos sevillano que tiene Sevilla, pero nos pillaba de paso y por supuesto hay que verlo y subirlo. Desde su altura se observa todo Sevilla y… hay que decirlo, no es una vista sorprendente. Si es muy amplia, pero más nada. Sevilla es una ciudad muy plana y su línea de cielo o “skyline” no es muy especial. A pesar de ello hay que subir. El precio para los que no somos de Sevilla es de 5 euros y las vistas, sin ser bonitas, merecen la pena y la estructura es muy sorprendente. Y por cierto, no entro en la disputa de si me gusta o no esta construcción tan carísima y con un estilo tan contemporáneo para una ciudad con un estilo tan definido y tan ajeno a las nuevas vanguardias del diseño y la arquitectura.



Después ya nos fuimos por la Plaza Nueva hasta la Catedral, nos adentramos por el Callejón del Agua para llegar a Santa Cruz. Ole, ole y ole. Como el que no quiere la cosa en estas dos líneas anteriores acabo de mencionar un recorrido impresionante, mágico, único. Especialmente después de ver la Catedral te adentras en unos espacios que te transportan a un mundo maravilloso, de otra época, de magia, de esplendor. Cuánta belleza.






Cenamos en el Barrio Santa Cruz felices y henchidos de tanta belleza (¿Síndrome de Stendhal? quizá, pero solo con sus mejores síntomas). Después un bello callejeo guiado por google maps hasta nuestra casa; aproximadamente 15 minutos.

Lunes 3 de agosto
Después de un magnífico desayuno tomamos un Uber hasta la Plaza de América, en el Parque Maria Luisa (15 euros, puesto que por las limitaciones del Covid-19 tuvimos que tomar un coche más grande de lo habitual para poder entrar 4 personas, lo cual encareció el precio). La gente suele ir hasta la Plaza España, pero hay que llegar hasta más al fondo del parque para ver esta otra maravillosa Plaza de América así como esos otros pabellones que se hicieron para la Exposición Universal del año 1929. Son muchos los pabellones que se mantienen y además de muy variados son de una gran belleza. Por supuesto la guinda la pone la Plaza España. Espectacular en sus dimensiones, en sus formas y en sus pequeños detalles; además tuvimos la suerte de verla tranquila, sin gente. Qué bello el conjunto de bancos de cerámica dedicados a las provincias españolas donde es tradición hacerse la foto en el banco de tu ciudad, así que hicimos las fotos de honor en el de Castellón y Jaén.






Después de recrearnos en esta maravilla fuimos al Hotel Alfonso XII, no pudimos entrar por las restricciones, pero el exterior del edificio ya merece toda nuestra atención al igual que el edificio de la Universidad y el Palacio de San Telmo, Sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Tres edificios majestuosos y bellísimos.
Tras esto nos dirigimos hacia la Torre del Oro y continuamos paralelos por el Guadalquivir para ver el Teatro de la Maestranza (no es uno de los edificios que más me agradó). Vimos la placa que recuerda uno de los lugares que aparece en ”Rinconete y Cortadillo” y nos adentramos para ver las Atarazanas Reales (están cerradas y en un estado de abandono), continuamos por la Plaza de Toros hasta llegar al bello Puente de Triana; atravesado éste nos metimos al Mercado de Triana y salimos ya al tan famoso y popular barrio. Dimos un paseo por la Calle Betis, desde la que se contemplan los edificios más emblemáticos de la ciudad, después fuimos por la Calle Alfarería y por la Calle San Jacinto además de alguna otra calle. En general es un paseo agradable, destacan las tiendas de alfarería, con una gran variedad de objetos a la venta, y los numerosos cuadros de azulejos con imágenes religiosas en las fachadas de algunos edificios. No obstante, desde nuestro papel como turistas no pudimos percibir más rasgos que hacen que este barrio sea tan especial. Pero, insisto, es un paseo agradable y no supone mucho tiempo.





Por la tarde, tras un descanso y un maravilloso baño en nuestra gran piscina (hay ocasiones en las que la grandeza no depende del tamaño), nos fuimos a dar un paseo por la zona del Museo de Bellas Artes, desde allí callejeamos hasta la Basílica de Jesús del Gran Poder y luego un picoteo en la Alameda de Hércules; ésta es una zona de encuentros para los sevillanos; suele estar siempre muy animada. Después llegamos hasta el puente de la Barqueta. Ya, a horas de recogerse con decencia, nos fuimos callejeando hasta nuestra casa. Cuantos rincones imprevistos y sorprendentes.




Martes 4 de agosto
Tras el desayuno nos fuimos al Convento de Santa Paula; muy cerca a nuestro apartamento y en una zona de gran tranquilidad, lo que le da al lugar un ambiente muy especial.


Después llegamos al Palacio de Dueñas, vimos el exterior y la zona ajardinada de la entrada. En la calle hay una placa que recuerda que en este palacio nació y pasó sus primeros años Antonio Machado. Es de suponer que estos versos hacen referencia a los jardines de este palacio.
“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero…”
Por detrás del Palacio se llega a una antigua Fábrica de Sombreros. Actualmente es un lugar de aspecto Okupa: grandes patios con pequeños talleres (en algunos estaban trabajando), paredes pintadas con gracia y otras pintarrajeadas. Desde unas escaleras se puede observar toda la parte trasera del Palacio de Dueñas.


A pocos metros empieza la popular calle Feria. Aquí entramos en el simpático y popular Mercado, por detrás localizamos el Palacio de los Marqueses de Algaba, en donde hay una pequeña y gratuita exposición del arte Mudéjar.






Al final de la calle Feria llegamos a la Basílica de la Macarena de estilo neobarroco donde están las imágenes de la Virgen de la Esperanza Macarena, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora del Rosario. En el exterior hay un conjunto formado por la Basílica, los restos del muro antiguo de la ciudad y el Antiguo Hospital de las Cinco Llagas, hoy Sede del Parlamento de Andalucía. En el interior de la Basílica hay bastante gente en un ambiente de gran solemnidad y respeto. Se palpa la emoción de la gente frente a las imágenes. La Hermandad de la Esperanza Macarena es de las más conocidas de la Semana Santa sevillana, hace estación de penitencia en la Madrugada del Viernes Santo.



Para volver hacia nuestro apartamento tomamos la Calle San Luis. Otra interesante calle con un ambiente muy auténtico y popular. Por ella se atraviesa por la Plaza Pumarejo, en donde hay otro gran edificio que fue fue «ocupado»
Más abajo está la Iglesia de San Luis de los Franceses, actualmente propiedad de la Junta de Andalucía. Hay que pagar una entrada de 4 euros que bien merecen la pena. La iglesia ocupa un espacio pequeño, pero para compensarlo construyeron hacia arriba y además con una decoración barroca del siglo XVIII espectacular. Además de la Iglesia se puede visitar la Capilla Doméstica (otra sala adjunta preciosa), la Cripta y un patio muy particular.







De camino al apartamento compramos algunas cosas para comer en casa.

Tras un descanso a las 18 horas nos fuimos a ver Los Reales Alcázares que tienen un precio de 12,50 euros. Como ya he dicho en la introducción aquí tampoco voy a realizar una descripción de esta maravilla puesto que para eso hay cientos de libros y guías. Eso sí, al entrar a este complejo de edificios te transportas a otros mundos y otros tiempos percibiendo gran cantidad de nuevas sensaciones. Frescor, gran belleza, silencio, olores, misticismo… Bien lo saben los productores de Juegos de Tronos. Qué gran cultura la que construía estas maravillas.






Al salir volvimos a pasear por el Barrio de Santa Cruz, en esta ocasión a la luz del atardecer. Me impresiona esta zona. Destacar la calle del Agua, las plazas de Alfaro, de Santa Cruz, de los Refinadores y la Iglesia de Santa Maria la Blanca, pero sobretodo callejead bien este barrio único.


Para cenar nos fuimos cerca de nuestro apartamento; en concreto queríamos probar “El patio de San Eloy”, una cadena de bares tradicionales de Sevilla, pero todas las mesas estaban ocupadas. Un señor que nos observó decidió coger su consumición e irse a la barra y cedernos su mesa. No estamos acostumbrados a estos gestos, nos sorprendió y nos encantó ¿Será típico en Sevilla?
Miércoles 5 de agosto
Nos vamos de Sevilla. Esa gran red de calles tortuosas con un trazado desordenado de edificios de 2 o 3 plantas, de fachadas blancas con grandes y coloridos marcos que realzan puertas y ventanas protegidas por retorcida rejería.
Esa gran ciudad que te va regalando bellísimos rincones donde la vista se alegra por los colores albero, sangre o azulones en contraste con el blanco intenso, o te sorprendes por esos árboles creando bellos juegos de sombras, o bien esas miradas de imágenes religiosas de azulejería que te vigilan desde sus muros.
Realmente es una ciudad con magia. Pero la magia es muy delicada. Esperemos que se sepa conservar tal cual.
De camino a Cádiz se pasa por Jerez de la Frontera por lo que aprovechamos para visitar las Bodegas Lustao. Estas bodegas tienen más de un siglo de vida y en 1990 pasaron a la familia Caballero (recordáis el estribillo «Caballero, caballero, Ponche Caballero ) y que tiene una vinculación especial con mi familia. A las 11,30 empezamos la visita. Para la primera explicación ya te introducen en una de las naves en las que se guardan las botas, o barricas, impresionante las dimensiones de las naves. Auténticas catedrales del vino. Nos fueron pasando a diferentes naves y en cada una nos explicaron el proceso de creación de los tipos de vinos que se producen en esta importante zona vinícola. En concreto nos hablaron sobre los vinos amontillados, finos, palo cortados, olorosos, cream, vermuts. Por supuesto llevas tu copa y vas catándolos todos. Un mundo interesante y que forma parte de esta tierra.



Al salir nos fuimos al centro de Jerez, comimos algo y después nos paseamos por la ciudad: pleno agosto, hora de la siesta, la digestión, la visita a la bodega y sus catas… no era el mejor momento para visitar Jerez. Habrá que volver. Nos vamos hacia Cádiz, pero a pocos kilómetros hacemos una parada en La Cartuja de Jerez. Estaba cerrada, pero pudimos ver el esplendor decorativo del exterior. Imprescindible parada.



CÁDIZ
Llegamos a media tarde. Aparcamos en el aparcamiento de la plaza de San Antonio y enseguida llegamos a nuestro apartamento.
Lo contratamos por Airbnb. En la calle Ancha esquina con la calle Sagasta, un lugar peatonal con mucho movimiento. El apartamento estaba muy bien acondicionado, totalmente reformado y muy cómodo, pero su estupenda ubicación supone también cierto ruido en el interior. Por otro lado, al ser una primera planta y con las calles tan estrechas teníamos cierta sensación de encajonamiento.
Una vez alojados nos fuimos a pasear.
La parte antigua de Cádiz me sorprendió mucho. Es una ciudad toda rodeada por mar y por otro lado no tiene mucho que ver con la imagen más popular de las ciudades andaluzas. Aunque su fundación como ciudad es de las más antiguas de Europa. Originalmente es un asentamiento fenicio y se llamaba Gadir y luego, cuando pasó a ser parte del imperio romano, se llamó Gades, por eso a la gente que vive en Cádiz se les llama gaditanos. La mayor parte de los edificios actuales son del s.XVIII y posteriores. Eso hace que su trazado sea mucho más racional y sus calles prolongadas y rectas. Los edificios de 3 alturas, con sus muros bien alineados y sin retranqueos, y casi todas las fachadas cubiertas por bellos miradores acristalados y enrejados. Las calles son estrechas para conseguir mayor umbría. Es una ciudad muy ordenada y fácil de pasear.






Fuimos dejándonos llevar por el movimiento de la gente para llegar hasta los puntos que queríamos visitar: zona del Mercado, Catedral (parte barroca y parte neoclásica que tardó 116 años en ser construida), Teatro romano (sorprendente este teatro tan metido en plena ciudad) y por último nos fuimos a ver la playa de La Caleta y el atardecer.






Para cenar nos fuimos al Barrio La Viña, un barrio muy popular en donde está la encantadora calle Virgen de la Palma, que está llena de terrazas y gente. Esta calle queda presidida desde un lado por la Iglesia que da nombre a la calle. Ahí probamos las tortitas de camarones.
Jueves 6 de agosto
Hoy tocaba pasear con detalle el Norte de la Tacita de Plata. Empezamos por las bellas y elegantes plazas de San Antonio (la del aparcamiento), plaza de la Mina, plaza de San Francisco, con dos librerías de viejo, la plaza España, con su original conjunto de torres y el monumento a la Constitución de 1812. Además hicimos el recorrido al borde del océano. En este recorrido te adentras en el Parque Genovés, en donde destacan inmensos ficus, además de otros muchos curiosos árboles, y luego al Baluarte de la Candelaria, un muro defensivo que te ofrece una fresca y magnífica vista al inmenso azul.


En general un paseo muy señorial, refrescante y agradable. Hay que destacar que la ciudad está muy limpia y muy cuidada.
Después nos fuimos a visitar la Torre Tavira. La entrada cuesta 7€. Desde lo alto tienes una vista de toda la ciudad. Sorprende la gran cantidad de torres que hay distribuidas por toda la ciudad. Estas torres pertenecían a ricos comerciantes y las hicieron construir para divisar la llegada de los barcos provenientes de las Américas y cargados de riquezas.



Muy cerca de esta torre está la plaza de la Flores y el interesantísimo Mercado, especialmente la parte de los pescados. Aquí aprovechamos para comprar productos de la zona: queso de oveja payoya, atún, aceitunas con sabor a berenjena, pan de pueblo… En general precios bajísimos y calidad y sabor altísimos. Con lo que compramos nos fuimos a comer al apartamento. En este aspecto hay que valorar la ventaja que supone contratar un apartamento en lugar de una habitación de hotel puesto que te permite cocinar y comer alrededor de una mesa como si estuvieras en tu casa.






Por la tarde y tras una buena siesta y robarle unas horas de calor al día nos fuimos a dar una vuelta con el coche por la parte no monumental de la ciudad, la zona de la playa de la Victoria, una gran playa con altas torres de apartamentos. Seguro que es una estupenda zona donde vivir, pero poco que ver para los turistas. Después nos fuimos a La Caleta, aparcamos justo enfrente, y nos fuimos a dar un baño en el océano y otro baño en el ambiente de esta playa. Lo cierto es que es un auténtico lujo tener una playa en plena ciudad, esto hace que la playa tenga un ambiente muy familia: amplias familias jugando a las cartas, grupos de maduras señoras cantando, jóvenes semiocultos por la estructura del antiguo balneario… todo muy popular. Tras los baños dimos un paseo por una lengua de tierra que llega hasta el Castillo de San Sebastián. Gente pescando, jóvenes tirándose al mar desde lo alto del paseo, parejas en clímax romántico, y muchos paseantes disfrutando del viento fresco y el bello atardecer. El paseo por aquí después del baño viendo el atardecer fue uno de los mejores recuerdos del viaje. Hacia las 21 horas tomamos el coche y volvimos a nuestra plaza reservada en el aparcamiento de la plaza de S. Antonio. Al llegar a la plaza había una larga fila de coches esperando a que se quedaran libres plazas, pero esta fila bloqueaba la entrada a toda la gente. Tuvimos que esperar una eterna hora. No podíamos creer la situación; preguntamos y nos dijeron que ocurre con frecuencia. Por lo tanto mucha ATENCIÖN: evitad al máximo el uso del coche porque además de este problema, la conducción es muy difícil por la estrechez de las calles y porque además para llegar a un lugar que puede estar a 100 metros tienes que dar una vuelta de 3 kilómetros. Esto nos ocurrió a nosotros. Por lo tanto aparca el coche y no lo toques hasta la despedida. La ciudad antigua se puede conocer perfectamente andando y la parte nueva… pues prescindes de ella.





Esa noche nos fuimos a cenar al Mesón Cumbres Mayores, del que teníamos referencias. Qué buenas tapas y qué trato tan bueno y simpático (aunque era lo habitual, nos seguía sorprendiendo).
Viernes 7 de agosto
Desayunamos en una pequeña plaza que hay en el Oratorio de San Felipe Neri, la sede de las Cortes que elaboró la Primera Constitución. Tras un estupendo y barato desayuno de molletes con jamón y en un bello rincón de la ciudad volvimos al apartamento, recogimos y nos fuimos a nuestro siguiente destino: Setenil de las Bodegas.
Al llegar nos tomamos unos cucuruchos de jamón y chicharrones mientras nos refrescábamos para dar una vuelta por el pueblo. Setenil es de una majestuosidad increíble. Las casas se construyen en los huecos que dejan las rocas verticales; no sé si me atrevería a vivir allí.






El recorrido de Cádiz a Ronda es de 1h y 40’; se pasa por pueblos que desde la carretera tienen un aspecto precioso. Nos quedamos con las ganas de adentrarnos en estos pueblos y disfrutarlos, pero no se puede abarcar todo; hay que encontrar un equilibrio entre conocer el máximo de sitios sin caer en una locura turística enervante. Cada cual tiene que encontrar ese punto y en nuestro punto no cabían más paradas. Pero con más días disponibles seguro que merecen la pena. En concreto nos llamaron la atención los pueblos Arcos de la Frontera, Zahara de la Sierra y Olvera; se veían de lejos, y por su blancura y ubicación deben ser dignos de visitar. Igualmente vimos grandes masas de agua, suponemos que embalses, y grandes extensiones de olivos. En general el paisaje es muy bonito.
Ronda
Llegamos a Ronda a media tarde. Aparcamos el coche en zona pública y nos instalamos en el Hotel Don Miguel. Probablemente una de las mejores ubicaciones para un hotel en el que haya estado. Impresionante. Por supuesto merece la pena pagar un poco más por tener ventana o terraza al tajo. De lo contrario, tiene varias terrazas del restaurante y bar que son espectaculares.
Una pequeña explicación. Hace millones de años se produjo el choque de las placas europea y africana. Emergió del mar el terreno en el que se asienta Ronda, junto a buena parte del sur de la península, con un relieve muy irregular. Luego el discreto y paciente río Guadalevín con su trabajo prolongado va abriendo una brecha cada vez más profunda. Llegan los humanos y se instalan en los bordes de este territorio elevado. Y deciden unir los bordes de la brecha del río por varios puentes… El caso es que la conjunción de la naturaleza y los humanos crea uno de los pueblos más impresionantes de la impresionante España. Ronda desparrama sus casonas, palacios e iglesias por esas cuestas creando estampas únicas.
Pues como iba diciendo, una vez instalados nos fuimos al primer paseo a media tarde. Aquí os dejo el recorrido.
Una bajada y una subida únicas donde se manifiesta la fuerza de la naturaleza y la belleza de la creacción los humanos.





Para cenar nos fuimos a la Plaza del Ayuntamiento y después, ya de noche, hicimos otro paseo. Así como la plaza del ayuntamiento estaba llena de gente, este recorrido lo hicimos en casi total soledad, lo que le daba un misterio y magia únicas. Encantador.
Sábado 8 de agosto
Tras desayunar nos fuimos a la Cueva del Gato, un paraje a 15 kilómetros de Ronda. Aquí hay una cueva de la que mana un gran torrente de agua tan cristalina como fría creando unas cascadas y una gran poza preciosa. Con gran esfuerzo, valentía y pensando en cuánto tiempo tardaba una persona en congelarse, me di un baño. Según pasaban los minutos aquello se iba llenando de más y más gente. Un precioso lugar para picnic y además era sábado. No era nuestro plan por lo que improvisamos una excursión a Marbella, que está a una hora en coche.


El recorrido hasta llegar a la costa es muy montañoso y bonito, a la vez que de arriesgada conducción. A un lado dejas el Parque Natural de la Sierra de Nieves y más adelante y al otro lado vas observando el Paraje Natural de Los Reales de Sierra Bermeja. Nos sorprendió mucho el manto verde que lo cubre casi absolutamente todo. Según te vas acercando a la playa se van multiplicando las casas o chalets, así como va aumentando el nivel de estas viviendas. Algunas de ellas son tan ostentosas que el nivel de envidia queda sobrepasado para dar lugar a sensaciones malignas. Es la zona de Benahavís, el vecindario más lujoso de España, según algunos medios.
Paramos en Puerto Banús. Muchos yates, veleros y catamaranes para turistas además de tiendas con las mejores marcas del mundo (o quizá habría que decir las más caras). A la salida nos encontramos con una exhibición de cochazos; aproximadamente 50 coches que iban dando vueltas por el puerto. Predominaban los Ferrari, pero había de otras marcas como Mclaren, Maserati, Aston Martin…. Pero creo que el rasgo común a todos ellos es ser de los coches más caros del mundo.
Después de una vuelta completa por el paseo del puerto ya no hay mucho más que ver. Eso sí, te das cuenta de lo pobre que eres con respecto a algunos y de la capacidad de convencerte de que el dinero no es lo más importante. Esto último es sólo un intento, necesitas unas horas hasta que se te pasa el complejo.



Después nos fuimos hasta el casco antiguo de Marbella. Tìpico pueblo andaluz, cuidado al máximo y ocupado por restaurantes. Muy bonita imagen pero un ambiente muy turístico. No obstante hay que verlo. De allí fuimos andando 5 minutos hasta la playa. Atravesamos por un paseo con esculturas de Dalí. Y directos al agua. Una playa muy buena pero no mejor que la de Castellón (no es amor a lo mío, es pura objetividad). A primera hora de la tarde volvimos para Ronda.



Por la tarde dimos un paseo hasta el Hotel Reina Victoria, en donde se alojó Rilke, importante poeta austriaco (lo he tenido que mirar) y por todo el borde del desnivel pasando por la Alameda y la bella Plaza de Toros. Esta plaza es una de las más antiguas de España, Francisco Rivera es su empresario y en la puerta principal se pueden ver las estatuas de su abuelo y bisabuelo. Siguiendo el paseo se llega a otro parque, después al Mirador del Coño (es lo primero que se dice cuando te asomas. Qué salaos…), El Parador y El Puente Nuevo.
Llegó la hora de la cena, pero puesto que en Marbella comimos en la zona de los turistas, nos pusieron una pizza tamaño alemán. En conclusión que llegó la noche y no habíamos acabado todavía la digestión. No hubo cena. Un paseo nocturno de despedida y a dormir.
Domingo 9 de agosto
Hoy tenemos las entradas para El Caminito del Rey. En principio eran para las 13,30 pero debido al calor extremo nos enviaron un mensaje avisándonos de que se adelantaba la visita una hora. Desayunamos con tranquilidad y tras una hora llegamos a la zona.
Aquí tenemos que hacer una reseña importante de todos los errores que nos encontramos en cuanto a la organización general para esta visita:
1. Yendo desde Ronda no vimos ningún cartel que indicara la dirección hacia “Caminito del Rey”. Siendo en estos momentos un lugar tan popular y de obligada visita para los turistas, esta ausencia nos hizo pensar que quizá íbamos por mal camino.
2. Al llegar a la zona no sabes exactamente dónde tienes que aparcar. Eran las 11,30 y vimos una fila de coches aparcados a lo largo de la carretera por la que habíamos llegado. Continuamos por ella hasta que después de mucha distancia se acababa la fila de coches. Pudimos aparcar.
3. En ese recorrido intentando aparcar vimos dos túneles, ambos con letreros de Caminito del Rey, uno indicaba que estaba a 2.7 kilómetros y el otro túnel a 1,5 kilómetros. Tuvimos que buscar un bar en donde poder preguntar por dónde debíamos ir. Por el camino más corto. Llegamos sin problema y puntualmente empezó la visita (luego la cuento).
4. Nosotros hicimos la visita con guía. Cuando ésta nos dejó (pasado el impresionante puente sobre el vacío) no nos avisó que nos quedaba más de media hora andando para llegar hasta la parada del autobús que nos devolvía al inicio del paseo y donde habíamos dejado el coche. Esta media hora se nos hizo eterna. Es cierto que nosotros podríamos haber hecho los cálculos de la distancia total y de lo que habíamos recorrido. Pero creo que es más oportuno que la guía te avise.
5. Al comprar la entrada del Caminito compramos también el autobús de vuelta. En varios sitios avisan de que los autobuses salen a las horas en punto y a las medias. Corrimos un poco para llegar a las 15h. Llegamos minutos antes, pero como el autobús se había llenado salió antes de la hora. Teníamos que esperar hasta las 15,30. Insisto que la información dice que sale a las horas en punto y a las medias.
6. Nos enfadamos un poco, puesto que habíamos corrido para ser puntuales, y fuimos a la caseta de venta de tiques para el bus a quejarnos. La pobre chica se encogió de hombros. Eso sí, nos dijo. -“Tenéis que validar vuestros billete”. -“¿Queeeeeeé? Si lo compramos hace meses….” -“Da igual, lo pone en los carteles” y se encoge de hombros. Lo validamos y esperamos a las 15.30. En esta media y calurosa hora pudimos comprobar que había gente que no había comprado el billete del bus y que se habían dejado la cartera en el coche. Solo les quedaban dos soluciones: volver andando hasta el coche 9 kilómetros, o humillarte y mendigar dinero para comprar los billetes. Cuestan 1.5 euros y la gente enseguida ofrece el dinero. Pero la vergüenza nadie se la quita. Y yo me pregunto ¿Cómo se puede dejar la compra del billete a la voluntariedad? Necesariamente hay que volver en autobús, por lo que tendrían que incluir en la entrada del Caminito la vuelta en el bus. Aunque encarezcan ese dinero en la entrada.
7. Y para acabar lo peor. Hacia las 15,20 llegó el bus. Se había montado una larga fila. Nosotros entramos de los primeros. Hacia las 15,25, cuando el bus ya estaba lleno, llegó un grupo de turistas extranjeros con su tiquet validado. El conductor les dice que no pueden entrar puesto que ya está lleno y todos los pasajeros tienen que ir sentados. Los turistas alucinan. Explican que estaban a las 15 h. y que el autobús ya se había ido. La chica “que se encoge de hombros” les había dicho que estuvieran a las 15,30 para tomar el siguiente. Nadie les dijo que hubiera plazas limitadas, ni que tuvieran que hacer fila. Simplemente que estuvieran a las 15,30. Así lo hicieron. Ante esta situación preguntan qué pueden hacer y el conductor les dice que pueden tomar el siguiente que será a las 17,30. ¡¡¡Dos horas de espera!!! Es cierto que el conductor les dijo que intentaría ayudarles con el problema pero como un gran favor. Sentimos muchísima vergüenza. Es un cúmulo de circunstancias que se pueden evitar perfectamente con un pequeño esfuerzo desde la Junta de Andalucía. Estas situaciones dan una imagen malísima.

Independientemente de todo esto El Caminito del Rey es majestuoso. Es un paisaje que bien podría ser de Parque Nacional. Espacio muy amplio, con mucha vegetación y fauna. Unas rocas que se rompen y abren formando una garganta con una media de 100 metros de altura. Un río en ocasiones tranquilo en ocasiones muy alborotado que te va acompañando. Pero lo mejor es la perspectiva para ver este espacio natural. En pocos sitios puedes ir tocando la verticalidad de esas enormes paredes, sentir la grandeza de la naturaleza frente a tu pequeñez y debilidad. Realmente es un capricho humano el poder integrarte de esta manera en este paisaje. Además, y a pesar de la dificultad del espacio, las pasarelas dan una seguridad que casi vencen de forma plena las sensaciones de vértigo. El paisaje no es único, pero la forma de vivirlo Sí.






Hacia las 16 horas tomamos el coche.
CÓRDOBA
Tras poco menos de dos horas llegamos a Córdoba. Teníamos un apartamento reservado por Airbnb en la calle Alfonso XIII, pegado al Ayuntamiento. Dejamos el equipaje en el apartamento y luego fuimos a aparcar el coche.
El apartamento estaba en un edificio de aproximadamente 40 o 50 años con reformas realizadas y con todo lo que necesitábamos. A nuestra disposición teníamos la azotea del edificio con mesas y sillas para estar e incluso una ducha pero era muy fuerte el calor como para poder estar allí.
Tras instalarnos fuimos a encontrarnos con el nuevo destino. Domingo, 19 horas, pronóstico de Córdoba de 44 grados: ciudad desolada.
En este viaje sabíamos que de forma general nos íbamos a encontrar las ciudades con muy poco ambiente; pero hasta Córdoba no lamentamos esta situación. La ciudad estaba completamente vacía, además la luz y el calor eran muy fuertes. Quizá teníamos que haber salido más tarde. Pero aunque no eran las mejores circunstancias Córdoba nos ofreció todo su encanto.
Es una ciudad donde el blanco de las fachadas se lleva casi todo el protagonismo. El uso de otros colores para decorar las fachadas se reduce mucho. Aquí la altura de las viviendas se reduce con respecto a Sevilla. Eso sí, el trazado de las calles vuelve a ser una maravillosa locura que esconde múltiples pequeñas plazas con gran cantidad de coquetas fuentes. Además el pavimento suele ser de piedras de río haciendo dibujos. En general y con respecto a Sevilla, Córdoba es más austera, más sobria, pero con la misma magia y embrujo.
El caso es que para estrenarnos empezamos a callejear en dirección a la plaza del Potro (esta plaza aparece mencionada en El Quijote). En esta plaza está el Centro Flamenco Fosforito donde además de un pequeño museo de Flamenco suele haber cortos y estupendos espectáculos gratuitos. Como ya preveíamos estaba cerrado. Bueno… la plaza es otro espectáculo; forma alargada, en un extremo una tradicional fuente de pilón, todas las fachadas blancas con algún detalle de color y una gran fachada de piedra que acoge el Museo Romero de Torres.



Seguimos directos hasta el paseo paralelo al río. Luego llegamos a la Mezquita para rodearla; lo cierto es que desde fuera y a nivel de calle el edificio no llama mucho la atención si no fuera porque sabemos bien el tesoro que es. Es cierto que abarca una gran superficie rectangular delimitada por altos muros acabados en unas “almenas” decorativas, alguna torre, y lo que sí son muy especiales son las puertas musulmanas con esos bellísimos arcos. Hoy solo tocaba por fuera.


Después ya nos adentramos en la Judería. La misma soledad callejera que líneas arriba lamentaba, en este sitio tuve que agradecerla porque fue una inmersión plena en otra época. Se respira la esencia de la civilización que vivió allí durante siglos. Calles estrechísimas, bellos dibujos de cantos rodados en el pavimento, fachadas blancas luciendo ventanales o balcones con rejas y por supuesto muchas macetas que decoran y alegran las calles y el alma de quién por allí pasa.






Para cenar nos sentamos frente a las murallas en su lado exterior, precioso lugar.
Lunes 10 de agosto
Tras desayunar nos vamos a pasear por la zona que está al norte de la Plaza del Ayuntamiento (donde están los restos de El Templo Romano). Lo primero que vemos, que está muy cerca de nuestro apartamento, es la plaza de Capuchinos en donde está la escultura de El Cristo de los Faroles. Es una plaza rectangular bastante alargada surcada por amplios y uniformes muros de edificios religiosos. Una plaza muy sobria y sencilla; sin embargo me sobrecoge. El caso es que me impresiona sentir tanta belleza con tan poco. Emocionante.


Para esta plaza solo hay dos acceso, entramos por uno y salimos por el otro. Al salir nos encontramos con unas bellísimas escaleras con una fuente. Desde allí nos fuimos al Palacio de Viana. En nuestro callejear nos vamos desviando guiados por las torres de iglesias que se dejan ver. Siempre son la parte más visible de tranquilos, recogidos y bellos rincones: plaza de Santa Marina, plaza San Agustín, plaza San Lorenzo… Entre estas plazas tradicionales recorremos cuidadísimas calles tradicionales; aparecen algunas esculturas, como la de Manolete, el torero (y no puedes evitar cantar «Manolete, Manolete, si no sabes torear pa’ que te metes») y muchas fuentes. En general un conjunto muy armónico que conserva la esencia de la ciudad.
Tras visitar esta zona norte, nos dirigimos hacia el sur. Pasamos por plaza del Realejo, aquí ya entramos en una zona más comercial y con más vida, pero lleno de lugares muy bonitos y evocadores: plaza Poeta Juan Bernier, plaza San Rafael, plaza de la Magdalena… y llegamos a la plaza de la Corredera. Es una plaza muy curiosa en Andalucía. Recuerda las plazas mayores de Madrid o Salamanca. Es una gran plaza rectangular del S. XVII, casi toda ella uniforme salvo en la mitad de uno de los lados que mantuvieron dos edificios anteriores, de tal forma que casi todo el perímetro está ocupado por una construcción de cuatro alturas, un soportal corrido con arcos de medio punto y usando el blanco y el color teja como colores de la plaza. Aunque la plaza es bonita, me dio cierta sensación de dejadez y rompe mucho con el estilo característico de Córdoba. No obstante, esto también es Córdoba y por supuesto hay que verla.






Después nos fuimos a la zona céntrica de Córdoba, la plaza de las Tendillas, gran y señorial plaza de inicios del s.XX y alrededores. Es la zona de mayor vitalidad de Córdoba, con calles peatonales llenas de tiendas, bares y restaurantes. Después de dedicarle un rato de “compras” nos fuimos al Mercado de la Victoria, situado en un alargado parque que queda al oeste del casco antiguo. Es una estructura de metal pequeña. Actualmente está llena de puestos con productos “gourmet” para consumir allí mismo, aunque también hay venta para llevar. El caso es que la estructura no se puede percibir, por fuera por los árboles y por dentro por los puestos que impiden una visión general. Además no tiene el típico ambiente de Mercado popular. Bueno… no supone mucho tiempo la visita y seguro que por las tardes tiene un ambiente de copeo. Al estar aquí aprovechamos para recorrer el parque hacia el sur. Hacia la mitad de esta superficie verde hay un punto maravilloso: por un lado está la Puerta de Almodóvar, por cuyo hueco se adivina la judería, se ve la Muralla con sus almenas acabadas en pirámides, una fuente que vierte su chorro en un alargado estanque, los cipreses… precioso lugar. Por la tarde-noche volvimos para verlo con la luz de la noche.


Para comer, compramos cosas de la tierra y nos fuimos al apartamento.
Tras un breve descanso nos fuimos a ver La Mezquita. Este monumento suele aparecer siempre en los libros de texto en el tema de la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica. Esto, unido a que por fuera no tiene nada especial y al calor que hacía, hizo que entrara sin mucho entusiasmo. Pero al entrar y verme inmersa en ese inmenso bosque de columnas y arcos, de una altura que no imaginaba me dejó fascinada. No es bello, es brutal. No puedo explicarlo. Tuve el deseo de cerrar los ojos y vivirlo con todos los sentidos. Una suerte llegar a tener esas sensaciones tan fuertes.






Después del momento de placer que supuso la Mezquita fuimos a recrearnos de nuevo por la judería con un gran y detallado paseo y por el Barrio de San Basilio (no estoy segura de si este barrio forma parte de la judería o no. No obstante es el barrio donde se concentran “los patios cordobeses”). Destacar el Puente Romano, tanto las vistas que hay a Córdoba desde el otro lado del Guadalquivir, como el ambiente vivo pero relajado que había por todo el puente.






Para acabar nuestra visita a Cordoba y Andalucia escogimos un bonito y tradicional rincon para disfrutar de una cena con los alimentos más característicos de esta tierra:
- Salmorejo
- Aceitunas con sabor a berenjenas
- Berenjenas fritas con miel
- Pescado adobado frito
- Flamenquines
Qué bueno y qué andaluz.
Según hemos ido paseando por Córdoba me ha sorprendido la gran cantidad de referencias a personajes históricos. Por lo tanto voy a hacer un glosario de los más destacables.
- Abderraman. Hubo tres. Pertenecen a la dinastía de los Omeyas. El tercero fue el que dio el mayor esplendor a Córdoba.
- Maimonides, filósofo y médico judio.
- Averroes, filósofo y médico musulman.
- Séneca, Filósofo hispano romano.
- El Gran Capitán, crea para los Reyes Católicos el primer ejército organizado.
- Julio Romero de Torres, pintor del siglo XIX y XX. Destacó por sus cuadros de la “mujer morena” española. Uno de los billetes más populares antes del euro estaba dedicado a él.
- Gongora. Me niego a explicar que es un escritor del Siglo de Oro…
- Manolete. Torero que murió en una corrida.
Martes 11 de agosto
Decidimos ir a una cafetería a desayunar que habíamos visto el día anterior con mucho ambiente y con una pinta muy buena. Anticiparon su apertura por nuestra presencia. Después del desayuno y dando un pequeño paseo recogimos el apartamento y fuimos a por el coche. Con tranquilidad nos fuimos dirección a Manzanares que está más o menos a mitad de camino de Castellón. Hicimos una parada en Bailén, Jaén, para comprar cerámica. Recomiendo este municipio de gran tradición en el oficio de la alfarería. Eso sí, debes dejar algo de hueco en el coche porque, te aviso, te volverás loco comprando.

Después de esta pequeña parada y algo más cargados nos fuimos hacia Manzanares y desde el coche reservamos las habitaciones en El Parador.
Al llegar, casi sin tiempo de mirar la habitación o sacar algo de ropa de la maleta, nos fuimos directos a la gran piscina del parador. Fue un rato necesario y refrescante que nos ayudó a recargar pilas para la tarde. Fuimos a comer a un restaurante que nos aconsejó una trabajadora del Parador y razón no le faltaba, qué delicia.

Tras un descanso nos fuimos a dar una vuelta por Manzanares y hacia el final del recorrido empezó a tronar y llover por lo que tuvimos que cancelar los planes de ir a Almagro a cenar y nos volvimos al Parador. Pasamos un agradable rato en los sofás de la cafetería y tras cenar nos fuimos a descansar.
Miércoles 12 de agosto
Último despertar de las vacaciones, tocaba volver a casa. Tras desayunar hicimos el check-out y nos fuimos dirección Castellón.


CONCLUSIONES
El viaje por esta parte de Andalucía supone adentrarse en una tierra con una idiosincrasia única. Es una tierra que desprende magia y embrujo. Voy a intentar concretar:
1.- Como en cualquier parte del mundo las edificaciones envejecen, esto supone que en muchas ocasiones hay que tirar la casa antigua y construir una nueva. Lo habitual suele ser el hacer estas nuevas construcciones teniendo en cuenta criterios pragmáticos. Sin embargo en Andalucía se construyen manteniendo los típicos rasgos de las casas típicas y tradicionales. Eso hace que cualquier municipio mantenga una uniformidad que realza los elementos más bellos de la ciudad.
2.- La globalización ha llegado a todas las ciudades occidentales del mundo de tal forma que Sierpes, Preciados, La Puerta del Angel, Time Square, Oxford Street… tienen una serie común de franquicias que te hacen perder la noción de dónde estás. Sin embargo, en Andalucía sigue habiendo una gran cantidad de establecimientos tradicionales tanto en sus locales como en sus productos de venta.
Pero son “malos tiempos para la lírica”; esperemos que los ayuntamientos realicen serios apoyos a estos establecimientos que claramente dan esencia a las ciudades y a sus paseos (creo que Barcelona y París ya hace tiempo que tienen estos programas). Bueno… los ayuntamientos y los ciudadanos, que tenemos el papel más importante para que estos establecimientos sobrevivan.
3.- Siguiendo con su respeto a las tradiciones hay que destacar la forma de vivir la religiosidad. Creo que es una tierra que vive con intensidad todo y especialmente sus manifestaciones religiosas (otro reflejo de esta intensidad es el Flamenco). Es sobrecogedor entrar a las iglesias y poder ver el fervor y respeto que existe por parte de gente de muy diferentes edades.
4.- Tengo la impresión de que los andaluces son realmente guapos. No sé si soy muy objetiva, pero además de verlos guapos, es gente que cuida mucho su forma de vestir.
5.- Y lo que es más incuestionable es que el trato que te ofrecen los andaluces es realmente maravilloso. Son de una gran simpatía y agradabilidad. No digo que sean mejores o peores, pero lo que sí es cierto es que cualquier instante cotidiano, de rutina, lo saben transformar en momentos de un encanto arrebatador.
¡Hasta pronto, Andalucía!
Donde quiera que vayas, ve con todo tu corazón.
Confucio
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